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  • Oficial | Habrá nueva lista de “La Roja” el 20 de febrero

    (Fuente: FIFA)

    ◼️ La seleccionadora nacional, Sonia Bermúdez, dará a conocer los nombres de las convocadas para la primera ventana de 2026.

    El próximo viernes, 20 de febrero de 2026, quedará marcado en rojo en el calendario del fútbol femenino español.

    A las 11:30 horas, a través de los canales oficiales de la Real Federación Española de Fútbol, se hará pública la lista de jugadoras convocadas por la seleccionadora Sonia Bermúdez para iniciar el camino de clasificación hacia la Copa Mundial Femenina de la FIFA Brasil 2027. Será el punto de partida formal de un nuevo ciclo competitivo que, aunque mira hacia Sudamérica, hunde sus raíces en un presente extraordinario: la Selección española es vigente campeona del mundo, subcampeona de Europa y bicampeona de la UEFA Women’s Nations League, una triple condición que la sitúa en la cúspide del fútbol internacional y que multiplica la exigencia en cada convocatoria, en cada partido y en cada concentración.

    Una hora después de hacerse pública la lista, a las 12:30 horas, la seleccionadora comparecerá ante los medios de comunicación en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, sede federativa y epicentro operativo del fútbol español.

    Allí, en un escenario que ya es sinónimo de grandes anuncios y decisiones estratégicas, Sonia Bermúdez detallará los criterios deportivos, el estado físico de las internacionales y la planificación de una ventana decisiva en la que España disputará sus dos primeros compromisos oficiales de la fase de clasificación. La expectación es máxima: tres meses después de conquistar un nuevo título continental, las internacionales regresan a la competición oficial con el objetivo inequívoco de dar el primer paso hacia la defensa del cetro mundial logrado en 2023.

    Encuadrada en el Grupo A3 de la fase de clasificación europea, la Selección española buscará sumar los primeros seis puntos ante Islandia y Ucrania. El formato no admite distracciones: cada encuentro es una final en miniatura y cada detalle puede resultar determinante en el cómputo global. España parte como cabeza de serie, avalada por su condición de número uno del ranking FIFA y por una trayectoria reciente que la ha convertido en referencia táctica, competitiva y estructural dentro del fútbol femenino mundial. Sin embargo, el respeto a los rivales es absoluto y el discurso interno insiste en la necesidad de construir la clasificación desde la humildad competitiva y el rigor estratégico.

    El primer compromiso de este nuevo trayecto tendrá lugar el martes 3 de marzo, a las 19:00 horas, en el Estadio Municipal de Castalia, en Castellón. El escenario no es casual. La elección de Castalia responde a la voluntad de acercar la Selección a diferentes territorios del país, consolidando el vínculo emocional con la afición y reforzando la dimensión social del proyecto. Allí, ante su público, España se medirá a Islandia en un duelo que combina simbolismo y exigencia. Simbolismo, porque será el estreno oficial de la fase clasificatoria rumbo a Brasil 2027; exigencia, porque el combinado islandés ha demostrado en los últimos años una notable evolución competitiva, con un bloque sólido, físico y disciplinado que sabe minimizar espacios y castigar errores.

    Cuatro días después, el 7 de marzo a las 20:00 horas, España afrontará su segundo encuentro del grupo ante Ucrania en el Mardan Antalyaspor, en Antalya (Turquía). El desplazamiento añade un componente logístico relevante: adaptación a un entorno distinto, gestión de cargas y recuperación en una ventana internacional comprimida. Ucrania, por su parte, representa un perfil de rival diferente, con capacidad para alternar fases de repliegue intensivo con transiciones rápidas. Para el cuerpo técnico español, el análisis de ambos partidos ha comenzado mucho antes de la convocatoria pública: seguimiento individualizado de jugadoras rivales, estudio de patrones tácticos, simulaciones estratégicas y planificación de microciclos específicos.

    El contexto competitivo en el que España inicia esta clasificación es, sencillamente, histórico. La Selección llega como vigente campeona del mundo tras conquistar el título en 2023 en Australia y Nueva Zelanda, un hito que supuso la primera estrella para el fútbol femenino español.

    Aquella conquista no fue un destello aislado, sino la culminación de un proceso estructural que combinó talento generacional, apuesta institucional y consolidación metodológica. Desde entonces, lejos de acomodarse, el equipo ha ampliado su palmarés con una ambición sostenida: es subcampeona de la Eurocopa y bicampeona de la UEFA Women’s Nations League, reafirmando su dominio en el contexto europeo y su consistencia en torneos de alta presión.

    Ser campeonas del mundo implica una doble responsabilidad. Por un lado, la deportiva: cada rival eleva su nivel ante la vigente campeona, cada partido se convierte en una referencia y cada detalle es analizado con lupa. Por otro, la simbólica: España ya no compite únicamente por resultados, sino también por legado, por modelo y por continuidad. Defender el título en Brasil 2027 significaría bordar la segunda estrella en el escudo y consolidar una era dorada irrepetible. Pero ese horizonte comienza en lo inmediato, en los noventa minutos de Castalia y en el siguiente desafío en Antalya.

    Sonia Bermúdez afronta su comparecencia del 20 de febrero con la complejidad inherente a cualquier lista: equilibrio entre experiencia y renovación, gestión de estados físicos, reconocimiento al rendimiento en clubes y adaptación a un plan de juego específico para los rivales del grupo. La Selección cuenta con una base consolidada que ha competido en los grandes escenarios internacionales, pero también con una generación emergente que presiona por oportunidades. La profundidad de plantilla es una de las grandes fortalezas del proyecto: múltiples perfiles para cada posición, variantes tácticas y capacidad para modificar sistemas en función del contexto del partido.

    En términos estratégicos, España ha consolidado una identidad reconocible: dominio del balón, amplitud en fase ofensiva, laterales con vocación profunda, centrocampistas capaces de gestionar ritmos y una presión tras pérdida coordinada que reduce la exposición defensiva.

    No obstante, el cuerpo técnico ha demostrado flexibilidad para adaptarse a distintos escenarios competitivos. En torneos recientes, el equipo ha sabido alternar posesiones largas con ataques más verticales, introducir dobles pivotes para proteger ventajas o reforzar carriles interiores ante bloques cerrados. Esa versatilidad será clave en la fase de clasificación, donde cada rival presenta un perfil distinto.

    El partido ante Islandia en Castellón adquiere una dimensión emocional añadida. Será el reencuentro de la Selección con su afición en un partido oficial tras la conquista de la Nations League. La comunión entre equipo y público se ha convertido en un activo estratégico: estadios llenos, apoyo constante y una atmósfera que potencia el rendimiento colectivo. La elección de Castalia subraya la voluntad de descentralizar grandes eventos y fortalecer la implantación territorial del fútbol femenino. El impacto social tras el Mundial de 2023 ha multiplicado licencias, audiencias y visibilidad mediática, generando un ecosistema más robusto y profesionalizado.

    Desde el punto de vista clasificatorio, sumar seis puntos en esta primera ventana sería un mensaje inequívoco. No solo consolidaría el liderazgo en el Grupo A3, sino que permitiría gestionar con mayor margen las siguientes ventanas internacionales. Sin embargo, el discurso interno insiste en la importancia de focalizarse en el proceso y no en el resultado acumulado. La experiencia reciente en competiciones de máximo nivel ha enseñado al grupo que la excelencia se construye desde la repetición rigurosa de automatismos y la concentración sostenida.

    La condición de subcampeona de Europa añade una capa adicional de análisis. España demostró en la Eurocopa una capacidad competitiva extraordinaria, alcanzando la final y confirmando su hegemonía continental.

    Aunque el desenlace no culminó con el título, el recorrido evidenció la madurez táctica del equipo y su resiliencia en escenarios de máxima presión. Esa experiencia refuerza la mentalidad colectiva: la Selección no solo sabe ganar, sino también gestionar la adversidad y convertir derrotas en aprendizaje estructural.

    La bicampeona de la UEFA Women’s Nations League ha consolidado, además, un dominio sostenido en el nuevo formato competitivo europeo. Revalidar el título no es una tarea menor: exige regularidad, profundidad de plantilla y capacidad para sostener el rendimiento en ventanas sucesivas. España ha demostrado que su éxito no depende de un momento puntual, sino de un modelo estable. Esa estabilidad es el principal aval con el que inicia la carrera hacia Brasil 2027.

    El horizonte sudamericano introduce elementos simbólicos poderosos. Brasil es sinónimo de historia futbolística, de pasión y de legado. Defender allí el título mundial supondría un reto mayúsculo en un entorno de alta exigencia ambiental y competitiva. Pero antes de pensar en el escenario global, la Selección Española de Fútbol debe transitar con solvencia la fase europea. El Grupo A3 es el primer filtro y cada punto suma en una carrera que se extenderá a lo largo de los próximos meses.

    La narrativa que acompaña este inicio de clasificación no es únicamente deportiva. Es también generacional. Muchas de las internacionales que levantaron el trofeo en 2023 alcanzan ahora un punto de madurez competitiva óptimo. A su lado, nuevas jugadoras irrumpen con hambre y talento. La gestión del vestuario, la cohesión interna y la claridad en los roles serán determinantes. En este sentido, la experiencia de Sonia Bermúdez como exinternacional y su conocimiento del entorno federativo aportan un valor diferencial en la conducción del grupo.

    El 20 de febrero, cuando se anuncien los nombres a las 11:30 horas, comenzará oficialmente un nuevo capítulo. Cada convocatoria es una fotografía del momento competitivo del país: refleja el estado de la liga doméstica, el rendimiento en competiciones europeas de clubes y la evolución de las jóvenes promesas. La comparecencia posterior en Las Rozas permitirá profundizar en los matices: posibles regresos, ausencias por lesión, apuestas estratégicas y objetivos concretos para la ventana de marzo.

    (Fuente: UEFA)

    Castellón será el primer escenario del sueño de bordar la segunda estrella. La imagen de la estrella conquistada en 2023 permanece fresca en la memoria colectiva, pero el fútbol no concede créditos eternos. La defensa del título exige renovación constante del compromiso y la ambición. España parte como favorita en su grupo, pero el favoritismo solo se valida en el césped. La Nations League, la Eurocopa y el Mundial forman parte del pasado inmediato; la clasificación para Brasil 2027 es el presente tangible.

    El desplazamiento a Antalya para medirse a Ucrania completará una primera semana de máxima intensidad. Gestión de viajes, adaptación a superficies y control de cargas serán factores críticos. El cuerpo técnico ha diseñado un plan minucioso para optimizar la recuperación entre partidos, conscientes de que el rendimiento físico puede inclinar la balanza en encuentros cerrados.

    En definitiva, la Selección española inicia su camino hacia la Copa Mundial Femenina de la FIFA Brasil 2027 con el aval de un palmarés extraordinario: campeona del mundo, subcampeona de Europa y bicampeona de la UEFA Women’s Nations League. Pero más allá de los títulos, lo que define este proyecto es su ambición estructural. El 20 de febrero se conocerán los nombres; el 3 y el 7 de marzo comenzará la acción.

    En Castalia arrancará oficialmente la defensa de un legado que se escribió el pasado 20 de agosto de 2023 en Sídney con el gol de Olga Carmona ante Inglaterra.

  • Oficial | ‘Amor Por Los Colores’, la campaña de Liga F contra la LGTBIfobia en el deporte

     ◼️ Con motivo del Día Internacional contra la LGTBIfobia en el deporte, que se celebrará el próximo miércoles 19 de febrero, Liga F reactiva su campaña ‘Amor Por Los Colores’ en favor de la inclusión social, el respeto y la diversidad.

    Por tercera temporada consecutiva, que se dice pronto, la Primera División Femenina ha decidido volcarse en la lucha contra la LGTBIfobia en el deporte, algo que no debería existir ya en pleno siglo XXI.

     El próximo jueves 19 de febrero se conmemora el Día Internacional contra la LGTBIfobia en el Deporte, una fecha clave para concienciar a la sociedad sobre la importancia de la inclusión social, el respeto y la diversidad en todos los ámbitos deportivos. El deporte debe ser un espacio seguro, libre de prejuicios y discriminación, donde todas las personas puedan desarrollarse con plena libertad.

    La homofobia ha sido y sigue siendo una realidad presente en el deporte y en la sociedad en general, limitando derechos fundamentales y generando situaciones de rechazo, discriminación e incluso violencia hacia las personas LGBTIQ+. Por este motivo, Liga F reafirma su compromiso con la visibilidad, la igualdad y la erradicación de cualquier forma de intolerancia, utilizando el fútbol como herramienta de transformación social.

    Un año más, la competición reactiva la campaña ‘Amor por los Colores’, un llamamiento al respeto, la igualdad y la diversidad, con el objetivo de generar un entorno más inclusivo y tolerante dentro y fuera de los terrenos de juego.

    En el marco de esta iniciativa, durante la Jornada 20 (14 y 15 de febrero) y la Jornada 21 (21 y 22 de febrero), se desarrollarán diferentes acciones en las que los colores de la bandera arcoíris tendrán un papel protagonista en las principales plataformas de comunicación de Liga F: televisión, web y redes sociales, amplificando el mensaje y llegando a un público cada vez más amplio. Además, se repartirán miles de cordones con los colores arcoíris entre futbolistas, cuerpos técnicos, entrenadores, árbitras, medios de comunicación y aficionados que acudan a los encuentros durante los dos fines de semana de la campaña, como símbolo visible de apoyo y compromiso con la diversidad.

    La campaña contará también con un importante altavoz en dos encuentros destacados del calendario: el derbi vasco entre Athletic Club y Real Sociedad, (domingo 15 de febrero a las 12:00h en Lezama), y el Granada CF vs FC Barcelona, (sábado 21 de febrero a las 18:15h en el estadio Nuevo Los Cármenes). Ambos partidos servirán como escaparate para reforzar el mensaje y maximizar su impacto social.

    Con esta iniciativa, la Liga F invita a toda la comunidad del fútbol y a la sociedad en general a sumarse a la campaña ‘Amor por los Colores’, convencida de que el fútbol tiene el poder de unir, educar y contribuir activamente a la erradicación de cualquier forma de discriminación.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La camiseta ‘Amor Por Los Colores’, concebida como símbolo vertebrador de la nueva campaña institucional de la Liga F Moeve para la temporada 2025-2026, se erige como una de las iniciativas más significativas del calendario competitivo y social del fútbol femenino español en el presente curso. No se trata únicamente de una prenda deportiva ni de un elemento promocional asociado a una fecha concreta, sino de un manifiesto textil que condensa valores, memoria, compromiso y proyección de futuro. La competición nacional ha querido dotar a esta acción de un carácter emblemático, presentando oficialmente la elástica como una creación exclusiva de la diseñadora madrileña Be Fernández, cuya trayectoria en el ámbito de la ilustración, el muralismo y la pintura contemporánea conecta con el lenguaje visual urbano, con la reivindicación social y con una sensibilidad artística que dialoga de forma directa con las transformaciones culturales del deporte actual.

    Desde el primer trazo conceptual, la camiseta ‘Amor Por Los Colores’ nace con la voluntad de trascender el terreno de juego para situarse en el espacio simbólico de la representación. La pieza combina los colores de la bandera arcoíris —históricamente vinculada a la reivindicación de los derechos del colectivo LGBTIQ+— con una composición central en la que aparecen dos mujeres junto a un balón y una bota de fútbol. Esta escena, lejos de ser un recurso estético accesorio, sintetiza la idea de unión, diversidad y fuerza colectiva que impulsa al fútbol femenino contemporáneo. La imagen proyecta compañerismo, igualdad y complicidad; habla de equipo y de comunidad; sugiere que el deporte no es únicamente competición, sino también red, refugio y espacio de encuentro. En la narrativa visual de la prenda, el balón no es solo el objeto que articula el juego, sino el punto de convergencia de historias, identidades y trayectorias vitales que encuentran en el césped un territorio compartido.

    La elección de Be Fernández como autora de la elástica no es casual ni responde únicamente a criterios de notoriedad artística. Su obra, reconocida por la utilización del color como herramienta de expresión emocional y política, ha explorado a lo largo de los años la representación de mujeres fuertes, autónomas y protagonistas de su propio relato. En esta camiseta, su lenguaje plástico se adapta a la superficie textil sin perder potencia conceptual. Los tonos vibrantes del arcoíris no aparecen fragmentados ni desdibujados, sino integrados en un conjunto armónico que transmite energía y optimismo. La composición evita la estridencia y apuesta por una claridad visual que permite identificar de inmediato el mensaje: amor, respeto y diversidad como pilares innegociables del deporte. La artista, con su firma, no solo avala la pieza desde el punto de vista creativo, sino que la dota de un discurso coherente con su trayectoria profesional, reforzando así la dimensión cultural de la campaña.

    La presentación oficial de la camiseta se enmarca en la conmemoración del Día Internacional contra la LGBTIQ+fobia en el Deporte, que se celebrará el próximo miércoles 19 de febrero. La elección de esta fecha aporta a la iniciativa un contexto histórico y reivindicativo que amplifica su significado. No es un gesto aislado ni una acción oportunista vinculada al calendario comercial; es una declaración explícita de posicionamiento institucional frente a una problemática persistente en múltiples disciplinas deportivas. La lucha contra la homofobia, la bifobia y la transfobia continúa siendo uno de los grandes retos estructurales del deporte global, donde todavía se registran episodios de discriminación, invisibilización y violencia simbólica o verbal hacia deportistas y profesionales del colectivo LGBTIQ+. En este escenario, la Liga F Moeve asume un rol activo y decide convertir la camiseta ‘Amor Por Los Colores’ en el emblema visible de un compromiso que aspira a ser sostenido en el tiempo.

    El mensaje que se desprende de la campaña es claro y deliberado: el fútbol femenino debe consolidarse como un espacio seguro, libre de prejuicios y sin discriminación. La prenda no solo busca sensibilizar a la afición, sino también interpelar a clubes, jugadoras, cuerpos técnicos y estructuras organizativas para reforzar una cultura de respeto transversal. El deporte, entendido como fenómeno social de enorme impacto mediático y emocional, posee una capacidad singular para modelar actitudes y generar referentes. Cuando una competición profesional adopta públicamente una postura inequívoca frente al odio, envía una señal poderosa a la sociedad. En este caso, la camiseta actúa como vehículo narrativo que transforma un mensaje institucional en una imagen concreta, visible en estadios, retransmisiones televisivas y plataformas digitales.

    La estrategia de implementación de la campaña se desarrollará en dos escenarios de máxima visibilidad dentro del calendario competitivo. La Ciudad Deportiva de Lezama abrirá sus puertas el domingo 15 de febrero a las 12:00 horas para acoger el derbi vasco entre el Athletic Club y la Real Sociedad, un enfrentamiento con fuerte carga histórica y emocional en el panorama del fútbol femenino español. La elección de este partido no responde únicamente a criterios deportivos, sino también a su relevancia territorial y a la intensidad simbólica que caracteriza los duelos entre ambos clubes. En un contexto de rivalidad deportiva sana y tradicional, la presencia de la camiseta ‘Amor Por Los Colores’ añade una capa adicional de significado: la confrontación en el campo no excluye el respeto fuera de él; la pasión competitiva es compatible con la defensa compartida de valores inclusivos.

    El segundo gran escenario será el estadio Nuevo Los Cármenes, donde el Granada CF recibirá al FC Barcelona el sábado 21 de febrero a las 18:15 horas. Este encuentro, que enfrenta a uno de los proyectos emergentes de la categoría con uno de los referentes consolidados del fútbol femenino europeo, ofrece una plataforma mediática de alto alcance. La visibilidad que generan partidos de esta magnitud multiplica el impacto del mensaje y refuerza la idea de que la inclusión no es un asunto periférico, sino central en la identidad de la competición. En ambos casos, la campaña aspira a convertir el estadio en un espacio pedagógico, donde la imagen de la camiseta dialogue con pancartas, acciones de sensibilización y contenidos audiovisuales difundidos por los canales oficiales de la liga y de los clubes implicados.

    La narrativa institucional que acompaña a la camiseta subraya que la lucha contra la homofobia sigue siendo uno de los grandes desafíos en el mundo del deporte. A pesar de los avances normativos y culturales de las últimas décadas, persisten barreras estructurales que dificultan la plena visibilidad de deportistas LGBTIQ+ en determinadas disciplinas, especialmente en aquellas tradicionalmente asociadas a modelos de masculinidad hegemónica. El fútbol femenino, por su propia historia y por la diversidad de sus protagonistas, ha desempeñado en muchos casos un papel pionero en la normalización de identidades y orientaciones diversas. Sin embargo, la consolidación de esa cultura inclusiva requiere acciones constantes y coherentes. La camiseta ‘Amor Por Los Colores’ se inserta en esa lógica de continuidad y pretende reforzar un posicionamiento inequívoco de la competición frente a cualquier forma de odio.

    Desde una perspectiva comunicativa, la campaña articula una combinación de elementos visuales, narrativos y experienciales. La prenda actúa como pieza central, pero su alcance se amplía mediante la difusión en redes sociales, entrevistas a jugadoras, testimonios de referentes y contenidos pedagógicos que explican el significado del Día Internacional contra la LGBTIQ+fobia en el Deporte. La coherencia entre forma y fondo resulta clave: el diseño colorido y expresivo de Be Fernández se alinea con un discurso institucional que habla de amor, respeto y transformación social. No se trata de un mensaje abstracto, sino de una invitación concreta a rechazar cualquier manifestación de discriminación en las gradas, en los vestuarios y en los entornos digitales.

    El concepto de “Amor Por Los Colores” funciona, además, como metáfora doble. Por un lado, alude a los colores del arcoíris y a su significado histórico en la reivindicación de derechos. Por otro, evoca los colores de cada club, de cada escudo y de cada camiseta que compone la pluralidad de la competición. En ese cruce semántico se inscribe la idea de que la diversidad no fragmenta, sino que enriquece; que la identidad colectiva de la liga se construye a partir de la suma de diferencias. Así, la campaña invita a entender el fútbol femenino como un espacio donde caben todas las orientaciones, identidades y expresiones, sin que ello suponga merma alguna de competitividad o profesionalidad.

    La dimensión simbólica de la camiseta se potencia al situarla en el centro de partidos de alta expectación. Cuando las jugadoras saltan al terreno de juego portando un emblema que reivindica la inclusión, se convierten en portavoces de un mensaje que trasciende el resultado. Cada pase, cada gol y cada celebración se inscriben en una narrativa más amplia, donde el espectáculo deportivo convive con el compromiso social.

    La presencia de la prenda en retransmisiones televisivas y fotografías oficiales amplifica su alcance, convirtiéndola en imagen recurrente de la jornada y, potencialmente, en icono de la temporada.

    En términos estratégicos, la Liga F Moeve refuerza con esta iniciativa su posicionamiento como competición comprometida con la transformación social. El fútbol femenino español ha experimentado en los últimos años un crecimiento notable en audiencia, profesionalización y reconocimiento internacional.

    Ese crecimiento conlleva también una responsabilidad: la de utilizar la plataforma mediática para promover valores democráticos y de convivencia. La camiseta ‘Amor Por Los Colores’ sintetiza esa ambición y la traduce en un objeto tangible que puede ser visto, compartido y recordado.

    La campaña, en definitiva, aspira a consolidar la idea de que el deporte no es un espacio neutral ajeno a las dinámicas sociales, sino un escenario privilegiado para impulsar cambios culturales. Al presentar la camiseta como emblema oficial de la temporada 2025-2026, la competición envía un mensaje claro: la diversidad no es una tendencia pasajera ni un eslogan circunstancial, sino un principio estructural. En un contexto donde todavía se registran episodios de discriminación, la apuesta por el amor y el respeto adquiere un valor estratégico y ético. La elástica diseñada por Be Fernández se convierte así en símbolo de una liga que entiende el fútbol femenino como herramienta de compromiso social y como motor de transformación, convencida de que cada partido puede ser también una declaración de principios y que cada color, lejos de dividir, suma en la construcción de un deporte más justo, inclusivo y libre.

    (Fuente: Liga F Moeve)

  • La crónica | El Manchester United vuelve a ganar en Alcalá de Henares

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League )

    ◼️ El conjunto madrileño cayó por 0-3 ante el Manchester United en la ida del playoff de acceso a los cuartos de Champions. Elisabeth Terland, Melvine Malard y Julia Zigiotti Olme anotaron los tres tantos del cuadro inglés.

    La previa |

    (Fuente: Getty imágenes)

    El fútbol europeo no siempre concede segundas oportunidades, pero cuando lo hace suele exigir algo más que talento: exige memoria, carácter y la capacidad de sostener una idea cuando el partido empuja en contra. El Atlético de Madrid vuelve a citarse con la Women’s Champions League en uno de esos encuentros que no se juegan solo con los pies, sino con el peso de lo que fue, de lo que se desea volver a ser y de lo que todavía está por conquistar. Enfrente, un Manchester United que ha aprendido a competir desde la solidez, desde el control de los silencios del partido, desde una madurez defensiva que lo ha llevado, por primera vez en su historia, a mirar de frente una fase eliminatoria continental con autoridad y sin complejos.

    El precedente inmediato aún arde. El United se impuso por la mínima en la jornada 2 gracias a una volea de Fridolina Rolfö en la primera parte, un gesto técnico seco, definitivo, que bastó para decidir un encuentro cerrado, de detalles microscópicos, donde cada duelo fue una frontera y cada balón dividido una pequeña final. Aquel 0-1 no solo otorgó tres puntos: instaló una narrativa. El Atlético salió herido pero no roto, consciente de que había competido de tú a tú ante uno de los bloques más fiables del torneo, y el United confirmó que su crecimiento europeo no es una promesa, sino una realidad tangible, avalada por números y sensaciones. 

    Porque los datos, cuando se sostienen en el tiempo, también cuentan historias. El Manchester United llega a Alcalá de Henares como líder de la clasificación, con cuatro victorias en la fase liga y tres partidos consecutivos sin encajar un solo gol. Territorio desconocido, sí, porque jamás había alcanzado esta instancia, pero territorio conquistado con una convicción impropia de un debutante. Un equipo que ha entendido que en Europa no basta con atacar bien: hay que defender el área, gestionar ventajas cortas, resistir cuando el contexto aprieta. Y en eso, el United ha sido impecable.

    El Atlético, mientras tanto, camina con una mezcla de ambición y memoria. Sabe lo que es alcanzar los cuartos de final de la Women’s Champions League, lo hizo en la temporada 2019/2020, la única vez que logró atravesar esta frontera. Aquella campaña permanece como un faro, como un recordatorio de que el club rojiblanco puede instalarse entre la élite si sostiene su identidad competitiva durante noventa minutos —y más allá—. El equipo español ha firmado una fase liga notable en términos ofensivos, con 13 goles en seis partidos, confirmándose como uno de los ataques más productivos del torneo, una máquina capaz de generar ocasiones desde múltiples alturas y registros.

    Y ahí reside una de las grandes tensiones de esta eliminatoria: la colisión entre una de las defensas más fiables del campeonato y uno de los ataques más incisivos. El Manchester United protege su área como un santuario; el Atlético la asedia como quien sabe que el gol no es un accidente, sino una consecuencia de insistir, de cargar el área, de ganar segundas jugadas, de creer hasta el último rechace. El fútbol europeo, en noches así, suele premiar a quien mejor interpreta esos márgenes invisibles.

    Sin embargo, este Atlético llega con una ausencia que altera no solo la pizarra, sino el alma del equipo. Luany no estará. La delantera rojiblanca cumple sanción tras ser expulsada ante el Lyon en Francia, una baja de enorme peso simbólico y táctico. Luany no es solo desborde y verticalidad; es amenaza constante, es la futbolista que estira al rival, que obliga a la defensa contraria a retroceder cinco metros, que convierte cada balón largo en una opción real de ventaja. Su expulsión en territorio francés dejó una herida que todavía supura, y su ausencia obliga al Atlético a reinventar su forma de atacar, a buscar soluciones colectivas donde antes había desequilibrio individual.

    Sin Luany, el Atlético pierde profundidad pura, pero puede ganar matices. La responsabilidad ofensiva se redistribuye, las llegadas desde segunda línea cobran aún más valor, el primer y segundo balón se convierten en un campo de batalla imprescindible. Ganar altura con y sin pelota será una prioridad absoluta, porque solo desde ahí el equipo podrá activar a sus atacantes y sostener ataques largos que incomoden a un United cómodo defendiendo bajo. Cada saque lateral, cada balón dividido, cada rechace en la frontal puede ser el inicio de la jugada que cambie la eliminatoria.

    El escenario también importa. El Centro Deportivo de Alcalá de Henares no es solo una sede: es un refugio competitivo. Allí, el Atlético ha construido muchas de sus noches europeas más sólidas, alimentándose de la cercanía, del ritmo, de la sensación de que cada metro del campo se defiende como propio. Convertir el impulso de casa en continuidad competitiva será una de las claves emocionales del encuentro. No basta con empezar fuerte; hay que sostener la intensidad cuando el partido entra en zonas grises, cuando el reloj avanza y el marcador no se mueve.

    El Manchester United, por su parte, llegará con un plan claro: enfriar el partido cuando sea necesario, proteger los costados, cerrar líneas interiores y castigar cualquier desajuste en transición. Su juego por fuera es una de sus grandes armas. Los extremos empujan, fijan, obligan a los laterales rivales a decidir entre saltar o proteger la espalda. Defender centros laterales será una prueba constante para el Atlético, que deberá ajustar basculaciones y temporizar ayudas para evitar que el área se convierta en un territorio de acumulación peligrosa.

    Hay, además, una dimensión psicológica imposible de ignorar. El gol inicial puede definir el relato del partido. Si marca primero el Atlético, el encuentro se abrirá, la grada empujará y el United se verá obligado a asumir riesgos que no forman parte de su zona de confort. Si golpea antes el conjunto inglés, el partido entrará en un terreno de control, de pausas, de transiciones medidas, donde cada error rojiblanco puede ser definitivo. Gestionar esa presión será tan importante como cualquier ajuste táctico.

    Los antecedentes también juegan su papel. El Atlético ha ganado cuatro de sus últimas cinco eliminatorias a doble partido en competiciones UEFA, una estadística que habla de competitividad, de saber manejar los tiempos largos de una eliminatoria, de entender que no todo se decide en un solo gesto. El Manchester United, en cambio, ha vivido dos precedentes: una victoria y una derrota. Suficiente experiencia para no ser ingenuo, pero todavía en proceso de aprendizaje en este tipo de escenarios.

    Y sobre todo, está el contexto mayor. Con el Bayern München esperando al ganador, la eliminatoria adquiere un valor añadido. No es solo avanzar: es proyectarse. Es saber que cada esfuerzo, cada duelo ganado, cada balón bloqueado puede acercar a una cita con uno de los gigantes del continente. Europa no regala nada, pero respeta a quien compite sin concesiones.

    El Atlético de Madrid sabe que esta noche no podrá apoyarse en Luany, sancionada tras aquella expulsión ante el Lyon que todavía duele. Sabe que tendrá que multiplicarse, que deberá atacar mejor y defender aún más concentrado. Pero también sabe que estas son las noches que definen un proyecto, las que separan a los equipos correctos de los equipos memorables. El Manchester United, firme, sólido, sin complejos, llega dispuesto a confirmar que su irrupción europea no es circunstancial.

    Cuando el balón eche a rodar el jueves 16 de octubre a las 18:45 horas, con Disney Plus como ventana al mundo, ya no importarán los precedentes, ni las estadísticas, ni siquiera las etiquetas. Importará quién se atreve a imponer su ritmo, quién resiste mejor la presión y quién entiende que la Champions no se juega: se sobrevive. Y solo después, se gana.

    Y en esa supervivencia, casi siempre silenciosa, se esconden los matices que separan a los equipos que simplemente participan de los que dejan huella. Porque la Women’s Champions League no perdona distracciones ni permite jugar a medio gas, y el Atlético de Madrid lo sabe mejor que nadie. Cada una de sus comparecencias europeas ha sido un ejercicio de resistencia emocional, de adaptación constante, de entender que el margen de error se reduce hasta convertirse en una línea invisible. Frente al Manchester United, ese margen será aún más estrecho, porque el rival no concede espacios gratuitos ni se desordena por impulsos.

    El United ha construido su identidad continental desde la disciplina. No es un equipo exuberante en posesión, ni necesita monopolizar el balón para sentirse cómodo. Su fortaleza reside en la lectura colectiva de los momentos del partido, en la sincronía de su bloque defensivo, en la capacidad para cerrar pasillos interiores y obligar al rival a jugar donde menos daño hace. Tres partidos sin encajar gol en la fase liga no son una casualidad, sino la consecuencia de un plan bien ejecutado, de una estructura que protege el área y reduce el número de ocasiones claras concedidas. Cada centro lateral es defendido como si fuera el último, cada duelo aéreo se pelea con una convicción casi obsesiva.

    Para el Atlético, romper ese muro exigirá algo más que insistencia. Exigirá precisión, paciencia y una lectura muy fina de los tiempos del partido. Sin Luany —ausente por sanción tras su expulsión ante el Lyon en Francia, una acción que todavía pesa en la memoria colectiva del equipo—, el ataque rojiblanco pierde una referencia vertical clara, una amenaza permanente al espacio que obligaba a las defensas rivales a retroceder y estirarse. Esa ausencia modifica la geometría ofensiva del Atlético y obliga a encontrar soluciones distintas: más circulación por dentro, mayor protagonismo de las llegadas desde segunda línea, una ocupación del área más coral y, sobre todo, una gestión impecable del primer y segundo balón.

    Porque ahí puede estar una de las claves invisibles del duelo. Ganar la segunda jugada es ganar territorio, es instalarse en campo rival, es someter al adversario a una defensa prolongada que erosiona la concentración. El Atlético deberá ser agresivo en esas disputas, elevar la altura de su presión tras pérdida y evitar que el United pueda salir limpio en transición. Cada balón dividido será una declaración de intenciones, cada duelo ganado una pequeña victoria emocional que alimente la fe colectiva.

    El United, consciente de esa amenaza, tratará de evitar que el partido se juegue en ese terreno caótico que tanto favorece al Atlético. Buscará pausas, enfriar el ritmo cuando sea necesario, dormir el encuentro durante tramos para desesperar al rival y castigar cualquier desajuste con transiciones rápidas. Su juego exterior, con extremos incisivos y laterales que acompañan, será un arma constante. Defender la espalda del lateral, temporizar ayudas y evitar centros cómodos será un trabajo innegociable para la zaga rojiblanca, que no puede permitirse pérdidas de concentración en el área.

    Manchester United Women: Phallon Tullis-Joyce; Sandberg, Le Tissier, Janssen, Rivière; Jessica Park, Zigiotti-Olme, Miyazawa; Malard, Terland y Wangerheim (Simi Awujo 82’)

    La gestión emocional volverá a ser determinante. El Atlético necesita canalizar la energía de jugar en casa sin precipitarse, sin convertir la urgencia en ansiedad. Transformar el empuje inicial en continuidad competitiva, sostener la intensidad cuando el partido se espese, cuando el marcador no se mueva y el reloj empiece a pesar. En esas fases, la ausencia de Luany puede sentirse con mayor crudeza, porque es precisamente en los momentos de bloqueo cuando las individualidades suelen desbloquear partidos. Sin ella, el Atlético deberá confiar aún más en su estructura, en la convicción colectiva de que el gol llegará si el plan se ejecuta con fidelidad.

    El recuerdo de la temporada 2019/2020 planea como un eco constante. Aquella campaña, el Atlético alcanzó los cuartos de final por única vez en su historia, demostrando que podía competir de tú a tú con la élite europea. No fue un camino sencillo, pero sí uno construido desde la identidad, desde la fe en una idea clara de juego y desde la capacidad de sufrir sin perder el orden. Repetir aquella hazaña no es solo un objetivo deportivo; es una reafirmación del proyecto, una manera de decir que aquel logro no fue una excepción, sino un punto de partida.

    Para el Manchester United, en cambio, esta eliminatoria representa la oportunidad de consolidar su crecimiento continental. Clasificado por primera vez para esta fase, el conjunto inglés sabe que cada paso que dé será histórico. No carga con el peso de las comparaciones ni con la obligación de repetir gestas pasadas, pero sí con la ambición de demostrar que su presencia en la élite no es circunstancial. Llegar a Alcalá de Henares como líder, con una defensa casi impenetrable y una confianza construida partido a partido, le permite afrontar el choque sin complejos, con la serenidad de quien sabe exactamente a qué quiere jugar.

    El contexto añade una capa más de intensidad. Con el Bayern München esperando al ganador, el premio es tan grande como el riesgo. Avanzar significa entrar en una dimensión superior de la competición, medirse a uno de los gigantes del continente, asumir que cada partido será una prueba máxima. Pero para llegar ahí hay que sobrevivir primero a este cruce, a esta noche que promete ser larga, densa, cargada de detalles.

    El fútbol europeo suele decidirse en gestos mínimos. Un despeje mal orientado, una falta lateral defendida con un segundo de retraso, una transición mal temporizada. El Atlético deberá minimizar esos errores, consciente de que el United castiga con eficacia quirúrgica cualquier concesión. La disciplina táctica será tan importante como la valentía ofensiva, y el equilibrio entre ambas determinará el signo del partido.

    Y, sin embargo, más allá de los esquemas y las estadísticas, hay algo profundamente humano en noches como esta. Está la sensación de que cada jugadora representa algo más que su rol individual, de que cada carrera, cada entrada, cada celebración conecta con una historia mayor. El Atlético juega también por reivindicar su lugar en Europa, por demostrar que sigue siendo un competidor incómodo, capaz de desafiar a cualquiera. El United juega por consolidar su irrupción, por escribir su propia narrativa continental.

    Europa siempre ha sido un territorio de emociones extremas para el conjunto rojiblanco. Allí donde se han escrito algunas de sus páginas más gloriosas y también algunas de sus noches más crueles. Allí donde el margen de error se reduce a la mínima expresión y cada detalle adquiere un valor incalculable. Allí donde ahora, una vez más, las de José Herrera se juegan mucho más que una clasificación. 

    El camino hasta este cruce no ha sido sencillo ni indulgente. El Atlético llegaba a Francia sabiendo que visitar al Olympique Lyonnais Féminin —ahora Olympique Lyonnes— siempre supone una prueba de máxima exigencia. 

    La derrota por 3-0 fue dura, incontestable en el marcador, y estuvo marcada además por la expulsión de Luany, que vio la tarjeta roja directa tras un gesto antirreglamentario que condicionó el resto del encuentro.

    Aquella noche en suelo galo parecía destinada a ser un punto final. Pero no lo fue.

    Hay ciudades que, sin proponérselo, se convierten en símbolos. Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, es desde hace años uno de los refugios emocionales del Atlético de Madrid Femenino. Allí, donde el equipo ha construido algunas de sus noches europeas más memorables, vuelve a citarse la historia.

    La expectación es máxima. No solo por el rival, no solo por el momento, sino porque el Atlético ha demostrado que sabe competir en Europa cuando el contexto aprieta. Ya lo hizo en la ronda preliminar, cuando eliminó al BK Häckencon una remontada que quedará grabada en la memoria colectiva: 2-1 en el Centro Deportivo de Alcalá de Henares, en una noche de convicción, orgullo y carácter.

    Ese triunfo fue algo más que una clasificación. Fue una declaración de intenciones.

    El destino, caprichoso, ha querido que el Atlético vuelva a medirse a un club británico en una eliminatoria a 120 minutos —o más—, evocando recuerdos que aún resuenan en la memoria rojiblanca.

    El fútbol europeo del Atlético no puede entenderse sin mirar atrás. En octubre de 2021, todavía bajo los efectos de la pandemia, el conjunto madrileño vivió una de sus eliminaciones más dolorosas. Aquella vez, el verdugo fue el Chelsea, que dejó fuera al Atlético por un global de 3-1 en una eliminatoria marcada por la crueldad del destino.

    Tres penaltis fallados, tres oportunidades perdidas y un golpe emocional que marcó un antes y un después.

    El United, consciente de esa amenaza, tratará de evitar que el partido se juegue en ese terreno caótico que tanto favorece al Atlético. Buscará pausas, enfriar el ritmo cuando sea necesario, dormir el encuentro durante tramos para desesperar al rival y castigar cualquier desajuste con transiciones rápidas. Su juego exterior, con extremos incisivos y laterales que acompañan, será un arma constante. Defender la espalda del lateral, temporizar ayudas y evitar centros cómodos será un trabajo innegociable para la zaga rojiblanca, que no puede permitirse pérdidas de concentración en el área.

    La gestión emocional volverá a ser determinante. El Atlético necesita canalizar la energía de jugar en casa sin precipitarse, sin convertir la urgencia en ansiedad. Transformar el empuje inicial en continuidad competitiva, sostener la intensidad cuando el partido se espese, cuando el marcador no se mueva y el reloj empiece a pesar. En esas fases, la ausencia de Luany puede sentirse con mayor crudeza, porque es precisamente en los momentos de bloqueo cuando las individualidades suelen desbloquear partidos. Sin ella, el Atlético deberá confiar aún más en su estructura, en la convicción colectiva de que el gol llegará si el plan se ejecuta con fidelidad.

    El recuerdo de la temporada 2019/2020 planea como un eco constante. Aquella campaña, el Atlético alcanzó los cuartos de final por única vez en su historia, demostrando que podía competir de tú a tú con la élite europea. No fue un camino sencillo, pero sí uno construido desde la identidad, desde la fe en una idea clara de juego y desde la capacidad de sufrir sin perder el orden. Repetir aquella hazaña no es solo un objetivo deportivo; es una reafirmación del proyecto, una manera de decir que aquel logro no fue una excepción, sino un punto de partida.

    Para el Manchester United, en cambio, esta eliminatoria representa la oportunidad de consolidar su crecimiento continental. Clasificado por primera vez para esta fase, el conjunto inglés sabe que cada paso que dé será histórico. No carga con el peso de las comparaciones ni con la obligación de repetir gestas pasadas, pero sí con la ambición de demostrar que su presencia en la élite no es circunstancial. Llegar a Alcalá de Henares como líder, con una defensa casi impenetrable y una confianza construida partido a partido, le permite afrontar el choque sin complejos, con la serenidad de quien sabe exactamente a qué quiere jugar.

    El contexto añade una capa más de intensidad. Con el Bayern München esperando al ganador, el premio es tan grande como el riesgo. Avanzar significa entrar en una dimensión superior de la competición, medirse a uno de los gigantes del continente, asumir que cada partido será una prueba máxima. Pero para llegar ahí hay que sobrevivir primero a este cruce, a esta noche que promete ser larga, densa, cargada de detalles.

    El fútbol europeo suele decidirse en gestos mínimos. Un despeje mal orientado, una falta lateral defendida con un segundo de retraso, una transición mal temporizada. El Atlético deberá minimizar esos errores, consciente de que el United castiga con eficacia quirúrgica cualquier concesión. La disciplina táctica será tan importante como la valentía ofensiva, y el equilibrio entre ambas determinará el signo del partido.

    Y, sin embargo, más allá de los esquemas y las estadísticas, hay algo profundamente humano en noches como esta. Está la sensación de que cada jugadora representa algo más que su rol individual, de que cada carrera, cada entrada, cada celebración conecta con una historia mayor. El Atlético juega también por reivindicar su lugar en Europa, por demostrar que sigue siendo un competidor incómodo, capaz de desafiar a cualquiera. El United juega por consolidar su irrupción, por escribir su propia narrativa continental.

    Europa siempre ha sido un territorio de emociones extremas para el conjunto rojiblanco. Allí donde se han escrito algunas de sus páginas más gloriosas y también algunas de sus noches más crueles. Allí donde el margen de error se reduce a la mínima expresión y cada detalle adquiere un valor incalculable. Allí donde ahora, una vez más, las de José Herrera se juegan mucho más que una clasificación. 

    El camino hasta este cruce no ha sido sencillo ni indulgente. El Atlético llegaba a Francia sabiendo que visitar al Olympique Lyonnais Féminin —ahora Olympique Lyonnes— siempre supone una prueba de máxima exigencia. 

    La derrota por 3-0 fue dura, incontestable en el marcador, y estuvo marcada además por la expulsión de Luany, que vio la tarjeta roja directa tras un gesto antirreglamentario que condicionó el resto del encuentro.

    Aquella noche en suelo galo parecía destinada a ser un punto final. Pero no lo fue.

    Hay ciudades que, sin proponérselo, se convierten en símbolos. Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, es desde hace años uno de los refugios emocionales del Atlético de Madrid Femenino. Allí, donde el equipo ha construido algunas de sus noches europeas más memorables, vuelve a citarse la historia.

    La expectación es máxima. No solo por el rival, no solo por el momento, sino porque el Atlético ha demostrado que sabe competir en Europa cuando el contexto aprieta. Ya lo hizo en la ronda preliminar, cuando eliminó al BK Häckencon una remontada que quedará grabada en la memoria colectiva: 2-1 en el Centro Deportivo de Alcalá de Henares, en una noche de convicción, orgullo y carácter.

    Ese triunfo fue algo más que una clasificación. Fue una declaración de intenciones.

    El destino, caprichoso, ha querido que el Atlético vuelva a medirse a un club británico en una eliminatoria a 120 minutos —o más—, evocando recuerdos que aún resuenan en la memoria rojiblanca.

    El fútbol europeo del Atlético no puede entenderse sin mirar atrás. En octubre de 2021, todavía bajo los efectos de la pandemia, el conjunto madrileño vivió una de sus eliminaciones más dolorosas. Aquella vez, el verdugo fue el Chelsea, que dejó fuera al Atlético por un global de 3-1 en una eliminatoria marcada por la crueldad del destino.

    Tres penaltis fallados, tres oportunidades perdidas y un golpe emocional que marcó un antes y un después.

    La vieja Europa central ya no manda; ahora mandan los campeonatos que han entendido que el fútbol femenino no se sostiene solo con tradición, sino con planificación, profesionalización y visibilidad.

    Inglaterra llega a este liderato desde una lógica reconocible. La Women’s Super League es, desde hace años, la liga con mayor músculo financiero, la que mejor ha integrado a los grandes clubes masculinos en el desarrollo femenino, la que antes profesionalizó estructuras y la que ha logrado atraer talento global de manera sostenida. Chelsea, Arsenal y Manchester United no solo compiten; condicionan.

    reflejo de una liga que ha convertido la Champions en un objetivo natural, no en una excepción gloriosa. Inglaterra no improvisa: exporta un modelo.

    España, en cambio, ha llegado aquí desde otro lugar. Su ascenso no ha sido lineal ni cómodo. Ha sido más caótico, más político, más emocional.

    La Liga F Moeve, heredera de una profesionalización tardía pero intensa, ha crecido a contracorriente, superando conflictos institucionales, tensiones laborales, desigualdades presupuestarias y una narrativa constante de cuestionamiento. Y, sin embargo, aquí está: a menos de medio punto del liderazgo continental, con tres clubes aún en pie, con una selección campeona del mundo que ha cambiado para siempre la percepción internacional del fútbol español, y con un ecosistema que empieza a ser leído desde fuera como algo más que una promesa.

    El ranking UEFA no premia la estética ni la narrativa; premia resultados.

    Cada victoria, cada empate, cada clasificación, cada ronda superada suma puntos que se agregan durante varias temporadas. Por eso este segundo puesto de España no es un fogonazo: es la consecuencia directa de los títulos del FC Barcelona, de las semifinales recurrentes, de las buenas actuaciones del Atlético de Madrid en ciclos anteriores, del crecimiento del Real Madrid como proyecto estable, y del hecho de que, por primera vez, la liga española compite en profundidad, no solo desde un club hegemónico.

    La temporada actual es, en este sentido, una oportunidad histórica. Para que España arrebate la primera posición del ranking a Inglaterra no hace falta un milagro, pero sí una conjunción precisa de acontecimientos deportivos. La lógica es clara: España debe sumar más puntos que Inglaterra en el cómputo europeo del curso.

    Eso implica que los clubes españoles avancen más rondas, ganen más partidos y, crucialmente, que los clubes ingleses caigan antes o sumen menos. Cada eliminación inglesa y cada victoria española estrechan o invierten la balanza. Con ambos países manteniendo a sus tres representantes, el margen de maniobra existe y es real.

    Si, por ejemplo, un club español alcanza la final de la Champions y otro se queda en semifinales, mientras que Inglaterra pierde uno de sus equipos en cuartos y otro en semifinales, el diferencial puede volcarse. Los coeficientes no entienden de nombres ni de escudos: solo de resultados acumulados.

    Y aquí España juega con una baza clave: la regularidad reciente del FC Barcelona, que ya no solo gana, sino que arrasa, y que suele garantizar una lluvia constante de puntos. A eso se suma un Atlético de Madrid que ha recuperado competitividad continental y un Real Madrid que, aun en construcción, empieza a sumar experiencia europea de manera sostenida.

    Inglaterra, por su parte, depende de que su tridente mantenga el pulso. Chelsea ha sido históricamente fiable, pero no invencible. Arsenal vive una reconstrucción intermitente.

    El Manchester City alterna picos de excelencia con caídas inesperadas. El margen es estrecho y la presión, creciente. Porque liderar el ranking ya no es un privilegio invisible: ahora es un objetivo explícito, una bandera simbólica de supremacía europea.

    Arrebatarle el primer puesto a Inglaterra supondría, para España, mucho más que un cambio de número en una tabla. A nivel deportivo, consolidaría a la Liga F Moeve como la referencia estructural del fútbol femenino europeo. El ranking UEFA no solo determina prestigio: condiciona plazas europeas, accesos directos a fases avanzadas, cabezas de serie y, en última instancia, la capacidad de planificación de los clubes. Ser primera federación implica mayor estabilidad competitiva y menos dependencia de rondas preliminares traicioneras.

    Pero el impacto va más allá del reglamento. Ser número uno en Europa sería la confirmación estadística de algo que ya se percibe en el juego: que España no solo produce talento, sino que lo sostiene, lo potencia y lo hace competir al máximo nivel. Y aquí entra un elemento clave que mencionas y que no es menor: según un estudio reciente, la Liga F Moeve es considerada la tercera mejor competición femenina regular del mundo. Esa clasificación, que suele situar por delante a la NWSL estadounidense y a la WSL inglesa, no se basa únicamente en títulos, sino en equilibrio competitivo, calidad media de los equipos, desarrollo de jugadoras, impacto internacional y regularidad del espectáculo.

    Si España alcanza el primer puesto del ranking UEFA mientras su liga es ya evaluada como la tercera mejor del mundo, el mensaje es potentísimo: la Liga F no solo es formadora ni solo es exportadora de talento, sino que es competitiva, atractiva y decisiva en Europa. Eso reforzaría su posición en negociaciones de derechos audiovisuales, atraerá patrocinadores internacionales, facilitará la llegada de futbolistas de élite y, sobre todo, consolidará un relato que durante años le fue negado: el de ser una liga central, no periférica.

    Desde un punto de vista histórico, sería también una inversión de jerarquías.

    Durante décadas, España miró a Alemania y Francia como modelos inalcanzables, y a Inglaterra como un experimento avanzado. Hoy es Inglaterra la que mira de reojo a España, consciente de que el fútbol femenino español ha encontrado una identidad propia basada en la técnica, la posesión, la lectura táctica y una cantera que no deja de producir talento diferencial. 

    El dominio del FC Barcelona no ha empobrecido el ecosistema; lo ha obligado a crecer.

    Este ranking, además, refleja una tendencia más amplia: la concentración del poder europeo. Las diez primeras federaciones muestran una brecha cada vez mayor con el resto. Pero dentro de esa élite, la pelea ya no es coral: es un duelo. Inglaterra contra España. Modelo anglosajón frente a modelo mediterráneo. Inversión privada masiva frente a integración progresiva en estructuras históricas. Ambas vías son válidas, pero solo una puede liderar.

    La temporada actual, por tanto, no es una más. Es un punto de inflexión potencial. 

    Cada partido europeo de un club español ya no es solo suyo: es un acto colectivo que empuja a toda una liga y a toda una federación. Cada gol en Champions tiene ahora un peso simbólico añadido. 

    Y eso, para una Liga F Moeve que ha luchado tanto por reconocimiento, es una oportunidad irrepetible.

    Si España logra culminar este asalto al primer puesto, el impacto no será efímero.

    No se tratará de un liderazgo anecdótico, sino de la confirmación de un ciclo. 

    Un ciclo en el que el fútbol femenino español ha pasado de ser promesa a ser estándar. En el que ya no se compara, sino que se mide a los demás.

    Y en el que el ranking UEFA deja de ser una aspiración lejana para convertirse en una consecuencia lógica de todo lo que se ha construido.

    Lo que muestra esa imagen, en definitiva, no es solo una clasificación. Es el mapa de un cambio de era. Y España está a un paso, a unos cuantos partidos, a unas cuantas noches europeas bien jugadas, de escribir una de las páginas más decisivas de su historia futbolística.

    Cuando el balón comience a rodar a las 18:45 horas del jueves 16 de octubre, con la señal de Disney Plus llevando la imagen al resto del continente, todo se reducirá a noventa minutos —o más— de tensión pura. El Atlético, sin Luany, deberá reinventarse sin traicionarse. El Manchester United, sólido y paciente, intentará imponer su lógica fría. Y en ese choque de estilos, de historias y de ambiciones, la Women’s Champions League volverá a recordar por qué este torneo no entiende de favoritismos, solo de supervivientes.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 UEFA Women’s Champions League

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Manchester United Women 🔥

    🇪🇸 vs 🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿

    🙌🏻 Playoffs | Partido de ida

    😍 Temporada 2025-2026😍

    🤩 Matchday | Día de partido

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    📅 Jueves, 12 de febrero de 2026

    📺 Disney Plus

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: X)

    Los onces |

    Atlético de Madrid Femenino – Once inicial

    Lola Gallardo (capitana)

    Medina

    Lauren Leal

    Menayo

    Sheila Lloris

    Alexia

    Vilde Bøe Risa

    J. Bartel

    Fiamma

    Jensen

    Amaiur

    Manchester United Women – Once inicial

    Tullis-Joyce

    Sandberg

    Le Tissier (capitana)

    Janssen

    Park

    Malard

    Terland

    Zigiotti

    Wangerheim

    Hinata

    Riviere

    Noche grande en Alcalá de Henares. Noche de eliminatoria, de tensión europea y de cuentas pendientes con la historia. El Atlético de Madrid y el Manchester United Women se citaron en la ida de un cruce que no admite matices: noventa minutos para inclinar la balanza antes del asalto definitivo, con el Bayern München aguardando al vencedor. Y en ese contexto de máxima exigencia, fue el conjunto inglés quien golpeó primero.

    Un zurdazo de volea de Fridolina Rolfö en la primera mitad, ejecutado con precisión quirúrgica tras una acción de segundo balón, bastó para sellar un 0-1 de enorme valor estratégico en la jornada 2 de la fase eliminatoria.

    El arranque ya anticipaba un duelo de identidades muy definidas. El Atlético formó de inicio con Lola Gallardo bajo palos; defensa para Medina, Lauren Leal, Menayo y Sheila Lloris; un centro del campo articulado por Alexia, Vilde Bøe Risa y J. Bartel; y un tridente ofensivo compuesto por Fiamma, Jensen y Amaiur. Un once reconocible, con vocación vertical, amplitud por fuera y capacidad de activar a su ‘9’ con envíos tempranos y rupturas a la espalda.

    El Manchester United respondió con Tullis-Joyce en portería; Sandberg, Le Tissier, Janssen y Riviere en la línea defensiva; Park como ancla; Malard, Terland y Zigiotti en el engranaje ofensivo interior; con Wangerheim y Hinata aportando dinamismo y desequilibrio en los carriles. Un bloque compacto, agresivo en la presión tras pérdida y extraordinariamente fiable en campo propio.

    Porque si algo define a este United es su solidez. La fase eliminatoria es territorio desconocido para el equipo inglés —clasificado por primera vez esta temporada—, pero su carta de presentación intimida: cuatro victorias en la fase liga, tres partidos sin encajar gol y liderato de su grupo gracias a una estructura defensiva prácticamente inexpugnable. No es casualidad. El conjunto de Manchester defiende hacia delante, reduce espacios interiores y protege su área con una disciplina colectiva que convierte cada repliegue en una declaración de autoridad.

    Enfrente, el Atlético se aferra a la memoria competitiva. El recuerdo de la 2019/2020 —única temporada en la que alcanzó los cuartos de final— late como referencia y estímulo. Además, el dato ofensivo avala su ambición: 13 goles en seis partidos en la fase liga, uno de los registros más altos del torneo. Potencia arriba, convicción en los duelos y experiencia en eliminatorias: no en vano, las rojiblancas han superado cuatro de sus últimas cinco rondas a doble partido en competiciones UEFA. El United, en cambio, presenta un balance equilibrado en sus antecedentes: una eliminatoria ganada y otra perdida.

    El choque, por tanto, planteaba un contraste fascinante: la contundencia defensiva inglesa frente a la capacidad productiva madrileña. Y en ese pulso de modelos, fue el detalle técnico —una volea perfecta de Rolfö, ejecutada sin concesiones— el que decantó una primera batalla marcada por la precisión, la paciencia y la gestión emocional. La eliminatoria queda abierta, pero el mensaje es inequívoco: el margen es mínimo y cada error, en este escenario, se paga a precio de oro europeo.

    José Herrera apostó por un 5-4-1: Gallardo; línea de cinco con Medina, Menayo, Lauren, Lloris y Alexia; centro del campo con Sarriegi, Bartel y Bøe Risa, y Synne Jensen como referencia con apoyo de Amaiur desde banda. United, en cambio, repitió 4-3-3 con Melvine Malard, Elisabeth Terland y Wangerheim arriba. El plan rojiblanco, pensado para proteger su área y correr, duró tres minutos: un pase horizontal muy blando de Bøe Risa en salida acabó en los pies de Malard, que robó, filtró para Terland y la noruega, recortó con celeridad y envió el esférico al fondo de las mallas para abrir la lata en el minuto 3 de juego con el 01, fue un golpe duro de realidad para las españolas.

    A raíz del tanto encajado, al Atlético le costó varios minutos recomponerse desde el punto de vista estructural y emocional. El equipo perdió altura en la presión y tardó en volver a sincronizar sus líneas, pero comenzó a detectar resquicios cuando Fiamma Iannuzzi y Amaiur decidieron descender metros para recibir entre líneas, a la espalda del doble pivote inglés. Ese ajuste permitió a las rojiblancas progresar con mayor continuidad, especialmente a través de las conducciones agresivas de Fiamma, que atacó el intervalo interior-derecho, y de un par de desmarques profundos de Amaiur por el carril derecho, obligando a la defensa del United a replegar y a correr hacia su propia portería.

    Sin embargo, esas aproximaciones no se tradujeron en ocasiones manifiestas. Faltó precisión en el último pase, timing en la descarga y, sobre todo, presencia de la segunda línea desde la frontal para cargar el área o amenazar con disparo exterior. El Atlético consiguió pisar campo rival con más frecuencia, pero no logró transformar esa superioridad posicional en situaciones de remate limpio.

    El Manchester United, por su parte, gestionó el tramo con pragmatismo y amenazó con ampliar la ventaja en una transición culminada por Terland. La delantera definió con eficacia, pero la acción quedó invalidada por fuera de juego tras la revisión del VAR, manteniendo el 0-1 y la eliminatoria en un margen todavía abierto.

    El error de Vilde se pagó muy caro, demasiado, en una eliminatoria que aún estaba en su amanecer, pero ya pintaba muy mal en clave rojiblanca.

    Con el paso de los minutos, el encuentro fue mutando hacia un escenario que favorecía claramente al Manchester United. Lo que en los primeros compases había sido un intercambio relativamente equilibrado de golpes, con el Atlético intentando sostenerse a partir de su energía tras el primer tanto encajado, comenzó a inclinarse progresivamente hacia el dominio estructural del conjunto inglés. El 4-3-3 visitante, que en fase defensiva había mostrado orden y disciplina, empezó a desplegar también su capacidad para gobernar el carril central con una ocupación racional de los espacios y una circulación que, sin ser vertiginosa, sí resultaba lo suficientemente precisa como para erosionar la organización rojiblanca.

    Zigiotti, Miyazawa y Jessica Park encontraron grietas cada vez más evidentes a la espalda del doble escalón que formaban Bøe Risa y Bartel. La primera línea de presión del Atlético llegaba tarde, y cuando conseguía orientar la salida hacia un costado, el United lograba activar rápidamente el pase interior hacia el tercer hombre. Ahí apareció con insistencia la figura de Miyazawa, flotando entre líneas, perfilándose con el cuerpo abierto y atacando el intervalo entre mediocentro y central. Zigiotti, con su capacidad para llegar desde segunda línea, arrastraba marcas y fijaba a las interiores rojiblancas, mientras que Park ofrecía apoyos constantes para facilitar la continuidad de la jugada. El resultado fue una superioridad progresiva en la zona ancha, no tanto en volumen de posesión como en calidad de las recepciones.

    El foco ofensivo del United se desplazó entonces hacia un sector muy concreto: el espacio entre Alexia y Sheila Lloris. Detectaron que la basculación del Atlético no siempre era simétrica y que, cuando Alexia saltaba a presionar por dentro, quedaba un pasillo vulnerable a la espalda de la lateral. Allí empezaron a insistir con una reiteración casi metódica, alternando apoyos al pie con rupturas diagonales. Cada vez que el balón llegaba a Miyazawa en posición intermedia, la estructura rojiblanca se veía obligada a decidir entre cerrar el carril central o proteger la banda, y en esa duda se generaba la fractura.

    De esa insistencia nació el segundo golpe de la noche. La acción se inició con una conducción interior de Miyazawa, que avanzó sin oposición directa tras superar la primera línea de presión. Con el Atlético retrocediendo en bloque medio y sin lograr ajustar las distancias entre líneas, la japonesa encontró el momento exacto para filtrar un pase profundo hacia el costado izquierdo, donde Malard había temporizado su desmarque. La atacante controló orientada hacia dentro, encaró a Lloris, amagó el centro y ejecutó un recorte seco que desestabilizó a la defensora. Con el ángulo abierto, definió con un disparo cruzado al palo largo, imposible para Lola Gallardo. En la misma acción, la central rojiblanca cayó al suelo tras el esfuerzo defensivo, evidenciando molestias que le impidieron continuar. El tanto no solo significaba el 02 en el minuto 39 de una primera mitad que no reflejaba el esfuerzo local por ningún lado.

    El tramo final de la primera parte dejó una imagen clara: el United controlando los ritmos, gestionando la ventaja con madurez competitiva y castigando cada desajuste; el Atlético, en cambio, obligado a recomponer piezas, tocado por la lesión y por el peso psicológico de un marcador adverso que alteraba el plan inicial. El cero a dos no era únicamente una diferencia numérica; simbolizaba el dominio de un modelo que, sin estridencias, había sabido detectar y explotar los puntos débiles del rival con eficacia quirúrgica.

    Poco después, casi sin tiempo para poder indagar sobre cómo se encontraba Lloris, las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una gran renta para las británicas, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos por delante en Alcalá de Henares.

    Tras el paso por vestuarios, el Atlético regresó al césped con una determinación distinta, casi urgente. La lectura del primer tiempo había sido clara: el equipo necesitaba recuperar metros, comprimir al Manchester United en su propio campo y asumir riesgos calculados si quería alterar el rumbo de la eliminatoria. Herrera movió piezas sin cambiar nombres de inmediato, pero sí modificando alturas y responsabilidades. Los laterales se proyectaron con mucha mayor agresividad, fijando a las extremas inglesas y ensanchando el campo. Bøe Risa asumió definitivamente el timón junto a Bartel, alternando apoyos cortos con cambios de orientación para acelerar la circulación. Fiamma dejó de partir tan abierta y comenzó a actuar prácticamente como mediapunta, flotando entre centrales y mediocentros rivales, mientras Jensen y Amaiur ajustaron sus movimientos para atacar el área con más convicción, cargando el segundo palo y buscando la caída del balón en zonas de remate.

    El cambio de escenario fue evidente. El Atlético empezó a instalarse en territorio rival con continuidad, forzando pérdidas del United en salida gracias a una presión coordinada y a una mejor ocupación de los intervalos interiores. Las rojiblancas encontraron, por fin, situaciones claras que no habían aparecido en el primer acto. Amaiur conectó una volea franca dentro del área tras un centro lateral, pero Sandberg apareció providencial para interceptar cuando el balón buscaba portería. Fiamma, incisiva y cada vez más influyente, logró perfilarse dentro del área tras una pared rápida y soltó un disparo potente que se marchó a córner tras rozar en una defensora. La sensación de asedio crecía, y el United comenzaba a replegar con más frecuencia de la deseada.

    La ocasión más rotunda llegó a balón parado. Vilde Bøe Risa asumió la responsabilidad en una falta directa desde la frontal, ligeramente escorada. Su golpeo fue perfecto, superando la barrera y buscando la escuadra con precisión milimétrica. El estadio contuvo el aliento hasta que Phallon Tullis-Joyce, en un ejercicio de elasticidad y reflejos extraordinarios, voló hacia su palo izquierdo y desvió el balón con la punta de los dedos.

    (Fuente: Disney Plus)

    La intervención, de categoría internacional, evitó un 1-2 que, por sensaciones y volumen de juego en ese tramo, habría resultado coherente con el mérito rojiblanco. La fortuna, sin embargo, sonrió a las visitantes en el momento clave.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Lejos de desanimarse, el Atlético intensificó su empuje. En el minuto 69, un error poco habitual de Le Tissier en salida abrió una ventana inesperada. Jensen recuperó y penetró en el área con ventaja numérica, pero optó por un pase generoso hacia Amaiur en lugar de finalizar. Janssen leyó la intención con rapidez y cortó la línea de pase cuando el estadio ya celebraba el tanto. El rechace cayó a Fiamma, que armó el disparo con rapidez y acarició el gol local, pero el balón se marchó por centímetros. La sensación de que el partido podía cambiar en cualquier instante se hizo palpable.

    Consciente de que no podía guardarse nada, Herrera agotó recursos ofensivos. Sheila Guijarro ingresó para aportar presencia física en el área y Gio Queiroz volvió a pisar el césped frente al rival ante el que sufrió una grave lesión tiempo atrás, en un regreso cargado de simbolismo. Amaiur y Jensen abandonaron el terreno de juego después de un esfuerzo generoso; esta última, antes de salir, tuvo el tanto en una volea estética que pasó cerca del larguero. Gio dejó destellos de velocidad y desborde, confirmando que su recuperación física avanza en buena dirección, y Guijarro fijó centrales para generar espacios en segunda jugada.

    Sin embargo, el Manchester United demostró por qué su recorrido europeo esta temporada se sostiene sobre una mezcla de eficacia y contundencia. Cuando el Atlético más volcaba el juego hacia adelante, las inglesas encontraron espacios para castigar. Malard, incisiva durante todo el encuentro, firmó su segunda asistencia con un envío medido que dejó a Zigiotti-Olme en posición franca. La mediocampista definió con serenidad, ampliando la ventaja hasta el 03 definitivo en el minuto 84 del choque y acabó dejando al Atlético en una situación límite en su camino hacia los cuartos de final. El golpe fue severo, tanto por el marcador como por el momento en que llegó.

    Pese a todo, la identidad competitiva del Atlético no se quebró. El equipo continuó intentando reducir distancias hasta el último minuto, impulsado por la convicción de que las eliminatorias se juegan a 180 minutos y de que la historia europea del club se ha construido a partir de la resistencia y la fe. El reto ahora se traslada a suelo británico, donde la misión será remontar ante un rival que combina solidez defensiva y pegada en transición. Mientras haya margen matemático, habrá esperanza.

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League )

    Ese es el punto de partida para una vuelta que exigirá precisión, valentía y máxima concentración, pues esto es la Liga de Campeones Femenina.

    📋 Ficha técnica |

    Atlético de Madrid Femenino: Lola Gallardo; Medina, Lauren Leal (Xènia Pérez, min. 39), Menayo, Sheila Lloris; Bøe Risa, J. Bartel, Alexia; Fiamma, Jensen (Gio Queiroz, min. 78), Amaiur (Sheila Guijarro, min. 78).

    Estadio: Centro Deportivo Wanda Alcalá de Henares.

    Incidencias: Partido correspondiente a la ida de la fase eliminatoria de la UEFA Women’s Champions League. Se guardó un minuto de silencio antes del inicio. Entrada con gran presencia de aficionados visitantes.

    Goles |

    0-1 Terland 3’ ⚽️

    0-2 Malard 39’ ⚽️

    0-3 Ziglotti 81’ ⚽️

    Vídeo |

    https://youtu.be/3PueAqaQNpA?si=Eii-VFQdQcdyzQri

  • Oficial | Gio recibe el alta médica

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔲 La exjugadora del Arsenal y el Madrid CFF regresa a la disciplina colchonera tras superar un grave contratiempo en el peroné allá por el mes de octubre.

    El fútbol, en su versión más cruda y luminosa a la vez, es una sucesión de instantes que pueden alterar el rumbo de una temporada, de una carrera, incluso de una vida deportiva.

    Hay momentos que condensan toda la épica y toda la fragilidad de este deporte en una sola acción: un choque fortuito, un mal apoyo, un grito que corta el aire helado de una noche europea. Aquella segunda jornada de la fase de liga de la Women’s Champions League, frente al Manchester United, quedó marcada en la memoria colectiva del Atlético de Madrid Femenino no solo por el desafío competitivo ante un gigante emergente del fútbol inglés, sino por la imagen de Gio Queiroz Costa Garbellini tendida sobre el césped, con el gesto desencajado y el silencio estremecedor de quienes intuían que algo grave había ocurrido. La brasileña, una de las piezas diferenciales del proyecto rojiblanco, había sufrido una fractura de peroné que la apartaría durante meses de aquello que da sentido a su identidad: competir, desbordar, sonreír con el balón cosido al pie.

    Desde aquel instante, el calendario dejó de medirse en jornadas y pasó a contarse en fases de recuperación, en plazos médicos, en sesiones de fisioterapia y en pequeños hitos que solo quienes atraviesan una lesión de esa magnitud pueden dimensionar. Porque una fractura de peroné no es únicamente un parte clínico. Es una ruptura en el ritmo vital de una futbolista explosiva, vertical, que vive del cambio de dirección, del uno contra uno, de la aceleración súbita que desequilibra sistemas defensivos completos. El peroné, hueso largo y aparentemente secundario frente a la tibia, adquiere en el alto rendimiento una relevancia estructural decisiva: estabiliza el tobillo, soporta cargas dinámicas y participa en cada gesto técnico que implica potencia y precisión. La lesión de Gio no solo comprometía su temporada; interpelaba a la planificación deportiva, al equilibrio táctico del equipo y, sobre todo, a la resiliencia emocional de una jugadora que había encontrado en el Atlético de Madrid un espacio para reafirmar su talento en el contexto europeo.

    El diagnóstico fue claro, contundente, sin espacio para eufemismos: fractura de peroné. El parte médico, difundido con la sobriedad que exige el respeto por los tiempos clínicos, abría un periodo de incertidumbre en el que el quirófano, la inmovilización y la posterior readaptación se convertían en protagonistas invisibles de la temporada rojiblanca. Aquella noche europea ante el Manchester United, en el marco de una Women’s Champions League que exige el máximo nivel competitivo, dejó un sabor agridulce. Mientras el equipo trataba de recomponerse anímicamente para afrontar el resto del encuentro, el foco se desplazaba inevitablemente hacia la brasileña, que abandonaba el terreno de juego asistida, con el dolor físico mezclado con la frustración de quien sabe que el trabajo acumulado durante meses queda en suspenso.

    La historia de Gio Queiroz en el Atlético de Madrid es la historia de una futbolista que aporta desborde, imaginación y carácter. Nacida en São Paulo, formada en el ecosistema competitivo del fútbol brasileño, su carrera ha estado marcada por una madurez precoz y una proyección internacional que la llevó a competir en algunas de las ligas más exigentes del mundo. Su llegada al conjunto rojiblanco representó la incorporación de un perfil diferencial en banda: una atacante capaz de romper líneas, de atacar el espacio con inteligencia y de asumir responsabilidades en contextos de máxima presión. Su impacto no se mide únicamente en estadísticas, sino en la manera en que obliga a las defensas a replegarse, en cómo genera superioridades y en la electricidad que imprime al juego ofensivo del equipo.

    Por eso, la lesión ante el Manchester United no fue solo una baja más en la enfermería. Supuso la ausencia de un recurso estratégico clave en la fase de liga de la Women’s Champions League, una competición que no concede margen de error y en la que cada punto, cada acción, cada detalle cuenta. El Atlético de Madrid Femenino, acostumbrado a competir con carácter en escenarios europeos, tuvo que reconfigurar su estructura ofensiva sin una de sus principales armas en el uno contra uno. La planificación táctica se adaptó, otras futbolistas asumieron protagonismo, pero el vacío que deja una jugadora de las características de Gio trasciende lo meramente posicional.

    La recuperación, en estos casos, es un proceso tan físico como mental. Tras la intervención quirúrgica y el periodo inicial de inmovilización, comenzó un trabajo meticuloso de rehabilitación. Los servicios médicos y el cuerpo técnico diseñaron un plan individualizado, ajustado a los plazos biológicos de consolidación ósea y a la necesidad de recuperar no solo la funcionalidad, sino la confianza en cada apoyo, en cada salto, en cada giro. La readaptación al césped es, para una futbolista de banda, un proceso especialmente delicado: implica reentrenar la musculatura estabilizadora, trabajar la propiocepción y reintroducir progresivamente los gestos explosivos que caracterizan su juego.

    Durante meses, mientras el equipo competía en la Liga F y avanzaba en sus objetivos nacionales e internacionales, Gio trabajaba en la sombra. Las imágenes compartidas por el club mostraban sesiones de gimnasio, ejercicios de fortalecimiento, trabajo en piscina, carrera continua sin balón y, poco a poco, los primeros contactos con el esférico. Cada avance era celebrado internamente como una pequeña victoria. Porque en el alto rendimiento, la paciencia es una virtud tan necesaria como la ambición. Y la brasileña demostró ambas. Lejos de caer en el desánimo, convirtió la lesión en un reto personal, en un proceso de aprendizaje sobre su propio cuerpo y sobre la capacidad de resistir cuando el foco mediático se apaga y la rutina se vuelve exigente y silenciosa.

    El regreso a los entrenamientos parciales con el grupo marcó un punto de inflexión. El momento en que volvió a vestirse con la indumentaria de campo, a pisar el césped con botas y a integrarse en dinámicas colectivas, fue celebrado con una mezcla de prudencia y entusiasmo. El cuerpo técnico gestionó cuidadosamente las cargas, consciente de que una recuperación precipitada puede comprometer meses de trabajo. Se trataba de reconstruir no solo la estructura ósea, ya consolidada, sino la seguridad competitiva de una futbolista cuya principal virtud es la agresividad positiva en el desborde.

    El día en que recibió el alta médica definitiva no fue un simple trámite administrativo. Fue la culminación de un proceso largo, exigente, cargado de incertidumbres y superaciones cotidianas. El comunicado del club, anunciando que Gio Queiroz estaba disponible para el partidazo de esa noche, sintetizaba meses de esfuerzo en una frase breve, pero cargada de significado. “Ha recibido el alta y está disponible”. Detrás de esa disponibilidad hay horas interminables de trabajo invisible, conversaciones con fisioterapeutas, evaluaciones médicas, controles de carga y un compromiso inquebrantable de la jugadora con su propia recuperación.

    Su regreso a una convocatoria del Atlético de Madrid tras superar una fractura de peroné es mucho más que la vuelta de una atacante talentosa. Es la recuperación de una pieza emocional en el vestuario, de una sonrisa contagiosa, de una energía que se transmite en cada entrenamiento. El grupo, que acompañó a Gio en todo el proceso, recibe ahora de vuelta a una compañera fortalecida por la adversidad. En el deporte de élite, las lesiones graves suelen actuar como filtros que redefinen la jerarquía interna, que ponen a prueba la cohesión del colectivo y que exigen una respuesta coral. El Atlético supo sostener a su futbolista en el momento más complejo, y ahora recoge el fruto de esa apuesta por el cuidado integral.

    Desde el punto de vista táctico, el retorno de Gio amplía las variantes ofensivas del equipo. Su capacidad para jugar a pierna natural o cambiada, para atacar tanto por fuera como por dentro, permite al cuerpo técnico diseñar escenarios de partido más flexibles. En competiciones de alta exigencia, contar con una jugadora capaz de romper bloqueos defensivos en contextos cerrados es un activo estratégico. Además, su experiencia internacional aporta madurez en escenarios de presión, especialmente en competiciones europeas donde los detalles marcan la diferencia.

    Pero más allá del análisis puramente deportivo, el regreso de Gio simboliza la esencia del Atlético de Madrid Femenino: resistencia, carácter, capacidad de levantarse. La historia reciente del club está jalonada de momentos en los que la adversidad se transforma en impulso. La fractura de peroné sufrida ante el Manchester United en aquella segunda jornada de la fase de liga de la Women’s Champions League pudo haber sido un punto de inflexión negativo. Sin embargo, se ha convertido en un relato de superación que fortalece la identidad colectiva.

    En el vestuario, las conversaciones en los días previos a su reaparición estaban cargadas de ilusión contenida. No se trataba solo de sumar una jugadora más a la lista de convocadas, sino de reincorporar una historia de resiliencia al proyecto común. El fútbol femenino, en su crecimiento constante y en su consolidación como espectáculo de alto nivel, necesita referentes que encarnen estos procesos de lucha silenciosa. Gio, con su juventud y su experiencia internacional, representa esa nueva generación que combina talento, profesionalidad y una mentalidad competitiva inquebrantable.

    El recuerdo de la acción ante el Manchester United, con la dureza del choque y la inmediata preocupación de compañeras y rivales, permanece como un punto de partida narrativo. Desde allí hasta el anuncio de su regreso hay un trayecto que habla de ciencia aplicada al deporte, de planificación meticulosa y de acompañamiento psicológico. La gestión de una lesión de este calibre en el contexto de una temporada exigente requiere coordinación multidisciplinar: médicos, fisioterapeutas, readaptadores, preparadores físicos y cuerpo técnico trabajan en sinergia para optimizar cada fase del proceso.

    (Fuente: UEFA)

    El alta médica no significa simplemente que el hueso ha consolidado; implica que la jugadora ha superado pruebas funcionales, que tolera cargas de entrenamiento equiparables a las del grupo y que está preparada para asumir el estrés competitivo de un partido oficial. En el caso de una futbolista como Gio, cuyo juego se basa en la explosividad, el control de riesgos es fundamental. Por ello, su inclusión en la convocatoria es el resultado de evaluaciones exhaustivas y de una progresión cuidadosamente monitorizada.

    El Atlético de Madrid Femenino, en su comunicado celebrando el regreso, no solo informa; reafirma una filosofía de cuidado y exigencia. La entidad ha apostado en los últimos años por profesionalizar todos los procesos vinculados al rendimiento, y la gestión de la lesión de Gio es un ejemplo de esa estructura sólida. El club entiende que el éxito deportivo se construye también desde la prevención, la recuperación y el acompañamiento integral de sus futbolistas.

    Para la propia Gio, volver a sentirse parte activa de una convocatoria tras meses de ausencia es una reivindicación personal. Cada paso dado en el túnel hacia el vestuario, cada conversación previa al partido, cada mirada cómplice con sus compañeras tiene un valor añadido. La lesión no solo interrumpió su continuidad competitiva; le obligó a detenerse, a observar desde fuera, a analizar el juego con otra perspectiva.

    Muchas futbolistas reconocen que los periodos de inactividad forzada amplían su comprensión táctica del equipo. No es descabellado pensar que la brasileña regresa con una lectura del juego aún más madura, enriquecida por meses de observación y reflexión.

    El público rojiblanco, siempre exigente y apasionado, recibe la noticia con entusiasmo. La grada, que sufrió con su lesión ante el Manchester United, celebra ahora su recuperación como un triunfo colectivo. En un deporte cada vez más globalizado, donde las distancias geográficas se reducen pero la presión mediática aumenta, la conexión emocional entre jugadora y afición adquiere un valor diferencial. Gio ha sentido ese respaldo durante todo el proceso, a través de mensajes, muestras de cariño y gestos que trascienden el terreno de juego.

    El regreso a una convocatoria no garantiza minutos inmediatos ni protagonismo instantáneo. El cuerpo técnico gestionará su reintroducción competitiva con criterio, priorizando la estabilidad física y la integración progresiva en dinámicas de partido. Pero el simple hecho de volver a figurar en la lista oficial es un hito simbólico que marca el cierre de una etapa y el inicio de otra. La narrativa de la temporada se reescribe con su nombre nuevamente disponible.

    En términos de planificación deportiva, recuperar a una jugadora del perfil de Gio en el tramo decisivo de competiciones puede alterar escenarios. La profundidad de plantilla es un factor crítico en torneos de alta intensidad, y el Atlético suma ahora una alternativa que puede inclinar partidos cerrados. La versatilidad de la brasileña permite, además, adaptarse a distintos sistemas: puede integrarse en un 4-3-3 clásico, actuar como extremo en un 4-2-3-1 o incluso desempeñarse como segunda punta en contextos específicos.

    Sin embargo, más allá de esquemas y pizarras, lo que subyace en este regreso es una historia de voluntad. La fractura de peroné ante el Manchester United, en aquella segunda jornada de la fase de liga de la Women’s Champions League, pudo haber sembrado dudas sobre su continuidad a corto plazo. En cambio, ha fortalecido su determinación y ha consolidado su vínculo con el Atlético de Madrid.

    Las grandes trayectorias deportivas no se construyen solo con goles y asistencias, sino con la capacidad de atravesar el dolor y regresar más fuertes.

    Hoy, con el alta médica en la mano y la convocatoria confirmada, Gio Queiroz Costa Garbellini vuelve a sentirse futbolista en plenitud.

    El camino ha sido largo, exigente, pero profundamente transformador. El Atlético de Madrid Femenino recupera talento, energía y desequilibrio. El fútbol europeo recupera a una atacante que entiende el juego como un espacio de libertad y desafío constante. Y la historia, esa que comenzó con un silencio angustioso ante el Manchester United, encuentra ahora un capítulo luminoso: el del regreso, el de la resiliencia convertida en impulso, el de una jugadora que vuelve para escribir nuevas páginas épicas con la camiseta rojiblanca.

    (Fuente: Atlético de Madrid)
  • La crónica | El Real Madrid acaba con el gafe en París

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League )

    ◼️ El conjunto blanco se impuso por 2-3 al París FC fuera de casa en la ida de los playoffs que dan acceso a los cuartos de la Champions. Caroline Weir, Athenea del Castillo y Linda Caicedo marcaron los tantos del Real Madrid CF, mientras que, Kaja Korosec y Maeline Mendy anotaron los goles del equipo francés.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Arrancan los playoffs para clasificarse a los cuartos de final de la UEFA Women’s Champions League. Ocho equipos pelearán por los cuatro billetes que dan acceso a la siguiente ronda. El Real Madrid CF visitará al París FC este miércoles 11 de febrero a las 21:00h en el partido de ida. Las madridistas terminaron la fase de grupos en la 7ª posición con 11 puntos, repartidos en tres victorias, dos empates y tan solo una derrota. Pau Quesada no podrá contar con las lesionadas Merle Frohms, Antonia Silva, Tere Abelleira, Lotte Keukelaar, mientras que, Signe Bruun, que viaja es duda para afrontar el partido. El cuadro español buscará intentar alcanzar el éxito de la temporada pasada, donde llegó a los cuartos de final por segunda vez en su historia. Si logra clasificarse se medirá al FC Barcelona, que ya espera al ganador de esta eliminatoria.
    Por su parte, el París Football Club terminó la fase de grupos en la 10ª posición con 8 puntos tras cosechar dos victorias, ante el Benfica (2-0) y el Valerenga (0-1), dos empates y dos derrotas. Además, las parisinas solo han marcado seis goles, pero también es el séptimo club con menos tantos encajados (7) en estos seis encuentros.
    Ambos equipos se conocen muy bien, y ya se han enfrentado en tres ocasiones a lo largo de su historia en la Champions con ninguna victoria del conjunto merengue. El cuadro francés se impuso por 2-1 y 0-1 en la fase de grupos de la temporada 2023/2024, mientras que, este curso los dos clubes ya se midieron en la liguilla previa con tablas (1-1) en el marcador.
    El duelo de vuelta que decidirá al equipo que pasa a cuartos de final se disputará el miércoles 18 de febrero a las 18:45h en el estadio Alfredo Di Stéfano.
    La ida en París marcará el tono de unos playoffs decisivos para el devenir europeo del Real Madrid. Las blancas buscarán imponer su estilo, apoyarse en la experiencia acumulada en este tipo de escenarios y sostener la solidez defensiva liderada por Misa Rodríguez, con el objetivo de regresar al Alfredo Di Stéfano con ventaja y dar un paso más hacia los cuartos de final de la Champions, mientras que el París Football Club buscará sacar rédito de la localía para llevarse un buen resultado a Valdebebas.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 UEFA Women’s Champions League

    🙌🏻 Playoffs | Partido de ida

    😍 Temporada 2025-2026😍

    🔥 París Football Club 🆚 Real Madrid Club de Fútbol 🔥

    🗓️ Miércoles, 11 de febrero de 2026

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    📺 Disney Plus

    🏟️ Stade Charléty, París

    (Fuente: UWCL)

    Los onces |

    Las cartas están sobre la mesa. París FC y Real Madrid CF ya han desvelado sus onces oficiales para el arranque de una eliminatoria que promete tensión, matices tácticos y una batalla estratégica de alto nivel en estos playoffs de acceso a los cuartos de final de la UEFA Women’s Champions League. Este miércoles 11 de febrero a las 21:00h, con la retransmisión en directo por Disney+, el Stade Charléty se convertirá en el epicentro continental de una noche que marcará el pulso competitivo de dos proyectos ambiciosos. Sandrine Soubeyrand apuesta de inicio por Chavas bajo palos; una línea defensiva formada por N’Dongala en el lateral derecho, Ould Hocine y Greboval como pareja de centrales, y Bogaert ocupando el costado izquierdo; en la sala de máquinas aparecen Picard y Korošec como doble pivote; por delante, Garbino parte desde la derecha, Le Mouédec actuará en el carril central y Mateo —capitana— desde el perfil izquierdo; la referencia ofensiva será Azzaro. Por su parte, Pau Quesada responde con Misa Rodríguez en portería y brazalete de capitana; defensa de cuatro con Yasmim en el lateral izquierdo, Lakrar y María Méndez como centrales, y Eva Navarro adaptada al lateral derecho; en el centro del campo formarán Angeldahl, Däbritz y Weir; el tridente ofensivo lo componen Linda Caicedo desde la izquierda, Feller en punta y Athenea por el flanco derecho.

    Con estos veintidós nombres comienza a escribirse una eliminatoria que no solo define un pase a cuartos, sino que proyecta la dimensión competitiva de dos equipos que han transitado caminos distintos hasta llegar aquí. El Real Madrid aterriza en París tras finalizar la fase de grupos en la séptima posición con once puntos, fruto de tres victorias, dos empates y una única derrota, un balance que evidencia regularidad, capacidad de adaptación a contextos diversos y una madurez creciente en la gestión de los momentos críticos. El conjunto blanco, que la pasada temporada alcanzó los cuartos de final por segunda vez en su historia, persigue consolidarse en la élite continental, dar un paso más en su evolución estructural y confirmar que su presencia entre las mejores ya no es coyuntural sino estructural. Sin embargo, el escenario no es sencillo: Pau Quesada no puede contar con Merle Frohms, Antonia Silva, Tere Abelleira ni Lotte Keukelaar, todas ellas lesionadas, mientras que Signe Bruun, pese a viajar con el grupo, es duda. Este contexto condiciona la configuración del once y obliga a una lectura táctica específica del plan de partido.

    La elección de Misa Rodríguez como guardiana y líder emocional no admite debate. Su capacidad para iniciar desde atrás, su valentía en el juego aéreo y su manejo de situaciones de uno contra uno resultan esenciales ante un París FC que, aunque no ha sido especialmente prolífico en ataque —seis goles en seis partidos de la fase de grupos—, sí destaca por su disciplina estructural y su capacidad para castigar errores en transición. La línea defensiva madridista presenta un matiz interesante: Eva Navarro, habitual extremo, se ubica en el lateral derecho, lo que puede interpretarse como una apuesta por la profundidad ofensiva desde ese carril, buscando fijar a Garbino y obligar al bloque parisino a defender más bajo de lo habitual. En el eje, Lakrar y María Méndez conforman una pareja complementaria: contundencia y anticipación por un lado, lectura táctica y salida limpia por el otro. Yasmim, desde el lateral izquierdo, deberá equilibrar su proyección con la vigilancia constante sobre Mateo, una futbolista con lectura interior y último pase.

    El centro del campo merengue, con Angeldahl, Däbritz y Weir, define el corazón estratégico del plan. Angeldahl aportará orden posicional y criterio en la distribución; Däbritz, dinamismo, llegada y presión tras pérdida; Weir, talento diferencial entre líneas, capacidad para girarse en espacios reducidos y amenazar desde la frontal. Ante el doble pivote Picard–Korošec, el reto será encontrar superioridades interiores, arrastrar marcas y activar a las extremos en ventaja. Linda Caicedo, con su desequilibrio y agresividad en el uno contra uno, puede convertir el costado izquierdo en una zona de constante inestabilidad para N’Dongala. Athenea, por la derecha, ofrece amplitud, desborde y disparo cruzado, mientras que Feller, como referencia, tendrá la misión de fijar centrales, atacar el primer palo y habilitar segundas jugadas.

    En el bando local, Sandrine Soubeyrand construye su propuesta desde la solidez. Chavas aporta seguridad en el juego aéreo y reflejos bajo palos. La defensa de cuatro tiene perfiles definidos: laterales con recorrido y centrales que priorizan el orden posicional. Ould Hocine y Greboval deberán gestionar los movimientos de Feller y las irrupciones desde segunda línea de Weir. El doble pivote Picard–Korošec se antoja clave para cerrar líneas de pase interiores y sostener el bloque medio, que previsiblemente buscará compactarse para reducir espacios entre líneas. Garbino y Mateo aportan amplitud y diagonales hacia dentro, mientras que Le Mouédec ejercerá como enlace creativo. Azzaro, como nueve, será la encargada de presionar la salida blanca y atacar el espacio a la espalda de las centrales.

    El contexto competitivo añade un componente emocional relevante. El París FC terminó la fase de grupos en la décima posición con ocho puntos, gracias a dos victorias —ante Benfica (2-0) y Valerenga (0-1)—, dos empates y dos derrotas. Solo seis goles a favor, pero siete en contra, lo que la convierte en una de las defensas más eficientes del tramo medio de la clasificación. Esa dualidad, poca producción ofensiva pero fiabilidad defensiva, define su identidad: un equipo que prioriza el orden, que concede poco y que compite cada balón dividido con intensidad. El Real Madrid, por su parte, llega con la ambición de romper una estadística que pesa en la memoria reciente: en tres enfrentamientos previos ante el París FC en Champions, no ha logrado la victoria. En la fase de grupos 2023/2024 cayó por 2-1 y 0-1, y esta temporada igualó 1-1 en la liguilla previa. Esa historia reciente añade una capa psicológica a la eliminatoria, una narrativa de cuentas pendientes que puede influir en la gestión emocional de los primeros minutos.

    La ida se juega en territorio francés, y eso implica una lectura estratégica clara: el Real Madrid deberá equilibrar ambición y prudencia. Un gol fuera de casa puede alterar la dinámica global de la eliminatoria, pero una concesión temprana obligaría a asumir riesgos innecesarios. Pau Quesada ha insistido en la importancia de la concentración defensiva y la eficacia en áreas, dos factores que suelen definir este tipo de cruces. La ausencia de Tere Abelleira limita la capacidad de control prolongado desde la base, por lo que Angeldahl asumirá mayor protagonismo en la construcción. La posible ausencia de Bruun reduce alternativas de referencia ofensiva, lo que incrementa la responsabilidad de Feller y la necesidad de que las extremos lleguen a zona de remate.

    El Stade Charléty, con su atmósfera cerrada y cercana al terreno de juego, puede convertirse en un factor ambiental. El París FC, acostumbrado a su escenario, intentará imprimir intensidad desde el arranque, presionar alto en momentos selectivos y buscar transiciones rápidas. El Real Madrid, con jugadoras habituadas a escenarios internacionales, deberá imponer su ritmo, alternar posesiones largas con cambios de orientación y aprovechar la calidad individual de sus futbolistas en el último tercio. La gestión de los duelos individuales —Linda ante N’Dongala, Athenea frente a Bogaert, Weir entre Picard y Korošec— puede inclinar la balanza.

    La eliminatoria no se resolverá esta noche, pero puede encaminarse. El duelo de vuelta, programado para el miércoles 18 de febrero a las 18:45h en el estadio Alfredo Di Stéfano, será el escenario definitivo. Si el Real Madrid logra superar esta ronda, se medirá al FC Barcelona, ya clasificado y esperando rival, lo que añade un componente adicional de expectativa mediática y deportiva. El horizonte de un clásico continental en cuartos actúa como estímulo, pero también como presión añadida. Antes, sin embargo, noventa minutos en París definirán el relato inicial.

    En términos estructurales, se espera un partido de fases diferenciadas: arranque de estudio, posible alternancia de dominios en el primer tramo, ajuste táctico tras el descanso y un último cuarto de hora condicionado por el marcador. La profundidad de banquillo, especialmente en el Real Madrid pese a las bajas, puede resultar determinante en la segunda mitad. La gestión de cargas físicas y la precisión en los cambios estratégicos serán variables críticas. Soubeyrand y Quesada, dos técnicos con perfiles distintos pero convicción táctica, medirán cada ajuste.

    Arrancan los playoffs, ocho equipos pugnan por cuatro billetes a cuartos, y en París se cruzan dos trayectorias que buscan consolidación europea. El balón echará a rodar a las 21:00h, pero la partida ya ha comenzado en las pizarras, en los análisis previos y en la configuración de estos onces que condensan ambición, historia reciente y la promesa de una noche de alta competición continental

    Después de ver cómo el Arsenal Women conquistaba por 0-4 territorio belga a costa del Leuen, nos tocaba sintonizar de nuevo Disney Plus, esta vez para vislumbrar la actuación de uno de los grandes equipos de la Liga F Moeve, caso del Real Madrid, a domicilio, delante de un París Football Club que ya le ha había puesto en apuros en el pasado reciente.

    En el balompié no hay dos encuentros que sea iguales, ni tampoco hay un fórmula mágica que te garantice el éxito, y eso es algo que íbamos a comprobar en la capital francesa en un atractivo París Football Club versus Real Madrid.

    Fue un partido de vértigo, de errores y redenciones, de golpes y respuestas, de talento individual puesto al servicio de una ambición colectiva. Fue una noche de Champions en su máxima expresión, agárrese a la silla porque en los próximos párrafos vienen curvas.

    El arranque no fue sencillo. El París FC, fiel a su identidad, salió con determinación, con esa mezcla de orden táctico y energía vertical que le caracteriza. Presión intermitente, laterales proyectadas y un bloque compacto dispuesto a castigar cualquier desajuste.

    El Real Madrid intentaba asentarse con posesiones largas, buscando a Angeldahl en la base, conectando con Weir entre líneas, pero el escenario imponía respeto. Y a los diez minutos llegó el primer giro dramático de la noche.

    Misa Rodríguez recibió un balón comprometido en salida. Dudó una fracción de segundo, lo suficiente para que la presión local le cerrara ángulos. Intentó jugar con los pies, pero la decisión no fue limpia y el despeje terminó concediendo un córner. Un detalle aparentemente menor que, en noches europeas, se convierte en detonante. Garbino se acercó al banderín con determinación.

    El silencio expectante precedió al golpeo. Centro tenso, medido, con rosca hacia fuera, superando la primera línea defensiva. El balón viajó con precisión quirúrgica hasta el segundo palo, donde apareció Kaja Korošec. La eslovena atacó el espacio con convicción, se elevó por encima de su marca y conectó un remate de volea extraordinario, seco, limpio, inapelable ante el que nada pudo hacer la exjugadora del Deportivo Abanca y entonces la red se agitó con violencia para firmar un golazo que abría la lata con el 10 en el minuto 10 de juego.

    El estadio explotó. Jarro de agua helada para el Real Madrid en el amanecer del compromiso y el decorado cambiaba de un plumazo en contra de lo que había estudiado Pau Quesada antes del pitido inicial.

    El uno a cero obligaba a remar contracorriente. Durante unos instantes, el equipo blanco acusó el impacto. El París FC olió sangre y trató de ampliar la herida con transiciones rápidas. Mateo filtraba pases interiores, Azzaro fijaba centrales, Garbino insistía por banda. Pero el Real Madrid no se descompuso. Lakrar y María Méndez ajustaron distancias, Angeldahl pidió el balón con personalidad y Weir comenzó a aparecer en zonas de influencia. El mensaje era claro: paciencia y precisión.

    La primera gran respuesta blanca llegó tras una combinación por derecha. Athenea encaró, levantó la cabeza y puso un centro medido al corazón del área. Weir atacó el primer palo con inteligencia, anticipándose a su defensora, y conectó un remate que obligó a Chavas a intervenir con reflejos felinos. Aviso serio. El tanto se intuía en el ambiente. El Real Madrid empezaba a inclinar el campo, a ganar duelos, a generar superioridades y es que la de Solares es una crack que brilló con luz propia en la Europa 2025 que se celebró este verano en Suiza.

    Y tanto fue el cántaro a la fuente que terminó por romperse del lado visitante. Minuto 39. Sara Däbritz recibió en tres cuartos, perfilada hacia dentro. Sin apenas espacio, armó la pierna derecha y soltó un latigazo desde fuera del área. El disparo dibujó una parábola poderosa y se estrelló contra la madera con estruendo. El balón, caprichoso, quedó muerto en el área pequeña. Allí apareció Caroline Weir, siempre atenta, siempre preparada. La escocesa reaccionó antes que nadie, atacó el rechace con determinación y definió con frialdad ante Chavas para, con una gran dosis de fortuna, poner el 11 en el tanteador en el minuto 39, pero hubo más.

    Pero el equipo de Pau Quesada no se conformó. Sintió el impulso anímico y decidió asestar otro golpe antes del descanso. Cuando el reloj rozaba el tiempo añadido de la primera mitad, Linda Caicedo recogió el balón en el costado izquierdo. Aceleró con ese cambio de ritmo eléctrico que la distingue, superó a su par con un amague sutil y levantó la vista. Athenea iniciaba una diagonal perfecta, atacando el espacio entre central y lateral. El pase fue milimétrico, filtrado con precisión de cirujana. Athenea controló con temple, acomodó el cuerpo y definió con determinación cruzando el disparo ante la salida de Chavas para darle la vuelta a la tortilla amén del 12 en 45 que llevó el silencio al graderío.

    Del golpe inicial al dominio emocional en apenas media hora. El Real Madrid se iba al vestuario por delante, más un restaban cuarenta y cinco minutos por disputarse en suelo galo y el París Football Club es correoso.

    El segundo tiempo comenzó con un Madrid decidido a cerrar la herida. Lejos de replegarse, salió con ambición. Feller protagonizó una jugada brillante, girándose en el área y dejando atrás a su marca con potencia. El balón llegó a Athenea, que intentó controlar en carrera, pero el esférico se le escapó por centímetros. En la acción posterior, un contacto generó dudas. La colegiada señaló el punto de penalti ante las protestas locales, pero el VAR intervino. Revisión breve, decisión final: no había infracción suficiente. El partido seguía abierto.

    El París FC, obligado por el marcador, adelantó líneas. Clara Matéo comenzó a moverse entre espacios, buscando recibir a la espalda de Angeldahl. Sin embargo, la defensa blanca se mostró sólida. Misa, que había iniciado la noche con incertidumbre, fue creciendo con cada intervención. Se mostró segura en balones aéreos y respondió con autoridad a un lanzamiento directo de Picard que buscaba la escuadra. La guardameta voló, estiró la mano derecha y desvió el disparo con una intervención de alto nivel. Redención bajo palos.

    Y precisamente desde sus dominios nació el tercer golpe madridista. Minuto avanzado de la segunda mitad. Misa blocó un balón dividido y, sin perder tiempo, lanzó en largo con potencia y visión. El envío superó la línea media y cayó en la carrera de Linda Caicedo. La colombiana arrancó en transición, aprovechando el espacio dejado por el repliegue parisino. Conducción firme, zancada amplia, determinación en la mirada. Se plantó ante Chavas, su excompañera, y definió con sangre fría, ajustando al palo en un tanto de pizarra que salió la perfección al mejor club del siglo XX, era el 13 en el minuto 83 y todo parecía estar visto para sentencia.

    Sin embargo, la Champions no concede treguas. Cuando el partido agonizaba, Maeline Mendy apareció para reavivar la llama local. Un balón suelto en el área, una reacción rápida y un disparo certero que superó a Misa al golpetear en el cuerpo de Lakrar y este autogol que se le concedió en el acta a la futbolista cedida por el Lyon, me puso picante al tramo final con el 23 sobre el 89 del duelo.

    El Real Madrid dio el primer paso hacia los cuartos de final con una actuación de carácter, talento y resiliencia. Supo levantarse tras el error inicial, construyó la remontada con fútbol asociativo y contundencia en áreas, y gestionó los momentos críticos con personalidad. Weir emergió como líder ofensiva, Athenea desbordó y definió, Linda fue desequilibrio y sentencia. Misa pasó de la duda al protagonismo decisivo. Pau Quesada leyó bien los tiempos y ajustó cuando fue necesario.

    Pero nada está cerrado. El 2-3 deja al París FC con argumentos para creer en el Di Stéfano. El próximo miércoles 18 de febrero a las 18:45h, Madrid dictará sentencia. Allí se decidirá quién avanza y quién se despide.

    Si el Real Madrid confirma el pase, aguardará el FC Barcelona en cuartos, un horizonte mayúsculo. Por ahora, la noche pertenece a París y a un equipo blanco que, en territorio hostil, demostró que ha aprendido a competir en la élite. Como diría Manu en su análisis final, este equipo tiene alma, tiene fe y tiene fútbol.

    Y cuando esas tres palabras convergen en una noche europea, el resultado suele inclinarse del lado de quien no se rinde.

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League )

    📋 Ficha técnica |

    Paris FC (2): Chavas; N’Dongala (Haheim 83′), Ouid Hocine, Greboval (Sylla 83′), Bogaert; Picard (Jedlińska 70′), Korošec; Garbino (Liaigre 59′), Le Moguedec, Mateo; Azzaro (Mendy 70′).

    Real Madrid (3): Misa; Eva Navarro, María Méndez, Lakrar, Yasmim; Däbritz, Angeldahl, Weir (Toletti 70′); Athenea, Feller, Linda Caicedo.

    Árbitra: Ivana Martinčić (Croacia). Amonestó a Linda Caicedo (minuto 16), N’Dongala (minuto 29), Mateo (minuto 48), Angeldahl (minuto 62), Yasmim (minuto 76) y Feller (minuto 93).

    Goles |
    1-0 Korosec 9’⚽️
    1-1 Caroline Weir 38’ ⚽️
    1-2 Athenea del Castillo 44’ ⚽️
    1-3 Linda Caicedo 82’ ⚽️
    2-3 Mendy 89’⚽️

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League )

    Vídeo |

    https://youtu.be/NJcIEsCo0_U

  • La crónica | El Arsenal golea al Leuven 

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League )

    ◼️ El campeón de Europa fue una apisonadora en Bélgica (0-4) y tiene pie y medio en los cuartos de final.

    Publicidad de HBO Max

    La exitosa serie documental ACOUSTIC HOME arranca su cuarta temporada en HBO Max esta primavera, para repasar la trayectoria de diez grandes artistas de renombre nacional e internacional.Fito Páez, Arde Bogotá, Amaral, Rigoberta Bandini, MARO, Carolina Durante, Antonio Orozco, Edurne, Carminho y Natalia Lacunza serán los nuevos protagonistas de un proyecto original y exclusivo de Sony Music Vision, coproducido por E-Media Canary Projects y Womack Studios.

    El estreno se realizará simultáneamente en la plataforma en España, Portugal y Latinoamérica, con un preestreno especial en el Festival de Málaga previo a su lanzamiento en HBO Max. Una vez más, los espectadores podrán conocer en profundidad la vida y la música de sus artistas favoritos, a través de un concierto en directo y el testimonio de sus propias experiencias artísticas y vitales.

    El director y guionista Alexis Morante (1978, Algeciras) estará de nuevo al frente del proyecto. Ganador de un Grammy Latino y nominado a Goya, Forqué y Platino, a lo largo de su carrera desarrollada entre España y EEUU ha dirigido largometrajes de ficción como ‘El Universo de Óliver’ y ‘¿Es el enemigo? La película de Gila’, además de numerosos documentales musicales de éxito para Netflix, Movistar Plus+ y HBO Max.

    ACOUSTIC HOME es un formato original y exclusivo de Sony Music Vision caracterizado por un alto estándar de producción, que combina con una calidad sonora de nivel profesional con una puesta en escena cálida y orgánica.

    Cada episodio, de una duración de 60 minutos, mantiene un formato ya afianzado tras la buena acogida de las tres temporadas anteriores. Su apuesta se basa en una narrativa de carácter cinematográfico que convierte cada entrega en una experiencia envolvente protagonizada por sus artistas.

    ACOUSTIC HOME sitúa al espectador en el centro del relato y pone el foco en la interpretación de las canciones en directo. Cada episodio presenta a un artista o banda interpretando un repertorio adaptado específicamente al formato, en el que los artificios técnicos se minimizan para dar prioridad al arte, los instrumentos y la interpretación.

    Como en la temporada anterior, los artistas conducen su propio episodio, recorriendo sus grandes éxitos y las etapas más significativas de su trayectoria profesional. La cámara sigue de cerca a los protagonistas para capturar sus momentos más personales antes, durante y después del concierto, que se desarrolla en una localización cuidadosamente escogida y con identidad propia. El lugar de grabación se convierte así en una pieza clave del relato, ya sea por su simbolismo, su potencia visual o su valor artístico, aportando un contexto único a cada capítulo. En esta temporada, el formato transita por escenarios tan diversos como desiertos, paisajes nevados, iglesias, conjuntos arqueológicos, ciudades, pueblos y paisajes costeros. La realización apuesta por una narrativa visual elegante y minimalista, cuidando cada detalle estético para reforzar una sensación de cercanía y exclusividad que invita al espectador a formar parte de una experiencia íntima.

    Acerca de Sony Music Vision

    Sony Music Vision da vida a historias de cine y televisión a través de su talento creativo líder de la industria y un icónico catálogo musical en todo el mundo. La unión de cineastas de talla mundial con artistas innovadores y legendarios permite crear, financiar, producir y distribuir contenidos de gran impacto que cuentan con un acceso único a los archivos y al vasto catálogo de música de la compañía. Como estudio de contenidos deservicio completo, colabora a nivel mundial con todas las empresas de entretenimiento de Sony para atraer al público con proyectos cinematográficos y televisivos de primera calidad, incluidos largometrajes documentales y narrativos, así como especiales de televisión y series con y sin guion.

    Los onces:

    ✍🏻 Manu López & Helena con hache

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    El Arsenal se impone con autoridad por 0-4 al OH Leuven en el King Power at Den Dreef Stadium en el duelo de ida del play-off de acceso a los cuartos de final de la UEFA Women’s Champions League.  Los tantos de Frida Maanum (por partida doble), Olivia Smith y Alessia Russo han encarrilado la eliminatoria sin problemas para las gunners.

     

    La tarde-noche europea en el King Power at Den Dreef Stadium se ha visto envuelta en ese tipo de expectativa que solo generan las eliminatorias que prometen algo más que fútbol. No era únicamente la ida de un play-off de la UEFA Women’s Champions League; era un cruce entre proyectos en momentos vitales distintos, entre la ilusión emergente de un OH Leuven debutante que quería seguir escribiendo historia y la autoridad consolidada de un Arsenal campeón que conoce a la perfección la carga emocional de la competición. El OH Leuven ha recibido al Arsenal con la ambición de desafiar la lógica reciente, con el recuerdo aún fresco del 0-3 encajado en la fase liga, pero también con la convicción de que las eliminatorias (a diferencia de las liguillas) permiten reescribir jerarquías desde la resistencia y el más absoluto el detalle.

    El estadio belga, con capacidad para algo más de 10.000 espectadores, ha presentado el ambiente de las grandes citas continentales: compacto, cercano, ruidoso en los momentos clave… No era solo una grada animando; era una comunidad futbolística consciente de que estaba viviendo una de las noches más importantes de su corta pero intensa historia europea. 

    El Leuven llega a este encuentro como equipo líder en su liga doméstica, respaldado por una fase previa construida desde la solidez (una victoria y tres empates) y por una identidad competitiva que UEFA había destacado en todas las previas.

     

    Sin embargo, enfrente a ellas estaba el vigente campeón, un Arsenal que ha aterrizado en Bélgica reforzado por sus títulos recientes, incluido el levantamiento de la inaugural FIFA Women’sChampions Cup, y por la sensación de equipo enuna inigualable madurez competitiva. Renée Slegerslo había advertido antes del partido: las eliminatorias se juegan a 180 minutos y la trampa es creer que el precedente reciente decide el siguiente partido. No sentía ni euforia por el pasado, ni relajación por la etiqueta de “favorito”.

     

    Desde el pitido inicial, en el partido se ha visto ese choque de identidades. El OH Leuven sale con una presión alta valiente, incómoda y, sobre todo, diseñada para alterar la salida de balón inglesa. Durante los primeros minutos, esa presión provocaverdadera incomodidad, obligando a las gunners a acelerar decisiones, a ajustar perfiles y a buscar apoyos interiores con mayor velocidad de la habitual.

    Aún así, la calidad técnica del Arsenal empieza a emerger con rapidez. En apenas cinco minutos ya dominan la posesión con porcentajes altísimos de precisión en el pase (93%), un dato que no solo refleja su control, sino también serenidad bajo presión. Las inglesas no se precipitan: mueven el balón, atraen la presión y comienzan a detectar los espacios a la espalda del bloque belga.

    La primera gran advertencia local llega en el minuto 7, tras una pérdida gunner que activa la transición del Leuven. La jugada promete peligro hasta que aparece Leah Williamson con una intervención rotunda, de central dominante, cortando el avance con su característica autoridad. Esta acción marca el tono de las inglesas: el Arsenal también sabe competir sin balón y dominar los espacios.

    El partido, lejos de romperse, entra en una fase de intercambio táctico interesante. El Leuven intenta encontrar profundidad mediante envíos rápidos, como el que busca Kuijpers en el 17’ (anulado por fuera de juego). Apenas un minuto después, Jada Conijnenberg roza el gol con un disparo que pasa lamiendo el larguero tras un contraataque iniciado por Bosteels.

    La respuesta inglesa fue inmediata. Caitlin Foord obliga a Seynhaeve a intervenir con un remate raso desde el centro del área tras asistencia de Mariona Caldentey, una de las futbolistas más activas en la generación ofensiva gunner. A este punto el partido entra en esa fase en la que ambos equipos ya habían medido fuerzas y empezaban a mostrarse de verdad.

    La amarilla a Emily Fox en el minuto 20 por juego peligroso añade tensión competitiva, pero también precede el momento que alteraría el rumbo del encuentro. En el 21’, el Arsenal golpea primero. Chloe Kelly, abierta en banda, levanta la cabeza y dibuja un centro preciso al corazón del área. Allí aparecia Frida Maanum, imponiéndose en el salto para cabecear a la red y abrir la lata en el minuto 22 de juego, era el ecuador de la primera mitad.

    Era el 0-1 y también el primer gol de la noruega en la competición esa temporada, un detalle estadístico que añadía más simbolismo al momento. El tanto no solo cambia el marcador; sino que altera ya la balanza a favor del equipo gunner. El Leuven ya no puede especular tanto con el tiempo ni con el equilibrio inicial. El Arsenal, por su parte, empieza a crecer desde la ventaja.

    A partir del minuto 25 se produce uno de los ajustes tácticos más relevantes del encuentro: las centrales del Arsenal adelantan metros hasta instalarse prácticamente en campo rival. Vemos a Williamson y Codina participando en fase ofensiva, acelerando la circulación y permitiendo que el equipo ataque con más jugadoras por delante de balón.

    Williamson roza el segundo de cabeza en el 28’ tras el córner de McCabe y, aunque el remate se marcha fuera, evidencia que el dominio visitante es mucho mayor.

    La tarde-noche también la vimos marcada por nombres propios emergentes, y uno de ellos es Olivia Smith. La joven atacante, llegada en 2025 y considerada una de las grandes promesas del club, protagoniza varias acciones de peligro, incluida una carrera desde campo propio en el 32’ que obliga a intervenir a la zaga belga.

    Ese crecimiento encuentra premio en el minuto 37 de la primera parte. De nuevo Chloe Kelly (decisiva en banda) filtra la asistencia, y Olivia Smith, llegando desde segunda línea, define con naturalidad para el 02 que dio tranquilidad a las británicas.

    Un gol que, de la forma más poética, combina presente y futuro: la experiencia de la asistente y la proyección de la finalizadora.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una cómoda renta para el conjunto londinense, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos en este primer asalto.

    El segundo tiempo arranca con el Arsenal intensificando el asedio del equipo de belga. Pelovaestrella un balón en el poste en el 48’, preludio de un tramo donde el Leuven empieza a dejar ver sudesgaste físico y poca intensidad en los duelos.

     

    El tercer golpe llega en el 52’. Frida Maanum firmasu doblete con un remate desde el centro del área en una acción donde la falta de contundencia defensiva belga resulta decisiva. El 03 ya era todo un escenario de control total para las gunners.

     

    A estas alturas del partido, el Leuven intentareaccionar, incluso genera un córner peligroso en el 62’ tras el paradón de Van Domselaar a disparo lejano de Bosteels, pero el partido estaba emocional y tácticamente inclinado.

    La sentencia definitiva llega en el 72’. Alessia Russo, recién ingresada en el campo, empuja a la red el definitivo 04 desde corta distancia, culminando una tarde-noche de auténtica eficacia inglesa.

    Ese mismo minuto en el que el partido parecía ya inclinarse definitivamente hacia un solo lado, emergía una historia paralela, silenciosa y profundamente humana que trascendía la pura lógica táctica. El regreso de Kyra Cooney-Cross después de su viaje urgente a Australia por la enfermedad de su madre no era simplemente una sustitución más en la pizarra de Jonas Eidevall, ni un ajuste de piernas frescas para sostener la presión en el tramo final. Era una escena que recordaba que incluso en la élite hipercodificada del fútbol europeo, donde cada movimiento se analiza en términos de métricas, mapas de calor y duelos ganados, siguen latiendo historias personales que condicionan, atraviesan y humanizan la competición. Cuando la centrocampista pisó el césped, el gesto de sus compañeras no fue el habitual de quien saluda un relevo funcional, sino el abrazo cómplice de quien entiende que hay batallas que se juegan lejos del estadio y que, aun así, pesan en cada control orientado y en cada presión tras pérdida.

    Su entrada modificó pequeñas cosas del ritmo, sí, pero sobre todo modificó la temperatura emocional del encuentro. El Arsenal ya dominaba el marcador con claridad, imponía su estructura, gobernaba los intervalos entre líneas y castigaba cada transición defensiva lenta del Leuven. Sin embargo, con Cooney-Cross en el campo, el equipo añadió un matiz distinto: una circulación ligeramente más vertical, un deseo de participar en la elaboración que parecía también una declaración íntima de resistencia. No fue una revolución estratégica, sino una reafirmación de identidad. Porque el fútbol de este Arsenal, incluso cuando avasalla, necesita mantener la coherencia con su idea madre: posesiones largas pero no inofensivas, amplitud sostenida por las extremas, laterales que alternan profundidad y pausa, y una medular que equilibra creatividad con disciplina posicional.

    Mientras tanto, el marcador 0-4 empezaba a convertirse en una cifra que no solo explicaba la diferencia de nivel, sino también el aprendizaje acumulado de las londinenses en escenarios europeos de alta exigencia. Este no era un triunfo circunstancial ni una noche de inspiración aislada. Era la confirmación de un proceso que había tenido tropiezos, dudas y, sobre todo, una racha incómoda en las idas eliminatorias que había condicionado su relato reciente en el continente. El dato emergía con fuerza: con este encuentro, el Arsenal rompía su secuencia sin victorias en partidos de ida en fases eliminatorias europeas. Puede parecer una estadística fría, pero en torneos a doble partido la psicología del primer asalto es determinante. Ganar la ida no solo concede ventaja matemática; otorga margen para gestionar el segundo encuentro, reduce la ansiedad estructural y desplaza la presión hacia el adversario.

    El Leuven, por su parte, transitaba el duelo con una mezcla de orgullo competitivo y evidencia de que su crecimiento todavía se encuentra en construcción. No fue un equipo entregado ni resignado. Intentó sostener bloques medios compactos, cerró pasillos interiores durante largos tramos y buscó transiciones rápidas cuando recuperaba en campo propio. Pero la diferencia en la calidad de las decisiones, en la velocidad de ejecución y en la ocupación racional de los espacios terminó marcando la distancia. En cada salida limpia del Arsenal se percibía una claridad conceptual que el conjunto belga aún está incorporando a su ADN competitivo. Y esa brecha no siempre se reduce únicamente con voluntad; requiere tiempo, inversión, experiencia internacional y, sobre todo, exposición repetida a este tipo de escenarios.

    El tramo final del partido, lejos de diluirse en una inercia cómoda para las visitantes, sirvió para confirmar tendencias ya dibujadas a lo largo de los noventa minutos. Caitlin Foord encontró un par de situaciones más para encarar en el uno contra uno, explotando el cansancio acumulado de su lateral. Victoria Pelova, siempre atenta a los espacios intermedios, pisó área con determinación, obligando a la zaga local a multiplicarse en coberturas tardías. El Arsenal no se conformó con administrar; siguió insistiendo, no tanto por necesidad aritmética como por convicción competitiva. Hay equipos que, cuando la ventaja es amplia, bajan pulsaciones y priorizan el control conservador. Este Arsenal, en cambio, transmite la sensación de que cada minuto es una oportunidad para reforzar automatismos, afinar mecanismos y enviar mensajes al resto de aspirantes continentales.

    Paradójicamente, el último susto relevante del encuentro llegó sobre la portería defendida por Daphne van Domselaar. Un córner en el tiempo añadido, casi anecdótico en el contexto global del marcador, activó una breve tensión. El Leuven, empujado por su público y por el deseo mínimo de maquillar el resultado con un gol del honor, cargó el área con decisión. El envío fue tenso, bien ejecutado, y encontró un remate que exigió a la guardameta neerlandesa una intervención de reflejos y lectura anticipada. No era una acción que pudiera cambiar la eliminatoria, pero sí podía alterar la narrativa inmediata. Van Domselaar respondió con autoridad, blocando o desviando con precisión, dejando claro que incluso en noches plácidas la concentración no se negocia. Ese gesto, aparentemente menor, consolidó la sensación de bloque sólido, de equipo que no concede licencias ni siquiera cuando la ventaja parece definitiva.

    El pitido final selló el 0-4 y confirmó lo que el desarrollo del juego ya había insinuado desde el primer tercio: la eliminatoria queda muy encarrilada para las londinenses. Sin embargo, reducir la noche a una mera cuestión de goles sería simplificar en exceso un partido que expuso jerarquías, pero también procesos. Porque en el fútbol femenino europeo actual, la distancia entre los clubes consolidados y los proyectos emergentes se mide tanto en talento individual como en coherencia estructural. El Arsenal demostró que su estatus no es casual ni efímero. Lo ha construido sobre una cultura competitiva que combina exigencia interna, planificación deportiva y una identidad de juego reconocible.

    La palabra jerarquía, tantas veces utilizada de forma retórica, adquirió en este encuentro una dimensión tangible. Se manifestó en la forma en que las centrales visitantes gestionaron los duelos aéreos, en la serenidad con la que el mediocampo reorganizó la presión tras pérdida y en la paciencia con la que las delanteras esperaron el momento exacto para atacar el intervalo entre central y lateral. Jerarquía no es solo ganar; es saber cuándo acelerar y cuándo pausar, cuándo asumir riesgo y cuándo proteger la estructura. Y eso fue precisamente lo que el Arsenal ejecutó con precisión quirúrgica.

    El Leuven, en contraste, dejó destellos que hablan de un futuro posible, pero también evidenció carencias propias de un proyecto que todavía está acumulando experiencia en estas instancias. En varios momentos logró conectar tres o cuatro pases bajo presión, activar su carril exterior y aproximarse al área rival con intención. Sin embargo, en la zona de definición, la toma de decisiones se volvió apresurada o imprecisa. La diferencia entre competir y dominar suele residir en esos pequeños detalles: un control orientado que facilita el disparo, un pase filtrado que rompe la línea, una cobertura que evita el dos contra uno. El aprendizaje europeo consiste en interiorizar esas microdecisiones hasta que se convierten en hábito.

    La noche también dejó una lectura simbólica sobre la ambición del campeón. Defender la corona europea implica convivir con un doble desafío: sostener el nivel propio y gestionar la presión externa. Cada rival afronta el duelo contra el vigente campeón con una motivación adicional, con la convicción de que derrotarlo supone una declaración de intenciones. El Arsenal, lejos de mostrarse complaciente, exhibió hambre competitiva. No jugó como quien protege un título, sino como quien quiere revalidarlo desde la autoridad. Esa diferencia mental es crucial en torneos largos y exigentes.

    A medida que el estadio se vaciaba y el murmullo se transformaba en conversaciones dispersas, quedaba la sensación de haber asistido a una noche que explica por qué el fútbol europeo sigue ampliando su brecha entre proyectos consolidados y aspirantes. No se trata únicamente de presupuesto o infraestructura, aunque esos factores pesan. Se trata de continuidad, de estabilidad en los banquillos, de una política deportiva coherente y de una mentalidad que asume que cada partido es una pieza más en un engranaje mayor.

    El regreso de Cooney-Cross, en ese contexto, actuó como recordatorio de que detrás de cada estructura táctica existen personas. El fútbol de élite tiende a encapsular a sus protagonistas en estadísticas y rendimientos, pero escenas como la suya abren grietas por donde se cuela la humanidad. Sus minutos no fueron determinantes en el marcador, pero sí en la narrativa emocional del equipo. En el abrazo de sus compañeras y en el aplauso contenido del cuerpo técnico se percibía algo más que satisfacción deportiva: era la celebración de la resiliencia personal integrada en un colectivo competitivo.

    Si algo demostró el Arsenal en esta ida es que no pretende ceder el trono sin resistencia. El 0-4 no es solo una ventaja amplia; es un mensaje dirigido al resto del continente. La combinación de talento individual, estructura táctica y fortaleza mental configura un perfil de campeón que no se sostiene en la improvisación. Y cuando el fútbol habla con esa claridad, como ocurrió esta noche, poco espacio queda para la interpretación ambigua. Las favoritas cumplieron con contundencia, reafirmaron su jerarquía y dejaron al Leuven en esa incómoda pero necesaria sala de espera que representa la élite europea para quienes aún están consolidando su proyecto.

    El segundo partido aún deberá disputarse, y el fútbol siempre guarda margen para lo inesperado. Pero la lógica competitiva indica que la eliminatoria ha tomado un rumbo muy definido. El Arsenal puso un pie y medio en los cuartos de final demostrando que su ambición no se ha erosionado tras conquistar el título. El Leuven, mientras tanto, deberá convertir esta experiencia en aprendizaje estructural, en combustible para seguir creciendo y acortando distancias.

    En definitiva, la noche no solo confirmó un resultado abultado. Confirmó que la jerarquía, cuando se sustenta en trabajo y coherencia, termina imponiéndose. Confirmó que los procesos de construcción requieren paciencia y exposición continuada. Y confirmó, también, que incluso en el contexto más competitivo, el fútbol sigue siendo un escenario donde las historias personales encuentran espacio para entrelazarse con la épica deportiva. Hoy ganaron las favoritas, sí. Pero más allá de los goles, ganó la consistencia, la identidad y la convicción de un campeón que no está dispuesto a soltar la corona.

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League )

    Ficha técnica | 

    OH Leuven: L. Seynhaeve, S. Janssen, Z. Mertens, (c) J. Biesmans, K. Everaerts (Heremans 89’), S. Pusztai, F. Hermans (De Ceuster 59’), J. Kuijpers (Virag Nagy 59’), A. Bosteels, J. Conijnenberg (Nel Neyrinck 78’), A. Reynders (Isabella Dekker 59’).

    Arsenal: D. v. Domselaar, K. McCabe, L. Codina, (c) L. Williamson (Wubben-Moy 61’), E. Fox (Smilla Holmberg48’), M. Caldentey (Kyra Cooney-Cross 72’), V. Pelova, F. Maanum, C. Kelly (A. Russo 61’), O. Smith (K. Little 81’), C. Foord.

     

    Estadio: The King Power AT Den Dreef Stadium (Heverlee, Bélgica). Capacidad de 10.020 personas.

     

    Árbitra: Iuliana Elena Demetrescu

     

    Goles | 

    0-1 Maanum 21’⚽

    0-2 Olivia Smith 37’⚽

    0-3 Maanum 53’⚽

    0-4 Alessia  Russo 72’⚽

    Vídeo |

    https://youtu.be/g8OEsjb65lw?si=ooKeO5CsS88oZdi_

  • La previa | París F.C. vs Real Madrid

    (Fuente: UWCL)

    🔲 El club blanco visitará al París FC el miércoles 11 de febrero a las 21:00h en el Stade Charléty en la ida del playoff para pasar a cuartos de Champions. El duelo, que se emitirá por Disney+, será el segundo choque entre ambos este curso. Madrileñas y parisinas ya empataron (1-1) en la fase de grupos.

    Arrancan los playoffs para clasificarse a los cuartos de final de la UEFA Women’s Champions League. Ocho equipos pelearán por los cuatro billetes que dan acceso a la siguiente ronda. El Real Madrid CF visitará al París FC este miércoles 11 de febrero a las 21:00h en el partido de ida. Las madridistas terminaron la fase de grupos en la 7ª posición con 11 puntos, repartidos en tres victorias, dos empates y tan solo una derrota. Pau Quesada no podrá contar con las lesionadas Merle Frohms, Antonia Silva, Tere Abelleira, Lotte Keukelaar, mientras que, Signe Bruun, que viaja es duda para afrontar el partido. El cuadro español buscará intentar alcanzar el éxito de la temporada pasada, donde llegó a los cuartos de final por segunda vez en su historia. Si logra clasificarse se medirá al FC Barcelona, que ya espera al ganador de esta eliminatoria.

    Por su parte, el París Football Club terminó la fase de grupos en la 10ª posición con 8 puntos tras cosechar dos victorias, ante el Benfica (2-0) y el Valerenga (0-1), dos empates y dos derrotas. Además, las parisinas solo han marcado seis goles, pero también es el séptimo club con menos tantos encajados (7) en estos seis encuentros.

    Ambos equipos se conocen muy bien, y ya se han enfrentado en tres ocasiones a lo largo de su historia en la Champions con ninguna victoria del conjunto merengue. El cuadro francés se impuso por 2-1 y 0-1 en la fase de grupos de la temporada 2023/2024, mientras que, este curso los dos clubes ya se midieron en la liguilla previa con tablas (1-1) en el marcador.

    El duelo de vuelta que decidirá al equipo que pasa a cuartos de final se disputará el miércoles 18 de febrero a las 18:45h en el estadio Alfredo Di Stéfano.

    La ida en París marcará el tono de unos playoffs decisivos para el devenir europeo del Real Madrid. Las blancas buscarán imponer su estilo, apoyarse en la experiencia acumulada en este tipo de escenarios y sostener la solidez defensiva liderada por Misa Rodríguez, con el objetivo de regresar al Alfredo Di Stéfano con ventaja y dar un paso más hacia los cuartos de final de la Champions, mientras que el París Football Club buscará sacar rédito de la localía para llevarse un buen resultado a Valdebebas.

    🔜 NEXT GAME

    🏆 UEFA Women’s Champions League

    🙌🏻 Playoffs | Partido de ida

    😍 Temporada 2025-2026😍

    🔥 París Football Club 🆚 Real Madrid Club de Fútbol 🔥

    🗓️ Miércoles, 11 de febrero de 2026

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    📺 Disney Plus

    🏟️ Stade Charléty, París

  • La crónica | Un Barcelona con mucho “flow” resuelve la cita en Las Gaunas

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔲 Las azulgranas ganaron por 0-3 al DUX Logroño ante los 4.454 espectadores que acudieron al estadio de Las Gaunas con los tantos de Carla Julià, Kika Nazareth y Vicky López. La MVP del choque fue Graham Hansen.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El domingo 8 de febrero, cuando el reloj marque las seis de la tarde y el invierno riojano empiece a apretar en las gradas de Las Gaunas, la Liga F Moeve bajará el telón de su jornada con un duelo que, en apariencia, parece escrito de antemano, pero que en el fondo encierra todas las contradicciones, tensiones y relatos que hacen del fútbol femenino español un escenario cada vez más rico, más complejo y más emocional. DUX Logroño y FC Barcelona se citan en uno de esos partidos que no solo se juegan durante noventa minutos, sino que se arrastran desde semanas atrás, desde la clasificación, desde la enfermería, desde la memoria reciente y desde la necesidad, esa palabra que nunca pesa igual para quien pelea por sobrevivir que para quien compite por perpetuar la excelencia.

    Las Gaunas volverá a ser ese estadio que mezcla modernidad y melancolía, un campo que ha visto demasiadas historias como para creer en imposibles, pero que también ha aprendido que el fútbol, incluso cuando se presenta con lógica aplastante, siempre guarda una rendija para el temblor. Allí comparece un DUX Logroño que marca la permanencia con 9 puntos, una cifra que no tranquiliza a nadie porque la frontera con el descenso es tan fina como cruel, porque cada jornada puede ser un paso adelante o un golpe seco contra la realidad. El conjunto riojano llega reforzado moralmente tras una victoria contundente, un 0-4 ante el Alhama CF ElPozo que no solo sumó tres puntos, sino que dejó una sensación de equipo vivo, reconocible, capaz de competir cuando el contexto le es favorable. Sin embargo, esa victoria también dejó interrogantes, porque no estuvieron sobre el césped Comfort Yeboah, Andrea Colomina ni Welma Fon, tres nombres que no son accesorios, sino piezas con peso específico en la estructura del equipo, futbolistas cuya ausencia obliga a reajustar automatismos, roles y liderazgos dentro del campo.

    El DUX sabe que el calendario no concede treguas y que recibir al FC Barcelona no es una cita que permita especular con el mañana. Cada punto cuenta, pero también cuenta la forma de competir, la imagen, la capacidad de resistir y, si se presenta la oportunidad, de morder. En este tipo de partidos, el discurso previo suele oscilar entre el respeto obligado y la reivindicación de la propia dignidad competitiva. Nadie en Logroño ignora que enfrente estará el líder de la Liga F Moeve, el equipo que marca el ritmo del campeonato, el que convierte cada jornada en una demostración de profundidad de plantilla, de identidad de juego y de ambición sostenida. Pero tampoco nadie olvida que el fútbol femenino español ha avanzado lo suficiente como para que incluso los gigantes deban justificar cada victoria, cada dominio y cada goleada.

    El FC Barcelona aterriza en tierras riojanas con el cartel de favorito absoluto, pero también con el desgaste acumulado de una temporada exigente y con la resaca emocional de una semana intensa. El conjunto blaugrana llega tras clasificarse para las semifinales de la Copa de la Reina, nada menos que imponiéndose por 0-4 al Real Madrid CF en el estadio Alfredo Di Stéfano, un resultado que trasciende lo puramente deportivo y se instala en el terreno simbólico. No fue solo una victoria, fue una declaración. “Estoy muy contento con el partido. Merecimos pasar de ronda”, afirmó Pere Romeu tras el duelo copero, en una frase que resume tanto la satisfacción por el resultado como la convicción en el camino recorrido. Ese partido, sin embargo, también dejó una sombra: la lesión de Laia Aleixandri, una baja que se suma a las ya conocidas de Mapi León y Aitana Bonmatí, dos nombres que, por sí solos, explicarían cualquier titular.

    La acumulación de ausencias no altera la esencia del Barça, pero sí obliga a matizarla. La central catalana, convertida en una pieza clave por su fiabilidad, su lectura táctica y su salida limpia de balón, cae en un momento delicado del calendario. Mapi León continúa fuera, y la ausencia de Aitana Bonmatí priva al equipo de una de sus principales fuentes de control, creatividad y liderazgo silencioso. A priori, Marta Torrejón sí estará disponible para viajar a Logroño, una noticia que aporta estabilidad y experiencia a una zaga que, incluso en contextos adversos, suele responder con jerarquía.

    El precedente de la primera vuelta es contundente: 4-0 para el FC Barcelona en el Johan Cruyff. Un marcador que reflejó la distancia entre ambos proyectos en ese momento de la temporada, pero que no necesariamente define lo que puede ocurrir en Las Gaunas. El fútbol no es una ecuación cerrada, y menos aún cuando se juega lejos de casa, en un campo donde el rival se siente protegido por su gente y por la urgencia de los puntos. El DUX Logroño sabe que necesita algo más que orden defensivo; necesita personalidad, valentía medida, concentración absoluta y una dosis de fe que solo se construye desde dentro.

    DAZN y Movistar+ serán los testigos de un partido que, más allá del resultado, sirve para radiografiar dos realidades opuestas pero igualmente legítimas dentro de la Liga F Moeve. Por un lado, el club que aspira a todo, que compite por todos los títulos y que ha normalizado la excelencia hasta convertirla en obligación. Por otro, el equipo que lucha por mantenerse, que pelea cada semana contra la estadística, el presupuesto y la presión, pero que se niega a renunciar a su identidad. El contraste no es una debilidad de la competición; es, precisamente, una de sus fortalezas.

    El ambiente en Las Gaunas se intuye especial. No todos los días visita Logroño el FC Barcelona, y cada una de estas citas se vive como una oportunidad para medir fuerzas, para reivindicar el trabajo invisible y para demostrar que la Liga F Moeve no es solo un escaparate de estrellas, sino también un ecosistema competitivo donde cada punto se gana con sudor. El DUX Logroño afronta el choque con la serenidad que da venir de una victoria amplia, pero también con la prudencia que exige enfrentarse a un rival que no concede errores. La gestión de los primeros minutos será clave: encajar pronto ante el Barça suele ser una sentencia, mientras que resistir, incomodar y alargar el partido introduce la duda, ese elemento tan humano incluso en los equipos más dominantes.

    El Barça, por su parte, llega con la responsabilidad de mantener el liderato, de no relajarse tras un triunfo de prestigio en Copa y de seguir enviando mensajes al resto de la liga. La profundidad de su plantilla le permite rotar sin perder competitividad, pero cada baja obliga a ajustar piezas y a confiar en futbolistas que, en otros contextos, tendrían un rol secundario. Esa es una de las grandezas —y también uno de los retos— del proyecto blaugrana: la exigencia es siempre máxima, independientemente del once inicial.

    En este contexto, el partido se convierte en algo más que un simple cierre de jornada. Es un examen para ambos. Para el DUX Logroño, un examen de resistencia, carácter y capacidad de competir contra el mejor. Para el FC Barcelona, un examen de madurez, de gestión de la adversidad y de continuidad en la excelencia. El césped de Las Gaunas dictará sentencia, pero antes de que ruede el balón ya se han puesto en juego demasiadas cosas como para reducir el choque a una cuestión de favoritismo.

    Aquí se cruzan trayectorias, se enfrentan urgencias y se miden ambiciones. Aquí se pone a prueba la narrativa dominante y se abre la puerta, aunque sea mínimamente, a la sorpresa. Porque el fútbol femenino español, en su crecimiento constante, también se alimenta de estos partidos, de estas noches frías, de estos estadios que esperan, expectantes, a que algo ocurra. Y cuando algo puede ocurrir, aunque las probabilidades digan lo contrario, el fútbol deja de ser una previsión para convertirse en un relato.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El duelo en profundidad |

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve

    😍 Temporada 2025-2026😍

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con un escenario al que no estamos muy acostumbrados, el flamante campeón de la Supercopa de España 2026 en Castellón era incapaz de derribar el muro vinotinto y las tablas (0-0), lo dejaban todo pendiente de resolución de cara al segundo y definitivo acto en La Rioja.

    🔥 DUX Logroño 🆚 Fútbol Club Barcelona 🔥

    🗓️ Domingo , 8 de febrero de 2026

    ⏰ 18:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio Municipal de Las Gaunas , La Rioja

    Los onces |

    El estadio de Las Gaunas se vistió de gala como solo saben hacerlo los escenarios que intuyen que van a ser protagonistas de una tarde que quedará archivada en la memoria colectiva del fútbol femenino español. Desde horas antes del pitido inicial, Logroño respiraba un ambiente especial, una mezcla de expectación, respeto y orgullo por recibir al FC Barcelona, el equipo que marca el paso de la Liga F Moeve y que convierte cada desplazamiento en un acontecimiento. Las gradas, pobladas poco a poco hasta alcanzar los 4.454 espectadores, ofrecían una imagen elocuente del crecimiento sostenido de la competición, de la fidelidad de una afición que entiende el fútbol femenino no como una novedad, sino como una expresión deportiva madura, con identidad propia y con relatos que merecen ser contados con la misma solemnidad que cualquier gran cita.

    El FC Barcelona saltó al césped con una carga emocional visible, perceptible incluso antes de que el balón comenzara a rodar. Las jugadoras azulgranas lucieron camisetas de apoyo a Marta Torrejón, golpeada por el reciente fallecimiento de su padre, y a Laia Aleixandri, ausente por una grave lesión de cruzado. No era un gesto protocolario, sino una declaración de valores, una forma de recordar que, incluso en la élite más exigente, el fútbol sigue siendo un espacio de humanidad compartida. Además, la tarde quedaría marcada por dos hitos individuales que hablaban de futuro y de trayectoria: el debut como culé de la zaguera Adriana Ranera, llamada a integrarse en la estructura defensiva blaugrana, y los cien partidos oficiales de Ona Batlle con la camiseta del Barça, cifra redonda que simboliza regularidad, compromiso y excelencia sostenida.

    Desde el primer minuto, el guion parecía responder a lo esperado. El FC Barcelona se hizo con el control del esférico con naturalidad, moviendo el balón de lado a lado, imponiendo su ritmo, obligando al DUX Logroño a replegarse en campo propio y a organizar un bloque defensivo compacto, solidario, consciente de que la resistencia sería una cuestión tanto física como mental. La primera advertencia llegó pronto, cuando Salma Paralluelo se perfiló para armar un disparo que buscaba sorprender, pero María Miralles, muy bien colocada, atrapó el balón sin excesivas dificultades. Fue una intervención sencilla en apariencia, pero cargada de significado: Miralles estaba concentrada, preparada para una tarde larga.

    Poco después, la guardameta riojana volvió a mostrarse decisiva al anticiparse con valentía a Kika Nazareth, cortando una acción que amenazaba con romper la línea defensiva. El Barça dominaba, pero no encontraba fluidez en los metros finales. Salma, incisiva, volvió a protagonizar la ocasión más clara del primer acto con un remate poderoso que se estrelló violentamente contra la madera, provocando un murmullo colectivo en Las Gaunas, ese sonido indefinible que mezcla alivio y temor, la conciencia de que el margen de error era mínimo.

    El DUX Logroño, lejos de descomponerse, se mantenía firme atrás, con líneas juntas, con ayudas constantes, con una disciplina táctica que hablaba de un equipo trabajado y mentalizado. A los veinte minutos, Carla Julià se animó con un remate que se marchó por encima del larguero, una acción que sirvió para recordar que el Barça, incluso cuando no encuentra espacios, nunca deja de amenazar. Las de Pere Romeu seguían a lo suyo, acumulando posesión, circulando el balón con paciencia casi pedagógica, pero sin hallar el camino hacia la portería de una María Miralles que crecía con cada intervención.

    Vicky López y Clara Serrajordi probaron fortuna con sendos golpeos lejanos que no encontraron portería, reflejo de la frustración creciente ante el muro vinotinto. El Barça chocaba una y otra vez contra una defensa bien organizada, mientras que el DUX intentaba, sin éxito, explotar la velocidad de Mawete al contragolpe. Gemma Font, bajo palos, apenas tuvo que intervenir, pero su concentración era total, consciente de que cualquier transición podía alterar el equilibrio del partido.

    Justo antes del descanso, cuando el primer tiempo parecía condenado a cerrarse sin goles, María Miralles volvió a erigirse en protagonista al evitar el tanto de Vicky López con una intervención eficaz, rápida, de reflejos felinos. Fue una parada que levantó a la grada y que confirmó que el DUX Logroño no solo resistía, sino que creía.

    Tras el paso por vestuarios, el FC Barcelona regresó al césped con una marcha más, con una determinación renovada. Apenas cinco minutos tardó en abrir la lata, y lo hizo de una forma que resumía su esencia colectiva. Caroline Graham Hansen recibió el balón en banda, levantó la cabeza y, con ese toque sutil que distingue a las futbolistas extraordinarias, metió un pase tenso y preciso al segundo palo. Allí apareció Carla Julià, llegando desde atrás, atacando el espacio con convicción, para empujar la pelota al fondo de la red.

    El gol no fue un estallido caótico, sino una liberación contenida, el premio a la insistencia, el momento exacto en el que la resistencia local cedió ante la calidad visitante y se abría la lata con el 01 en el minuto 50 de juego.

    Apenas dos minutos después, el Barça asestó un segundo golpe que dejó tocado al DUX Logroño. El conjunto culé había encontrado los huecos en la zaga rival, había ajustado los movimientos, había acelerado la circulación. El balón volvió a viajar con velocidad, los desmarques comenzaron a ser más agresivos, y la defensa riojana, hasta entonces impecable, empezó a llegar medio segundo tarde. Ese segundo tanto no fue solo un gol más en el marcador; fue la confirmación de que el partido había cambiado de fase cuando la portuguesa Kika Nazareth envió su remate lejos del alcance de Miralles para duplicar la renta hasta el 02 en el minuto 52 de este envite.

    En el minuto 56 llegó el tercer gol, el que terminó de inclinar definitivamente la balanza. Tras un rechace de Miralles dentro del área, Vicky López apareció con instinto, con esa capacidad para leer la jugada antes que nadie, y cazó el balón para enviarlo al fondo de la red. Fue un gol de oportunismo, de inteligencia, de estar donde hay que estar en el momento justo.

    Las Gaunas, que hasta entonces había empujado con fe, asumió que la hazaña se escapaba, aunque el aplauso fue sincero, respetuoso, consciente del esfuerzo realizado y Vicky López, ex del Madrid CFF, instaló el definitivo 03 cuando el reloj deambulaba ya por el minuto 58 y la reacción local no llegaba.

    Ese tercer tanto, nacido del instinto y de la lectura privilegiada de Vicky López dentro del área, no solo alteró el marcador, sino que actuó como un punto de inflexión emocional y estratégico en el banquillo del DUX Logroño. Hasta ese momento, el conjunto riojano había sostenido el partido desde una mezcla admirable de orden, sacrificio y fe competitiva, pero el 0-3, reflejado de forma implacable en el marcador de Las Gaunas, obligó a asumir que el encuentro entraba en una fase distinta, menos ligada a la esperanza del resultado y más conectada con la necesidad de proteger la dignidad, gestionar esfuerzos y mirar también hacia el futuro inmediato. El cuerpo técnico entendió que era el momento de mover piezas, de dar entrada a futbolistas con energía renovada, con hambre, con ganas de dejar huella incluso en un contexto adverso.

    Catalina Ongaro fue una de las elegidas para saltar al terreno de juego. Su entrada no fue casual ni simbólica: aportaba frescura, presencia física y una voluntad clara de disputar cada balón como si fuera el último. Junto a ella, Welma Fon vivió un momento que quedará grabado en su carrera profesional, el debut oficial con el DUX Logroño en un escenario exigente, ante el líder de la Liga F Moeve y con miles de miradas siguiendo cada movimiento. Para una futbolista que da sus primeros pasos en la competición, no hay prueba más dura ni más formativa que hacerlo en una tarde así, cuando el marcador es adverso, cuando el rival domina y cuando cada error se paga caro. Welma entró con la mezcla natural de nervios y determinación, consciente de que ese tramo final era una oportunidad para mostrarse, para sentir el ritmo real de la élite y para empezar a construir su propio espacio dentro del equipo.

    Mientras tanto, María Miralles continuaba sosteniendo al DUX Logroño con una actuación que trascendía lo estadístico. Cada intervención suya era un acto de resistencia, una negativa explícita a rendirse incluso cuando el partido parecía ya sentenciado. Evitó el cuarto gol con otra parada de mérito, rápida, intuitiva, lanzándose con decisión para tapar un disparo que llevaba veneno. No celebró la acción, no levantó los brazos, pero su lenguaje corporal transmitía un mensaje claro a sus compañeras: el partido seguía, la camiseta se defendía hasta el último segundo. Miralles se convirtió así en el rostro de la resiliencia riojana, en la futbolista que entendió que hay derrotas que también se juegan, que también se compiten, y que dejan poso si se afrontan con orgullo.

    El FC Barcelona, por su parte, gestionaba el tramo final con la serenidad de quien sabe que el trabajo principal ya está hecho, pero sin caer en la complacencia. Las blaugranas siguieron moviendo el balón con criterio, buscando espacios, probando combinaciones, manteniendo la intensidad competitiva que define al proyecto. En ese contexto apareció otro de los momentos significativos de la tarde: María Llorella tuvo sus primeros minutos con el primer equipo del FC Barcelona. No fue un gesto vacío ni una concesión gratuita, sino una muestra coherente de una filosofía que mira siempre hacia adelante, que integra talento joven incluso en escenarios de máxima exigencia y que entiende el relevo generacional como un proceso natural, no como una ruptura.

    Para Llorella, pisar el césped de Las Gaunas con la camiseta del primer equipo fue la culminación de años de trabajo silencioso, de entrenamientos, de aprendizajes y de paciencia.

    Cada toque suyo fue seguido con atención desde el banquillo y desde la grada, consciente el entorno blaugrana de que esos minutos forman parte de algo más grande: la continuidad de un modelo que no se agota en los nombres actuales, sino que se proyecta hacia el futuro con la misma ambición que define el presente.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El partido se fue apagando sin sobresaltos, con el FC Barcelona administrando la ventaja y el DUX Logroño aferrándose a la competitividad como último bastión. No hubo rendición, no hubo desconexión. Hubo, sí, la aceptación de una realidad dura, pero también la certeza de que enfrentarse al mejor, resistir durante muchos minutos y aprender de cada detalle forma parte del camino hacia la permanencia. Las Gaunas despidió a las futbolistas con un aplauso sincero, consciente de que había asistido a una tarde de fútbol de alto nivel, cargada de simbolismo, de emociones cruzadas y de historias individuales que seguirán desarrollándose jornada tras jornada.

    A pesar de haber tardado más de una parte en dar con la tecla, no hay rival pequeño en esta gloriosa competición, el Fútbol Club Barcelona suma ya 54 unidades de 57 posibles hasta la fecha, que permiten a las de Pere Romeu seguir al frente de la Liga F Moeve.

    El siguiente capítulo en clave azulgrana, que hoy vestía su tercer uniforme en homenaje al malogrado Kobe Bryant (Lakers), llegará en el Johan Cruyff ante la Sociedad Deportiva Eibar el próximo sábado, 14 de febrero de 2026, a las 18:30 en un duelo que emitirá DAZN.

    El titánico esfuerzo del DUX Logroño cae en saco roto ante las actuales subcampeonas de Europa, pero la buena imagen del elenco que dirige Daniel Montoya podría ser clave para acabar saliendo del pozo a final de temporada.

    El subcampeón de la Copa de la Reina en 2020 volverá a competir en la Liga Profesional de Fútbol Femenino al jugar a domicilio en la Dani Jarque con el Espanyol, pero de momento, seguirá siendo decimocuarto con tan solo 9 puntos, los mismos guarismos que un Alhama Club de Fútbol que sí está en descenso a Primera RFEF.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    DUX Logroño: Miralles; Rebeca, Marta, Iria Castro, Martin; Falfán (Justina Morcillo, m.68); Isina (Velazco, m.68), Laura Martínez (Catalina Ongaro, m.56), Annelie; Salomé (Mia Asenjo, 78) y Mawete (Welma Fon, m.56).

    Fútbol Club Barcelona: Gemma; Aicha, Adriana. Ona Batle (María Llorella, m.62); Serrajordi; Kika, Sydney, Vicky López (Claudia Pina, m.62), Carla Juliá; Paralluelo y Graham (Fenger, m.62).

    Árbitra: María Eugenia Gil.

    Incidencias: Partido de la Liga F disputado en el estadio de Las Gaunas ante unos cuatro mil espectadores sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |
    0-1 Carla Júlia 50’ ⚽️
    0-2 Kika Nazareth 52’ ⚽️
    0-3 Vicky López 55’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | La Real Sociedad se toma la revancha de la eliminación copera

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Las de Arturo Ruiz se impusieron por 2-0 al Badalona Women para tomarse la revancha de la eliminación en cuartos de Copa de la Reina. Claire Lavogez y Nerea Eizagirre marcaron los y dos tantos del conjunto donostiarra. La MVP del choque fue Aiara Agirrezabala, que es una de las grandes perlas de Liga F Moeve.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El domingo 8 de febrero, a las 16:00 horas, el Reale Arena vuelve a ser escenario de una de esas tardes que explican por qué el fútbol femenino español ha entrado definitivamente en una nueva dimensión. Real Sociedad y FC Badalona Women se reencuentran casi sin tiempo para respirar, con las emociones todavía en carne viva, con la herida abierta del partido de cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola y con la sensación inequívoca de que este duelo va mucho más allá de tres puntos. Es Liga F Moeve, sí, pero también es memoria reciente, revancha, orgullo, narrativa y televisión en abierto, porque el encuentro pudo verse para toda España en TEN TV, además de DAZN, GolPlay y 3Cat, con la narración de Iván Fanlo y los comentarios de Júlia Cortina, en una apuesta decidida por llevar el fútbol femenino a todos los hogares, sin barreras, sin excusas y sin silencios.

    Han pasado menos de 72 horas desde que el ONA —el nombre que ya resuena con identidad propia en Badalona— asaltó San Sebastián en Copa, resistiendo, sufriendo, creyendo y golpeando cuando más duele. Minuto 113 de juego, prórroga, cansancio extremo, piernas de plomo y corazón desbocado. Itziar Pinillos, exjugadora del Madrid CFF, símbolo de una generación que ha picado piedra lejos de los focos, encontró el espacio, el tiempo y la sangre fría para marcar el 0-1 que silenció el estadio y escribió una de las páginas más importantes en la historia del FC Badalona Women. No fue un gol más. Fue un manifiesto. Fue la confirmación de que este equipo ha dejado de pedir permiso.

    Ese recuerdo está todavía demasiado fresco en la cabeza de la Real Sociedad. Arturo Ruiz lo verbalizó con serenidad y con poso: “La derrota es un bache en el camino”. No una caída, no una crisis, no un terremoto. Un bache. Pero los baches, en temporada larga, se sortean mejor cuando hay carácter, cuando hay estructura y cuando hay un colchón como el que tiene este equipo txuri-urdin: ocho puntos de ventaja sobre el cuarto clasificado, una regularidad sostenida en Liga y una identidad de juego que no se improvisa. Aun así, el fútbol no entiende de clasificaciones cuando el rival acaba de eliminarte y vuelve a aparecer delante casi sin dar tiempo a pasar página.

    La Real Sociedad llega a este partido con la necesidad íntima de recomponerse emocionalmente. No es una cuestión de urgencia clasificatoria, sino de orgullo competitivo, de reafirmación y de enviar un mensaje claro: el Reale Arena sigue siendo territorio de autoridad. Las bajas de María Molina y Maren Lezeta, ambas lesionadas, obligan a reajustes, pero no alteran la convicción de un equipo que ha construido su camino desde la estabilidad, el trabajo de cantera y una idea reconocible. Arturo Ruiz, técnico madrileño, ha insistido desde su llegada en la importancia de los procesos, en no dejarse arrastrar por el ruido y en entender cada partido como una pieza más del puzzle de la temporada. Y sin embargo, este no es un partido cualquiera.

    Porque enfrente vuelve a estar el FC Badalona Women de Marc Ballester, un equipo que vive uno de los momentos más dulces de su historia reciente. Invicto en 2026. Cuatro victorias y un empate. Tres triunfos en Liga F Moeve y uno en Copa de la Reina. Números que no solo hablan de resultados, sino de una madurez competitiva que ha ido creciendo en silencio, lejos de los grandes focos, pero con una personalidad cada vez más definida. El ONA no es una anécdota copera. Es un proyecto que ha entendido que el fútbol femenino también se construye desde la fe, desde el orden y desde la convicción colectiva.

    Las ausencias de Antonia Canales, lesionada del cruzado, y de Berta Pujadas y Núria Garrote son sensibles, pero no han desdibujado el plan de Marc Ballester. El técnico ha sabido dotar a su equipo de una identidad sólida, pragmática cuando toca, valiente cuando se puede y, sobre todo, resiliente. El partido de Copa fue una demostración de ello. Aguantar, sufrir, aceptar que habrá momentos sin balón, que habrá que defender bajo, que el rival te someterá por fases… y aun así, creer que el partido no está perdido mientras el marcador siga en blanco.

    El precedente inmediato condiciona todo. La Real Sociedad sabe que dominó fases del encuentro copero, que generó ocasiones y que, aun así, no fue suficiente. El Badalona Women sabe que sobrevivió, que se sostuvo y que golpeó en el momento exacto. Esa dualidad convierte el partido de Liga en una partida de ajedrez emocional. ¿Habrá ansiedad en las locales? ¿Habrá exceso de confianza en las visitantes? ¿Se repetirá el guion o veremos un partido completamente distinto?

    La historia entre ambos equipos añade otra capa de significado. Diez enfrentamientos previos. Cuatro victorias para las donostiarras, cuatro empates y dos triunfos del equipo catalán. Equilibrio, respeto mutuo y una rivalidad que, sin ser clásica, empieza a tener cuerpo, memoria y capítulos reconocibles. Cada duelo ha dejado una sensación de igualdad, de detalles, de partidos que se deciden en pequeños márgenes. Y cuando los márgenes son tan estrechos, el factor emocional se vuelve determinante.

    En este contexto, la retransmisión en abierto adquiere un valor simbólico enorme. TEN TV ofreció el partido para toda España, con Iván Fanlo a los mandos de la narración y Júlia Cortina aportando análisis, contexto y sensibilidad desde los comentarios. No es un detalle menor. Es la constatación de que estos partidos ya no se esconden, de que el fútbol femenino ocupa espacios que antes le estaban vetados y de que la épica también se construye cuando cualquiera puede sentarse en su sofá y sentirse parte de la historia que se está escribiendo.

    Para la Real Sociedad, este partido es una prueba de carácter. No solo por la revancha, sino por la necesidad de demostrar que el proyecto no se tambalea ante un golpe inesperado. Para el Badalona Women, es una oportunidad de oro para confirmar que lo de la Copa no fue un accidente, que este equipo puede competir de tú a tú en Liga F Moeve contra uno de los bloques más sólidos del campeonato y que su racha en 2026 no es fruto del azar.

    El Reale Arena, testigo de grandes noches europeas y de tardes memorables, se prepara para un partido que, sobre el papel, es de Liga, pero que en el fondo es un duelo de identidades. El estilo más elaborado, paciente y estructurado de la Real Sociedad frente a la contundencia, la disciplina táctica y el instinto competitivo del ONA. Dos maneras de entender el crecimiento en el fútbol femenino. Dos caminos distintos que se cruzan en el mismo punto.

    Y sobre todo, el recuerdo imborrable de ese minuto 113. De ese balón que terminó en la red. De Itziar Pinillos celebrando un gol que ya forma parte de la memoria colectiva del Badalona Women. De una Real Sociedad que, apenas tres días después, tiene la oportunidad de transformar la frustración en respuesta. El fútbol ofrece pocas veces la posibilidad de revancha tan inmediata. Y cuando lo hace, suele regalar partidos cargados de tensión, de intensidad y de narrativa.

    Este domingo no es solo un Real Sociedad – FC Badalona Women. Es la continuación de una historia que empezó en Copa, es una reivindicación del fútbol femenino en abierto, es una prueba de madurez para dos proyectos que representan muy bien el momento que vive la Liga F Moeve. Y es, sobre todo, una invitación a sentarse, mirar y entender que aquí también se construyen relatos épicos, con voz propia, con emoción y con memoria.

    Partida de ajedrez |

    🏆 Liga F Moeve |

    🙌🏻 Temporada 2025-2026 |

    🔥 Real Sociedad de Fútbol 🆚 ONA 🔥

    🗓️ Domingo, 8 de febrero de 2026

    ⏰ 16:00 horario peninsular

    📺 TEN TV

    🏟️ Estadio de Zubieta, Guipúzcoa

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los onces |

    La tarde en el Estadio de Zubieta era una más en el calendario de la Liga F Moeve. No podía serlo. Apenas habían pasado unos días desde que el mismo escenario había sido testigo de una de las noches más dolorosas para la Real Sociedad en lo que iba de temporada, aquella eliminación copera frente al FC Badalona Women que dejó cicatriz, silencio y una sensación de oportunidad perdida. El fútbol, caprichoso y cruel, había querido que el sorteo y el calendario cruzaran de nuevo a ambos equipos casi sin margen para digerir lo ocurrido. Menos de 72 horas después del golpe, la vida ofrecía revancha. Y la Real Sociedad la tomó.

    Desde el primer minuto se percibió que el partido se iba a jugar bajo coordenadas emocionales muy distintas a las de un encuentro ordinario de Liga F Moeve.

    El conjunto txuri-urdin saltó al césped con el gesto serio, concentrado, con una determinación que se notaba en cada carrera y en cada disputa. El brazalete negro en el brazo de Lucía Rodríguez, en memoria de su abuela recientemente fallecida, añadió una capa más de solemnidad a una tarde ya cargada de significado. No era solo fútbol. Era memoria, orgullo y respuesta.

    Las de Arturo Ruiz asumieron el mando del partido prácticamente desde el pitido inicial. El balón fue suyo, pero no desde la posesión estéril, sino desde una circulación consciente, paciente, buscando siempre la verticalidad cuando se abría el espacio. Lucía Pardo se convirtió desde muy pronto en el faro ofensivo del equipo, fijando centrales, descargando de espaldas y ofreciendo líneas de pase constantes para las llegadas desde segunda línea. El mensaje era claro: había que golpear pronto, marcar territorio, evitar que el partido se convirtiera en una repetición emocional del duelo copero.

    El FC Badalona Women, fiel a su identidad, se ordenó con disciplina, consciente de que el contexto era distinto pero la exigencia la misma. María Valenzuela, heroína silenciosa en Copa, volvía a ser la última barrera de un equipo que no renuncia a competir aunque no tenga el balón.

    El primer aviso llegó en forma de un envío tenso al área que obligó a la guardameta visitante a medir tiempos y espacio. El balón botó, se envenenó y estuvo a punto de convertirse en un problema mayor, pero el Badalona sobrevivió. No sería la última vez.

    El dominio txuri-urdin se transformó en ventaja pasada la primera decena de minutos, en una jugada que condensó todo lo que había preparado Arturo Ruiz. Intza, profunda y valiente desde la banda, ganó metros, levantó la cabeza y puso un centro medido al corazón del área. Allí apareció Claire Lavogez, llegando desde atrás, atacando el espacio con inteligencia. La centrocampista francesa armó el disparo con la derecha desde dentro del área. María Valenzuela reaccionó con reflejos, sacó una mano firme y repelió el primer chut, pero el balón quedó muerto, suspendido durante una fracción de segundo que pareció eterna. Lavogez, lejos de desconectarse, siguió la jugada, ajustó el cuerpo y golpeó de nuevo. Esta vez el disparo superó definitivamente a la arquera catalana y se coló en la red catalana para abrir la lata con el 1-0 en el minuto 15 de juego.

    Con el 1-0, la Real Sociedad no levantó el pie. Todo lo contrario. El equipo entendió que la mejor manera de protegerse del recuerdo copero era seguir atacando, seguir mandando, seguir imponiendo su ritmo. El Badalona intentó estirarse con balones largos buscando la velocidad de Irina Uribe, pero ahí emergió la figura de Julia Arrula, imperial en la lectura defensiva, anticipándose una y otra vez para cortar cualquier intento de transición visitante. Cada intervención de la guardameta y de la zaga reforzaba la sensación de seguridad de un equipo que había aprendido de la Copa.

    Antes del descanso, ambos conjuntos tuvieron fases de aproximación, pero sin claridad suficiente como para alterar el marcador. El Badalona resistía, consciente de que cualquier mínima concesión podía ser letal, y la Real Sociedad gestionaba con cabeza, sin ansiedad, sin precipitación. El 1-0 al intermedio era justo, pero no definitivo.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una mínima diferencia a favor del equipo que levantó la Copa de la Reina en 2019, pero el margen era tan pequeño que todo podía pasar en el segundo y definitivo acto en el País Vasco.

    Tras el paso por vestuarios, Marc Ballester agitó el tablero con la entrada de Lice Chamorro, buscando más mordiente y presencia ofensiva. El plan visitante era claro: intentar que el partido se abriera, provocar intercambios, encontrar alguna fisura emocional en el rival. Sin embargo, el guion no varió sustancialmente. La Real Sociedad siguió llevando el peso del encuentro, moviendo el balón con criterio y buscando ensanchar el campo.

    Uno de los momentos más simbólicos del partido llegó con un envío largo al segundo palo para la carrera de Aiara Agirrezabala. La lateral apareció con potencia, atacando el espacio libre, y estuvo a punto de conectar un remate que habría sido el 2-0. No llegó por centímetros, pero la acción fue un reflejo de su partido completo, intenso, constante, decidido, que acabaría valiéndole el reconocimiento como MVP del encuentro.

    Los cambios se sucedieron en ambos banquillos. Arturo Ruiz dio entrada a Arola Aparicio para refrescar y mantener la intensidad, mientras que Sarah Jankovska sumó minutos en el conjunto catalán. El Badalona empezó a creer en el empate, especialmente a través de Elena Julve, que buscó desmarques y conducciones, pero siempre se encontró con una zaga txuri-urdin sólida, ordenada e inexpugnable.

    El tramo final del partido concentró toda la tensión. A falta de quince minutos, un saque de esquina botado por Andreia Jacinto encontró la cabeza de Lucía Pardo. La ex del Madrid CFF se elevó, conectó el remate desde dentro del área y el balón salió rozando el larguero. María Valenzuela siguió la trayectoria con el corazón en un puño, viendo cómo la pelota se marchaba fuera por muy poco. Fue una ocasión que pudo haber sentenciado antes, pero también un aviso de que el partido seguía abierto.

    El Badalona se volcó entonces con todo lo que tenía. Loreta Kullashi estuvo a punto de cambiar la historia con un disparo que ya se cantaba como gol, pero Claudia Florentino apareció de manera providencial para sacar el balón bajo palos, en una acción defensiva que valió casi tanto como un tanto. Era el último intento visitante.

    Y cuando el rival se expone, el fútbol castiga. Con el Badalona desordenado, Nerea Eizagirre recogió un pase de Lucía Rodríguez, condujo, encaró, se inventó una jugada individual llena de talento y determinación y definió con maestría para poner el 20 definitivo. Un gol que cerró el partido, que cerró la herida y que devolvió a la Real Sociedad la sensación de control y autoridad ya sobre el 96 del añadido.

    El pitido final confirmó mucho más que una victoria. Confirmó que la Real Sociedad mantiene los ocho puntos de ventaja sobre su rival directo en la lucha por los puestos de Champions, que supo responder al golpe de la Copa y que este equipo sigue creciendo desde la madurez. Para el FC Badalona Women, la derrota no borra lo conseguido, pero sí recuerda que la Liga exige constancia y precisión absoluta.

    La revancha se consumó. El fútbol, esta vez, fue justo con quien supo entender mejor el contexto del torneo de la regularidad, quedando la Real Sociedad de Fútbol en la tercera plaza con 41 unidades en su haber y ya piensa en su próximo choque ante el Athletic Club en Lezama.

    Por su parte, el ONA pagó muy caro su esfuerzo copero y no pudo hacer zozobrar de nuevo a las donostiarras, pero las de Marc Ballester navegan tranquilas instaladas en el séptimo escalón gracias a sus 26 unidades y buscará darle caza al Sevilla Fútbol Club, más tendrá un hueso duro de roer en las guerreras del Costa Adeje Tenerife Egatesa, que está metido de lleno en la lucha por acceder a Europa, casi nada.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Real Sociedad: J. Arrula, Emma (Arola A., min. 62), Lucía, Florentino, Moraza (cap.), P. Fernández, Cahynová, Aiara (Cecilia, min. 91), Lavogez (Andreia, min. 62), Intza (N. Eizagirre, min. 76) y L. Pardo (Mirari, min. 76).

    FC Levante Badalona Women: María, Itzi, Nerea C. (Aina Meya, min. 85), C. Cubedo, S. Majarín (cap.), Barclais (Junge, min. 85), Lorena (Kullashi, min. 79), Paula (Jankovska, min. 62), E. Julve, Banini (L. Chamorro, min. 46) e Irina Uribe.

    Árbitra: María Gloria Planes. Ha amonestado a las locales P. Fernández y Moraza y a las visitantes Cubedo, E. Julve, Jankovska e Irina Uribe con tarjeta amarilla.

    Incidencias | Partido correspondiente a La decimonovena jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 que ha enfrentado en el
    Estadio de Zubieta a la Real Sociedad de Fútbol y al ONA sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    1-0 Lavogez 15’ ⚽️
    2-0 Nerea Eizaguirre 96’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | El Deportivo reina en el barro

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Festín de goles del Deportivo Abanca en el Fernando Torres al doblegar por 1-6 a un Madrid CFF en crisis.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El domingo 8 de febrero a las dos de la tarde, cuando el reloj marque esa hora suspendida entre el vermú y la sobremesa, el estadio Fernando Torres volverá a abrir sus puertas para un partido que, en apariencia, podría parecer uno más dentro del calendario de la Liga F Moeve, pero que en realidad esconde muchas más capas de las que sugiere la clasificación. Madrid CFF y Deportivo Abanca se citan en un momento de la temporada donde ya no hay partidos inocentes, donde cada punto pesa más que el anterior y donde las dinámicas, las emociones y la memoria reciente condicionan tanto como los esquemas tácticos o los nombres propios. Será un duelo transmitido en directo por DAZN, sí, pero sobre todo será un examen de carácter, una prueba de resiliencia y una oportunidad para redefinir el relato de ambos equipos en este tramo decisivo del curso.

    El Madrid CFF llega a la cita con la necesidad tatuada en el rostro. Tres derrotas consecutivas han erosionado una temporada que hasta hace no tanto caminaba con paso firme por la zona templada de la tabla. Dos tropiezos en Liga F Moeve y una eliminación dolorosa en los cuartos de final de la Copa de la Reina han dejado al conjunto madrileño en una especie de tierra de nadie emocional: con 26 puntos, situado en mitad de tabla, lejos tanto de la amenaza inmediata como de los sueños europeos, pero con la sensación incómoda de que el equipo se ha detenido justo cuando parecía más reconocible. En este contexto, el partido ante el Deportivo Abanca no es solo una oportunidad para sumar tres puntos; es, sobre todo, la ocasión de reencontrarse consigo mismo, de volver a reconocerse en su propio juego, de recuperar esa identidad que ha sido la base del crecimiento del club en las últimas temporadas.

    El Fernando Torres, escenario habitual de las grandes tardes del Madrid CFF, se presenta como un refugio emocional. En casa, el equipo de Sánchez Vera ha construido buena parte de su estabilidad en la élite, convirtiendo su estadio en un espacio donde el plan de partido se ejecuta con mayor convicción, donde las jugadoras se sienten respaldadas y donde el margen de error parece, al menos psicológicamente, un poco más amplio. No es un fortín inexpugnable, pero sí un lugar donde el Madrid CFF suele mostrarse fiel a su idea: un equipo competitivo, ordenado, intenso en la presión y con capacidad para alternar fases de dominio con momentos de repliegue inteligente.

    David Sánchez Vera afronta el duelo con una noticia que, en semanas como esta, adquiere un valor incalculable: tendrá a todas sus jugadoras disponibles. En una temporada marcada por las rotaciones forzadas, las ausencias por lesión y la necesidad de reajustar constantemente los automatismos, contar con la plantilla al completo supone un alivio y, al mismo tiempo, una responsabilidad. Porque cuando todas están disponibles, la elección del once inicial se convierte en un mensaje, en una declaración de intenciones. Cada decisión del técnico madrileño será leída no solo en clave táctica, sino también emocional: quién lidera la reacción, quién asume el peso del equipo en un momento delicado, quién simboliza mejor esa vuelta a los orígenes que el Madrid CFF busca desesperadamente.

    Enfrente estará un Deportivo Abanca que llega a Madrid con menos puntos, pero con un discurso que no se construye desde la resignación. El conjunto gallego suma 17 puntos y sabe que su temporada está marcada por la irregularidad, especialmente lejos de Riazor, donde solo ha conseguido cuatro puntos en lo que va de curso. Los números como visitante no invitan al optimismo, pero el fútbol rara vez se explica solo desde las estadísticas. Las de Fran Alonso aterrizan en la capital tras caer ante el Real Madrid CF por 2-4 en su último compromiso, un partido que dejó sensaciones contradictorias: por un lado, la evidencia de las dificultades defensivas ante un rival de máximo nivel; por otro, la confirmación de que el Deportivo tiene argumentos ofensivos, personalidad y una idea de juego que no se diluye incluso en contextos adversos.

    Fran Alonso ha insistido en la previa en un mensaje que busca reforzar la autoestima del grupo. “Tenemos mucha confianza y tenemos una buena dinámica de juego”, afirmó el técnico deportivista, consciente de que el discurso interno es tan importante como el planteamiento táctico. No es una frase lanzada al azar: es una declaración de principios. El Deportivo Abanca sabe que necesita puntos, pero también sabe que no puede traicionar su identidad en la búsqueda desesperada de resultados. En un campeonato tan exigente como la Liga F Moeve, perder la fe en el propio modelo suele ser el primer paso hacia el abismo.

    Las bajas, eso sí, condicionan el plan del conjunto gallego. Cris Martínez continúa fuera por maternidad, una ausencia que va más allá de lo futbolístico y que ha obligado al equipo a reorganizar roles tanto dentro como fuera del campo. Tampoco estarán disponibles Carlota Suárez, Henar Muiña y Millene Cabral, nombres que forman parte de la columna vertebral del proyecto y cuya ausencia reduce las opciones de rotación y la capacidad de modificar el partido desde el banquillo. En este contexto, todas las miradas se dirigen hacia Hildah Magaia, que podría disputar sus primeros minutos como deportivista. Su posible debut añade un punto de incertidumbre al partido, ese factor imprevisible que a veces rompe los guiones más estudiados.

    El duelo entre Madrid CFF y Deportivo Abanca no se entiende del todo sin mirar al pasado reciente, sin recordar lo que ocurrió en la primera vuelta. Aquel enfrentamiento, todavía fresco en la memoria de ambos vestuarios, dejó lecciones que ahora regresan con fuerza. Porque los partidos no se repiten, pero las sensaciones sí. Porque los errores cometidos entonces se analizan ahora con lupa. Porque las virtudes mostradas en aquel choque se convierten en referencias a explotar o a neutralizar. La historia entre ambos equipos en la élite es relativamente corta, pero lo suficientemente intensa como para haber construido una rivalidad silenciosa, basada en el respeto mutuo y en la conciencia de que cada duelo es una batalla directa por la estabilidad en la categoría.

    El Madrid CFF sabe que no puede permitirse otro tropiezo. Tres derrotas seguidas pesan como una losa, no tanto por su impacto clasificatorio inmediato, sino por lo que suponen a nivel de confianza. El equipo necesita volver a ganar para recordar quién es, para recuperar ese lenguaje corporal que transmite seguridad, para volver a celebrar un gol sin mirar de reojo al banquillo buscando respuestas. La afición, que ha acompañado al equipo en los momentos buenos y en los malos, espera una reacción. No exige brillantez extrema ni resultados imposibles; exige compromiso, intensidad y la sensación de que el equipo vuelve a caminar en la dirección correcta.

    En el otro lado, el Deportivo Abanca afronta el partido con la mentalidad de quien sabe que cada desplazamiento es una oportunidad para cambiar la narrativa. Ganar fuera de casa sigue siendo una asignatura pendiente, pero también una obsesión. Cada viaje es un examen, cada partido lejos de Riazor es una posibilidad de demostrar que el equipo es algo más que un conjunto competitivo en su estadio. Sumar en Madrid tendría un impacto enorme, no solo en la clasificación, sino en la moral del grupo, en la percepción externa y en la convicción interna de que el proyecto tiene recorrido en la máxima categoría.

    El césped del Fernando Torres será testigo de un choque de estilos que, aunque comparten ciertos principios, se manifiestan de manera distinta. El Madrid CFF suele apostar por un bloque compacto, con líneas juntas y una presión bien coordinada, buscando transiciones rápidas cuando recupera el balón y tratando de imponer un ritmo alto en casa. El Deportivo Abanca, por su parte, intenta ser valiente con balón, asumir riesgos controlados y encontrar superioridades en zonas intermedias, incluso cuando el contexto no es favorable. La batalla en el centro del campo será clave, no solo por la disputa física, sino por la capacidad de ambos equipos para imponer su tempo.

    A medida que se acerca la hora del partido, el ambiente se irá cargando de expectativas. Las jugadoras lo sienten en el calentamiento, en los gestos, en las miradas cruzadas. Saben que no es un partido cualquiera. Saben que hay algo en juego que va más allá de los tres puntos. Saben que el relato de su temporada puede empezar a cambiar en noventa minutos. Y en esa conciencia compartida reside gran parte de la épica que envuelve este Madrid CFF – Deportivo Abanca.

    Porque el fútbol, al final, no se explica solo desde la táctica o la estadística. Se explica desde las historias que se cruzan, desde las trayectorias que convergen, desde los momentos de duda y de esperanza que conviven en un mismo partido. Este domingo, en Madrid, dos equipos con realidades distintas pero necesidades similares se mirarán a los ojos. Uno buscando reencontrarse con la victoria y consigo mismo. El otro intentando demostrar que su camino en la élite no está escrito únicamente desde la dificultad.

    Y mientras el balón empiece a rodar, mientras DAZN conecte en directo y las gradas comiencen a latir, el partido se convertirá en algo más grande que la suma de sus partes. Será una historia en construcción, una de esas tardes que, con el paso del tiempo, se recuerdan no solo por el resultado, sino por lo que significaron en el desarrollo de una temporada que aún tiene muchas páginas por escribir…

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El partido en detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve

    ✨ Temporada 2025-2026 ✨

    🙌🏻 Matchday 19 | Día de partido

    🔥 Madrid CFF 🆚 Deportivo Abanca 🔥

    ⏰ 14:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio Fernando Torres, Fuenlabrada

    Los onces |

    El balón todavía no había echado a rodar cuando el Fernando Torres ya ofrecía una primera fotografía del partido a través de los nombres propios que pisaron el césped desde el inicio, una declaración de intenciones silenciosa que anticipaba lo que estaba en juego. El Madrid CFF apostó de salida por Paola Ulloa, escoltada por Sandra Villafañe, Núria Mendoza, Mónica y Allegra Poljak, con Alba Ruiz, Marina Rivas, Hildur Antonsdóttir y Ángela Sosa sosteniendo el pulso del encuentro y Kamilla Melgård y Emilie Nautnes como referencias ofensivas en un once que respiraba continuidad, confianza en el bloque y la voluntad clara de reencontrarse con su mejor versión.

    Frente a ellas, el Deportivo Abanca respondió con Inês Pereira bajo palos y una alineación formada por Samara Ortiz, Raquel García, Merle Barth y Vera Martínez, acompañadas por Lucía Martínez y Paula Gutiérrez, con Ainhoa Marín, Olaya y Lucía Rivas en la zona creativa y Esperanza Pizarro como punta de lanza. Un once marcado por las ausencias, pero también por la fe en una idea de juego reconocible, valiente y sostenida en la confianza que Fran Alonso había reivindicado en la previa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El conjunto gallego se impuso por 1-6 al Madrid CFF en el estadio Fernando Torres con los tantos de Esperanza Pizarro, desde el punto de penalti, Merle Barth, Raquel García, Vera Martínez, que fue la MVP del encuentro, y Paula Monteagudo. Por su parte, Emilie Nautnes anotó el único gol del equipo madrileño.

    El sol se filtraba a través de las nubes bajas sobre el Fernando Torres, tiñendo el césped de un verde intenso que parecía vibrar bajo los pies de las jugadoras. Cada grada se llenaba lentamente de un murmullo expectante, mezcla de emoción, ansiedad y orgullo, mientras el Madrid CFF y el Deportivo Abanca se preparaban para un duelo que prometía ser una montaña rusa de emociones. Desde el primer instante, el ambiente olía a fútbol de alto voltaje; el silbato de la colegiada resonó y el balón rodó, marcando el inicio de una contienda donde cada segundo contaría, donde cada toque podría definir el destino del encuentro.

    El Madrid CFF, consciente de la importancia de hacerse fuerte en casa, arrancó con intensidad, buscando imponerse con presión alta y transiciones rápidas. El primer aviso lo dio Allegra Poljak, adelantándose a su marca en el corazón del área rival para conectar un cabezazo preciso que hizo volar a Inês Pereira, la guardameta visitante, quien se estiró con reflejos felinos y atrapó el balón sin apenas esfuerzo, mostrando desde el primer minuto por qué era uno de los pilares del Deportivo Abanca. La grada respiró aliviada, pero quedó claro que aquello no sería un partido cómodo: la tensión estaba servida.

    El peligro no se detuvo ahí. Apenas unos minutos después, Emilie Nautnes, con la mirada fija en el arco y la determinación grabada en el gesto, lanzó un testarazo potente, directo al marco defendido por Paola Ulloa. El balón golpeó con fuerza el travesaño y rebotó con un sonido seco, como un trueno que hizo temblar la hierba. La afición del Madrid CFF contuvo la respiración y los ojos se agrandaron al ver cómo el cuero se alejaba milagrosamente de la línea de gol, negando a las locales el primer grito de victoria. El Deportivo Abanca demostraba desde el primer compás del partido que su capacidad ofensiva sería letal, con conexiones rápidas y precisas entre Melgard y Nautnes, que mostraban una complicidad casi telepática.

    En la portería contraria, Paola Ulloa también brillaba, anticipándose con reflejos extraordinarios a los disparos de Ainhoa Marín, quien buscaba con insistencia el primer tanto de las locales. Cada intervención de Ulloa no solo salvaba la meta, sino que insuflaba confianza a sus compañeras, generando la sensación de que, aunque el Madrid CFF apretara, la muralla gallega sería impenetrable. La intensidad del choque subía con cada pase, con cada desplazamiento del balón, mientras las jugadoras luchaban por cada centímetro de césped como si fuera una frontera sagrada.

    Al minuto seis, se produjo un momento que habría marcado la narrativa del encuentro de manera distinta si la suerte hubiera acompañado a las locales. Ángela Sosa, siempre incisiva y con visión privilegiada, levantó la cabeza y envió un pase quirúrgico que atravesó líneas, rompiendo la defensa gallega con la precisión de un bisturí. Allegra Poljak se anticipó a la defensa y conectó el balón con un toque sutil que parecía destinado a cruzar la línea de gol. La grada explotó, los brazos se levantaron, los gritos de gol se formaron en cada garganta… pero la colegiada levantó el banderín. Fuera de juego. Un golpe invisible, silencioso, pero demoledor. El gol se esfumó en un instante, dejando una sensación de “casi” que electrificó la tensión en ambos equipos.

    Sin embargo, el Deportivo Abanca no tardó en demostrar su capacidad de reacción. Apenas unos minutos después, el Madrid CFF sufrió el primer mazazo del partido. Una acción dentro del área, fruto de la presión visitante y de la incisiva conducción de Esperanza Pizarro, terminó con Mônica Hickmann cometiendo una falta clara. La colegiada no dudó y señaló el penalti. El estadio contuvo la respiración: desde los once metros, la responsabilidad recaía en Esperanza Pizarro, la uruguaya que ya había demostrado en anteriores encuentros que su frialdad frente a la portería rival era temible. Ajustó el balón, miró fijamente a Ulloa y, con un disparo potente y colocado, envió el balón al fondo de la red para abrir la lata con el 01 que hacía saltar la sorpresa al sur de la capital española en el minuto 14 de juego.

    Un golpe que dejó al Madrid CFF tambaleándose y que encendió la chispa de euforia entre las visitantes.

    Y como si el primer tanto hubiera sido solo un aviso, Ainhoa Marín estuvo a punto de transformar la ventaja en un golpe casi definitivo. En una acción que combinaba velocidad, visión y precisión, se plantó completamente sola frente a la portería y disparó desde el segundo palo… pero el balón se perdió por encima del travesaño, casi como un recordatorio cruel de la delgada línea entre el acierto y el error.

    El partido continuaba abierto, pero cada intervención, cada pase, cada remate mostraba la profundidad táctica y la calidad técnica de ambos equipos. Inês Pereira volvió a convertirse en heroína con una intervención magistral ante un disparo de Melgard, enviando el balón fuera con una mano firme y decidida, manteniendo a su equipo con vida. Precisamente la conexión noruega del Deportivo Abanca comenzaba a dibujar el camino hacia la igualdad: Melgard, con la precisión de un metrónomo, conectó con Emilie Nautnes, quien no perdonó y con un toque sutil puso el balón lejos del alcance de la guardameta cedida por el Everton y devolvió el equilibrio al tanteador en el 35 de la primera mitad, tocaba volver a empezar con el 11 y la emoción era grande.

    Antes del descanso, la tensión alcanzó niveles máximos. Una falta lanzada por Olaya Rodríguez parecía destinada a terminar en gol, pero Paola Ulloa volvió a mostrar su instinto felino para despejar el balón. El rechace, como un regalo amargo de la fortuna, cayó a Merle Barth, quien, en una posición al límite del fuera de juego, ejecutó con precisión quirúrgica un disparo que terminó colando el 12, poniendo por primera vez al Madrid CFF en desventaja. La combinación de técnica, velocidad y olfato goleador de las visitantes estaba dejando sin respiro a las locales.

    descanso no fue un refugio para el Madrid CFF, sino un breve paréntesis cargado de preguntas sin respuesta. En los vestuarios, las miradas se cruzaban buscando soluciones urgentes, mientras el Deportivo Abanca respiraba con la serenidad de quien sabe que ha golpeado en el momento exacto y que aún quedaba terreno fértil para seguir haciendo daño. Cuando las jugadoras regresaron al césped del Fernando Torres, el murmullo de la grada se transformó en un clamor contenido, una mezcla de esperanza y temor ante lo que estaba por venir.

    Fran Alonso agitó el tablero desde el primer segundo de la segunda mitad. Nerea Sánchez y Freja Siri saltaron al campo con la misión clara de devolver la energía, de recuperar el pulso perdido, de convertir el empuje emocional en fútbol real.

    El Madrid CFF salió decidido, adelantó líneas, apretó la salida de balón y durante unos instantes pareció que el partido podía girar. Pero el fútbol, como tantas veces, no entiende de intenciones, sino de ejecución.

    Apenas había pasado un minuto desde la reanudación cuando el Deportivo Abanca volvió a golpear con una contundencia casi cruel. Una jugada aparentemente inofensiva terminó convirtiéndose en una escena que quedaría grabada en la memoria del encuentro. El balón quedó suelto dentro del área tras un rechace mal defendido, y allí apareció Raquel García, atenta, voraz, con ese instinto que distingue a las futbolistas que saben leer el caos. Sin pensarlo, armó el disparo y lo envió al fondo de la red y el 1-3 cayó como una losa en el 47.

    No hubo tiempo para reorganizarse, ni para recomponer el ánimo. El Deportivo Abanca había entendido que ese era el momento exacto para asestar el golpe definitivo.

    El Madrid CFF acusó el impacto. Las líneas se estiraron, los espacios comenzaron a aparecer como grietas en una muralla que ya no era sólida. El Deportivo Abanca, lejos de conformarse, se mostró aún más sólido, más compacto, más certero. Defendía con orden, cerraba líneas de pase, y cada recuperación se transformaba en una amenaza real. El balón ya no quemaba en los pies de las visitantes; fluía con naturalidad, con confianza, con esa seguridad que solo otorga el dominio absoluto del partido.

    Pasaban los minutos y el encuentro se iba inclinando de forma irreversible. Y entonces emergió la figura que terminaría de marcar la diferencia, la futbolista que transformó un partido controlado en una goleada histórica: Vera Martínez. Corría cerca de la media hora del segundo tiempo cuando la centrocampista leyó a la perfección una salida de balón del Madrid CFF. Anticipó el pase, robó la pelota en campo rival y, sin levantar la cabeza, se perfiló para disparar. El zurdazo fue seco, potente, directo, una ejecución perfecta que sorprendió a Paola Ulloa, superada por la violencia y la colocación del disparo. El balón besó la red y el marcador reflejó un demoledor 14 en contra del conjunto blanco y rosa en el 57 sobre un césped en pésimas condiciones, hecho un barrizal.

    El Fernando Torres quedó en silencio. No fue un silencio cualquiera, sino uno denso, pesado, casi irreal. El Deportivo Abanca celebraba en una piña compacta, consciente de que ese gol no solo ampliaba la ventaja, sino que rompía definitivamente el partido. Vera Martínez levantó los brazos, absorbió la ovación de las suyas y selló una actuación que la convertiría, sin discusión, en la MVP del encuentro.

    Pero la maquinaria blanquiazul no se detuvo ahí. El Madrid CFF, herido y desbordado, intentaba recomponerse, pero cada pérdida era un castigo, cada transición defensiva una carrera a contracorriente. Y en ese escenario apareció Paula Gutiérrez para sumarse a la fiesta. Recibió el balón sin oposición en la frontal del área, levantó ligeramente la cabeza y, con una determinación absoluta, se sacó un latigazo imparable. El disparo fue limpio, preciso, directo al fondo de la red del marco de Paola Ulloa en el 63 para desesperar a Sánchez Vera.

    Madrid CFF buscó al menos un resquicio al que aferrarse. En una acción aislada dentro del área, las locales reclamaron un posible penalti, levantando los brazos, buscando la complicidad de la colegiada. Pero el juego siguió. Y como tantas veces ocurre en el fútbol, la acción posterior terminó siendo un castigo aún mayor. Porque mientras unas pedían justicia, otras ejecutaban con frialdad quirúrgica.

    La jugada nació en las botas de Ainhoa Marín, incansable durante todo el encuentro, incluso cuando el resultado ya era abrumador. Avanzó por banda, levantó la cabeza y sirvió un pase medido, tenso, preciso, que atravesó el área como una daga. Paula Monteagudo apareció en el segundo palo, libre de marca, y solo tuvo que empujar el balón lejos del alcance de la capitana del Madrid CFF para instalar el definitivo 1-6 en el luminoso ya sobre el 87 de un encuentro que no se olvidará jamás en Galicia.

    Los últimos minutos se consumieron entre el control absoluto del Deportivo Abanca y la resignación del Madrid CFF. El balón ya no corría con urgencia, sino con calma. Cada pase visitante era una declaración de autoridad, cada recuperación un recordatorio del dominio ejercido durante noventa minutos. El pitido final llegó casi como un alivio para unas y como una confirmación gloriosa para otras.

    Con esta victoria, el Deportivo Abanca no solo se llevó tres puntos vitales, sino que firmó una actuación que trasciende el marcador. El equipo gallego se afianzó en la 12ª posición con 20 unidades en su haber , construyendo un colchón de once sobre el descenso que sabe a tranquilidad, a trabajo bien hecho, a identidad reafirmada. Fue una tarde en la que el fútbol se manifestó en su forma más cruda y hermosa, una tarde en la que el Deportivo Abanca transformó el Fernando Torres en el escenario de una gesta única.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Madrid CFF está atravesando una situación delicada en los últimos tiempos y la dura derrota le hace caer hasta la décima plaza en la Liga F Moeve con 26 puntos.

    Sánchez Vera tendrá que hacer autocrítica en una situación de obligado ejercicio de resiliencia, asentado en la zona media de la clasificación y consciente de que el margen construido semanas atrás le permite mirar con cierta tranquilidad hacia abajo, aunque no sin autocrítica tras un resultado tan contundente. El conjunto madrileño deberá pasar página con rapidez, porque el calendario no concede tregua: su próxima cita será de máxima exigencia emocional y competitiva, un derbi ante el Atlético de Madrid que se disputará en Alcalá de Henares, un escenario cargado de simbolismo donde las de Fran Alonso buscarán una reacción de orgullo, intensidad y carácter para reivindicarse frente a uno de los grandes del campeonato regular.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Madrid CFF: Paola Ulloa; Alba Ruiz, Villafañe, Mendoza, Mônica, Poljak; Antonsdóttir, Sosa; Melgård, Marina Rivas, Nautnes.

    Deportivo: Inês Pereira; Vera, Raquel, Barth, Samara; Lucía Martínez, Paula Gutiérrez, Olaya; Ainhoa Marín, Espe Pizarro, Lucía Rivas.

    Árbitra: Elena Peláez (Castilla y León). Amonestó con tarjeta amarilla a Villafañe (m.20)

    Incidencias: Partido correspondiente a la jornada 19 de Liga F disputado en el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    0-1 Esperanza Pizarro (P.) 13’ ⚽️
    1-1 Nautness 35’ ⚽️
    1-2 Merle Barth 45’ ⚽️
    1-3 Raquel García 47’ ⚽️
    1-4 Vera 57’ ⚽️
    1-5 Paula Gutiérrez 63’ ⚽️
    1-6 Paula Monteagudo 87’ ⚽️

    Vídeo |

  • Oficial | Antetokounmpo se une al Chelsea Women

    (Fuente: DAZN)

    ◼️ La estrella griega ha decidido invertir en el conjunto británico que brilla en la Women’s Super League.

    Ha llegado un terremoto mediático a Londres amén de la decisión de Giannis Ougko Antetokounmpo de convertirse en inversor del Chelsea Football Club Women.

    El “34” es ala-pivot de los Milwaukee Bucks y una de las grandes figuras actuales de la NBA, aunque su fama se va a extender más allá del Fiserv Forum al meterse de lleno en el fútbol femenino.

    El M.V.P de la NBA Cup en 2024 “ficha” por las blues al entrar en el grupo BlueCo, donde coincidirá con la participación del 10% de Ohanian, que ya supo un golpe de efecto positivo en lo económico allá por 2025 para el elenco que juega como local en Kingsmeadow.

    El tres veces campeón de la Women’s Super League confirmó la llegada del jugador heleno al club, pero todavía no se ha confirmado las cifras ni el porcentaje del mismo que ha adquirido el alero.

    Giannis hizo el anuncio oficial a través de sus redes sociales, donde explicó las razones detrás de su decisión. «Me enorgullece y me honra asociarme con mi amigo Alexis Ohanian y unirme al grupo de propietarios del Chelsea Women, un club histórico construido sobre la pasión, la excelencia y una cultura ganadora», escribió Antetokounmpo.

    El jugador más importante de los Bucks destacó su entusiasmo por el impacto y crecimiento continuo del deporte femenino. «La historia del Chelsea habla por sí sola, y me emociona contribuir al futuro apoyando este impacto y crecimiento. Se trata de ambición, legado y llevar el deporte a nuevas alturas», afirmó, sellando su mensaje con un entusiasta «¡Arriba el Chelsea”!

    llegada de Antetokounmpo no es casual. El Chelsea Women es, sin lugar a dudas, uno de los clubes más dominantes y exitosos del fútbol femenino mundial. Ha conseguido ocho títulos totales en la WSL, incluyendo seis campeonatos consecutivos, una marca que duplica a su perseguidor más cercano, el Arsenal.
    El equipo cuenta con figuras de talla mundial como Sam Kerr, Lucy Bronze, Mayra Ramírez y Catarina Macario, y es dirigido por la prestigiosa entrenadora Sonia Bompastor, quien recientemente renovó su contrato hasta 2030. Este palmarés y su ambición deportiva lo convierten en un atractivo para inversores de alto perfil.
    La incursión de Giannis en el Chelsea Women consolida una marcada tendencia en el deporte estadounidense.

    Cada vez son más las figuras de la NBA y la NFL que apuestan por el fútbol europeo, reconociendo su crecimiento global y el potencial de las ligas, especialmente en la rama femenina, lo cual es un paso adelante clave.

    llegada del inversor griego a Londres no puede entenderse como un hecho aislado ni como un simple movimiento empresarial circunscrito a la lógica interna de un club concreto, sino como la manifestación más reciente de una transformación estructural que atraviesa el deporte profesional contemporáneo y, de manera muy particular, el fútbol europeo. En las últimas dos décadas, y con especial intensidad en los años posteriores a la pandemia, el mapa de la propiedad deportiva ha experimentado una mutación profunda, marcada por la creciente participación de capital transatlántico, por la hibridación entre entretenimiento, tecnología y deporte, y por la consolidación del fútbol femenino como un activo estratégico con proyección global. En este contexto, la irrupción de perfiles empresariales procedentes de Estados Unidos, del entorno de la NBA o del ecosistema financiero internacional no responde únicamente a una lógica especulativa, sino a una visión a largo plazo que identifica en el fútbol —y específicamente en su vertiente femenina— un espacio de crecimiento sostenido, de innovación social y de construcción de marca a escala planetaria.

    El inversor heleno que desembarca en Londres se suma, así, a una corriente que ha ido sedimentándose con nombres propios de enorme peso mediático y económico. LeBron James, figura icónica del baloncesto mundial, no solo ha vinculado su imagen al Liverpool a través de su participación accionarial en Fenway Sports Group, sino que también ha ampliado su radio de influencia hacia el AC Milan, integrándose en una red de inversiones que conecta el deporte con la industria del entretenimiento, la producción audiovisual y la moda. Kevin Durant, por su parte, ha establecido puentes con el Paris Saint-Germain, aportando no solo capital, sino también un posicionamiento estratégico que vincula la marca del club francés con el mercado estadounidense y con audiencias jóvenes acostumbradas a consumir deporte en múltiples plataformas digitales. Steve Kerr, técnico campeón en la NBA, ha encontrado en el RCD Mallorca una oportunidad para formar parte del tejido empresarial europeo, contribuyendo a una narrativa en la que el fútbol se convierte en un espacio de convergencia para talentos y capitales procedentes de disciplinas diversas.

    Esta constelación de inversores ilustra una tendencia clara: el deporte europeo, y en particular el fútbol, ha dejado de ser un ámbito predominantemente local o nacional para convertirse en un ecosistema globalizado en el que confluyen intereses financieros, estrategias de expansión internacional y proyectos de impacto social. La llegada del empresario griego a Londres debe interpretarse, por tanto, dentro de esta lógica de integración transatlántica, en la que los clubes se conciben como plataformas de proyección internacional, como nodos de una red global de activos deportivos y como instrumentos capaces de generar retornos tanto económicos como reputacionales.

    En el caso específico del fútbol femenino, el fenómeno adquiere una dimensión adicional. Durante décadas, esta disciplina vivió en la periferia del sistema deportivo, con estructuras precarias, escasa visibilidad mediática y limitadas oportunidades de profesionalización. Sin embargo, el crecimiento exponencial de las audiencias, la mejora en los estándares competitivos y la consolidación de grandes torneos internacionales han transformado radicalmente el panorama. Las inversiones transatlánticas no solo aportan recursos financieros, sino también know-how en materia de gestión, marketing, explotación de derechos audiovisuales y desarrollo de academias. La profesionalización del fútbol femenino requiere infraestructuras adecuadas, planificación estratégica y una visión empresarial que combine sostenibilidad económica con responsabilidad social, y en ese terreno la experiencia acumulada por inversores procedentes de la NBA o de grandes conglomerados estadounidenses resulta particularmente valiosa.

    El capital transatlántico ha entendido que el fútbol femenino no es un producto secundario, sino un mercado en expansión con un enorme potencial de fidelización. Las nuevas generaciones de aficionados demandan valores asociados a la igualdad, la diversidad y la inclusión, y encuentran en el deporte femenino un espacio que encarna, en buena medida, esos principios. Invertir en clubes europeos femeninos o en estructuras mixtas que integren secciones masculinas y femeninas implica apostar por un relato de modernidad y compromiso social, elementos cada vez más determinantes en la construcción de marca. En este sentido, la llegada del inversor griego a Londres se inscribe en una estrategia que no solo busca fortalecer la competitividad deportiva, sino también consolidar una identidad institucional alineada con las expectativas de una audiencia global.

    La ciudad de Londres, por su parte, constituye un escenario particularmente atractivo para este tipo de movimientos. Centro financiero de referencia, capital cultural y deportiva, y plataforma de conexión entre Europa y el mundo anglosajón, Londres ofrece un entorno propicio para la articulación de proyectos ambiciosos. Los clubes londinenses, tanto en su vertiente masculina como femenina, operan en un mercado altamente competitivo, con infraestructuras de primer nivel y una base de aficionados diversa y cosmopolita. Integrarse en este ecosistema implica asumir estándares elevados de gestión y transparencia, pero también brinda la posibilidad de acceder a alianzas estratégicas, patrocinios internacionales y oportunidades de expansión comercial.

    El fenómeno de las inversiones deportivas transatlánticas no puede analizarse únicamente desde la perspectiva financiera. Existe también una dimensión cultural y simbólica que merece atención. Figuras como LeBron James o Kevin Durant no son simplemente inversores; son marcas globales, referentes mediáticos con capacidad para movilizar audiencias y generar narrativas. Su participación en clubes europeos contribuye a tender puentes entre comunidades deportivas que tradicionalmente operaban en circuitos separados. El aficionado de la NBA puede descubrir el fútbol europeo a través de la implicación de su ídolo, del mismo modo que el seguidor del Liverpool o del PSG puede aproximarse al baloncesto estadounidense a través de estas conexiones. Esta intersección de públicos amplía el mercado potencial y refuerza la dimensión global de los clubes implicados.

    La entrada del empresario griego en el panorama londinense debe entenderse, asimismo, como una apuesta por la diversificación y la resiliencia. En un entorno económico volátil, con cambios regulatorios, fluctuaciones en los derechos televisivos y creciente competencia por la atención del consumidor, los clubes necesitan estructuras sólidas y capacidad de adaptación. La inyección de capital extranjero puede facilitar la modernización de instalaciones, la digitalización de procesos, la implementación de programas de captación de talento y la expansión hacia mercados emergentes. Al mismo tiempo, exige un equilibrio delicado entre la preservación de la identidad histórica del club y la incorporación de nuevas dinámicas empresariales.

    En el ámbito del fútbol femenino, la sostenibilidad constituye un eje central. No se trata únicamente de aumentar presupuestos o fichar jugadoras de renombre, sino de construir proyectos integrales que abarquen formación, cantera, programas comunitarios y estrategias de comunicación coherentes. Las inversiones transatlánticas pueden desempeñar un papel crucial en la consolidación de ligas competitivas, en la mejora de las condiciones laborales de las futbolistas y en la profesionalización de los cuerpos técnicos y administrativos. La visibilidad mediática, amplificada por la presencia de inversores de alto perfil, contribuye además a atraer patrocinadores y a generar un círculo virtuoso de crecimiento.

    La globalización del deporte ha modificado también la forma en que se conciben los clubes. Ya no son meras entidades deportivas circunscritas a un territorio, sino plataformas de entretenimiento con múltiples líneas de negocio: derechos audiovisuales, merchandising, experiencias digitales, academias internacionales y colaboraciones con marcas de moda o tecnología. En este contexto, la participación de inversores procedentes del ecosistema estadounidense aporta una mentalidad orientada a la maximización del valor de la franquicia, a la explotación de sinergias y a la creación de contenidos multiplataforma. El fútbol femenino, con su narrativa de superación y su creciente atractivo comercial, encaja perfectamente en esta lógica.

    La presencia de figuras como Steve Kerr en el accionariado de un club europeo como el RCD Mallorca evidencia que el interés no se limita a las grandes capitales o a las entidades históricas con mayor palmarés. Existe un reconocimiento de que incluso clubes de dimensión media pueden convertirse en proyectos rentables y socialmente relevantes si se gestionan con visión estratégica. Esta perspectiva resulta especialmente pertinente para el fútbol femenino, donde muchas estructuras aún se encuentran en fase de consolidación y pueden beneficiarse de modelos de gobernanza innovadores.

    El inversor griego que aterriza en Londres se integra, por tanto, en una red compleja de relaciones económicas, culturales y deportivas que redefinen el panorama europeo. Su llegada no solo implica una aportación de capital, sino también la incorporación de una mirada internacional que puede contribuir a acelerar procesos de modernización. La experiencia acumulada en otros mercados, la capacidad para establecer alianzas transfronterizas y la comprensión de las dinámicas globales del entretenimiento constituyen activos estratégicos en un entorno cada vez más competitivo.

    El fortalecimiento de las estructuras internas de los clubes es uno de los efectos más visibles de esta ola inversora. La profesionalización de los departamentos de marketing, la implementación de análisis de datos avanzados, la optimización de la gestión financiera y la mejora de las infraestructuras de entrenamiento son áreas en las que el capital transatlántico suele incidir con especial énfasis. En el caso del fútbol femenino, estas mejoras pueden traducirse en calendarios más equilibrados, mejores condiciones médicas y de preparación física, y una mayor estabilidad contractual para las jugadoras.

    La visibilidad internacional constituye otro vector clave. La implicación de inversores con fuerte presencia mediática facilita la apertura de nuevos mercados, especialmente en América del Norte y Asia. Los clubes europeos pueden aprovechar estas conexiones para organizar giras, establecer academias en el extranjero y firmar acuerdos de patrocinio con empresas globales. En el fútbol femenino, donde el crecimiento de las audiencias en Estados Unidos ha sido particularmente notable, estas sinergias resultan especialmente valiosas.

    No obstante, el fenómeno también plantea interrogantes. La creciente presencia de capital extranjero suscita debates sobre la identidad, la gobernanza y la distribución de beneficios. Es fundamental que los procesos de inversión se desarrollen con transparencia y que se garantice la participación de las comunidades locales en la definición del proyecto deportivo. El equilibrio entre rentabilidad y compromiso social constituye un desafío permanente, especialmente en el fútbol femenino, donde la dimensión comunitaria y el vínculo con el territorio desempeñan un papel central.

    La integración en comunidades globales no implica la dilución de las raíces locales, sino su proyección en un escenario más amplio. Los clubes que logran articular esta dualidad —arraigo y apertura— son los que mejor capitalizan las oportunidades de la globalización. La llegada del inversor griego a Londres puede interpretarse como un paso en esa dirección: una apuesta por combinar tradición y modernidad, identidad y expansión, competitividad y sostenibilidad.

    En última instancia, la ola de inversiones deportivas transatlánticas refleja la convergencia entre deporte, finanzas y cultura en la era global. El fútbol femenino, lejos de ser un actor secundario, se sitúa en el centro de esta transformación, como espacio de innovación, de construcción de relatos inclusivos y de generación de valor económico y social. La presencia de figuras de renombre internacional en el accionariado de clubes europeos no solo aporta recursos, sino que redefine la percepción del deporte femenino ante audiencias masivas.

    La llegada del empresario griego a Londres se inscribe así en una dinámica de largo recorrido, en la que el deporte europeo se convierte en un laboratorio de nuevas formas de inversión y gestión. La interconexión entre continentes, la circulación de capital y talento, y la apuesta por modelos sostenibles configuran un escenario en el que el fútbol femenino emerge como uno de los principales beneficiarios. Si estas inversiones se orientan con visión estratégica y compromiso social, pueden contribuir decisivamente a consolidar estructuras sólidas, a ampliar la visibilidad internacional y a integrar el deporte en comunidades globales cada vez más interdependientes, asegurando que el crecimiento no sea efímero, sino el fundamento de una nueva etapa de madurez y proyección mundial.

  • La crónica | Goleada del Liverpool

    (Fuente: Liverpool Women)

    🔷 El conjunto red dominó al Aston Villa (4-1) ante su público en un partido marcado por los dos goles tempraneros de las locales, que encarrilaron el encuentro en los primeros quince minutos y no dejaron escapar una victoria clave en la lucha por la permanencia.

    ✍🏻 Manu López Fernández & Paula Valiente

    Los XI |

    Liverpool FC Women

    Falk (28); Shimizu (5), Fisk (C) (4), Clark (17); Bernabé (29), Nagano (8), O’Sullivan (6), Kapocs (7); Enderby (13), Thomas (31), Holland (18).

    Suplentes: Kirby, Parry, Evans, Olsson, Woodham, Maclean, Bonner, Bergström, Csillag.

    Aston Villa Women

    D’Angelo (1); Parker (15), Patten (C) (4), Deslandes (24), Salmon (17); Taylor (25), Jean-François (6), Maltby (38); Hijikata (13), Mullett (18), Hanson (20).

    Suplentes: Roebuck, Wilms, Maritz, Nighswonger, Staniforth, Lea, Round, Grant.

    El partido comenzó mucho antes de que el balón rodara, mucho antes incluso de que las futbolistas pisaran el césped con la indumentaria de combate. Comenzó en el gesto serio de las capitanas durante el saludo protocolario, en la forma en que el estadio fue llenándose poco a poco de una expectativa densa, casi tangible, y en la certeza compartida de que aquel Liverpool–Aston Villa no era un encuentro más del calendario de la Barclays Women’s Super League, sino una fotografía precisa del momento que atravesaban ambos proyectos. No había grandilocuencia innecesaria, no había promesas de espectáculo desmedido, pero sí una tensión competitiva auténtica, de las que nacen los partidos que se recuerdan más por lo que exigen que por lo que conceden.

    El Liverpool apareció con una alineación que hablaba de solidez, de jerarquía silenciosa y de una idea clara de partido. Rachael Laws… no, Teagan Micah… no: Falk, con el dorsal 28, asumía la responsabilidad bajo palos, respaldada por una línea defensiva construida desde el equilibrio entre experiencia y fiabilidad. Shimizu ofrecía rigor táctico y salida limpia desde el costado, Fisk ejercía de capitana desde el eje, ordenando, corrigiendo, marcando tiempos, mientras Clark completaba un bloque pensado para resistir y competir en cada duelo individual. No era una defensa diseñada para lucirse, sino para sostener.

    En el centro del campo, el Liverpool desplegaba una sala de máquinas que invitaba al control paciente. Nagano, con su lectura privilegiada del juego, se erigía como el metrónomo silencioso, acompañada por O’Sullivan, siempre dispuesta a ensuciar el partido cuando fuera necesario, a cortar líneas, a incomodar. Bernabé aportaba recorrido y criterio, Kapocs ofrecía energía y verticalidad, y entre todas tejían una red pensada para evitar que el Aston Villa encontrara comodidad interior. Arriba, Enderby, Thomas y Holland componían un tridente más funcional que espectacular, diseñado para atacar espacios, fijar defensas y castigar cualquier error de concentración.

    El Aston Villa, por su parte, se presentó con una alineación que mezclaba juventud, potencia y liderazgo. D’Angelo, bajo palos, transmitía seguridad desde el calentamiento, consciente de que su partido iba a exigir atención constante. Parker y Deslandes custodiaban los costados con una mezcla de agresividad y lectura defensiva, mientras Patten, con el brazalete de capitana, asumía el rol de faro emocional y táctico del equipo. A su alrededor, cada movimiento parecía tener un propósito claro: no regalar metros, no conceder ventajas.

    En el centro del campo, Jean-François aparecía como la futbolista llamada a equilibrarlo todo, a sostener cuando el partido se desordenara, a ofrecer salida limpia cuando el Liverpool apretara. Taylor y Maltby aportaban músculo y llegada, dispuestas a convertir cada segunda jugada en una oportunidad para avanzar. En ataque, Hijikata, Mullett y Hanson ofrecían movilidad, desmarque constante y una amenaza permanente al espacio, obligando a la defensa local a mantenerse alerta desde el primer minuto.

    Cuando el balón echó a rodar, el partido confirmó rápidamente que no iba a conceder treguas. Cada pase llevaba intención, cada presión estaba medida, cada disputa se libraba como si fuera definitiva. El Liverpool buscó desde el inicio imponer un ritmo controlado, sin prisas, consciente de que el Villa se siente cómodo en escenarios abiertos. El Aston Villa, en cambio, apostó por una presión intermedia, esperando el error, midiendo el momento exacto para saltar y convertir la recuperación en transición rápida.

    Los primeros minutos fueron de estudio mutuo, pero no de pasividad. Había choques, había carreras, había contactos que marcaban territorio. Fisk ordenaba desde atrás, Patten respondía desde el otro lado. Nagano pedía el balón incluso bajo presión, Jean-François achicaba espacios con inteligencia. El partido se construía desde los detalles mínimos, desde esos gestos que no aparecen en las estadísticas pero que definen el pulso real del juego.

    La grada acompañaba con un murmullo constante, consciente de que aquello no iba de fuegos artificiales, sino de resistencia, de inteligencia competitiva, de saber cuándo golpear y cuándo aguantar. Cada equipo parecía saber exactamente quién era y a qué venía. No había impostura, no había concesiones. Solo fútbol honesto, exigente, de ese que obliga a las futbolistas a estar presentes mentalmente durante los noventa minutos.

    Y así, sin necesidad de un gol temprano ni de una ocasión flagrante, el partido empezó a adquirir densidad, a cargar de significado cada acción, cada disputa aérea, cada balón dividido. Era el tipo de encuentro que se cuece a fuego lento, que exige paciencia al espectador y precisión absoluta a quienes lo protagonizan. Un partido que no se iba a decidir por acumulación, sino por un instante. Por un error. Por una lectura acertada. Por una jugadora capaz de interpretar antes que nadie lo que el partido pedía.

    El Liverpool salió decidido a mandar desde el primer minuto y su dominio inicial no tardó en reflejarse en el marcador. Antes de que se cumpliera el minuto 10, las locales ya se adelantaron gracias a una gran acción por banda de Woodham, que ganó línea de fondo y puso un pase de la muerte perfecto para Enderby, quien solo tuvo que empujar el balón a la red para abrir el marcador con el 1-0.

    Cinco minutos más tarde llegó el segundo tanto en una jugada tan caótica como espectacular. Bernabé conectó con Woodham, que volvió a centrar al área buscando a Thomas. La delantera no pudo rematar de primeras, pero desde el suelo y tras un rebote acabó conectando una volea sentada de bellísima factura que amplió la ventaja del Liverpool hasta el 2-0 y dejó sin respuesta al Aston Villa en el primer cuarto de hora de juego.

    Durante la primera media hora, las de Birmingham apenas pudieron oler el balón. El Liverpool mantuvo a las centrales rivales hundidas en su propio campo, moviendo la pelota con rapidez y generando peligro constante sobre la portería defendida por D’Angelo. Sin embargo, el Aston Villa logró estirarse tímidamente tras una llegada de Hanson, que no pudo controlar bien el balón cuando se plantaba en el área rival. Esa acción sirvió para que las visitantes adelantaran líneas y comenzaran a presionar más arriba, robando en zonas más peligrosas y reduciendo metros hasta la portería local.
    El Villa empezaba a mostrar signos de frustración, y una muestra clara fue el agarrón de Parker sobre Holland cuando esta se marchaba sola, acción que le costó la primera tarjeta amarilla del partido. A pesar del dominio del Liverpool, el Aston Villa logró marcar cuando más duele: justo antes del descanso. Un auténtico zambombazo de Miri Taylor, colocado en la escuadra, recortó distancias en un momento en el que parecía que las locales volvían a tomar el control absoluto del encuentro, pero ese 2-1 de las visitantes le ponía picante al cara a cara en el 41 de juego.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con todo abierto de cara al segundo y definitivo acto en el St Helens Stadium.

    La segunda mitad arrancó con un gran susto. En la primera jugada, un choque muy duro entre la delantera del Liverpool y D’Angelo obligó a detener el encuentro durante casi dos minutos. La portera del Aston Villa no pudo continuar y fue sustituida por Roebuck.
    Tras ese parón, el partido entró en una fase espesa, sin apenas ocasiones claras hasta pasada la hora de juego. El Liverpool dispuso de una falta peligrosa que terminó en nada, y a partir de ahí el ritmo volvió a acelerarse ligeramente, aunque con mucho protagonismo del centro del campo y poca llegada real a las áreas. Eso sí, el guion había cambiado: el Aston Villa tenía ahora más posesión que en la primera parte.
    La ocasión más clara en ese tramo fue para las visitantes, con un buen disparo de Hanson que obligó a Falk a lucirse con una parada de mucho mérito. Ambos equipos presionaban alto, pero sin la intensidad suficiente para incomodar seriamente la salida de balón rival.
    Cuando el partido parecía encaminado a un final ajustado, el Liverpool volvió a golpear. En el minuto 81, Fisk cazó un rebote y conectó una volea que se coló ajustada al poste derecho, sentenciando prácticamente el encuentro amén al 3-1, pero habría más.

    Ya en el descuento, Csillag puso la guinda al marcador con el 4-1 definitivo, usando el cuerpo para proteger el balón y definiendo con mucha clase ante Roebuck.

    Con esta victoria, el Liverpool confirma su notable reacción desde diciembre, saliendo del descenso tras haber sumado solo cuatro puntos en las primeras 13 jornadas. Aun así, las reds se mantienen fuera de peligro por un solo punto. Por su parte, el Aston Villa se queda en la octava posición, en una cómoda zona media de la tabla, siete puntos por encima del descenso y a trece de los puestos europeos.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    📋 Ficha técnica |

    Liverpool: Falk, Shimizu, Fisk, Clark, Bernabé, Nagano, O’Sullivan, Kapocks, Enderby (Bergström, 66′), Thomas (Csillag, 66′), Holland
    Aston Villa: D’Angelo (Roebuck, 51′), Parker, Patten, Deslandes, Salmon (Maritza, 46′), Taylor, Jean-François (Staniforth, 79′), Maltby (Nighswonger, 66′), Hijakata, Mullet (Grant, 66′), Hanson

    Arbitraje:

    Árbitra principal: Megan Wilson
    Asistentes: Ella Broad, Georgia Ball
    Cuarta árbitra: Lucy May
    Tarjetas:

    Amarillas: Parker (39′), O’Sullivan (74′), Grant (90+6′)
    Rojas: Ninguna
    Información del partido: Lugar: St Helens Stadium
    Fecha y hora: 13:00 – 08/02/2026

    Goles |

    1-0 Enderby 9’ ⚽️
    2-0 Thomas 15’ ⚽️
    2-1 Taylor 41’ ⚽️
    3-1 Fisk 81’ ⚽️
    4-1 Csillag 96’ ⚽️

  • La previa | Levante U.D. vs Atlético de Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔷 Las de José Herrera viajan a Orriols en un duelo de urgencias donde ganar es imperativo.

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    La serie ROOSTER se articula como una comedia de largo aliento con una densidad emocional poco habitual dentro del género, ambientada en un campus universitario que funciona no solo como escenario sino como organismo vivo, un microcosmos donde se cruzan ambiciones intelectuales, heridas familiares no cerradas, batallas generacionales y una constante fricción entre el prestigio académico y la fragilidad humana. En el centro de todo se encuentra la relación profundamente complicada entre un autor consagrado, interpretado por Steve Carell, y su hija adulta, a la que da vida Charly Clive, una relación marcada por la admiración, el resentimiento, la culpa y una incapacidad crónica para comunicarse sin hacerse daño. La serie parte de una premisa aparentemente sencilla, casi clásica, pero la expande hasta convertirla en un estudio prolongado sobre el ego creativo, la herencia emocional y la dificultad de reinventarse cuando el mundo —y quienes te rodean— ya no te leen con la misma reverencia.

    El personaje de Carell es un escritor reconocido, probablemente asociado durante décadas a una obra que lo convirtió en una figura respetada dentro y fuera del ámbito universitario. Su presencia en el campus no es accidental ni decorativa: encarna un tipo de autoridad intelectual que está empezando a resquebrajarse. En un entorno donde las nuevas generaciones cuestionan los cánones, revisan los privilegios y demandan una conexión más honesta entre discurso y conducta, él representa una voz que fue central y ahora resulta incómoda, a veces incluso anacrónica. No es un villano ni un héroe caído, sino alguien que ha construido su identidad alrededor de su talento y su reputación, y que empieza a descubrir que ambas cosas ya no bastan para sostenerlo todo. Steve Carell, cuya carrera ha sabido moverse entre la comedia más física y el drama contenido, encuentra aquí un terreno especialmente fértil para trabajar la contradicción: un hombre capaz de una enorme lucidez intelectual y, al mismo tiempo, emocionalmente torpe, defensivo, a menudo infantil cuando se ve confrontado.

    La hija, interpretada por Charly Clive, no es un simple contrapunto generacional ni una figura reactiva. Su personaje está construido desde la ambivalencia. Ha crecido a la sombra de una figura pública que, dentro de casa, fue probablemente ausente, absorbida por su obra, por su carrera, por la necesidad constante de validación externa. Su llegada o permanencia en el campus no responde únicamente a una lógica académica o profesional, sino a una mezcla de circunstancias vitales que la obligan a convivir —literal o simbólicamente— con el padre del que intenta distanciarse. Ella carga con la herida de no haber sido vista cuando más lo necesitaba, pero también con el peso de haber heredado una sensibilidad creativa que no sabe muy bien cómo utilizar sin sentirse una impostora. La serie explota esa tensión sin caer en el melodrama: cada conversación entre ambos está llena de silencios, ironías mal entendidas, reproches que se disfrazan de chistes y afecto que solo emerge cuando ya es demasiado tarde.

    El campus universitario funciona como una extensión de este conflicto íntimo. Es un espacio donde la teoría se enfrenta constantemente a la práctica, donde se predican valores progresistas mientras se reproducen jerarquías antiguas, y donde la comedia nace de la distancia entre lo que los personajes creen representar y lo que realmente son. Aulas, despachos, residencias, cafeterías y auditorios se convierten en escenarios recurrentes de enfrentamientos sutiles, alianzas inesperadas y pequeños desastres cotidianos. La universidad no es idealizada ni demonizada; se presenta como una institución en transición, atrapada entre su historia y la presión por adaptarse a un presente cambiante, lo que la convierte en un marco perfecto para explorar los temas centrales de la serie.

    En este ecosistema coral adquieren especial relevancia los personajes interpretados por Danielle Deadwyler, Phil Dunster, John C. McGinley y Lauren Tsai, cada uno aportando una perspectiva distinta sobre el poder, la vulnerabilidad y el deseo de pertenecer. Danielle Deadwyler encarna a una figura con autoridad moral e intelectual, posiblemente una colega del protagonista o una responsable académica que entiende mejor que nadie las contradicciones del sistema. Su personaje no solo sirve de contrapeso ético, sino que introduce una mirada más contemporánea sobre lo que significa liderar en un entorno históricamente dominado por hombres como el autor de Carell. Su presencia obliga a los demás a replantearse discursos aprendidos y pone en evidencia las grietas entre la retórica y la acción.

    Phil Dunster aporta una energía distinta, más impulsiva, quizá encarnando a un profesor joven, ambicioso o a una figura que se mueve con soltura entre el cinismo y el entusiasmo. Su personaje representa una generación intermedia, lo suficientemente cercana a los estudiantes como para entender sus códigos, pero todavía atrapada en la necesidad de ascender dentro de una estructura que no siempre premia la autenticidad. En sus interacciones con el protagonista y con la hija se reflejan dinámicas de competencia, admiración y oportunismo que enriquecen el tejido narrativo y multiplican las posibilidades cómicas.

    John C. McGinley, con su presencia característica y su dominio del ritmo verbal, probablemente encarna una figura institucional clásica: alguien que lleva décadas en el campus, que ha visto pasar modas ideológicas y reformas administrativas, y que ha desarrollado una coraza de sarcasmo para sobrevivir. Su personaje actúa como memoria viva de la universidad, un testigo irónico que entiende perfectamente las debilidades del protagonista y, al mismo tiempo, comparte con él una nostalgia mal disimulada por un tiempo en el que todo parecía más simple, o al menos menos expuesto al escrutinio constante.

    Lauren Tsai introduce una sensibilidad más introspectiva y contemporánea, conectada con los estudiantes o con los márgenes del campus. Su personaje puede funcionar como espejo de la hija, alguien que observa el conflicto padre-hija desde fuera y que, sin proponérselo, revela verdades incómodas a través de su propia vulnerabilidad. En ella se condensan muchas de las preguntas que atraviesan la serie: cómo encontrar una voz propia en un mundo saturado de opiniones, cómo relacionarse con figuras de autoridad que no siempre saben escuchar y cómo construir identidad sin traicionar las propias contradicciones.

    ROOSTER no se limita a encadenar situaciones cómicas; su ambición reside en sostener una conversación prolongada sobre la creación artística y sus costes personales. El protagonista es un autor que ha convertido su experiencia vital en material narrativo, y la serie no elude la pregunta fundamental: ¿qué ocurre cuando las personas que te rodean se reconocen —o se sienten traicionadas— en tu obra? La hija no solo ha vivido con un padre ausente, sino con un padre que ha tenido la capacidad de reinterpretar la realidad y fijarla por escrito, imponiendo su versión de los hechos. Esa asimetría de poder narrativo es uno de los conflictos más profundos de la serie y se explora con una inteligencia que evita soluciones fáciles.

    El tono, marca de la casa de Bill Lawrence, se mueve entre la comedia verbal afilada y momentos de emoción sincera que nunca buscan el subrayado. Hay espacio para el absurdo, para los malentendidos y para la sátira institucional, pero también para silencios incómodos y escenas que dejan respirar el dolor de los personajes. La influencia de trabajos anteriores de Lawrence se percibe en la capacidad para humanizar a personajes defectuosos sin absolverlos, y en la convicción de que la comedia puede ser una herramienta poderosa para hablar de temas incómodos sin perder ligereza.

    Matt Tarses aporta a este universo una sensibilidad particular hacia los personajes jóvenes y hacia la incomodidad social, reforzando la idea de que ROOSTER es, en el fondo, una serie sobre personas que no terminan de encajar en los lugares que han elegido —o que otros han elegido por ellas—. La combinación de ambos creadores genera un equilibrio entre estructura y caos, entre planificación narrativa y la sensación de que las cosas podrían desmoronarse en cualquier momento, como ocurre en la vida real.

    Desde el punto de vista industrial, el respaldo de Warner Bros. Television y de Doozer garantiza un nivel de ambición y cuidado en la producción que se traduce en guiones densos, personajes bien definidos y un universo que puede expandirse a lo largo de varias temporadas sin agotarse. El hecho de que tanto Doozer como Tarses mantengan contratos generales con el estudio permite una coherencia creativa y una libertad para explorar arcos narrativos de largo recorrido, alejados de soluciones episódicas cerradas. ROOSTER se concibe claramente como una serie que confía en la inteligencia del espectador, que no teme la acumulación de capas y que entiende el campus universitario como un escenario ideal para hablar del mundo contemporáneo.

    A medida que avanza la narrativa, la relación entre padre e hija no se resuelve de manera lineal ni concluyente. Cada pequeño acercamiento viene seguido de una nueva distancia, cada gesto de comprensión abre una herida distinta. La serie se permite el lujo de no ofrecer catarsis inmediata, apostando por una evolución lenta, a veces frustrante, pero profundamente honesta. El humor surge precisamente de esa incapacidad para hacerlo bien, de la torpeza con la que los personajes intentan expresar afecto, pedir perdón o simplemente admitir que no tienen todas las respuestas.

    En última instancia, ROOSTER es una reflexión sobre el legado, no solo en términos artísticos o académicos, sino emocionales. Qué dejamos en los demás cuando perseguimos una vocación con intensidad, qué sacrificios consideramos aceptables y quién paga el precio de nuestras decisiones. La universidad, con su obsesión por la transmisión del conocimiento, se convierte en el lugar perfecto para plantear estas preguntas, y la relación entre el autor y su hija actúa como hilo conductor de una historia que habla de padres e hijos, de maestros y alumnos, de quienes enseñan y de quienes aprenden, a menudo sin darse cuenta de que los roles pueden invertirse.

    La serie no pretende ofrecer respuestas cerradas ni moralejas explícitas. Su fuerza reside en la observación minuciosa de comportamientos, en la acumulación de pequeños momentos que, juntos, construyen un retrato complejo y profundamente humano. ROOSTER se presenta así como una comedia sofisticada, emocionalmente ambiciosa y narrativamente rica, capaz de dialogar con el presente sin perder de vista las contradicciones que siempre han acompañado a las instituciones, a la creación artística y a las relaciones familiares más difíciles.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Vídeo |

    https://youtu.be/FqKImghDLKY?si=e25K1I-Fd-JZPWFH

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    El domingo 8 de febrero a las 12:00 horas no es simplemente una cita más en el calendario de la Liga F. El Levante UD–Atlético de Madrid que se disputará en la Ciudad Deportiva de Buñol y que podrá seguirse en directo a través de DAZN y Movistar+ se presenta como uno de esos partidos que, sin ocupar portadas internacionales ni decidir títulos de manera inmediata, concentran una enorme carga simbólica dentro del ecosistema del fútbol femenino español. Es un duelo que habla de urgencias, de reconstrucciones, de objetivos que se han ido reajustando con el paso de las jornadas y, sobre todo, de cómo dos proyectos históricos de la liga afrontan un tramo decisivo de la temporada desde posiciones muy distintas, pero con una presión comparable.

    A la misma hora del mediodía dominical saltará al campo un Levante UD que llega clasificado como colista, una etiqueta que, sin embargo, no explica del todo la realidad competitiva del equipo granota. Las levantinistas se mantienen en la última posición, sí, pero a tan solo un punto de la salvación, un margen mínimo que convierte cada partido en una final anticipada y que mantiene viva la sensación de que el trabajo realizado en las últimas semanas puede tener recompensa. La victoria lograda en la jornada anterior frente al Madrid CFF por 2-1 supuso un punto de inflexión emocional y deportivo. No solo por los tres puntos, sino por la confirmación de que el Levante sigue teniendo recursos competitivos, capacidad de respuesta y un vestuario que no se ha rendido pese a las dificultades acumuladas.

    Ese triunfo, no obstante, tuvo un sabor agridulce. La lesión de Érika González, una de las piezas ofensivas más importantes del equipo, volvió a poner sobre la mesa una realidad que ha perseguido al Levante durante toda la temporada: la fragilidad física de una plantilla que ha tenido que convivir con un número elevado de bajas. A la ausencia de Érika se suman las de Alma Velasco, Karen Castellanos y Núria Escoms, configurando un escenario complejo para el cuerpo técnico, que se ve obligado a reinventar soluciones ofensivas semana tras semana. No se trata únicamente de sustituir nombres, sino de reconfigurar automatismos, roles y jerarquías dentro del campo.

    En este contexto cobra especial relevancia la llegada de refuerzos que, más allá de su aportación futbolística, están teniendo un impacto anímico notable. Ariana Arias es un ejemplo claro de ello. Sus primeras palabras como jugadora levantinista, destacando lo arropada que se ha sentido desde el primer minuto, reflejan un vestuario que, pese a la posición en la tabla, mantiene una identidad colectiva fuerte. En un equipo que pelea por la permanencia, esa cohesión interna puede marcar la diferencia entre resistir o caer. El Levante ha pasado en los últimos años de ser un habitual de la zona alta a verse inmerso en una lucha por sobrevivir, y ese cambio de estatus no siempre es fácil de digerir ni para el club ni para su entorno.

    El partido ante el Atlético de Madrid se enmarca, además, en un calendario que no concede tregua. Cada jornada que pasa sin sumar de tres incrementa la presión, pero también redefine los márgenes de error. Para el Levante, enfrentarse a un rival de la entidad del conjunto rojiblanco supone una oportunidad doble: puntuar ante un equipo teóricamente superior y enviar un mensaje al resto de rivales directos por la salvación. No es la primera vez que el Levante se agarra a este tipo de partidos para cambiar dinámicas. Históricamente, el club ha demostrado una notable capacidad para competir en escenarios adversos, apoyándose en un modelo de juego solidario y en una lectura muy pragmática de los partidos.

    Enfrente estará un Atlético de Madrid que llega a Buñol en un momento peculiar de su temporada. Las rojiblancas se encuentran a diez puntos de los puestos de Champions, una distancia que, a estas alturas del curso, obliga a asumir que el gran objetivo liguero se ha desplazado. El Atlético ya no mira tanto hacia arriba como hacia dentro, hacia la necesidad de consolidar una identidad competitiva y de cerrar la temporada con sensaciones que permitan construir el futuro inmediato. En este sentido, la reciente victoria ante el Athletic Club por 4-1, que certificó la clasificación para las semifinales de la Copa de la Reina, ha supuesto un importante impulso emocional.

    La Copa se ha convertido, de manera casi natural, en el gran catalizador del proyecto rojiblanco esta temporada. En una Liga F muy exigente, con varios equipos marcando un ritmo alto y sostenido, el Atlético ha encontrado en el torneo del KO un espacio donde reencontrarse con su versión más reconocible: un equipo intenso, vertical, con talento diferencial en zonas ofensivas y capaz de competir en eliminatorias de alto voltaje. Ese contexto copero, sin embargo, plantea interrogantes de cara al compromiso liguero del domingo. La gestión de esfuerzos, las posibles rotaciones y el estado físico de la plantilla son factores clave en la planificación del encuentro.

    Todo apunta a que Maca Portales y Gio Queiroz serán baja para el Atlético, dos ausencias que condicionan especialmente el frente ofensivo. La profundidad de plantilla del conjunto madrileño permite paliar estas pérdidas, pero también obliga a ajustar piezas y roles en un sistema que ha ido variando a lo largo del curso. El Atlético llega a este partido con la obligación implícita de no descolgarse de la pelea por los puestos europeos, aunque el margen sea estrecho, y con la responsabilidad de confirmar que el buen rendimiento en Copa no es un espejismo aislado.

    El antecedente más reciente entre ambos equipos favorece claramente al Atlético de Madrid. En el partido de la primera vuelta, disputado en Alcalá de Henares, las rojiblancas se impusieron con un contundente 4-0. Aquel encuentro reflejó la distancia que existía entonces entre ambos proyectos, tanto en términos de eficacia como de confianza. Sin embargo, el fútbol rara vez se rige por la lógica estricta de los resultados anteriores. El contexto actual es muy distinto, especialmente para el Levante, que ha ido creciendo en competitividad y que ha aprendido a sobrevivir en partidos cerrados, donde cada detalle adquiere una importancia capital.

    Este Levante–Atlético de Madrid es también una radiografía del momento estructural de la Liga F. Por un lado, un club histórico que lucha por no perder la categoría, afectado por lesiones y por una transición deportiva complicada, pero que sigue apostando por la identidad y por el desarrollo de jugadoras que sienten el escudo. Por otro, un Atlético que atraviesa una fase de reajuste, intentando redefinir su lugar entre la élite nacional y europea en un contexto de creciente competencia y profesionalización. Ambos equipos representan, desde extremos distintos de la tabla, los desafíos que afronta el fútbol femenino español en su proceso de consolidación.

    El partido del domingo al mediodía adquiere así un valor que trasciende los tres puntos. Para el Levante, puede ser una confirmación de que la permanencia es un objetivo alcanzable, de que el trabajo silencioso de las últimas semanas empieza a dar frutos y de que el equipo es capaz de competir contra cualquiera cuando las circunstancias lo exigen. Para el Atlético, es una prueba de madurez, de capacidad para sostener el rendimiento en Liga pese al desgaste emocional y físico de la Copa, y de compromiso con una temporada que todavía tiene capítulos importantes por escribir.

    En este tipo de encuentros, los detalles suelen ser determinantes. La gestión de los primeros minutos, la capacidad para resistir los momentos de dominio rival, la eficacia en las áreas y la lectura emocional del partido marcarán el desenlace. El Levante sabe que no puede permitirse desconexiones, que cada error se paga caro en la zona baja de la tabla. El Atlético, por su parte, es consciente de que cualquier relajación puede convertirse en un problema serio en un campo donde la necesidad aprieta y donde el rival juega con la urgencia como aliada.

    El domingo 8 de febrero, a las 12:00 horas, el fútbol femenino español volverá a ofrecer uno de esos partidos que no siempre acaparan titulares, pero que explican mejor que muchos otros la complejidad y la riqueza de la competición. Un duelo de realidades cruzadas, de objetivos tensionados y de proyectos que, desde lugares distintos, buscan respuestas en el césped. Un partido que, gane quien gane, dejará huella en el camino de ambos equipos en esta Liga F cada vez más exigente y apasionante.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve |

    🙌🏻 Temporada 2025-2026

    ✨ Jornada diecinueve ✨

    🔥 Levante Unión Deportiva 🆚 Atlético de Madrid 🔥

    📅 Domingo, 8 de febrero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)

    🏟️ Ciudad Deportiva de Buñol, Orriols

    (Fuente: Liga F Moeve)

  • La crónica | El Granada se reencuentra con la victoria en Ipurúa

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ El Granada ganó por 0-2 al Eibar en el estadio de Ipurua con los tantos de Laura Pérez y Sonya Keefe, que fue la MVP del encuentro. Las de Irene Ferreras se mantienen invictas en este inicio de 2026 con cuatro victorias y un empate, mientras que el conjunto armero acumula cuatro derrotas consecutivas

    La previa |

    El duelo al detalle |

    (Fuente:: Liga F Moeve

    🔜 𝙉𝙀𝙓𝙏 𝙂𝘼𝙈𝙀

    #LigaFMoeve| #EibarGranada

    🏆 Liga F Moeve |

    🙌🏻 Temporada 2025-2026

    🔥 Sociedad Deportiva Eibar 🆚 Granada Club de Fútbol 🔥

    😍 Jornada diecinueve 😍

    📅 Sábado, 7 de febrero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 App de DAZN

    🏟️ Estadio Municipal de Ipurúa, Guipúzcoa

    Los onces |

    Astralaga; Garazi, Patri Ojeda, Altonaga, L. Camino; A. Belén, Sara M., Mireia;Adela, O. Clement, E. Moreno.

    Hirao;Blanca, Alba P., Jujuba, Manoly;

    A. Mingueza, Leles, L. Pérez; Lauri (C), A. Gómez, Keefe.

    La decimonovena jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino se abrió en Ipurúa con uno de esos partidos que definen mucho más que una simple fecha en el calendario. Bajo el cielo del Alto Deba, en un estadio con memoria, con historia reciente y con una identidad profundamente ligada al crecimiento del fútbol femenino en Euskadi, la Sociedad Deportiva Eibar y el Granada Club de Fútbol dieron el pistoletazo de salida a un fin de semana marcado por la tensión clasificatoria, la necesidad de puntos y la consolidación de proyectos que miran al presente con urgencia y al futuro con ambición.

    Ipurúa volvió a ser escenario de Liga F en una temporada en la que cada partido empieza a pesar el doble. A estas alturas del curso, las jornadas ya no se cuentan: se sobreviven. Cada once inicial es una declaración de intenciones, cada decisión desde el banquillo un movimiento estratégico, cada error un peaje que puede marcar meses de trabajo. Eibar y Granada llegaron a este duelo desde realidades distintas, pero con una misma convicción: competir desde la identidad, sostenerse desde lo colectivo y resistir en una liga que no concede treguas.

    El Eibar, fiel a su discurso, apostó por un once reconocible, equilibrado, construido desde la solidez defensiva y el trabajo coral. Astralaga sostuvo la portería como uno de los pilares del proyecto armero, escoltada por una línea que mezcla juventud, conocimiento del entorno y compromiso táctico. Garazi, Patri Ojeda y Altonaga aportaron estructura, lectura de partido y capacidad para sostener duelos largos, mientras que la presencia de jugadoras como Sara M., Mireia u O. Clement evidenció la apuesta por el control del ritmo y la continuidad en el juego interior. En ataque, la movilidad de E. Moreno y Adela ofreció soluciones diversas para un equipo acostumbrado a competir cada balón como si fuera el último.

    Enfrente, el Granada CF compareció en Ipurúa con un once cargado de carácter, liderazgo y experiencia en escenarios exigentes. Hirao, bajo palos, asumió la responsabilidad de ordenar desde atrás, mientras que el bloque defensivo se estructuró alrededor de perfiles físicos y contundentes como Blanca y Alba P. En el centro del campo, Lauri, capitana y brújula del equipo, volvió a ser el eje emocional y futbolístico de un Granada que entiende el partido desde la intensidad, el sacrificio y la verticalidad. Con Keefe como referencia ofensiva y el apoyo constante de A. Gómez y Leles, el conjunto andaluz buscó hacer daño en transiciones rápidas y situaciones de segunda jugada.

    Este Eibar–Granada no fue un simple partido inaugural de jornada. Fue un cruce de caminos entre dos modelos que representan bien la diversidad de la Liga F: el crecimiento paciente desde la estructura frente a la ambición competitiva forjada en el esfuerzo y la resistencia. Ipurúa, con su cercanía, su acústica y su simbolismo, volvió a recordar que el fútbol femenino se construye también en estos escenarios, en viernes de liga, con alineaciones que hablan y con jugadoras que sostienen la categoría desde el compromiso diario.

    La jornada 19 comenzó así, sin artificios, con fútbol real, con nombres propios y con la certeza de que cada punto empieza a tener aroma de permanencia, de tranquilidad o de oportunidad perdida. Porque en febrero, en la Liga Profesional de Fútbol Femenino, ya no se juega solo para crecer: se juega para permanecer, para consolidarse y para escribir, partido a partido, una temporada que empieza a definirse en estadios como Ipurúa.

    El conjunto nazarí suma y sigue para alejarse definitivamente de los puestos de descenso, y seguir invicto en este inicio de 2026 con cuatro victorias y un empate. La primera ocasión del partido fue para Patri Ojeda, que se animó con un disparo desde fuera del área que se marchó por encima del larguero. La réplica estuvo en las botas de Laura Pérez, pero su chut no encontró la meta rival.

    Las de Irene Ferreras llevaban la iniciativa, y, de nuevo, Alba Pérez lo intentó con un cabezazo que no puso en peligro a Eunate Astralaga. La igualdad era máxima, y Opa Clement buscó el gol con un remate desde dentro del área, pero fue Laura Pérez la que aprovechó un pase atrás de Alimata Belem y un error en el control de la guardameta local, para mandar la pelota al fondo de la red y poner el 01 que abría la lata en el minuto 38 de una primera mitad que no fue muy brillante y dejó más espacio a lo táctico que a la belleza técnica y las ocasiones peligrosas.

    El Eibar empezó a activarse después. Adela Rico lanzó una falta que le llegó a los pies de Sara Martín, buscó un latigazo que Hirao logró echar a córner.
    Cuando el conjunto local estaba empezando a mejorar, llegaron los dos goles del Granada. El primero fue provocado por un error de Astralaga que intentó un regate que Laura Peréz recogió, consiguiendo ir a la portería con tranquilidad y marcar el primero del encuentro. El segundo del conjunto nazarí llegó de la mano de Keefe tras otro fallo de Astralaga y Laura Camino en el interior del área que desembocó en el 02 ya en el minuto 44 que llevó la firma de la delantera chilena y noqueó a las armeras.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una mínima diferencia a favor de las visitantes que venían de empatar (1-1) en Alcalá de Henares con el Atlético de Madrid y ahora buscaba volver a vencer a domicilio, quedando aún cuarenta y cinco minutos por delante en el País Vasco.

    De manera silenciosa flotando sobre el césped, una de esas realidades que no necesitan ser anunciadas porque se sienten en cada pase, en cada carrera y en cada mirada entre compañeras: ambos equipos estaban jugando partidos distintos dentro del mismo partido. El Eibar regresó del vestuario con la urgencia tatuada en el rostro, consciente de que el tiempo ya no era un aliado sino un enemigo al que había que desafiar con valentía. El Granada, en cambio, saltó al campo con la serenidad que concede una ventaja en el marcador, con la convicción de que cada minuto que pasara sin sobresaltos era un paso más hacia una victoria trabajada, quizás no brillante, pero sí tremendamente valiosa.

    Mientras el balón volvía a rodar, el contraste de intenciones se hizo evidente. El Eibar no buscaba simplemente marcar; buscaba redimirse, revertir una situación que había ido torciéndose con el paso de los minutos, encontrar un punto de inflexión que justificara el esfuerzo colectivo y que mantuviera viva la fe de su gente. Cada ataque era una declaración de intenciones, cada balón enviado al área un recordatorio de que aún había algo por lo que luchar. En el otro lado, las visitantes entendían el partido desde la contención, desde la inteligencia táctica y la gestión emocional del resultado. No había prisa en sus acciones, sino cálculo; no había ansiedad, sino disciplina.

    El encuentro avanzaba como una partida de ajedrez jugada a un ritmo vertiginoso, y en ese contexto llegaron nuevos movimientos desde los banquillos. En el conjunto armero, el cuerpo técnico volvió a agitar el tablero con una sustitución cargada de simbolismo. Sara Martín abandonó el terreno de juego para dar entrada a Uranga, una futbolista que regresaba a la competición tras un largo periodo de ausencia, desde aquel lejano 16 de noviembre que parecía pertenecer a otra temporada, casi a otra vida deportiva. Su entrada no fue solo un cambio táctico; fue un gesto de confianza, una apuesta por la frescura, pero también por la resiliencia de quien vuelve después de esperar durante meses su momento.

    Cada vez que una jugadora regresa tras una ausencia prolongada, el fútbol adquiere una dimensión humana que trasciende el marcador. Uranga pisó el césped con una mezcla de cautela y determinación, consciente de que no había tiempo para aclimatarse lentamente, de que el partido exigía impacto inmediato. El Eibar necesitaba piernas, ideas y, sobre todo, fe, y su entrada representó exactamente eso: la voluntad de no rendirse, de seguir buscando respuestas incluso cuando el reloj comenzaba a pesar como una losa.

    El Granada respondió también con movimientos, aunque los suyos llegaron más tarde y con una intención muy concreta. Cuando el tiempo reglamentario ya se deslizaba hacia su final y apenas restaban dos minutos para el noventa, Lauri dejó su lugar a Barquero. Fue un cambio quirúrgico, pensado para blindar el resultado, para refrescar líneas y asegurar que los últimos instantes se jugaran lejos de zonas de riesgo. No había épica en esa sustitución, pero sí una enorme dosis de pragmatismo, de conocimiento profundo de lo que exigía el momento.

    En medio de ese escenario tenso, Iara se convirtió en una de las figuras más activas del Eibar desde su entrada al campo. Su participación fue constante, incisiva, siempre orientada a generar algo distinto, a romper la inercia de un partido que amenazaba con apagarse lentamente. Cada vez que el balón pasaba por sus botas, el equipo ganaba metros y esperanza. Supo encontrar espacios, filtrar pases, encarar cuando era necesario y ofrecer soluciones cuando el juego parecía encallarse. No siempre se tradujo en ocasiones claras, pero sí en una sensación persistente de peligro, en la impresión de que el empate podía llegar en cualquier momento si el fútbol decidía ser justo.

    El tiempo, sin embargo, es implacable, y el Eibar lo sabía. Por eso, en el minuto 90, cuando el partido entraba ya en su fase definitiva, llegó un último intento desesperado por alterar el destino. Garazi abandonó el terreno de juego para dejar su lugar a Elena Valej, en una sustitución pensada para aportar más dinamismo en el centro del campo, más llegada desde segunda línea, más energía para ese último arreón final que a veces separa la derrota de la épica. Fue un movimiento valiente, casi una apuesta a todo o nada, consciente de que no había margen para la especulación.

    Los minutos finales se jugaron con el corazón más que con la cabeza. Cada balón dividido se disputó como si fuera el último, cada despeje del Granada fue celebrado como un pequeño triunfo defensivo, cada centro del Eibar como una oportunidad que se resistía a desaparecer. El árbitro señaló cuatro minutos de descuento, un añadido que para unos parecía eterno y para otros, cruelmente breve. A pesar del empuje local, las ocasiones claras fueron escasas, quizá reflejo del desgaste acumulado, quizá consecuencia del orden defensivo de un Granada que supo cerrar filas cuando más lo necesitaba.

    Y así, casi sin estridencias pero con una tensión latente hasta el último segundo, el partido llegó a su final. El pitido definitivo no solo certificó una victoria para el Granada; selló una historia de resistencia, de saber sufrir y de gestionar los momentos clave del encuentro.

    Las andaluzas, vestidas en este momento encuentro de un precioso rosa chicle, suman ya 26 unidades en su casillero particular que le ubican décimo en la tabla clasificatoria y tienen la permanencia cada vez más cerca, siguente estación, recibir al Levante Unión Deportiva.

    Por su parte, la Sociedad Deportiva Eibar no es capaz de mostrar estabilidad en el torneo de la regularidad y vuelve a morder el polvo y solo posee 17 puntos, unos guarismos que le mantienen todavía fuera de la zona roja y tendrá que esperar siete días para intentar rehacerse en su visita al Johan Cruyff para hacerle frente al todopoderoso Fútbol Club Barcelona, una misión difícil, sí, pero no imposible para las armeras.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    S.D. Eibar: Astralaga; Laura Camino, Patri Ojeda, Belem, Masegur, Garazi (Elena Valej, min. 90); Adela Rico, Altonaga, Sara Martín (Uranga, min. 82); Opah Clement (Carmen Álvarez, min. 46), Emma Moreno (Iara Lacosta, min. 61).

    Granada Club de Fútbol: Hirao; Blanca Muñoz, Juliana Cardozo, Alba Pérez; Laura Pérez (Clara Rodríguez, min. 90+2), Leles, Ariadna MIngueza (Miku, min. 66), Mandy Baquerizo; Lauri (Barquero, min. 88); Keefe, Andrea Gómez.

    Amarillas: Ariadna Mingueza (min. 32), Lauri (min. 43), Alba Pérez (min. 52), Sara Martín (min. 65), Blanca Muñoz (min. 74), Mireia Masegur (min. 79)

    Árbitra: Elisabeth Calvo
    Escenario: Estadio Municipal de Ipurúa.

    Goles:

    0-1 Laura Pérez 38’ ⚽️
    0-2 Sonya Keefe 44’ ⚽️

    Vídeo |

  • La previa | S.D. Eibar vs Granada

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Ipurua arde en emociones: Eibar y Granada se enfrentan en un choque de orgullo, historia y resistencia.

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    PREDATOR: BADLANDS | ESTRENO EL 12 DE FEBRERO EN DISNEY PLUS

    Predator: Badlands profundiza en la mitología Yautja introduciendo a los nuevos personajes Dek (Dimitrius Schuster-Koloamatangi) y Thia (Elle Fanning), siguiendo su viaje heroico como desvalidos marcado por una alianza inesperada. Combinando supervivencia y autodescubrimiento con combates intensos, efectos visuales impactantes y humor, la película ofrece una aventura de acción de alto voltaje tanto a nivel visceral como emocional.

    Predator: Badlands es la película más taquillera en los 38 años de historia de la franquicia a nivel mundial. ha recaudado 184,5 millones de dólares en todo el mundo, superando al anterior récord de Alien vs. Predator (2004), que alcanzó los 177,4 millones. Dirigida por Dan Trachtenberg, la audaz visión de la película ha sido aclamada por el público y la crítica, con una puntuación del 95% en el Hot Popcornmeter verificado de Rotten Tomatoes® y un 86% de críticas Certified Fresh en el Tomatometer.

    Todas las películas de la saga Predator ya están disponibles en Disney+. 

    Además, los fans pueden profundizar en la franquicia con 15 vídeo añadidos a la Predator Creators Collection de pocket.watch en Disney+. Este contenido creado por los propios creadores complementa la franquicia completa, que ya está disponible en Disney+, incluidas las aclamadas películas de Dan TrachtenbergPredator: La presa y Predator: Asesino de asesinos.

    Sobre Predator: Badlands

    Ambientada en el futuro en un planeta remoto y letal, Predator: Badlands sigue a un joven depredador marginado que encuentra una aliada inesperada en Thia, mientras se embarca en un peligroso viaje en busca de su adversario definitivo

    Vídeo |

    https://youtu.be/YyxywAyJcX4?si=vJkrRBCQbE5bHAgv

    Ipurua no es un estadio cualquiera. Cada grada, cada rincón, cada eco de las gradas resuena con historias de esfuerzo, pasión y lucha constante. Para la SD Eibar, jugar en casa no es solo una cuestión táctica: es un recordatorio de sus raíces, de la lucha de un club que siempre ha peleado contra la adversidad y que nunca ha dejado de mirar a los ojos a rivales que, en teoría, le superan en presupuesto y trayectoria. El verde del césped y los gritos del público generan un clima eléctrico donde cada balón, cada pase, cada choque se siente como una batalla por la supervivencia, por el orgullo de un escudo que ha aprendido a resistir.

    Este sábado, ese escenario será el epicentro de emociones encontradas. La SD Eibar, ubicada actualmente en la 13ª posición con 17 puntos, llega tras un tramo duro de la temporada: tres derrotas consecutivas que pesan como cadenas sobre el ánimo del vestuario. La presión de levantar la cabeza tras ese periodo negativo es palpable. Cada jugadora sabe que, más allá de los puntos, el equipo debe recuperar su identidad, su confianza y la sensación de que cada partido puede ser una oportunidad para demostrar que la derrota no define al grupo, sino que lo fortalece.

    Por su parte, el Granada CF, situado en la 10ª posición con 23 puntos, llega con la moral elevada. Las de Irene Ferreras atraviesan el mejor momento de la temporada y arrancan 2026 invictas, con tres victorias y un empate ante el Atlético de Madrid (1-1), un resultado que demuestra carácter y capacidad de competir frente a los grandes. Para ellas, Ipurua no es solo un campo más: es un test de madurez, de consolidación de una racha que busca confirmar que este Granada CF no solo compite, sino que impresiona. La ausencia de Cristina Postigo en el último partido frente al Atlético no empañó su rendimiento, sino que dejó patente la profundidad del grupo y la capacidad de cada jugadora para asumir responsabilidad cuando las circunstancias lo requieren.

    El pasado reciente entre ambos equipos es un relato de alternancia y equilibrio. En las cinco ocasiones que se han enfrentado en la máxima categoría, el balance refleja esa lucha constante y la competitividad del fútbol femenino español: una victoria para la SD Eibar, un empate y tres triunfos para el Granada CF. La primera vuelta dejó claro que la intensidad de los partidos entre ambos equipos es alta: las nazaríes se impusieron por 3-1 en su estadio, un resultado que refuerza su confianza pero que también sirve como advertencia para los armeros: cada error se paga caro, y cada oportunidad desaprovechada puede decidir un duelo que se juega al límite de la emoción y la estrategia.

    La historia de estos enfrentamientos va más allá de los números. Cada encuentro ha sido un espejo de la evolución de ambos clubes: Eibar, con su espíritu de lucha y resiliencia, frente a un Granada que ha ido creciendo en solidez y confianza. Los antecedentes no solo sirven para estadísticas: son relatos de esfuerzo, de goles memorables, de jugadas que se recuerdan en las gradas, de decisiones tácticas que marcaron victorias y derrotas. Para las jugadoras, estas historias son recordatorios de que cada balón disputado, cada entrada, cada pase largo cuenta. En Ipurua, ese peso histórico se siente en el aire.

    Tras acumular tres derrotas consecutivas, la SD Eibar se encuentra en un momento delicado. Cada jugadora sabe que la presión no es solo externa: es interna, es la exigencia de un vestuario que no acepta rendirse. La baja de Carla Andrés, expulsada en el último encuentro, será un desafío adicional para el cuerpo técnico: no se trata solo de cubrir su ausencia, sino de mantener la cohesión, de asegurar que el equipo no pierda su esencia en un momento tan crítico.

    El desafío no es menor. Eibar debe reconectar con su estilo: intensidad en el medio campo, presión alta y transiciones rápidas que rompan el esquema del rival. Cada jugadora es consciente de que Ipurua será un juez implacable, que el público exigirá entrega máxima desde el pitido inicial y que la confianza solo se recupera jugando con personalidad y carácter. La narrativa del club en esta temporada se ha construido en torno a la resiliencia: perder no define, levantarse sí.

    El Granada llega en estado de gracia. Las de Irene Ferreras no solo buscan puntos: buscan reafirmar su progreso, confirmar que su invicto en 2026 no es casualidad y que su fútbol combina talento, inteligencia táctica y determinación. Mantener la racha exige concentración absoluta y manejo de la presión en un estadio que será hostil y cargado de tensión. La ausencia de Cristina Postigo en la primera vuelta mostró la capacidad de adaptación del equipo: cada jugadora asume responsabilidad, cada acción cuenta, y la cohesión es la mejor arma frente a un rival que no cede terreno fácilmente.

    El equipo nazarí deberá imponer su estilo sin perder la calma: construcción desde el medio, presión selectiva y atención máxima a las transiciones del Eibar. Cada pase, cada centro, cada llegada al área debe ser medido con precisión, porque en Ipurua los errores se pagan y las oportunidades no se repiten.

    No se puede hablar de Eibar sin hablar de Ipurua. No es un simple escenario: es un protagonista silencioso que dicta el ritmo de la tensión. La grada, cercana al césped, convierte cada balón en un duelo emocional. Cada saque de esquina, cada carrera por la banda, cada remate a portería genera un eco que amplifica el dramatismo. Para los locales, es un aliento constante; para los visitantes, un desafío que requiere temple y concentración.

    Ipurua no perdona errores, pero tampoco olvida gestas heroicas. Allí se han escrito capítulos de remontadas imposibles, de goles que quedarán en la memoria, de actuaciones individuales que definieron temporadas. Este sábado, el estadio volverá a ser el árbitro emocional del partido, testigo de la tensión que ambos equipos depositarán en cada minuto.

    Tras las tres derrotas consecutivas, el equipo armero no puede permitirse un traspié. La baja de Carla Andrés, expulsada en el último encuentro, no es un golpe cualquiera: es un recordatorio de que cada acción cuenta y que la cohesión colectiva debe suplir ausencias. Este es un equipo que históricamente ha sabido sobreponerse a la adversidad, y su principal fortaleza este sábado será su capacidad de lucha y solidaridad en el campo.

    Claves tácticas locales:

    Presión alta: El Eibar buscará incomodar la salida de balón del Granada, interrumpiendo pases y provocando errores en la construcción desde atrás. La intensidad debe ser constante desde el pitido inicial. Transiciones rápidas: Cada recuperación de balón será una oportunidad para salir con velocidad, aprovechando la frescura física de las jugadoras que corren bandas y desbordan rivales. Juego por bandas y centros precisos: Con la ausencia de Andrés, las alas se vuelven esenciales. Jugadoras como [nombre de la extremo derecha/armero estrella] deberán generar peligro constante y servir balones que puedan cambiar el rumbo del encuentro. Solidez defensiva: Ante un Granada en su mejor momento, cada acción defensiva será crítica. Marcar la diferencia pasa por no regalar espacios y mantener la concentración máxima en cada intervención.

    La historia reciente muestra que Eibar puede crecer ante la adversidad. La grada de Ipurua será su aliada silenciosa, su estímulo constante. Cada balón disputado será un grito de lucha colectiva, y cada despeje, una afirmación de identidad: este equipo no se rinde.

    Por su parte, el Granada llega en su mejor momento del año. Tres victorias y un empate ante el Atlético de Madrid en este inicio de 2026 han dejado claro que el equipo de Irene Ferreras ha encontrado su ritmo. Su estilo combina inteligencia táctica y determinación emocional, creando un equipo que sabe competir hasta el último minuto y que, más allá de los resultados, transmite una sensación de confianza absoluta.

    Claves tácticas visitantes:

    Construcción desde el medio campo: El Granada buscará manejar el ritmo, controlando la pelota y evitando que Eibar imponga su intensidad. La posesión será su aliado estratégico. Transiciones rápidas y verticalidad: Cada pérdida de balón del Eibar se convertirá en una oportunidad inmediata. Jugadoras como [nombre de la mediapunta estrella] deberán conectar con delanteras para generar peligro constante. Presión selectiva: No se trata de una presión constante, sino inteligente. Cortar líneas de pase y forzar errores sin comprometer la estructura será clave para mantener el orden táctico. Aprovechar los duelos individuales: El Granada ha demostrado solidez en sus enfrentamientos previos, y jugadores como [defensora central o atacante destacada] serán cruciales para marcar diferencias en momentos clave.

    La confianza del equipo visitante, sumada a la experiencia adquirida en enfrentamientos previos, le permitirá afrontar Ipurua con la convicción de que puede sostener su invicto en 2026. Cada balón dividido, cada acción ofensiva y cada transición se transformará en una batalla de inteligencia y fuerza, donde el equipo que mejor maneje la presión y la emoción será quien domine el ritmo del partido.

    El choque entre Eibar y Granada no se decidirá solo por sistemas o puntos de la tabla: los duelos individuales marcarán el destino del encuentro. Algunos de los enfrentamientos que más prometen tensión y emoción son:

    Extremos contra laterales: La velocidad de las bandas de Eibar contra la disciplina defensiva del Granada puede decidir las ocasiones de gol. Cada carrera por la banda se convierte en un acto de valentía y resistencia. Mediocampo como campo de batalla: El control del centro del campo será determinante. Jugadoras que combinan visión, fuerza y capacidad de recuperación tendrán que imponer su ley para dictar el ritmo del partido. Delantera vs defensas: La capacidad de las delanteras de romper líneas y aprovechar los espacios generará momentos de máxima tensión. Cada balón en el área será un microcosmos de la épica de la jornada.

    Estos duelos individuales no solo representan estadísticas: son historias dentro de la historia. Cada sprint, cada cruce, cada intervención defensiva se siente como un capítulo de resistencia, coraje y lucha por la gloria inmediata.

    Más allá de la táctica y los nombres, lo que hace único este partido es la carga emocional que arrastran ambos equipos. Eibar lucha por recuperar confianza y orgullo; Granada quiere consolidar su mejor momento del año y demostrar que puede imponerse en cualquier escenario.

    La intensidad de Ipurua amplifica cada sentimiento. El público será un actor más: su aliento, sus gritos y su presencia constante influirán en las decisiones de las jugadoras, en la presión psicológica y en la manera de asumir riesgos. En un estadio así, la épica no se inventa: se siente, se respira y se transmite con cada balón disputado.

    Cada acción en el campo tendrá múltiples capas: tácticas, emocionales, estratégicas y simbólicas. Cada jugadora tendrá que equilibrar fuerza y calma, velocidad y decisión, coraje y control, porque en Ipurua cada detalle cuenta y cada error pesa.

    Cuando se enciendan los focos de Ipurua y el árbitro haga sonar el silbato inicial, no habrá tiempo para dudas. Cada acción será una declaración de intenciones, cada pase una prueba de carácter y cada carrera una afirmación de voluntad. Este no será un partido cualquiera: será un duelo donde se mide la fortaleza emocional de dos equipos que llegan con necesidades y ambiciones encontradas, un choque donde la historia, la estrategia y la pasión se entrelazan en cada segundo.

    Los primeros instantes del partido marcarán el tono del duelo. Eibar, consciente de su necesidad de romper la racha negativa, probablemente salga con presión alta, intentando asfixiar la salida de balón del Granada. La grada armera se convertirá en un rugido constante, empujando a las locales a cada acción, a cada recuperación, a cada golpe de energía que pueda transformar el partido.

    El Granada, por su parte, deberá mantener la calma y la inteligencia táctica que le ha permitido empezar el año invicto. Su juego de construcción desde el medio campo será clave: controlar el balón, moverlo con criterio y evitar que Eibar domine la primera fase ofensiva. Las jugadoras deben equilibrar paciencia y agresividad, porque los primeros diez minutos marcarán no solo la dinámica, sino la moral de ambas escuadras.

    El choque estará plagado de enfrentamientos individuales cargados de dramatismo:

    Extremos y laterales: Cada carrera por banda será una batalla física y mental. La velocidad de las jugadoras de Eibar chocará contra la disciplina defensiva del Granada. Cada desborde y cada centro tendrán un peso casi simbólico: no es solo crear peligro, es enviar un mensaje al rival y a la grada. Mediocampo como campo de batalla: Las jugadoras de ambos equipos deberán imponer su presencia física e intelectual. La capacidad de leer el juego, anticipar pases y mantener el control bajo presión definirá quién dictará el ritmo del partido. Delantera vs defensa: En cada balón largo, en cada pase filtrado, los duelos uno contra uno serán el pulso de la épica. Cada intervención exitosa se sentirá como un golpe moral para el rival; cada fallo, una oportunidad perdida que puede pesar durante toda la segunda mitad.

    Estos enfrentamientos no son meras estadísticas: son microcosmos de tensión y dramatismo, donde se mide la concentración, la técnica y la fuerza mental de cada futbolista.

    Eibar buscará aprovechar cualquier pérdida de balón del Granada para salir con rapidez y sorprender. Cada recuperación será un pequeño triunfo psicológico. Granada, en cambio, deberá anticipar estas transiciones, posicionarse con inteligencia y cortar los contragolpes antes de que se conviertan en amenaza real.

    Los minutos avanzarán con picos de intensidad y pausas estratégicas. Cada córner, cada tiro lejano, cada desplazamiento por la banda cargará con expectativa, nervios y esperanza. Las decisiones de las jugadoras, los cambios de posición y la lectura del juego serán tan importantes como la fuerza física: este partido será una batalla de cerebro y corazón.

    En Ipurua, los espectadores no son simples espectadores: son actores activos del partido. Cada grito, cada aplauso, cada gesto de apoyo o reproche influirá en la concentración de las jugadoras. Para Eibar, el público será un aliado que les recuerda quiénes son y de dónde vienen. Para Granada, será un desafío que deberán gestionar con temple, porque la presión externa puede ser tanto aliada como enemiga.

    Los momentos críticos —un penalti, un balón en el travesaño, una intervención decisiva del portero— se vivirán con intensidad máxima, y cada reacción, cada lágrima de frustración o de alegría, será parte de la narrativa épica que este partido promete.

    En Ipurua, los espectadores no son simples espectadores: son actores activos del partido. Cada grito, cada aplauso, cada gesto de apoyo o reproche influirá en la concentración de las jugadoras. Para Eibar, el público será un aliado que les recuerda quiénes son y de dónde vienen. Para Granada, será un desafío que deberán gestionar con temple, porque la presión externa puede ser tanto aliada como enemiga.

    Los momentos críticos —un penalti, un balón en el travesaño, una intervención decisiva del portero— se vivirán con intensidad máxima, y cada reacción, cada lágrima de frustración o de alegría, será parte de la narrativa épica que este partido promete.

    No se puede entender un duelo como Eibar vs Granada sin mirar más allá del césped, sin recorrer los senderos que trazaron ambos clubes en la historia del fútbol femenino español. Cada enfrentamiento, cada gol, cada victoria o derrota es parte de un legado que otorga significado al presente. Ipurua no será solo un escenario: será el punto de convergencia de historias de lucha, esfuerzo y superación

    La SD Eibar es un equipo que ha aprendido a sobrevivir y prosperar ante la adversidad. Desde sus primeras temporadas en la máxima categoría, ha enfrentado limitaciones presupuestarias, rivales con mayores recursos y la presión constante de la lucha por la permanencia. Cada punto conseguido, cada victoria inesperada, ha sido celebrado como una gesta épica, como un recordatorio de que la fuerza de un equipo no se mide solo en números, sino en corazón y carácter.

    En Ipurua, los recuerdos son poderosos: remontadas que hicieron vibrar a la grada, goles en los últimos minutos que desataron la locura, porteras que detuvieron penales decisivos y jugadoras que, desde la humildad, construyeron momentos que todavía se cuentan en las calles de Eibar. Este sábado, esas historias servirán de inspiración para un grupo que necesita levantar la cabeza tras tres derrotas consecutivas. Cada jugadora sabe que representa no solo al presente, sino a todo un club que ha hecho de la lucha su bandera.

    Granada CF llega a Ipurua con un proyecto que combina ambición y solidez. Las tres victorias y el empate ante el Atlético de Madrid han confirmado que el equipo de Irene Ferreras está en un momento de confianza y cohesión excepcionales. Su fútbol es inteligente y emocionante: combina precisión táctica con momentos de brillantez individual, y cada jugadora entiende la importancia de sus decisiones en el resultado final.

    Historias personales de inspiración

    Cristina Postigo: Aunque no estuvo disponible en el empate frente al Atlético, su liderazgo es clave dentro y fuera del campo. Su capacidad para motivar y organizar al equipo marca la diferencia en partidos exigentes. Delantera estrella: Cada gol que genera, cada balón que controla en el área rival, no es solo un acto técnico, sino un mensaje de determinación: el Granada no se conforma con competir, quiere imponer su identidad.

    Cuando ambos equipos se vean en el campo, no estarán simplemente jugando por puntos: estarán luchando por orgullo, identidad y la memoria de lo que significa representar a sus clubes. Cada balón dividido, cada intervención defensiva y cada oportunidad de gol será una batalla dentro de un conflicto más grande: la búsqueda de relevancia, reconocimiento y reafirmación de un proyecto.

    Eibar: demostrará que la perseverancia puede superar los tropiezos y que la pasión de un club pequeño puede desafiar la lógica de la tabla. Granada: reafirmará que el trabajo, la planificación y la cohesión grupal pueden traducirse en resultados consistentes, incluso fuera de casa y ante un rival que nunca se rinde.

    Cuando el árbitro pite el final, no solo se habrán disputado noventa minutos. Se habrá contado una historia de coraje, resiliencia y voluntad de superación. Los nombres de las protagonistas quedarán en la memoria, los goles serán recordados en las gradas y cada acción será parte de una narrativa que trasciende la tabla de posiciones.

    Eibar y Granada demostrarán que, en el fútbol femenino, la épica se construye con esfuerzo, pasión y compromiso colectivo, y que un partido puede ser mucho más que un marcador: puede ser un testimonio de la fuerza de un grupo, del valor de un club y del espíritu de cada jugadora.

    Ipurua será testigo de una jornada que promete tensión, drama y emoción hasta el último segundo, un escenario donde la historia y la actualidad se fusionan en un espectáculo que solo el fútbol femenino puede ofrecer.

    🏆 Liga F Moeve |

    🙌🏻 Temporada 2025-2026

    🔥 Sociedad Deportiva Eibar 🆚 Granada Club de Fútbol 🔥

    😍 Jornada diecinueve 😍

    📅 Sábado, 7 de febrero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 App de DAZN

    🏟️ Estadio Municipal de Ipurúa, Guipúzcoa

    (Fuente: Liga F Moeve)

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  • Oficial | Serrajordi seguirá siendo azulgrana

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ La joven perla de La Masía continuará en las filas del actual subcampeón de la Liga de Campeones Femenina hasta 2028.

    El Fútbol Club Barcelona, vigente campeón de la Supercopa de España Iberdrola 2026, ha anunciado oficialmente que ha sido capaz de alcanzar un acuerdo en firme con Clara Diaz para la prolongación de su contrato.

    La operación llevaba meses gestándose en silencio y sin premura, pues la “sustituta” de Patri Guijarro estaba unida al Barcelona Athletic, nombre con el que se conoce al filial, hasta el 30 de junio de 2026.

    La nueva propuesta ligará a la dorsal número 16 con la entidad que preside Joan Laporta por dos temporadas más, hasta el 30 de junio de 2028, como mínimo.

    La futbolista de Llinás del Vallés ha sido el gran descubrimiento del elenco blaugrana ante la ausencia por lesión de la balear anteriormente citada.

    La joven de 18 años de edad llegó a las categorías formativas del equipo que actúa como local en el Johan Cruyff con tan solo 11 primaveras, dando el salto al primer equipo siete años después.

    El primer duelo a las órdenes de Pere Romeu el 7 de febrero 2025 en la semifinales de la Copa de Cataluña ante la S.E. Lleida y su aparición en la Liga Profesional de Fútbol Femenino data del 18 de mayo de 2025 delante del Athletic Club y al campo sustituyendo a Aitana Bonmatí en el minuto 81, coincidiendo con la celebración de la consecución del título de Liga F el curso pasado.

    Clara Serrajordi representa uno de los casos más paradigmáticos de la nueva generación de centrocampistas formadas en La Masia bajo el ecosistema táctico, metodológico y cultural del FC Barcelona Femení, una jugadora cuya aparición no responde a un impacto puntual o a una irrupción mediática aislada, sino a un proceso largo, coherente y profundamente alineado con la identidad futbolística del club, lo que explica que su juego, aun en edad juvenil, muestre ya una madurez estructural impropia de su etapa formativa y una comprensión del juego que va mucho más allá del talento técnico individual; desde sus primeras etapas en el fútbol base azulgrana.

    Serrajordi ha sido trabajada como una centrocampista total, no en el sentido físico del término, sino en la acepción cognitiva y funcional del mediocentro moderno que entiende el juego como un sistema de relaciones, espacios, ritmos y ventajas posicionales, y esa base conceptual es la que se traslada de forma nítida a su rendimiento tanto en el filial como en sus primeras apariciones con el primer equipo, donde se percibe con claridad que no necesita un contexto de superioridad extrema para expresar su fútbol, sino que su rendimiento emerge precisamente de la lectura correcta del contexto colectivo; técnicamente, Clara es una jugadora de control absoluto del balón, con un primer toque orientado de élite que le permite ganar tiempo incluso cuando parece que lo pierde, capaz de perfilarse en espacios reducidos y de jugar siempre con la cabeza levantada, lo que facilita una toma de decisiones rápida y eficaz, sin necesidad de recurrir a gestos técnicos innecesarios o a conducciones largas que rompan la estructura del equipo, ya que su principal virtud no reside en la espectacularidad sino en la eficiencia funcional, algo muy característico de las grandes centrocampistas del modelo Barça, donde el gesto técnico está siempre subordinado a la utilidad colectiva; su pase corto es preciso, tenso y bien calibrado, ideal para activar el tercer hombre y mantener la fluidez en la circulación, pero donde realmente destaca es en su capacidad para filtrar pases interiores entre líneas, no tanto desde una visión creativa clásica sino desde una lectura espacial muy fina, identificando el momento exacto en el que la receptora va a ganar ventaja corporal o temporal, lo que convierte esos pases en acciones de alto valor táctico aunque no siempre se traduzcan en asistencias directas; en este sentido, Serrajordi no es una mediocampista de highlights, sino de continuidad, una futbolista que mejora al equipo a través de la estabilidad, del orden con balón y de la correcta ocupación de los espacios, algo que se aprecia especialmente cuando actúa como interior en sistemas 4-3-3 o 3-4-3, donde entiende perfectamente cuándo fijar por dentro y cuándo abrirse ligeramente para liberar carriles interiores a las delanteras o a la lateral interiorizada; su conducción, aunque no sea su recurso principal, es muy eficaz en contextos de presión media, ya que protege bien el balón con el cuerpo, utiliza cambios de ritmo cortos y tiene la capacidad de atraer rivales para liberar a compañeras, una habilidad clave en el juego posicional que el Barça exige de sus centrocampistas, y que ella ejecuta con naturalidad, sin forzar la jugada ni exponerse a pérdidas innecesarias; en el plano defensivo, Clara Serrajordi es una futbolista mucho más sólida de lo que podría suponerse por su perfil técnico, ya que destaca por su capacidad de anticipación, por su lectura de líneas de pase y por su inteligencia para colocarse siempre en zonas donde puede intervenir sin necesidad de recurrir al duelo físico constante, lo que no significa que rehúya el contacto, sino que lo optimiza, seleccionando muy bien cuándo saltar a la presión y cuándo temporizar para mantener el equilibrio del bloque, una cualidad especialmente valiosa en equipos dominantes donde la defensa se ejerce principalmente a través de la ocupación racional del espacio y la presión tras pérdida; su comportamiento en la transición defensiva es notable para su edad, ya que entiende la importancia de cerrar el carril central y de ofrecer siempre una línea de pase de seguridad a la central o a la lateral que inicia la salida de balón tras recuperación, lo que demuestra una comprensión profunda del juego más allá de su zona inmediata de influencia; físicamente, Serrajordi no es una jugadora explosiva en el sentido clásico, pero sí presenta una base atlética sólida, con buena resistencia, equilibrio corporal y una capacidad notable para sostener esfuerzos continuados, algo fundamental en el centro del campo del Barça, donde el volumen de acciones es elevado y la exigencia cognitiva se mantiene constante durante todo el partido; su zancada es eficiente, su coordinación es alta y su relación con el balón en carrera es limpia, lo que le permite mantener la calidad técnica incluso en situaciones de fatiga, un aspecto clave para su proyección a largo plazo; en cuanto a su rol táctico, una de las grandes fortalezas de Clara Serrajordi es su versatilidad real, no entendida como la simple capacidad de ocupar varias posiciones, sino como la habilidad para interpretar diferentes funciones dentro de un mismo rol, ya que puede actuar como pivote en contextos de dominio absoluto, ofreciendo apoyo constante a las centrales y organizando la primera fase de la posesión con criterio y calma, pero también puede desempeñarse como interior de recorrido, con mayor libertad para aparecer en zonas de tres cuartos, combinar en corto y llegar a zonas de remate secundario, lo que la convierte en una pieza muy adaptable a distintos planes de partido; cuando actúa como mediocentro más posicional, destaca su capacidad para ordenar al equipo, para orientar la presión tras pérdida y para decidir el ritmo del juego, acelerando o pausando según convenga, una cualidad que suele asociarse a futbolistas mucho más veteranas y que en su caso aparece de forma sorprendentemente precoz; ofensivamente, aunque no es una jugadora eminentemente goleadora, sí tiene un golpeo limpio desde media distancia y una buena lectura de las segundas jugadas, lo que le permite llegar desde atrás con peligro cuando el contexto lo permite, especialmente en partidos donde el rival repliega y el Barça necesita amenazas desde fuera del área para abrir defensas cerradas; a nivel mental, Clara Serrajordi muestra una personalidad competitiva muy alineada con el ADN Barça, ya que no se esconde, pide el balón incluso en momentos de dificultad y mantiene la calma en escenarios de presión, algo que se ha podido observar tanto en partidos del filial como en sus primeras apariciones con el primer equipo, donde su lenguaje corporal transmite seguridad y confianza sin caer en la arrogancia; su toma de decisiones es generalmente acertada, priorizando siempre la opción que mantiene la estructura del equipo, y cuando comete errores, su reacción es inmediata, intentando corregir a través de la colocación o de la presión, lo que habla de una mentalidad muy orientada al aprendizaje y a la mejora continua; en el contexto del vestuario, aunque aún es joven, su perfil encaja perfectamente en un entorno de centrocampistas de élite como el del FC Barcelona Femení, donde referentes como Alexia Putellas, Aitana Bonmatí o Patri Guijarro han marcado un estándar altísimo tanto a nivel futbolístico como profesional, y precisamente por eso su progresión está siendo medida, cuidada y progresiva, evitando sobreexposiciones innecesarias y priorizando su adaptación al ritmo de la élite; comparativamente, su estilo de juego recuerda en ciertos aspectos a Patri Guijarro por su sentido posicional y su capacidad para equilibrar al equipo, a Aitana Bonmatí por su comprensión del juego entre líneas y su capacidad para girarse bajo presión, y en menor medida a Alexia Putellas por su criterio en la toma de decisiones ofensivas, aunque es importante subrayar que Serrajordi no es una copia de ninguna de ellas, sino una síntesis propia que se está construyendo con identidad propia; desde una perspectiva de scouting profesional, Clara Serrajordi es una futbolista de altísimo techo competitivo, con un perfil ideal para equipos dominantes que basan su juego en la posesión, el control del ritmo y la ocupación racional de los espacios, y aunque aún debe seguir creciendo en aspectos como la regularidad en la élite, la adaptación física a duelos de máxima exigencia y la influencia sostenida en partidos de alto nivel competitivo, su base es tan sólida que su proyección a medio y largo plazo es claramente la de una jugadora llamada a tener un peso específico en el FC Barcelona Femení y en la selección española absoluta, no como una solución coyuntural, sino como una pieza estructural del centro del campo, capaz de sostener un modelo de juego complejo y exigente, y de hacerlo con naturalidad, inteligencia y una comprensión del fútbol que la sitúan, ya desde ahora, como una de las centrocampistas más interesantes y completas de su generación en el panorama europeo.

    El objetivo es claro: retener este talento formado en casa que debe ser presente y futuro. En la misma línea se sitúan los casos de Aïcha Camara, Sydney Schertenleib y Carla Julià, otras tres jóvenes que el club considera piezas importantes de su proyecto.

    Los números avalan el crecimiento de Serrajordi. Clara, de 18 años, suma 24 partidos esta temporada entre Liga, Champions, Copa y Supercopa, 14 de ellos como titular, con un balance de dos goles y tres asistencias.

    La centrocampista blaugrana originaria de Llinars ha renovado su compromiso con el FC Barcelona hasta el final de esta temporada, con dos años más de contrato asegurados. La Masia vuelve a demostrar su eficacia, y el club garantiza la continuidad de una jugadora que ha dejado de ser solo una promesa: Clara Serrajordi es hoy una realidad y, sobre todo, representa el futuro del equipo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Clara Serrajordi podrá estrenar su nuevo contrato lejos de Cataluña, en la visita culé a un escenario mítico como las Gaunas para medirse a un DUX Logroño que porfia por la salvación y de la que podremos disfrutar el próximo domingo, 8 de febrero de 2026, a las 18:00 horario peninsular, que emitirá DAZN en abierto.

  • Oficial | El Atlético se medirá al Costa Adeje Tenerife en semis de la Copa de la Reina 2026

    (Fuente: UEFA)

    🔷 La eliminatoria se disputará a doble partido los días 11 de marzo, ida en Madrid y el martes 17 de marzo la vuelta en Tenerife.

    El Costa Adeje Tenerife Egatesa ha quedado emparejado con el Atlético de Madrid en las semifinales de la Copa de la Reina, una eliminatoria a doble partido que definirá uno de los billetes para la final del torneo. El cruce se disputará con el encuentro de ida programado para el próximo 11 de marzo en la Ciudad Deportiva de Alcalá de Henares, a las 18:00 horas en horario canario, mientras que el partido de vuelta tendrá lugar el 17 de marzo, a las 18:00 horas, en el Estadio Heliodoro Rodríguez López.

    La eliminatoria forma parte de la penúltima ronda de una competición que entra ya en su fase decisiva y que reúne a los cuatro equipos que han mostrado mayor regularidad y rendimiento a lo largo del torneo.

    El emparejamiento quedó definido tras el sorteo celebrado en la sede de la Real Federación Española de Fútbol, ubicada en la localidad madrileña de Las Rozas. En dicho acto se estableció el cuadro definitivo de semifinales, marcando el camino hacia la final de la Copa de la Reina, que se disputará el próximo 16 de mayo en el Estadio de Gran Canaria. La designación del escenario de la final añade un elemento territorial significativo al desarrollo de la competición, al situarse en el archipiélago canario el desenlace del torneo, circunstancia que incrementa el interés y la expectación en los equipos de la región que aún permanecen en liza.

    El conjunto tinerfeño alcanzó esta ronda tras superar al Madrid CFF en los cuartos de final, en un encuentro que se resolvió con victoria por 0-1. Ese resultado permitió al Costa Adeje Tenerife Egatesa avanzar a unas semifinales que suponen un nuevo paso en la evolución competitiva del proyecto deportivo. El triunfo ante el conjunto madrileño se produjo en un contexto de máxima exigencia, en una eliminatoria en la que los detalles resultaron determinantes y en la que el equipo mostró solidez defensiva, eficacia en momentos clave y una capacidad sostenida para competir en un formato eliminatorio que históricamente ha sido exigente para cualquier participante.

    La clasificación para semifinales refuerza la trayectoria reciente del club en la Copa de la Reina, una competición que ha adquirido un significado especial para la entidad a lo largo de los últimos años. El Costa Adeje Tenerife Egatesa ya había alcanzado esta ronda en tres ocasiones anteriores, todas ellas bajo el formato de Final Four, un sistema que concentraba las eliminatorias en una única sede y en partidos a encuentro único. En esta edición, el regreso al formato de eliminatorias a doble partido introduce nuevas variables estratégicas y competitivas, situando al equipo a dos encuentros de una posible final en un contexto diferente al de experiencias anteriores.

    La eliminatoria ante el Atlético de Madrid presenta un nivel de dificultad elevado, al tratarse de uno de los clubes con mayor recorrido en el fútbol femenino español en la última década. El conjunto rojiblanco cuenta con una amplia experiencia tanto en competiciones nacionales como internacionales, y ha sido un habitual en las fases finales de la Copa de la Reina. El cruce entre ambos equipos se produce, además, tras haberse enfrentado ya en la presente temporada de Liga F, lo que añade un componente de conocimiento mutuo que puede influir en el desarrollo táctico de la eliminatoria.

    Desde el punto de vista deportivo, la doble confrontación obligará a ambos equipos a gestionar los dos partidos como una unidad competitiva, teniendo en cuenta factores como el resultado del encuentro de ida, la administración de esfuerzos y la capacidad para adaptarse a distintos escenarios de partido. La ida en Alcalá de Henares permitirá al Atlético de Madrid ejercer la condición de local en el primer choque, mientras que el Costa Adeje Tenerife Egatesa tendrá la oportunidad de disputar la vuelta ante su afición, en un estadio que por primera vez acogerá un partido de semifinales de la Copa de la Reina femenina.

    El Estadio Heliodoro Rodríguez López será escenario de un encuentro histórico para el fútbol femenino tinerfeño. Nunca antes se había disputado en este recinto un partido correspondiente a las semifinales del torneo copero femenino, lo que convierte la cita del 17 de marzo en un acontecimiento de especial relevancia para el club y para el entorno del fútbol femenino en la isla. La utilización de este estadio supone también un reconocimiento al crecimiento del proyecto y al interés creciente que despierta el equipo en la afición local, al trasladar una eliminatoria de máxima categoría a un escenario emblemático del fútbol canario.

    En el plano institucional y deportivo, la presencia en semifinales representa un nuevo hito en la consolidación del Costa Adeje Tenerife Egatesa dentro del panorama nacional. La entidad ha experimentado una progresión sostenida desde su incorporación a la élite, y su continuidad en rondas avanzadas de competiciones como la Copa de la Reina refuerza la percepción de un proyecto estable, competitivo y con capacidad para sostenerse en escenarios de alta exigencia. La eliminatoria ante el Atlético de Madrid se enmarca, por tanto, en un proceso de crecimiento que trasciende el resultado concreto de los dos partidos y que se inscribe en una evolución a medio y largo plazo.

    A nivel de vestuario, el cruce ha sido valorado como un desafío de gran exigencia. La centrocampista tinerfeña Paola Hernández ha señalado que el enfrentamiento será complejo, destacando que el Atlético de Madrid es un rival de primer nivel, aunque recordando que el equipo ya ha sido capaz de imponerse a las rojiblancas en competición liguera durante la presente temporada. En ese sentido, ha subrayado la importancia de identificar los aspectos del juego en los que el equipo puede generar ventajas, así como la necesidad de competir al máximo nivel durante toda la eliminatoria para poder hacer frente a un rival con experiencia y profundidad de plantilla.

    La jugadora también ha puesto en valor el momento que atraviesa el equipo en la Copa de la Reina, destacando la ilusión con la que se afronta esta fase del torneo. El hecho de que la final se dispute en Gran Canaria introduce, según sus declaraciones, un estímulo adicional, al situar el desenlace de la competición en un entorno geográfico cercano. Ese aliciente, sin embargo, convive con la conciencia de que antes será necesario superar una eliminatoria de gran dificultad ante uno de los equipos más consolidados del campeonato.

    El componente emocional y simbólico de la vuelta en el Heliodoro Rodríguez López ha sido igualmente destacado desde el entorno del equipo. Poder disputar el segundo partido de la eliminatoria en casa se percibe como un factor positivo, tanto por el apoyo que puede brindar la afición como por el impacto que supone jugar una semifinal copera en un estadio de referencia. La expectativa es que el público acompañe al equipo en una cita que se presenta como una de las más relevantes de la temporada y que puede marcar un nuevo capítulo en la historia reciente del club.

    Desde una perspectiva más amplia, la semifinal entre Costa Adeje Tenerife Egatesa y Atlético de Madrid se inscribe en una edición de la Copa de la Reina que ha mostrado un alto nivel competitivo y una notable igualdad en muchas de sus eliminatorias. La presencia de los cuatro mejores equipos del torneo en esta ronda final refleja la exigencia del formato y la capacidad de los clubes participantes para adaptarse a un calendario cargado y a la coexistencia de distintas competiciones a lo largo de la temporada.

    El conjunto tinerfeño afronta esta eliminatoria con el objetivo de competir al máximo nivel durante los 180 minutos, consciente de que cada detalle puede resultar determinante en un cruce de estas características. La planificación deportiva, la gestión física de la plantilla y la capacidad para sostener la concentración en ambos encuentros serán factores clave en el desarrollo de la eliminatoria. Al mismo tiempo, el club encara este reto como una oportunidad para seguir reforzando su identidad competitiva y su presencia en el fútbol femenino de élite.

    La Copa de la Reina continúa siendo una competición especialmente significativa para el Costa Adeje Tenerife Egatesa, tanto por su formato como por su valor simbólico. Cada nueva participación en rondas avanzadas contribuye a ampliar la experiencia del equipo en escenarios de máxima presión y a consolidar una cultura competitiva que se ha ido construyendo de manera progresiva. En ese contexto, la semifinal ante el Atlético de Madrid representa no solo un desafío deportivo inmediato, sino también un paso más en un recorrido que ha situado al club entre los protagonistas habituales del fútbol femenino nacional.

    Con el rival ya definido y el calendario establecido, el equipo se prepara para una eliminatoria que reunirá a dos proyectos consolidados y que ofrecerá dos partidos de alta intensidad. El desenlace de este cruce determinará uno de los finalistas de la Copa de la Reina y permitirá a uno de los dos equipos disputar el título el próximo 16 de mayo en el Estadio de Gran Canaria, culminando una competición que, una temporada más, se presenta como uno de los principales escaparates del fútbol femenino español.

    La presencia del Costa Adeje Tenerife Egatesa en las semifinales de la Copa de la Reina no puede analizarse únicamente desde la óptica de la eliminatoria concreta, sino que debe situarse dentro de un proceso más amplio de desarrollo del fútbol femenino en Tenerife y en Canarias. La consolidación del club en la élite ha sido progresiva y sostenida, apoyada en una estructura deportiva que ha priorizado la estabilidad, la continuidad del proyecto y la adaptación a los cambios que ha experimentado el fútbol femenino español en los últimos años. La clasificación para esta penúltima ronda del torneo copero refuerza esa línea de trabajo y confirma la capacidad del equipo para competir en escenarios de máxima exigencia.

    Desde su fundación, el Costa Adeje Tenerife Egatesa ha ido construyendo una identidad propia, marcada por una apuesta por el talento, la cohesión del grupo y la competitividad frente a rivales con mayores presupuestos o trayectorias más extensas en la élite. Esa identidad se ha reflejado también en la Copa de la Reina, una competición que históricamente ha ofrecido oportunidades para que equipos emergentes puedan medirse en igualdad de condiciones con clubes consolidados, gracias a su formato eliminatorio y a la importancia de factores como la preparación específica de cada cruce y la gestión emocional de los partidos decisivos.

    La actual edición del torneo ha vuelto a poner de manifiesto la dificultad de avanzar rondas, especialmente en un contexto en el que el nivel medio de la competición ha aumentado de forma significativa. El crecimiento del fútbol femenino profesional en España ha elevado las exigencias físicas, tácticas y mentales de todos los equipos participantes, haciendo que cada eliminatoria se convierta en un reto complejo. En ese escenario, el camino recorrido por el Costa Adeje Tenerife Egatesa hasta alcanzar las semifinales adquiere un valor añadido, al haberse producido frente a rivales competitivos y en encuentros marcados por la igualdad.

    El enfrentamiento ante el Madrid CFF en cuartos de final fue un ejemplo de esa exigencia. El partido se resolvió por un margen mínimo, reflejo de un encuentro equilibrado en el que ambos equipos dispusieron de momentos de dominio. La capacidad del conjunto tinerfeño para mantener el orden defensivo, aprovechar una de sus llegadas y gestionar el resultado hasta el final fue determinante para sellar el pase. Ese tipo de actuaciones refuerzan la confianza del equipo en su modelo competitivo y en su capacidad para afrontar eliminatorias cerradas, un aspecto clave de cara al cruce ante el Atlético de Madrid.

    El rival rojiblanco llega a estas semifinales con una trayectoria ampliamente contrastada en la Copa de la Reina. A lo largo de las últimas temporadas, el Atlético de Madrid ha sido un habitual en las rondas finales del torneo, acumulando experiencia en partidos decisivos y en contextos de alta presión. Su presencia en esta edición responde a una dinámica competitiva sostenida, basada en una plantilla amplia, con jugadoras habituadas a competir tanto en el ámbito nacional como internacional. Ese bagaje convierte al conjunto madrileño en un rival de máxima dificultad para cualquier equipo que aspire a alcanzar la final.

    El cruce entre ambos equipos ofrece, además, un contraste de estilos y recorridos que enriquece la eliminatoria. Por un lado, un club con una larga presencia en la élite y con un palmarés destacado en los últimos años; por otro, un proyecto que ha ido ganando peso específico en el fútbol femenino español a través de la constancia y la progresión. La doble confrontación permitirá medir ambos modelos en un formato que exige regularidad a lo largo de dos partidos y una lectura estratégica del global de la eliminatoria.

    La gestión del encuentro de ida en la Ciudad Deportiva de Alcalá de Henares será uno de los factores determinantes del cruce. El Costa Adeje Tenerife Egatesa afrontará ese primer partido con el objetivo de competir de forma sólida, consciente de que el resultado condicionará el planteamiento de la vuelta. En eliminatorias a doble partido, la capacidad para mantener opciones abiertas de cara al segundo encuentro es fundamental, especialmente cuando se disputa en casa. En ese sentido, el equipo tinerfeño buscará un resultado que le permita encarar la vuelta en el Heliodoro Rodríguez López con posibilidades reales de alcanzar la final.

    El segundo partido, programado para el 17 de marzo, adquiere una dimensión especial al celebrarse en un estadio de referencia para el fútbol canario. El Heliodoro Rodríguez López ha sido históricamente el escenario de grandes citas del fútbol masculino en Tenerife, y su apertura a una semifinal de la Copa de la Reina femenina representa un paso significativo en la visibilización y el reconocimiento del fútbol femenino en la isla. La elección de este recinto para la vuelta de la eliminatoria subraya la relevancia del encuentro y la voluntad de dotarlo de un marco acorde a su importancia deportiva.

    El impacto de disputar una semifinal copera en este estadio trasciende el ámbito estrictamente competitivo. Para el club, supone una oportunidad de acercar el fútbol femenino a un público más amplio, de reforzar el vínculo con la afición y de generar un evento deportivo de alto nivel en la isla. Para las jugadoras, representa la posibilidad de competir en un escenario emblemático, con el apoyo de su entorno y en un contexto que puede marcar un hito en sus trayectorias deportivas.

    Desde el punto de vista social, este tipo de acontecimientos contribuyen a consolidar la presencia del fútbol femenino en el imaginario colectivo del deporte canario. La progresiva incorporación de grandes estadios a competiciones femeninas responde a una evolución natural del deporte, impulsada por el crecimiento de la audiencia, el aumento de la cobertura mediática y el reconocimiento institucional. En ese sentido, la semifinal en el Heliodoro Rodríguez López se inscribe en una tendencia más amplia de normalización y expansión del fútbol femenino en todos los niveles.

    La cercanía geográfica de la final, que se disputará en el Estadio de Gran Canaria, añade un elemento contextual relevante a esta edición de la Copa de la Reina. Aunque el camino hacia ese partido pasa necesariamente por superar una eliminatoria de gran dificultad, la posibilidad de disputar el título en el archipiélago introduce un componente adicional de motivación para los equipos canarios. No obstante, desde el entorno del Costa Adeje Tenerife Egatesa se mantiene un discurso centrado en el presente inmediato, consciente de que cualquier distracción puede resultar contraproducente en una fase tan decisiva del torneo.

    Las declaraciones de Paola Hernández reflejan ese equilibrio entre ilusión y realismo. La centrocampista ha subrayado la complejidad del enfrentamiento, reconociendo el nivel del rival y la necesidad de competir al máximo durante toda la eliminatoria. Al mismo tiempo, ha recordado precedentes recientes que demuestran que el equipo es capaz de plantar cara a conjuntos de primer nivel, siempre que mantenga su identidad y su concentración. Ese enfoque resume el espíritu con el que el Costa Adeje Tenerife Egatesa afronta estas semifinales: ambición contenida, basada en el trabajo colectivo y en la confianza en sus posibilidades.

    El papel de la afición será otro de los factores a tener en cuenta, especialmente en el partido de vuelta. El apoyo del público puede convertirse en un elemento diferencial en encuentros de máxima igualdad, proporcionando un impulso adicional en momentos clave. La expectativa de una buena entrada en el Heliodoro Rodríguez López refuerza la dimensión del evento y pone de relieve el interés que despierta el equipo en la isla, fruto de años de trabajo y de una progresiva conexión con su entorno social y deportivo.

    Desde el punto de vista organizativo, la eliminatoria supone también un desafío logístico y de planificación. La coexistencia de la Copa de la Reina con la competición liguera obliga a una gestión cuidadosa de los recursos, tanto en términos de rotaciones como de preparación específica de los partidos. El cuerpo técnico deberá equilibrar la necesidad de competir al máximo en la eliminatoria copera con la continuidad del rendimiento en Liga F, en un tramo de la temporada en el que cada punto y cada partido adquieren una importancia creciente.

    La experiencia acumulada en ediciones anteriores de la Copa de la Reina puede resultar valiosa en este contexto. Aunque el formato actual difiere del de las anteriores semifinales disputadas por el club, el bagaje emocional y competitivo de haber alcanzado esa ronda en varias ocasiones aporta una base sobre la que construir el planteamiento de esta eliminatoria. La familiaridad con la presión de los partidos decisivos y con la atención mediática asociada a estas fases finales es un activo que el equipo puede aprovechar.

    El Atlético de Madrid, por su parte, afronta el cruce con el objetivo de reafirmar su condición de aspirante al título. Su historial reciente en la competición y su presencia habitual en las rondas finales lo sitúan como uno de los favoritos, aunque el formato a doble partido introduce un margen de incertidumbre que forma parte de la esencia del torneo. La capacidad del conjunto rojiblanco para gestionar esa presión y adaptarse a los distintos escenarios de la eliminatoria será clave en su camino hacia la final.

    La semifinal entre ambos equipos se presenta, por tanto, como un enfrentamiento equilibrado, en el que la diferencia de trayectorias se contrarresta con la evolución competitiva del conjunto tinerfeño. Más allá del resultado final, la eliminatoria contribuirá a enriquecer el recorrido histórico del Costa Adeje Tenerife Egatesa en la Copa de la Reina y a reforzar su presencia en el panorama nacional del fútbol femenino.

    Así, el Costa Adeje Tenerife Egatesa se sitúa ante una de las eliminatorias más relevantes de su historia reciente, en un contexto que trasciende lo estrictamente competitivo y que conecta pasado, presente y futuro del proyecto. Dos partidos, dos escenarios y ciento ochenta minutos marcarán el desenlace de un camino construido con constancia, crecimiento y ambición sostenida. La semifinal ante el Atlético de Madrid no es únicamente un cruce más en el calendario, sino la expresión de una trayectoria que ha ido ganando peso propio en el fútbol femenino español, consolidándose temporada a temporada entre los equipos capaces de disputar los grandes retos.

    El pitido inicial en Alcalá de Henares abrirá una eliminatoria en la que cada acción, cada ajuste y cada decisión contará, pero será el Heliodoro Rodríguez López el que dictará la última palabra. Allí, en un estadio cargado de historia, el fútbol femenino tinerfeño escribirá una página inédita, llevando a la Copa de la Reina a un escenario que simboliza la madurez de un proyecto y el respaldo de una afición que ha acompañado su crecimiento. El eco de ese encuentro resonará más allá del resultado, como testimonio de un paso firme en la normalización y la expansión del deporte femenino en la isla.

    Con la final aguardando en el horizonte, en el Estadio de Gran Canaria, el Costa Adeje Tenerife Egatesa afronta esta eliminatoria con la determinación de quien sabe que las grandes oportunidades no se conceden, se conquistan. El equipo llega a este punto consciente de la dificultad del desafío, pero también del camino recorrido para estar aquí, a dos partidos de un desenlace que puede marcar un antes y un después. En esa frontera entre la ambición y la historia, el conjunto blanquiazul se dispone a competir, una vez más, con la convicción de que el presente ya es fruto del trabajo realizado y de que el futuro se decide en noches como las que están por venir.

    Porque en la Copa de la Reina no solo se juegan títulos: se forjan identidades, se consolidan proyectos y se abren horizontes. Y en esta semifinal, el Costa Adeje Tenerife Egatesa no solo defiende un resultado posible, sino el derecho a seguir escribiendo su propia historia en la élite del fútbol femenino español.

  • Oficial | Grave lesión de Laia Aleixandri

    (Fuente: Teledeporte)

    🔲 La internacional española en categoría absoluta abandonó el césped del estadio madrileño entre lágrimas tras dañarse aparentemente sola al interceptar un pase, mientras el equipo médico evaluará hoy la gravedad del incidente sufrido durante el partido de cuartos de final de la Copa de la Reina.

    Llega la peor de las noticias para el Fútbol Club Barcelona unas horas después de que consiguiesen el pase a la semifinales tras doblegar por 0-4 al Real Madrid en Valdebebas.

    Laia Aleixandri López, único fichaje culé en el pasado mercado estival, ha sido víctima de una rotura en el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha.

    El lance se produjo en el primer cuarto de hora de juego y la exjugadora del Manchester City Women tuvo que abandonar el terreno de juego en camilla y entre lágrimas después de hacerse daño aparentemente sola en un intento de cortar un balón hacia la delantera francesa Naomie Feller, en ese momento el resultado reflejaba un cero a cero.

    «Las pruebas realizadas este viernes han confirmado que la jugadora del primer equipo Laia Aleixandri tiene una rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha. Será operada en los próximos días. Al finalizar la intervención se aportará un nuevo comunicado médico», señaló la entidad en el parte médico expedido.

    La dorsal número cinco se había asentado con rapidez como un pilar estructural de la zaga. Su incorporación fue presentada como una apuesta estratégica para apuntalar un eje defensivo castigado por las salidas y las lesiones, sumando experiencia internacional y fiabilidad competitiva.

    En la presente temporada, Aleixandri había participado de forma mayoritaria como titular en los compromisos oficiales de Liga F y en las competiciones europeas y nacionales, con un balance de 21 partidos entre todas ellas y cuatro goles, un registro notable para una defensora central. La jugadora azulgrana había sido titular en 15 de esos encuentros y se había consolidado como una pieza esencial para Pere Romeu, ya fuera para cubrir las ausencias de Irene Paredes o Mapi León, o para adaptarse a la prolongada baja de Patri Guijarro, actuando como pivote. La catalana había regresado a la competición hace apenas una semana tras superar una lesión en el sóleo.

    El subcampeón de Europa se queda con muy pocos efectivos en defensa. Además de Paredes y Mapi, titulares indiscutibles, el técnico tiene a Marta Torrejón y la irrupción de Aïcha Camara que, aunque con el primer equipo siempre ha jugado como lateral derecho, lo cierto es que la canterana ha desarrollado gran parte de su carrera como central. Sino siempre puede apostar por Patri Guijarro, que ya jugó una final de Champions en esa posición que es clave.

    Las lesiones de LCA continúan siendo el talón de Aquiles en el fútbol femenino y se ha cobrado recientemente otras víctimas como la guardameta del ONA, Antonia Canales y la delantera del Levante Unión Deportiva, Érika González.

    Este viernes se han confirmado los peores presagios para la defensa azulgrana. Los plazos de recuperación en las lesiones de ligamento cruzado anterior de la rodilla oscilan entre los 10 y los 12 meses, algo por lo que tuvo que pasar hace un par de temporadas Ludmila Da Silva, delantera del San Diego Wave cuando era rojiblanca.

    Ya no podremos disfrutar de la exjugadora del Atlético de Madrid hasta que arranque la campaña 2026-2027.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | Derbi catalán y Atlético de Madrid vs Costa Adeje Tenerife se vetan las caras en semis de Copa de la Reina

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔷 El FC Badalona Women se enfrentará al FC Barcelona en las semifinales de Copa de la Reina, mientras que el Atlético de Madrid se verá las caras contra el Costa Adeje Tenerife. La ida se jugará el 10, 11 o 12 de marzo, y la vuelta se disputará el 17, 18 o 19 de marzo en busca de dos billetes para la final.

    Este viernes 6 de febrero de 2026 quedó ya grabado en la cronología de la Copa de la Reina como una de esas fechas que, sin balón rodando ni goles que celebrar, marcan el rumbo emocional, competitivo y narrativo de toda una temporada.

    A las 13:00 horas, en horario peninsular, el fútbol femenino español detuvo durante unos minutos su pulso cotidiano para atender a uno de los momentos más simbólicos y determinantes del curso: el sorteo de las semifinales de la Copa de la Reina. Un sorteo que no solo definió emparejamientos y calendarios, sino que volvió a poner en primer plano la dimensión histórica, social y deportiva de una competición que, edición tras edición, se consolida como uno de los grandes patrimonios del fútbol femenino nacional.

    Cuatro equipos de la Liga F Moeve fueron los protagonistas de ese acto: el FC Barcelona, vigente campeón y gran dominador del fútbol femenino español y europeo en los últimos años; el Atlético de Madrid, uno de los clubes históricos del fútbol femenino nacional y referencia competitiva desde la profesionalización de la liga; el Costa Adeje Tenerife, ejemplo de estabilidad, crecimiento sostenido y trabajo a largo plazo; y el FC Badalona Women, la gran revelación de esta edición, que ya había escrito páginas doradas en su camino hasta unas semifinales que suponen un hito sin precedentes en la historia del club.

    El formato de estas semifinales, fiel a la tradición reciente de la competición, será a doble partido. La ida se disputará entre los días 10, 11 y 12 del mes de marzo, mientras que la vuelta tendrá lugar los días 17, 18 o 19 del mismo mes. Un calendario comprimido, exigente y cargado de tensión competitiva, que obligará a los cuerpos técnicos a gestionar con precisión quirúrgica las cargas físicas, la rotación de plantillas y el aspecto mental de jugadoras que afrontan uno de los momentos más decisivos de la temporada. El equipo que salió primero en el sorteo ejercerá como local en el partido de ida, un matiz que, aunque a menudo se analiza desde la estadística o la teoría, adquiere un peso emocional y estratégico enorme en eliminatorias tan igualadas y con tanto en juego.

    La Copa de la Reina, más allá de los títulos y los registros, sigue siendo una competición profundamente simbólica. Es el torneo del KO, el escenario donde conviven gigantes y aspirantes, donde la épica encuentra su hábitat natural y donde los relatos de resistencia, sorpresa y ambición se multiplican. En esta edición 2025-2026, ese espíritu ha vuelto a aflorar con fuerza, especialmente a través del camino del FC Badalona Women, pero también mediante la solidez del Costa Adeje Tenerife y la reafirmación competitiva de clubes que llevan años construyendo proyectos ambiciosos.

    El FC Barcelona llega a estas semifinales como vigente campeón de la competición y con un palmarés que intimida por sí solo: once títulos coperos adornan sus vitrinas, una cifra que habla no solo de dominio, sino de continuidad, cultura ganadora y excelencia estructural. El conjunto blaugrana se ha convertido en el espejo en el que se miran todos los proyectos del fútbol femenino español, un club que ha sabido integrar talento de la cantera, fichajes estratégicos y una identidad de juego reconocible que trasciende nombres propios. Cada participación del Barça en la Copa de la Reina se vive como una defensa del trono, como una prueba más de su capacidad para sostener la presión y responder cuando el margen de error se reduce al mínimo.

    El Atlético de Madrid, por su parte, afronta estas semifinales con la experiencia que otorgan los años y con el orgullo de haber levantado el trofeo en dos ocasiones, en 2016 y en 2023. Dos títulos que marcaron etapas distintas del club rojiblanco en el fútbol femenino: el primero, como confirmación de un proyecto emergente que irrumpía con fuerza en la élite; el segundo, como reafirmación de un club capaz de reinventarse, superar transiciones y seguir siendo competitivo en un contexto cada vez más exigente. Para el Atlético, la Copa de la Reina siempre ha sido un territorio emocionalmente significativo, un escenario donde su afición se reconoce y donde el club ha construido algunos de sus recuerdos más intensos.

    El Costa Adeje Tenerife comparece en estas semifinales por cuarta vez en su historia, un dato que, lejos de ser anecdótico, refleja la consistencia de un proyecto que ha sabido mantenerse en la élite del fútbol femenino español durante más de una década. El club tinerfeño ha hecho de la estabilidad, la identificación con el territorio y el trabajo silencioso sus principales señas de identidad. Llegar a unas semifinales de Copa de la Reina nunca es fruto de la casualidad, y hacerlo en cuatro ocasiones confirma que el Costa Adeje Tenerife es mucho más que un invitado recurrente: es un competidor serio, incómodo y con una personalidad muy definida.

    Y luego está el FC Badalona Women, la gran historia de esta edición. El conjunto catalán ya había hecho historia antes incluso de que se celebrara el sorteo, alcanzando unas semifinales que representan el mayor logro deportivo del club en la competición del KO. Su presencia en este acto no solo es un premio al rendimiento deportivo, sino también un reconocimiento a un proyecto que ha sabido crecer desde la base, aprovechar sus oportunidades y competir sin complejos frente a estructuras mucho más consolidadas. En un fútbol cada vez más profesionalizado, la irrupción del Badalona Women recuerda que todavía hay espacio para la sorpresa, para los relatos que rompen jerarquías y para los equipos que se atreven a soñar en grande.

    La mano inocente del sorteo fue la de Amanda Sampedro, una figura que simboliza como pocas la historia reciente del Atlético de Madrid y, por extensión, del fútbol femenino español. Histórica jugadora rojiblanca, capitana durante años y actualmente coordinadora de los equipos del conjunto madrileño, su presencia en el acto aportó una carga emocional y simbólica evidente. Amanda no solo ha vivido la Copa de la Reina desde dentro del campo, levantando el trofeo y sufriendo eliminaciones dolorosas, sino que ahora lo hace desde una nueva responsabilidad, vinculada a la gestión, la formación y el futuro del club.

    Fue precisamente Amanda Sampedro quien sacó primero la bola del FC Badalona Women y, posteriormente, la del Atlético de Madrid. Ese gesto, aparentemente simple, terminó de configurar un cuadro de semifinales cargado de narrativa y de contrastes. Las de Marc Ballester, al frente del FC Badalona Women, se medirán al FC Barcelona, dando lugar a un derbi catalán en unas semifinales de Copa de la Reina que ya de por sí estaban destinadas a ser históricas. Un enfrentamiento entre dos clubes que representan polos opuestos en cuanto a estructura, presupuesto y recorrido histórico, pero que se encontrarán en igualdad de condiciones sobre el césped, con dos partidos por delante para decidir quién accede a la gran final.

    El derbi catalán entre FC Barcelona y FC Badalona Women adquiere una dimensión especial no solo por la rivalidad territorial, sino por lo que representa en términos de relato deportivo. El Barça, con once títulos y un estatus de favorito permanente, frente a un Badalona que afronta estas semifinales sin la presión de la obligación, con la ilusión intacta y con la certeza de que ya ha ganado mucho más de lo que podía imaginar al inicio de la competición. Para las de Marc Ballester, cada minuto de esta eliminatoria será una oportunidad de seguir escribiendo historia, de medir su crecimiento y de demostrar que su camino hasta aquí no ha sido fruto del azar.

    El otro emparejamiento de semifinales enfrentará al Atlético de Madrid y al Costa Adeje Tenerife, en un duelo que, además, tiene una lectura directa en clave liguera. Rojiblancas y tinerfeñas se verán las caras como quinto y cuarto clasificado del campeonato liguero, respectivamente, lo que añade un componente adicional de rivalidad y de evaluación comparativa entre dos equipos que comparten ambiciones europeas y que se conocen bien. Esta eliminatoria promete ser una de las más igualadas y tácticamente ricas de los últimos años en la Copa de la Reina, con dos estilos definidos y con jugadoras acostumbradas a competir bajo presión.

    El Atlético de Madrid llega a este cruce con la experiencia de quien sabe lo que es disputar finales y levantar títulos, pero también con la responsabilidad de responder a las expectativas de un club que siempre aspira a lo máximo. La Copa de la Reina se ha convertido en uno de los grandes objetivos de la temporada rojiblanca, especialmente en contextos donde la lucha por el título liguero o por la Champions puede presentar obstáculos adicionales. Para el Costa Adeje Tenerife, esta semifinal representa una oportunidad de oro para dar un paso más en su historia, para romper un techo que ha rozado en varias ocasiones y para demostrar que su proyecto está preparado para competir por títulos.

    El contexto temporal de estas semifinales añade aún más interés al cruce. Disputar la ida entre el 10 y el 12 de marzo y la vuelta una semana después implica convivir con jornadas ligueras exigentes y, en el caso de algunos equipos, con compromisos internacionales. La gestión de las plantillas será clave, especialmente para clubes como el FC Barcelona y el Atlético de Madrid, que cuentan con un elevado número de internacionales y que deben equilibrar la ambición copera con la necesidad de mantener frescura física y mental en un tramo decisivo del curso.

    Más allá de los emparejamientos concretos, este sorteo volvió a poner de manifiesto el excelente momento que atraviesa la Copa de la Reina en términos de visibilidad, competitividad y relevancia mediática. La presencia de cuatro equipos de la Liga F Moeve en semifinales refuerza la imagen de una competición integrada plenamente en el ecosistema del fútbol femenino profesional, donde los clubes planifican, rotan y compiten con la Copa como un objetivo prioritario y no como un torneo secundario.

    El hecho de que la final ya tenga sede confirmada añade una capa adicional de emoción a estas semifinales. El sábado 16 de mayo de 2026, el Estadio de Gran Canaria, feudo de la Unión Deportiva Las Palmas, acogerá la gran final de la Copa de la Reina. Un escenario que no es casual, sino que responde a la voluntad de descentralizar grandes eventos del fútbol femenino y de llevarlos a territorios con una fuerte tradición futbolística y un creciente compromiso con el deporte femenino. Jugar una final en el Estadio de Gran Canaria supone un reconocimiento al papel de Canarias en el fútbol femenino y una oportunidad para seguir ampliando la base social y el impacto mediático de la competición.

    La elección de esta sede conecta de manera simbólica con la presencia del Costa Adeje Tenerife en semifinales, reforzando la sensación de que esta edición de la Copa de la Reina está marcada por la diversidad geográfica y por la convivencia de proyectos muy distintos. Desde la hegemonía del FC Barcelona hasta la épica del FC Badalona Women, pasando por la solidez del Atlético de Madrid y la constancia del Costa Adeje Tenerife, la competición ofrece un abanico de relatos que enriquecen el panorama del fútbol femenino español.

    Cada una de estas semifinales será, en sí misma, un capítulo extenso de una historia mayor. Dos partidos por eliminatoria, 180 minutos —o más, si la igualdad lo exige— para decidir quiénes viajarán a Gran Canaria con el sueño de levantar el trofeo. En ese camino habrá decisiones arbitrales, planteamientos tácticos, estados de forma, lesiones, aciertos individuales y errores colectivos. Pero también habrá emociones, contextos, trayectorias personales y colectivas que convertirán cada encuentro en algo más que un simple partido de fútbol.

    El FC Barcelona afrontará su eliminatoria consciente de que cualquier tropiezo en la Copa de la Reina se magnifica. Cada rival se motiva de manera especial ante el campeón, cada estadio se convierte en un escenario de desafío y cada minuto sin ventaja genera ruido externo. Para el Badalona Women, en cambio, esta semifinal es una oportunidad para competir sin miedo, para medir su crecimiento frente al máximo referente y para disfrutar de un escaparate que puede marcar un antes y un después en la historia del club y en la carrera de muchas de sus jugadoras.

    El Atlético de Madrid y el Costa Adeje Tenerife protagonizarán una eliminatoria de detalles, donde la experiencia en este tipo de escenarios puede ser decisiva, pero donde también pesa la capacidad de sostener la intensidad durante dos partidos muy exigentes. La igualdad en la clasificación liguera es un reflejo fiel de lo que puede suceder en esta semifinal, donde cada gol, cada transición y cada acción a balón parado puede inclinar la balanza.

    En definitiva, el sorteo celebrado este viernes 6 de febrero de 2026 no solo definió dos emparejamientos, sino que activó una cuenta atrás emocional hacia uno de los momentos culminantes de la temporada. La Copa de la Reina vuelve a situarse en el centro del relato del fútbol femenino español, recordando que más allá de los títulos acumulados y de las jerarquías establecidas, siempre hay espacio para la ilusión, la sorpresa y la historia. Con Barcelona, Atlético de Madrid, Costa Adeje Tenerife y FC Badalona Women como protagonistas, el camino hacia la final del 16 de mayo en el Estadio de Gran Canaria promete ser tan exigente como apasionante, tan desigual sobre el papel como imprevisible sobre el césped, y tan cargado de pasado como abierto al futuro.

    Cruces |

    #CopaDeLaReinaIberdrola

    ◼️ONA 🆚 Fútbol Club Barcelona

    ◼️Atlético de Madrid 🆚 Costa Adeje Tenerife

    (Fuente: RFEF)
  • Oficial | Ya hay fecha y horario para el sorteo de semifinales de la Copa de la Reina Iberdrola 2026

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔷 Cuando el fútbol se convierte en destino: la Copa de la Reina ya escucha el eco de su final.

    Hay sorteos que reparten cruces y hay sorteos que escriben historia.
    Hay bolas que determinan emparejamientos y otras que, al girar dentro de un bombo, activan la memoria colectiva de un deporte que ha aprendido a mirarse de frente, sin complejos, consciente de su fuerza, de su pasado y, sobre todo, de su futuro.

    La Copa de SM la Reina Iberdrola 2025-2026 ha alcanzado ese punto exacto del calendario en el que el fútbol femenino español deja de caminar y empieza a volar.

    El instante previo al salto definitivo. La frontera entre el trayecto y el destino. Entre el esfuerzo acumulado de meses y la promesa de una primavera que ya huele a final, a viaje, a isla, a celebración.

    El próximo viernes 6 de febrero de 2026, a partir de las 13:00 horas (horario peninsular), el Salón Luis Aragonés de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas se convertirá, una vez más, en el epicentro simbólico de ese sueño compartido. Allí, bajo la mirada de la historia, la Real Federación Española de Fútbol dará forma al sorteo de las semifinales de una competición que es patrimonio emocional del fútbol femenino español.

    No será un sorteo más.
    Será el sorteo que marque el último peldaño antes del vuelo a Gran Canaria.
    El último umbral antes de que dos escudos hagan las maletas rumbo al Estadio Insular, escenario elegido para la gran final del 16 de mayo de 2026.

    El mensaje fue claro, conciso y rotundo. El 30 de enero de 2026, la RFEF lo comunicó a través de su cuenta oficial en X (antes Twitter): el sorteo estaba fijado, la hora señalada y la expectación activada. Pero detrás de ese anuncio institucional se escondía un relato mucho más profundo, construido a base de eliminatorias, viajes, goles, resistencia, épica y fútbol en estado puro.

    Porque llegar a semifinales de la Copa de la Reina nunca es un trámite.
    Es una conquista.

    El Atlético de Madrid, primer clasificado para esta penúltima ronda, abrió la senda con una actuación contundente y autoritaria en Alcalá de Henares, donde se deshizo del Athletic Club por 4-1. Fue una noche de afirmación rojiblanca, de pegada, de jerarquía competitiva. El conjunto madrileño, fiel a su ADN copero, entendió desde el primer minuto que la Copa no se negocia: se gana.

    El segundo billete viajó rumbo al Atlántico. El Costa Adeje Tenerife Egatesa escribió otra página de su ya consolidada historia copera al imponerse por 0-1 al Madrid CFF en el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada. Un triunfo trabajado, sólido, cargado de madurez competitiva, que vuelve a situar al equipo tinerfeño entre la élite de la competición del KO.

    Pero si la Copa vive de autoridad y constancia, también se alimenta de gestas. Y ninguna como la protagonizada por el F.C. Badalona Women, conocido popularmente como ONA, que a petición expresa de la entidad decidió competir bajo esa identidad simbólica.

    El conjunto catalán firmó la gran sorpresa de los cuartos de final al eliminar a la Real Sociedad, tercer clasificado de la Liga F Moeve, en un duelo que ya pertenece al imaginario copero.

    Fue un partido eterno, tenso, dramático. Un encuentro que se estiró hasta el minuto 133 de la prórroga, cuando Itzi Pinillos desató la locura con un gol que valía una semifinal. Antes, en los noventa reglamentarios, Lucía Pardo había tenido la clasificación en sus botas desde el punto de penalti, pero el fútbol, caprichoso y cruel, decidió guardar el desenlace para más tarde. Para cuando las piernas pesan, la mente duda y el corazón manda.

    Y como cierre de oro, el duelo que acaparó todas las miradas. El Fútbol Club Barcelona y el Real Madrid volvieron a cruzar caminos en Copa, esta vez en Valdebebas, en el choque más atractivo de los cuartos de final. El resultado fue tan contundente como simbólico: 0-4 para el conjunto azulgrana, con un doblete de Ewa Pajor, confirmando que las grandes citas también sirven para reafirmar hegemonías.

    El acto del viernes no será un simple trámite administrativo. La RFEF ha diseñado un evento con vocación de escaparate, retransmitido en directo a través de Teledeporte, Movistar Plus+ y los canales oficiales de la Federación, integrando en un mismo escenario los sorteos de ambas competiciones.

    Un formato absolutamente puro, sin condicionantes, sin cabezas de serie, sin protecciones artificiales. El azar, desnudo. La suerte como único juez. Una reivindicación del espíritu original de la Copa, donde cualquier cruce es posible y cada bola tiene el mismo peso específico.

    En el Salón Luis Aragonés, nombre que evoca identidad, legado y fútbol de verdad, se dictará sentencia. No habrá atajos. Solo emparejamientos que marcarán el último tramo del camino hacia la gloria.

    Las semifinales no solo decidirán quién lucha por el título.
    Decidirán quién cruza el umbral del viaje.
    Quién tiene derecho a subir al avión rumbo a Gran Canaria.

    Porque la final de esta edición tiene acento insular, aroma atlántico y vocación histórica. El 16 de mayo de 2026, el Estadio Insular de Las Palmas de Gran Canaria acogerá la gran final de la Copa de SM la Reina Iberdrola.

    Una elección cargada de simbolismo, fruto del trabajo conjunto de la Real Federación Española de Fútbol, el Cabildo de Gran Canaria y la Federación Interinsular de Las Palmas, que han aunado esfuerzos para llevar a la isla una de las grandes citas del calendario deportivo nacional.

    Gran Canaria no solo recibe una final, recibe una fiesta del fútbol femenino y es un acontecimiento que trasciende el marcador.

    Inaugurado el 8 de mayo de 2003 y reformado en 2014, el Estadio Insular es un recinto acostumbrado a las grandes noches. Con capacidad para más de 32.000 espectadores, ya ha sido testigo de partidos de altísimo nivel y forma parte del mapa sentimental del fútbol español.

    El 21 de noviembre de 2007, albergó el encuentro entre la Selección española masculina e Irlanda del Norte, correspondiente a la clasificación para la Eurocopa de 2008, con victoria española por 1-0. Además, ha sido escenario de dos amistosos internacionales, en 2004 y 2018, ambos saldados con triunfo de España.

    Ahora, casi dos décadas después, se prepara para escribir una nueva página, esta vez con el fútbol femenino como protagonista absoluta.

    Un escenario de lujo para un partido de lujo. Un templo listo para vibrar con las mejores futbolistas del país.

    La Copa de la Reina 2025-2026 no se entiende sin su contexto. Llega en un momento de crecimiento estructural, social y mediático del fútbol femenino español. Un momento en el que la Selección española femenina ocupa el número 1 del ranking FIFA mundial, y en el que el combinado nacional se ha proclamado recientemente campeón de la UEFA Women’s Nations League.

    No es casualidad, sino una feliz consecuencia fruto del trabajo de clubes, federaciones, futbolistas, cuerpos técnicos y aficiones que han empujado el deporte hasta este punto de madurez. La final de Gran Canaria será, por tanto, algo más que un título: será un reflejo del camino recorrido.

    Antes de que llegue mayo, antes de que el Insular se vista de gala, antes de que dos capitanas alcen el trofeo al cielo canario, queda un último ritual: el sorteo.

    Ese instante suspendido en el tiempo en el que todo es posible y nada está decidido.

    El viernes, el fútbol femenino español se mirará de nuevo al espejo. Y lo que verá será ambición, talento, diversidad y futuro.

  • La crónica | El ONA da la campanada en Zubieta

    (Fuente: FC Barcelona Women)

    🔷 El Badalona Women firmó una noche para la historia del fútbol femenino catalán y español al tumbar en la prórroga a la Real Sociedad, rompiendo todos los pronósticos y colándose por primera vez en las semifinales de la Copa de la Reina gracias al tanto decisivo de Itzi Pinillos (0-1) en la prórroga.

    Los onces |

    Real Sociedad |

    Julia Arrula

    Claudia Florentino

    Ainhoa Moraza

    Nahia Aparicio

    Elene Guridi

    Andreia Jacinto

    Mirari Uria

    Nerea Eizagirre (C)

    Cecilia Marcos

    Emma Ramírez

    Klara Cahynová

    ONA |

    María López

    Sonia García (C)

    Estefanía Banini

    Elena Julve

    Loreta Kullashi

    Itziar Pinillos

    Lorena Navarro

    Ana González

    Celya Barclais

    Cristina Cubedo

    Nerea Carmona

    El duelo al detalle |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    El equipo dirigido por Arturo Ruiz salió al terreno de juego con una determinación inequívoca, consciente de que la Copa de la Reina no concede segundas oportunidades y de que el contexto competitivo —un cruce ante un rival de inferior categoría en términos clasificatorios, pero cargado de ilusión— exigía marcar territorio desde el primer instante. Las futbolistas realistas parecían haber interiorizado el guion antes incluso de que el balón echara a rodar: dominio, control, presión alta y velocidad en la circulación. Nada de especulación. Nada de tanteo. Desde el pitido inicial, la Real Sociedad impuso un ritmo que hablaba de jerarquía, de oficio y de un equipo acostumbrado a manejar escenarios de máxima exigencia.

    Ese dominio temprano no fue una cuestión meramente estética o territorial, sino que se tradujo de inmediato en amenaza real sobre la portería rival. Antes de que el cronómetro alcanzara siquiera el primer minuto de juego, Emma Ramírez protagonizó la primera gran sacudida del encuentro. La extremo realista, eléctrica y valiente, recibió en banda izquierda, encaró sin dudar y, tras acomodarse el balón con sutileza, conectó un potente zurdazo que se estrelló con violencia en el poste izquierdo de la portería defendida por María López. El sonido seco del balón golpeando la madera resonó en Zubieta como un aviso inequívoco: la Real había salido a morder.

    La jugada, más allá de su desenlace, fue una declaración de intenciones. Reflejaba a la perfección la puesta en escena del conjunto txuri-urdin: extremos abiertos, laterales largos, centro del campo escalonado y una presión tras pérdida asfixiante que impedía cualquier intento de pausa por parte del FC Levante LP Badalona Women. La Real no solo quería el balón; quería hacerlo suyo en campo contrario, imponer su ritmo y desgastar mentalmente a un rival que, desde el inicio, se vio obligado a correr detrás de la pelota.

    Cinco minutos después de aquel primer aviso, llegó una acción que levantó al público de sus asientos y que, durante unos segundos, pareció abrir el marcador. Cecilia Marcos, una de las futbolistas con mayor talento diferencial del plantel realista, culminó una brillante jugada colectiva con una definición tan delicada como precisa. La acción nació en campo propio, con una salida limpia desde atrás, apoyos constantes y una circulación rápida que desarmó la primera línea de presión visitante. El balón fue viajando de pie en pie hasta encontrar a Cecilia, que leyó a la perfección el movimiento de la portera y optó por una vaselina exquisita, una de esas definiciones que engrandecen el juego.

    El balón se coló mansamente en la portería, y durante un instante, Zubieta celebró lo que parecía el merecido premio a un arranque arrollador. Sin embargo, la alegría duró poco. La asistente levantó el banderín, señalando fuera de juego. El gol no subió al marcador. La decisión generó protestas inmediatas desde el banquillo local, con Arturo Ruiz reclamando una revisión de VAR, convencido de que la posición de su futbolista podía ser legal. No era una protesta airada, sino la lógica reacción de un entrenador que sentía que su equipo había hecho méritos suficientes para adelantarse.

    La repetición, sin embargo, disipó cualquier atisbo de duda. Las imágenes mostraron con claridad que Cecilia estaba adelantada en el momento exacto en el que recibía el pase. La definición, tan bella como inapelable, quedó reducida a una anécdota estética, a una obra de arte invalidada por el rigor del reglamento. Agua de borrajas. El marcador seguía sin moverse, aunque la sensación de superioridad realista era ya abrumadora.

    Lejos de acusar el golpe anímico que a veces supone ver anulado un gol, las futbolistas de Arturo Ruiz no bajaron el pie del acelerador. Todo lo contrario. Redoblaron esfuerzos, incrementaron la presión y mantuvieron un nivel de intensidad que hacía muy complicado cualquier intento de reacción del conjunto catalán. El Badalona Women se veía constantemente empujado hacia su propio campo, incapaz de enlazar más de dos pases seguidos sin que una camiseta blanquiazul apareciera para interceptar, anticipar o forzar el error.

    El plan de la Real Sociedad era claro y se ejecutaba con precisión quirúrgica: presión alta coordinada, líneas juntas, basculaciones rápidas y una ocupación racional de los espacios. El centro del campo, liderado por futbolistas con capacidad para leer el juego y sostener el ritmo, se erigía como el verdadero motor del equipo. Cada recuperación era una invitación a volver a atacar, a someter de nuevo a un rival que apenas encontraba oxígeno.

    Durante ese tramo inicial, el Levante Badalona prácticamente no existió en ataque. Sus intentos de salida al contragolpe eran neutralizados antes incluso de cruzar la línea divisoria. Las delanteras visitantes se encontraban aisladas, sin apoyos, obligadas a pelear balones largos que siempre acababan en poder de la zaga realista.

    El equipo local defendía hacia adelante, con valentía y convicción, consciente de que su superioridad no solo era técnica, sino también física y mental.

    Con el paso de los minutos, el partido entró en una fase ligeramente más pausada. La Real Sociedad seguía dominando, pero el ritmo frenético del inicio dio paso a un control más posicional, a una gestión inteligente de los tiempos. El equipo local sabía que no hacía falta precipitarse, que el partido estaba donde quería. Aun así, el Badalona tuvo un momento, breve pero significativo, en el que logró asomarse al área rival y generar su mejor ocasión de la primera mitad.

    La jugada nació de un pequeño desajuste defensivo, uno de los pocos que se permitieron las realistas en todo el primer tiempo. Emma, muy adelantada en su posición, dejó un espacio a su espalda que fue aprovechado por Estefanía Banini. La argentina, referencia ofensiva y alma creativa del conjunto catalán, recibió el balón con metros por delante y sin una defensora inmediata que la encimara. Durante unos segundos, pareció que el Badalona podía castigar a la Real en una de esas acciones aisladas que tantas veces deciden eliminatorias coperas.

    Sin embargo, Banini optó por una solución individual. En lugar de buscar un pase que pudiera generar una ocasión más clara, decidió disparar desde fuera del área. El lanzamiento, potente pero poco preciso, no encontró portería. Julia Arrula, bien colocada, siguió la trayectoria del balón sin necesidad de intervenir. La ocasión quedó en un simple susto, en un recordatorio de que incluso el equipo más dominante debe mantenerse alerta.

    Ese fue, en esencia, el único momento de cierta zozobra para la Real Sociedad en toda la primera mitad. A partir de ahí, el encuentro volvió a caer en el cauce que más favorecía a las locales. El Badalona, incapaz de sostener el balón o de progresar con claridad, se replegó aún más, aceptando un papel reactivo que evidenciaba la diferencia de nivel entre ambos conjuntos.

    A medida que el primer tiempo avanzaba, la Real fue apagándose ligeramente en términos de intensidad, no por falta de ambición, sino por una gestión consciente del esfuerzo. El partido, y la eliminatoria, estaban bajo control. Julia Arrula apenas tuvo trabajo. Su presencia bajo palos fue casi testimonial, limitada a ordenar a su defensa y a participar en la salida de balón cuando la presión rival lo permitía. Las realistas defendían bien, atacaban mejor y transmitían una sensación de solidez que invitaba al optimismo.

    Desde el banquillo, Arturo Ruiz observaba con atención, tomando notas mentales y administrando recursos. El técnico realista había optado por reservar a varias piezas clave, consciente de la exigencia del calendario y de la importancia de dosificar esfuerzos. Paula Fernández, auténtico faro del equipo y una de las futbolistas más determinantes de la temporada, aguardaba su oportunidad. También Intza, en un estado de forma sobresaliente, así como Aiara y las jóvenes Isasisasmendi y Chacón, dos de las grandes esperanzas de la cantera, especialmente en el plano ofensivo.

    Esa gestión de plantilla hablaba no solo de la confianza de Arturo Ruiz en el once inicial, sino también de una visión a medio plazo. La Copa es un torneo traicionero, pero también una oportunidad para construir grupo, para implicar a todas las futbolistas y para dosificar cargas sin perder competitividad. La Real, en ese sentido, parecía tenerlo todo bajo control.

    El primer tiempo se fue consumiendo sin sobresaltos, con la Real dominando el juego, el territorio y las sensaciones, y con un Badalona resistente, digno, pero claramente superado en la mayoría de los registros. El marcador, eso sí, seguía sin reflejar esa superioridad. Y en el fútbol, especialmente en una competición como la Copa de la Reina, ese detalle nunca es menor.

    Porque si algo enseña este torneo es que los partidos no se ganan por merecimientos, sino por goles. Y aunque la Real había hecho méritos suficientes para irse al descanso por delante, la realidad era tozuda: el 0-0 seguía presidiendo el electrónico. Una circunstancia que, lejos de generar ansiedad, parecía reforzar la concentración del conjunto local, consciente de que el camino correcto ya estaba trazado.

    El descanso se acercaba con la sensación de que el partido, más temprano que tarde, terminaría cayendo del lado realista si el guion se mantenía. La Real había demostrado superioridad en la clasificación liguera, sí, pero también sobre el césped. Había impuesto su ritmo, su idea y su jerarquía. Solo faltaba el gol. Ese detalle, siempre caprichoso, que separa el dominio del desenlace.

    Y mientras el primer tiempo llegaba a su fin, Zubieta respiraba fútbol. Un fútbol de control, de paciencia y de convicción. Un fútbol que, aunque todavía no había encontrado premio, dejaba claro que el equipo de Arturo Ruiz estaba dispuesto a escribir su propio relato en esta edición de la Copa de la Reina, sin concesiones y con la ambición intacta.

    Las 22 protagonistas tuvieron quince minutos para descansar y reorganizarse de cara al segundo tiempo, pues el resultado gafas lo dejaba todo abierto para la segunda mitad.

    La segunda parte arrancó con una sensación reconocible, casi un eco de lo vivido en los primeros compases del encuentro, aunque con un matiz evidente: menos vértigo y más control. La Real Sociedad volvió a asumir el mando desde el inicio del segundo acto, instalándose en campo rival y empujando al Levante LP Badalona Women hacia un repliegue cada vez más profundo. Sin embargo, esa superioridad territorial no encontraba una traducción clara en forma de ocasiones manifiestas. El dominio era real, pero la precisión en los últimos metros comenzaba a ser el gran debe del conjunto txuri-urdin.

    El Badalona, fiel a su plan, aceptaba el guion con disciplina defensiva. Líneas juntas, ayudas constantes y una concentración máxima para resistir el empuje local. Cada ataque realista encontraba una maraña de piernas, un cuerpo interpuesto o una decisión defensiva acertada. La Real circulaba el balón con paciencia, pero sin la chispa necesaria para desarmar un bloque que se sentía cómodo defendiendo cerca de su área.

    En ese contexto, una acción a balón parado pareció ofrecer una oportunidad para romper la monotonía. Elene Guridi, siempre inteligente en la gestión de los tiempos y los espacios, provocó una falta peligrosa en la frontal del área. Nerea Eizagirre, capitana y faro creativo del equipo, tomó el balón con la naturalidad de quien entiende el juego en clave colectiva y cedió el lanzamiento a Cecilia Marcos. El disparo superó la barrera con limpieza, pero se marchó desviado, sin encontrar la portería defendida por María López. Fue una ocasión clara, aunque insuficiente para alterar el equilibrio del marcador.

    Con el reloj avanzando y el partido anclado en una dinámica de control estéril, Arturo Ruiz decidió mover ficha. En el minuto 55, el técnico realista dio entrada a Intza Egiguren y Aiara Agirrezabala, dos de las futbolistas más en forma de la plantilla, ambas con el inconfundible sello Zubieta. El mensaje era claro: aumentar el ritmo, refrescar ideas y añadir verticalidad a un ataque que empezaba a perder sorpresa.

    La entrada de ambas futbolistas revitalizó parcialmente a la Real, pero el partido seguía resistiéndose. Y entonces, cuando parecía que el encuentro avanzaba sin sobresaltos, llegó una acción aislada que estuvo a punto de cambiarlo todo. En el minuto 65, Elena Julve encontró al espacio a Lice Chamorro, que se plantó sola ante Julia Arrula y definió con frialdad. El balón acabó en la red, pero el tanto fue invalidado por fuera de juego. La delantera estaba ligeramente adelantada sobre Emma, y la jugada quedó anulada.

    La Real Sociedad respiró aliviada, pero el susto dejó huella. Porque apenas unos instantes después, el Badalona volvió a golpear en la misma zona. Moraza permitió la progresión de Julve por línea de fondo, y la atacante visitante puso un centro tenso al segundo palo donde apareció Celya Barclais. El remate, con la pierna izquierda, salió defectuoso, casi un semifallo, pero suficiente para encender todas las alarmas. Segunda librada consecutiva para la Real, que empezaba a comprobar que la Copa no perdona las concesiones.

    La respuesta local no se hizo esperar. Lucía Pardo, incisiva desde su entrada, encaró por banda, ganó línea de fondo y encontró en la frontal del área a Intza Egiguren. La centrocampista de Anoeta amagó el disparo en primera instancia, engañando a la defensa, pero su remate final fue bloqueado y se marchó a córner. Era una jugada de manual, una acción que reflejaba la intención realista de volver a imponer su autoridad.

    El tiempo siguió corriendo, y el partido comenzó a adquirir ese aroma tan reconocible de las eliminatorias coperas: tensión creciente, nervios contenidos y la sensación de que cualquier detalle podía decidirlo todo. Cuando todo parecía encaminado hacia una prórroga inevitable, llegó la jugada más polémica del encuentro.

    Un buen centro al área encontró a Claire Lavogez, que cayó dentro del área en pugna con una defensora. Intza Egiguren fue la primera en señalar el punto de penalti, y la árbitra no dudó en sancionar la acción. El Levante Badalona solicitó la revisión mediante VAR, utilizando una de las dos opciones disponibles, pero tras la comprobación, la decisión se mantuvo. Penalti para la Real Sociedad. Una oportunidad de oro para evitar el tiempo extra.

    La responsabilidad recayó en Lucía Pardo. La futbolista tomó el balón con determinación, pero el lanzamiento fue demasiado blando, carente de potencia y colocación. María López, atenta y segura, detuvo el disparo sin excesivos problemas. El fallo fue un golpe durísimo para la Real, tanto en lo anímico como en lo simbólico. El partido se escapaba hacia la prórroga.

    Sin tiempo para más, el pitido final de los noventa minutos reglamentarios confirmó lo inevitable: la eliminatoria se decidiría en el tiempo extra.

    Las fuerzas, llegados a ese punto, eran las justas. El desgaste acumulado se hizo evidente, y durante la primera parte de la prórroga ambos equipos optaron por la prudencia. Nadie quería cometer el error definitivo. El miedo a perder superó durante muchos minutos el deseo de ganar. El resultado fue un tramo anodino, sin llegadas claras, sin ritmo y con demasiadas interrupciones.

    Pero la segunda parte de la prórroga ofreció un guion diferente. La Real salió con otra energía, como si hubiera guardado fuerzas para ese último cuarto de hora decisivo. Aiara Agirrezabala comenzó a encontrar espacios por banda y a ganar metros con cada acción. En una de esas llegadas, la berasategiarra alcanzó línea de fondo y colgó un balón peligroso al área. El cuero quedó suelto, embarrado, y Lucía Pardo lo recogió para estrellarlo contra la madera. El poste volvió a negar el gol a la Real.

    Arturo Ruiz agotó entonces sus reclamaciones de VAR, pero no había infracción alguna que señalar. El partido seguía vivo.

    Y cuando mejor estaba la Real, cuando parecía más cerca el gol local, llegó el mazazo definitivo. El Levante Badalona penetró por banda izquierda, aprovechando una acción defensiva floja de Florentino. El centro fue preciso, al corazón del área pequeña. Arrula y Aparicio lograron despejar en primera instancia, pero el balón cayó muerto en el segundo palo. Allí apareció Itzi Pinillos, exjugadora del Madrid CFF, que remató a placer para firmar el 01 en el minuto 113.

    El silencio se apoderó de Zubieta. El Badalona había golpeado cuando menos se esperaba, dejando a la Real sin apenas margen de maniobra.

    Las txuri-urdin no se rindieron. Buscaron el empate con más corazón que cabeza. Lo tuvieron cerca. Lavogez conectó un cabezazo peligroso, pero el balón se marchó por encima del larguero. Fue la última gran ocasión. Con esa acción se cerró el partido en el País Vasco.

    El ONA culminaba así una gesta sin precedentes para una entidad que alcanzó la élite en 2022 bajo el nombre de Levante Las Planas.

    El Badalona Women frenaba en seco las aspiraciones de una Real Sociedad que había levantado este título en Granada en 2019, precisamente ante el Atlético de Madrid, y se llevaba la penúltima plaza disponible para unas semifinales que ya serán a doble partido.

    Una noche histórica para el fútbol modesto. Una noche cruel para la Real. Y una prueba más de que la Copa de la Reina, fiel a su esencia, no entiende de jerarquías ni de merecimientos, solo de goles y momentos.

    (Fuente: RFEF)

    📋 Ficha técnica |

    Real Sociedad de Fútbol: J. Arrula, Emma (Lucía, min. 66), Apari, Florentino, Moraza, Cahynová, Andreia (P. Fernández, min. 95), E. Guridi (Intza, min. 56), N. Eizagirre (cap.) (L. Pardo, min. 66), Cecilia (Aiara, min. 56) y Mirari (Lavogez, min. 84).

    ONA: María, Itzi, Nerea C., C. Cubedo, S. Majarín (cap.) (Irina, min. 106), Barclais, Ana G. (Junge, min. 90+1), Lorena (M. Llompart, min. 46), E. Julve (Paula, min. 90+1), Banini (Jankovska, min. 71) y Kullashi (L. Chamorro, min. 46).

    Árbitra: Alicia Espinosa. Ha amonestado a la local Moraza y a la visitante Barclais con tarjeta amarilla.

    Incidencias: Partido correspondiente a la eliminatoria de los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entre la Real Sociedad de Fútbol y el ONA que se ha celebrado en una superficie de hierba natural.

    Goles |
    0-1 Itzi Pinillos 113’ ⚽️

    Vídeo |

  • La previa | Real Sociedad vs Badalona

    (Fuente: Liga F Moeve )

    ◼️ Zubieta, templo de Copa: noventa minutos para tocar la historia.

    La Copa de la Reina Iberdrola entra en ese territorio sagrado donde ya no existen los partidos rutinarios ni las noches corrientes. Allí donde el frío corta la respiración, donde el césped parece más verde y donde cada silencio pesa tanto como cada grito. Este jueves 5 de febrero a las 19:00 horas, Zubieta se convertirá en escenario mayor del fútbol femenino español. Real Sociedad y FC Badalona Women se juegan un billete para las semifinales, una plaza reservada solo para quienes saben resistir, competir y soñar. El choque será retransmitido por RFEF TV y Esport 3, pero lo que está en juego trasciende cualquier pantalla: es Copa, es eliminación directa, es memoria, es identidad y es futuro.

    Hablar de la Copa de la Reina es hablar de una competición que no entiende de jerarquías inamovibles ni de trayectorias garantizadas. Es el torneo donde el pasado pesa, pero el presente decide; donde el favoritismo sirve de poco si no se acompaña de carácter; donde cada eliminatoria es una novela comprimida en noventa minutos (o más, si el destino así lo quiere).

    Zubieta, históricamente, ha sido un lugar propicio para ese tipo de noches. Un espacio donde la Real Sociedad ha construido parte de su relato moderno, especialmente en los últimos años, consolidándose como uno de los proyectos más estables y competitivos de la Liga F Moeve. Pero la Copa no se juega con estadísticas pasadas, sino con pulsaciones actuales.

    Este Real Sociedad – FC Badalona Women es mucho más que un cruce de cuartos de final. Es un enfrentamiento entre dos modelos, dos momentos vitales y dos ambiciones que confluyen en un mismo punto: seguir vivos.

    La Real Sociedad llega a esta cita como uno de los equipos más fiables del campeonato liguero. Terceras en la Liga F Moeve con 38 puntos, las donostiarras han logrado construir una temporada marcada por la regularidad, la solvencia defensiva y una identidad colectiva muy definida. Ocho puntos de ventaja sobre el cuarto clasificado no son una casualidad, sino el reflejo de un equipo que ha sabido competir semana tras semana.

    El dato es elocuente: solo una derrota en los últimos trece partidos. Una racha que habla de consistencia, pero también de madurez. La Real ya no es una promesa del fútbol femenino español; es una realidad consolidada que mira a los ojos a cualquiera.

    En los octavos de final, el conjunto txuri-urdin superó al Deportivo Abanca por 1-4, resolviendo la eliminatoria con autoridad, personalidad y un mensaje claro: este equipo no viaja en la Copa para cumplir expediente, sino para llegar lejos.

    Buena parte del crecimiento reciente de la Real Sociedad tiene nombre propio: Arturo Ruiz. El técnico ha sabido dotar al equipo de una estructura reconocible, equilibrando talento y sacrificio, control y verticalidad. Bajo su mando, la Real se ha convertido en un conjunto incómodo para cualquiera, capaz de dominar desde la posesión o de sobrevivir en escenarios más abiertos.

    En Copa, ese equilibrio es oro. Porque no siempre gana el que mejor juega, sino el que mejor entiende el partido que necesita. Y ahí la Real ha dado pasos de gigante en las últimas temporadas.

    Eso sí, no será una noche perfecta en cuanto a efectivos. María Molina, Maren Lezeta y Arola Aparicio no estarán disponibles, bajas sensibles que obligarán a reajustes, especialmente en términos de rotación y profundidad de banquillo. Pero si algo ha demostrado este equipo es capacidad de adaptación.

    Jugar en Zubieta no es un detalle menor. El campo de entrenamiento se transforma en un estadio emocional cuando llega la Copa. Es un entorno conocido, controlado, donde cada referencia es familiar. La Real se siente cómoda allí, arropada por su gente y por una atmósfera que empuja incluso en los momentos de dificultad.

    El césped, el viento, la cercanía del público, el ritmo que impone el propio entorno… todo suma a favor del conjunto local. Pero también añade presión: en casa, la exigencia es máxima, y la obligación de dar un paso más aparece sin pedir permiso.

    Enfrente estará un FC Badalona Women que llega a Zubieta sin nada que perder y mucho que ganar. Séptimas clasificadas en la Liga F Moeve, las catalanas han construido una temporada notable, consolidándose en la zona media-alta de la tabla y demostrando que su proyecto tiene cimientos sólidos.

    Pero si hay un dato que define el momento del Badalona es este: invicto en este inicio de 2026, con tres victorias consecutivas que han reforzado la confianza del grupo y su convicción competitiva.

    En Copa, su camino ha sido tan silencioso como efectivo. Primero, una victoria de peso ante Osasuna (0-3), demostrando solvencia lejos de casa. Después, un triunfo ajustado pero valiosísimo frente al Granada CF (1-0), en un partido de máxima exigencia emocional y táctica. Dos eliminatorias superadas, dos rivales históricos fuera y una sensación creciente: este Badalona cree.

    El trabajo de Marc Ballester merece mención especial. El técnico ha conseguido construir un equipo competitivo, solidario y tácticamente disciplinado, capaz de adaptarse a distintos escenarios. El Badalona no necesita dominar para ser peligroso; sabe esperar, elegir sus momentos y castigar errores ajenos.

    Esa virtud es especialmente peligrosa en Copa. Porque cuando el reloj corre y los nervios aparecen, los equipos pacientes suelen encontrar premio.

    Eso sí, las catalanas tampoco llegarán con el plantel al completo. Antonia Canales, Núria Garrote y Berta Pujadas causarán baja, ausencias importantes que reducirán las opciones de rotación y exigirán un esfuerzo extra a las jugadoras disponibles. Pero este Badalona ya ha demostrado saber competir desde la adversidad.

    El historial entre ambos equipos añade más capas de interés al choque. Nueve enfrentamientos oficiales entre Real Sociedad y FC Badalona Women, con un balance sorprendentemente equilibrado:
    • 4 victorias para la Real Sociedad
    • 4 empates
    • 1 triunfo para el Badalona

    Un dato que refleja la igualdad histórica entre ambos conjuntos, aunque el presente inmediato inclina la balanza hacia el lado donostiarra. En la primera vuelta de esta temporada, la Real se impuso por 0-2, en un partido serio, controlado y resuelto con eficacia.

    Llegar a semifinales de la Copa de la Reina Iberdrola no es solo una cuestión deportiva; es un impulso institucional, emocional y mediático. Es colocarse a un paso de una final histórica, de una cita que define carreras y proyectos.

    Para la Real Sociedad, significaría confirmar su estatus como uno de los grandes nombres del fútbol femenino español. Para el FC Badalona Women, sería una gesta inolvidable, una página dorada en su historia reciente.

    La Copa de la Reina ya ha empezado a escribir su relato en estos cuartos de final, y lo ha hecho con mensajes claros.

    El Atlético de Madrid impuso su jerarquía y su pegada al superar al Athletic Club por 4-1, en un duelo de alto voltaje que confirmó el momento competitivo del conjunto rojiblanco y su candidatura firme al título.

    Por otro lado, el Costa Adeje Tenerife Egatesa protagonizó una de las grandes historias de esta ronda al vencer al Madrid CFF por 0-1, demostrando una vez más que la Copa es terreno fértil para la sorpresa y la épica.

    Con esos resultados ya definidos, el cuadro empieza a tomar forma. Y el ganador de Zubieta sabe que no solo avanzará de ronda, sino que entrará en un escenario donde cada partido ya es historia viva.

    Este jueves, cuando el reloj marque las 19:00 horas, el balón echará a rodar y todo lo demás quedará en suspenso. La Real Sociedad y el FC Badalona Women dejarán de ser proyectos, estadísticas o narrativas para convertirse simplemente en dos equipos persiguiendo el mismo sueño.

    Noventa minutos —o quizá más— para decidir quién sigue y quién se queda en el camino. Para comprobar si pesa más la solidez del favorito o el hambre del aspirante. Para confirmar que la Copa de la Reina Iberdrola sigue siendo ese lugar donde el fútbol se desnuda y muestra su verdad más cruda y más bella.

    Zubieta será juez. La noche, testigo. Y la historia, como siempre, solo recordará a quien se atreva a dar un paso más.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola

    🤩 Temporada 2025-2026

    🙌🏻 Cuartos de final

    🔥 Real Sociedad de Fútbol 🆚 ONA 🔥

    📅 Jueves, 5 de febrero de 2026

    📺 RFEF TV

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    🏟️ Estadio de Zubieta, Guipúzcoa

  • Oficial | Adidas presenta el balón oficial para la final de la UEFA Women’s Champions League 2026 en Oslo

    (Fuente: UEFA)

    🔷 La marca alemana ha revelado el nuevo balón oficial inspirado en el estilo nórdico antes de la final de la UEFA Women’s Champions League 2026 en Oslo.

    El balón que rugirá en Oslo: la UEFA Women’s Champions League 2026 se presenta al mundo desde Tigerstaden como símbolo de poder, identidad y futuro.

    Oslo ya tiene voz, textura y latido propio para la gran noche del fútbol femenino europeo. Con un balón que combina herencia nórdica, estética contemporánea y tecnología de élite, la UEFA Women’s Champions League 2026 comienza a escribirse mucho antes del pitido inicial de su final, que se disputará el sábado 23 de mayo de 2026 en el Ullevaal Stadion. Noruega, por primera vez en la historia, será anfitriona del partido más importante del calendario continental de clubes femeninos, y lo hará con un icono que va mucho más allá de lo visual: un balón que representa una ciudad, una cultura, una competición en plena evolución y un deporte que ya no mira al futuro, sino que lo construye.

    Desde el primer vistazo, el balón oficial de la final de la UEFA Women’s Champions League 2026 impone carácter. Su diseño, concebido por adidas, se articula en torno a una base blanca que sirve de lienzo para un conjunto de estrellas y gráficos que dialogan entre la tradición y la modernidad. Estrellas plateadas metalizadas, paneles de un rojo intenso y grabados de inspiración nórdica se entrelazan para crear una identidad visual poderosa, reconocible y profundamente simbólica. No es un diseño neutro ni genérico: es una declaración de intenciones que conecta directamente con Oslo, conocida como “Tigerstaden”, la ciudad del tigre, un apodo que nace de la literatura y que hoy se proyecta como metáfora de fuerza, orgullo y espíritu indomable.

    (Fuente: UEFA )

    Los llamativos bloques rojos fuego no son un simple recurso estético. En ellos se integran paneles metálicos grabados con gráficos que evocan las tallas tradicionales nórdicas, esas formas geométricas y orgánicas que durante siglos decoraron madera, piedra y metal en el norte de Europa, y que hoy resurgen reinterpretadas en clave deportiva. Estos grabados no solo aportan profundidad visual, sino que conectan el balón con una herencia cultural que entiende el combate, la protección y la comunidad como valores esenciales. El rojo, intenso y vibrante, dialoga con el plateado metálico de las estrellas, generando un contraste que remite tanto al fuego como al acero, a la pasión y a la resistencia, a la emoción del juego y a la fortaleza de quienes lo practican.

    Las estrellas, elemento icónico de la UEFA Women’s Champions League, aparecen rodeadas de detalles plateados que recuerdan a escudos protectores y armaduras entrelazadas. La elección no es casual. En el imaginario nórdico, la armadura no es solo defensa, sino también identidad, estatus y pertenencia. En este balón, esas referencias se transforman en símbolo de unidad y fuerza colectiva, dos conceptos que definen tanto al fútbol femenino contemporáneo como al propio torneo. La competición ha crecido sobre la base del esfuerzo compartido, del avance conjunto de clubes, jugadoras, federaciones y aficiones que han empujado en la misma dirección hasta situar a la Women’s Champions League en un lugar central del panorama futbolístico europeo.

    Entre esos motivos gráficos emergen también figuras de tigres, integradas de manera sutil pero reconocible. El tigre, emblema de Oslo, representa el carácter combativo de la ciudad, su energía creativa y su capacidad para reinventarse. Tigerstaden no es solo un sobrenombre; es una narrativa que habla de una capital que ha sabido equilibrar tradición y modernidad, naturaleza y urbanismo, cultura y deporte. Que ese símbolo forme parte del balón oficial de la final no es un guiño superficial, sino una forma de anclar el objeto al territorio, de convertirlo en un embajador silencioso de la ciudad anfitriona en cada partido de la fase eliminatoria del torneo.

    El diseño se completa con la presencia del logo de adidas Performance y del logo oficial de la UEFA Women’s Champions League, junto al emblemático trofeo que corona la competición. Estos elementos no irrumpen en el conjunto, sino que se integran con naturalidad, reforzando la idea de un producto concebido desde la coherencia visual y el respeto por la identidad del torneo. Cada línea, cada textura y cada color responden a una narrativa común: la de un fútbol femenino que honra sus raíces, celebra su presente y se proyecta con ambición hacia el futuro.

    Más allá de su impacto visual, el balón ha sido desarrollado para ofrecer un rendimiento de élite acorde a las exigencias del máximo nivel competitivo. adidas ha aplicado su tecnología más avanzada para garantizar precisión, consistencia y control en todas las condiciones de juego. La construcción sin costuras y termosellada permite una trayectoria más estable, una respuesta uniforme en cada contacto y una fiabilidad absoluta tanto en el pase corto como en el golpeo largo. En un contexto en el que cada detalle puede marcar la diferencia, el balón se convierte en una herramienta afinada al milímetro para acompañar el talento de las mejores futbolistas de Europa.

    La superficie texturizada ha sido diseñada específicamente para mejorar el agarre y el tacto, aspectos fundamentales en un fútbol cada vez más rápido, técnico y exigente. Esta textura optimiza el control incluso en condiciones meteorológicas adversas, algo especialmente relevante en competiciones europeas que se disputan en distintos climas y estadios. El objetivo es claro: que el balón responda con la misma fiabilidad en una noche fría del norte que en un partido bajo la lluvia o en un estadio con alta humedad. La tecnología no busca protagonismo, sino invisibilidad; está ahí para que el juego fluya sin interferencias, para que las protagonistas puedan expresarse con libertad y precisión.

    El balón oficial de la final no quedará reservado únicamente para el partido decisivo en Oslo. Será el esférico que acompañe a la competición durante toda la fase eliminatoria, convirtiéndose en testigo directo de los momentos más intensos del torneo. Su primera aparición en el terreno de juego está prevista para los primeros play-offs eliminatorios, una fase que marca uno de los grandes cambios estructurales de la UEFA Women’s Champions League en esta temporada. La introducción de una ronda adicional de eliminatorias a doble partido, en la que participarán ocho equipos, añade un nuevo nivel de emoción, tensión competitiva y oportunidades para clubes que buscan abrirse camino hacia la élite.

    Estos play-offs eliminatorios se disputarán los días 11, 12, 18 y 19 de febrero, en un formato que refuerza el valor del ida y vuelta y que pone a prueba no solo la calidad futbolística, sino también la capacidad de adaptación, la gestión emocional y la profundidad de las plantillas. Los equipos que superen esta exigente ronda se unirán en los cuartos de final, programados para los meses de marzo y abril, a los cuatro clubes que hayan terminado en las cuatro primeras posiciones de la fase liga inaugural del nuevo formato de la competición. Este sistema, más abierto y competitivo, refleja la voluntad de la UEFA de seguir impulsando el crecimiento del torneo y de ofrecer más partidos de alto nivel a jugadoras y aficionados.

    La final del 23 de mayo de 2026 en el Ullevaal Stadion será la culminación de este camino. El estadio nacional de Noruega, situado en la capital, se prepara para acoger un evento histórico no solo por ser la primera final de la UEFA Women’s Champions League disputada en el país, sino también por el simbolismo que encierra. Noruega es una de las grandes pioneras del fútbol femenino, una nación que ha sido referente en desarrollo, éxitos internacionales y defensa de la igualdad en el deporte. Que Oslo sea escenario de la final es, en muchos sentidos, un reconocimiento a esa trayectoria y una forma de cerrar un círculo histórico.

    El Ullevaal Stadion, con su tradición y su capacidad para albergar grandes citas deportivas, se convertirá en el epicentro del fútbol femenino europeo durante esa jornada. La ciudad entera se vestirá de gala para recibir a equipos, aficiones y representantes del fútbol continental, en una celebración que irá mucho más allá de los noventa minutos de juego. El balón oficial, con sus referencias a Tigerstaden, rodará sobre el césped como un hilo conductor entre la identidad local y la dimensión global del torneo.

    La presentación y comercialización del balón refuerzan también la conexión entre la élite y la afición. El balón oficial de la final de la UEFA Women’s Champions League 2026 ya está disponible para su compra en tiendas seleccionadas y en la plataforma online adidas.com, permitiendo que seguidoras y seguidores de todo el mundo puedan tener en sus manos el mismo esférico que utilizarán las mejores futbolistas del continente. Este acceso no es un detalle menor: forma parte de una estrategia que busca acercar el fútbol femenino a su público, generar identificación y convertir cada elemento del torneo en un símbolo compartido.

    La Women’s Champions League vive un momento de consolidación y expansión. El nuevo formato, la creciente inversión, el aumento de audiencias y la mejora constante en la cobertura mediática son reflejo de un ecosistema que ha dejado atrás la fase de promesa para instalarse en la de realidad. En este contexto, el balón oficial de la final no es un mero accesorio, sino un elemento narrativo que acompaña y refuerza este proceso. Su diseño habla de guerreras, de fuerza colectiva, de evolución moderna y de respeto por las raíces, conceptos que resuenan con fuerza en un fútbol femenino que ha sabido abrirse camino con determinación.

    Cada partido de la fase eliminatoria, cada pase, cada disparo y cada gol estarán marcados por la presencia de este balón, que se convertirá en un testigo silencioso de historias deportivas y emocionales. Desde los primeros play-offs hasta la gran final en Oslo, el esférico será parte del relato de una temporada que promete emociones intensas, rivalidades renovadas y momentos para la historia. La elección de Oslo como sede final y la inspiración nórdica del diseño refuerzan la idea de que la UEFA Women’s Champions League es una competición verdaderamente europea, capaz de integrar culturas, estilos y tradiciones en un proyecto común.

    El homenaje a las guerreras, presente de forma implícita en los gráficos y la narrativa del balón, conecta con una visión del fútbol femenino que reconoce el esfuerzo y la resiliencia de las jugadoras que han llevado el deporte hasta este punto. No se trata de una referencia literal, sino de un concepto que atraviesa todo el diseño: la idea de lucha, de protección mutua, de avanzar juntas. En un deporte colectivo por excelencia, esta simbología adquiere un significado especial y refuerza el mensaje de unidad que la competición quiere transmitir.

    La evolución moderna del fútbol femenino también se refleja en la apuesta tecnológica de adidas. La innovación no se presenta como un fin en sí mismo, sino como una herramienta al servicio del juego. La construcción sin costuras, la termoselladura y la superficie texturizada son el resultado de años de investigación y desarrollo, aplicados ahora a una competición que exige lo mejor en cada detalle. El balón responde así a las demandas de un fútbol cada vez más rápido, más preciso y más espectacular, sin perder de vista la importancia del control y la fiabilidad.

    En definitiva, el balón oficial de la final de la UEFA Women’s Champions League 2026 sintetiza en un solo objeto múltiples capas de significado. Es un homenaje a Oslo y a su identidad como Tigerstaden, una celebración de la herencia nórdica y de sus símbolos de fuerza y unidad, una muestra del compromiso con la excelencia tecnológica y una declaración de amor al fútbol femenino en su momento de mayor proyección.

    Cuando el 23 de mayo de 2026 ruede por primera vez en el Ullevaal Stadion para dar inicio a la final, no será solo un balón el que se ponga en juego, sino toda una historia de crecimiento, lucha y ambición compartida que sigue escribiéndose, partido a partido, estrella a estrella, rugido a rugido.

    (Fuente: UEFA)
  • Noticia | Raúl García se suma al fútbol femenino

    (Fuente: Laliga)

    ◼️ El exjugador del Osasuna estuvo siguiendo por Teledeporte el Atlético de Madrid vs Athletic Club de Copa de la Reina.

    Raúl García Escudero no quiso perderse la emoción que siempre nos ofrece la Copa de la Reina Iberdrola.

    La tarde noche del 4 de febrero de 2026 dejó una de esas imágenes que no hacen ruido en los marcadores, que no alteran clasificaciones ni generan debates arbitrales, pero que explican mejor que cualquier discurso hacia dónde camina el fútbol contemporáneo y, en particular, el fútbol femenino español. Raúl García Escudero, exjugador de fútbol masculino, uno de los nombres propios más reconocibles del balompié nacional del siglo XXI, sorprendió al entorno del fútbol femenino con un gesto tan sencillo como profundamente simbólico: compartir en sus historias de Instagram que estaba siguiendo desde su casa el partido de cuartos de final de la Copa de la Reina entre el Atlético de Madrid y el Athletic Club, un encuentro que terminó con victoria rojiblanca por 4-1.

    Así como lo leen. Sin estridencias, sin comunicados, sin campañas publicitarias ni discursos prefabricados. Un gesto cotidiano que, precisamente por eso, adquirió un valor extraordinario.

    Porque Raúl García no es un exjugador cualquiera. Es una leyenda viva de LaLiga EA Sports, un futbolista que marcó una época en dos de los clubes más emblemáticos del fútbol español, Atlético de Madrid y Athletic Club, y que representa como pocos esa figura del profesional competitivo, comprometido, incómodo para el rival, generoso con los suyos y respetado incluso por quienes lo sufrieron durante años. Que alguien con ese recorrido, con ese peso histórico, con esa autoridad moral dentro del vestuario y fuera de él, se detenga a mirar, compartir y respaldar el fútbol femenino español, tiene una lectura que va mucho más allá de una simple historia en redes sociales.

    El canterano del Club Atlético Osasuna, formado desde 2003 en Tajonar como centrocampista, debutó en Primera División en octubre de 2004 con el equipo pamplonés, mostrando desde sus primeros pasos ese carácter competitivo que acabaría definiendo su carrera. En junio de 2007 dio el salto al Atlético de Madrid, un club en plena reconstrucción, necesitado de líderes, de perfiles que entendieran el esfuerzo como una forma de identidad. Allí, Raúl García encontró su hábitat natural. Durante ocho temporadas en el conjunto rojiblanco levantó siete títulos oficiales y se consolidó como una de las piezas más fiables y determinantes del proyecto colchonero: dos UEFA Europa League, dos Supercopas de Europa, dos Copas del Rey, una Primera División de España y dos Supercopas de España adornan un palmarés que habla de regularidad, longevidad y competitividad al más alto nivel.

    En agosto de 2015 firmó por el Athletic Club, en una de esas decisiones que solo se entienden desde el respeto por la tradición y la identidad. En Bilbao, Raúl García se transformó definitivamente en delantero, multiplicó su impacto en el área rival y volvió a levantar títulos, sumando una Copa del Rey y una Supercopa de España con los leones. Se retiró el 25 de mayo de 2024 vistiendo la camiseta rojiblanca de San Mamés, cerrando una trayectoria profesional que acumuló 152 goles oficiales, una cifra extraordinaria para un futbolista que no fue delantero puro durante buena parte de su carrera.

    Más allá de los títulos, los números de Raúl García lo sitúan en una dimensión histórica. Es el tercer futbolista, tras Raúl González Blanco y Lionel Messi, en marcar cien goles en Liga habiendo alcanzado al menos los quinientos encuentros ligueros. Además, ocupa el tercer puesto en la lista de jugadores con más partidos en la historia de la Primera División española, solo por detrás de Andoni Zubizarreta y Joaquín Sánchez. Casi nada. Datos que no solo hablan de talento, sino de fiabilidad, resistencia, compromiso y una ética profesional que le permitió mantenerse en la élite durante dos décadas.

    Fue un futbolista que siempre estuvo en el radar de los seleccionadores. Luis Aragonés lo tuvo en su agenda para la Eurocopa 2008, y Vicente del Bosque lo convocó por primera vez el 29 de agosto de 2014 para el amistoso ante Francia y el partido clasificatorio para la Eurocopa 2016 frente a Macedonia del Norte. Debutó como titular el 4 de septiembre de 2014 en el Estadio de Francia, en un encuentro amistoso que terminó 1-0, y volvió a ser titular el 18 de noviembre de ese mismo año frente a Alemania en Balaídos. Su etapa internacional fue breve, pero coherente con una carrera marcada por la competencia feroz en una de las generaciones más brillantes del fútbol español.

    Sin embargo, reducir a Raúl García a cifras, títulos y estadísticas sería quedarse en la superficie. Porque si algo explica la unanimidad con la que es querido tanto en San Mamés como en el Metropolitano es su forma de estar en el fútbol. Su entrega innegociable, su liderazgo silencioso, su capacidad para asumir roles distintos sin perder identidad, y una educación exquisita que le convirtió en un referente dentro y fuera del campo. Humilde, cercano, de gran corazón, con una bondad que quienes le han tratado destacan de forma recurrente, Raúl García siempre entendió el fútbol como un espacio colectivo, no como un escaparate individual.

    Y es precisamente desde ese lugar desde donde cobra sentido su respaldo explícito al fútbol femenino español. Porque no se trata de una pose, ni de una moda, ni de un gesto oportunista. Se trata de coherencia. De alguien que ha vivido el fútbol desde dentro, que conoce las dificultades estructurales, las desigualdades históricas y la importancia de los apoyos simbólicos para consolidar un proyecto. Ver a Raúl García siguiendo un partido de la Copa de la Reina entre Atlético de Madrid y Athletic Club no es solo una anécdota curiosa: es una declaración de principios. Es la normalización definitiva de que el fútbol femenino merece atención, respeto y seguimiento por sí mismo, no como apéndice ni como concesión.

    El partido en cuestión, un Atlético de Madrid–Athletic Club de cuartos de final, añadía además una carga emocional evidente. Dos clubes que marcaron su carrera, dos camisetas rojiblancas que defendió con orgullo y carácter, enfrentadas ahora en el máximo torneo del fútbol femenino nacional.

    Que eligiera ese encuentro, que lo compartiera públicamente, refuerza la idea de continuidad histórica entre el fútbol masculino y femenino de los clubes, una continuidad que durante años fue ignorada o directamente negada.

    Este tipo de gestos se inscriben en un movimiento más amplio que, aunque todavía insuficiente, ha ido ganando peso en los últimos años. Cada vez son más los futbolistas varones de élite que han entendido que el crecimiento del fútbol femenino no es una amenaza, sino una oportunidad para el deporte en su conjunto. Andrés Iniesta, por ejemplo, ha sido un defensor constante del fútbol femenino, destacando públicamente el talento y la evolución del juego, y mostrando su apoyo a la selección española femenina en momentos clave. Xavi Hernández, desde su rol como entrenador y referente intelectual del fútbol, ha insistido en la necesidad de invertir, visibilizar y respetar el fútbol femenino como parte integral del ecosistema futbolístico.

    Gerard Piqué, más allá de las controversias que siempre acompañan su figura, ha impulsado proyectos de visibilidad y profesionalización del deporte femenino desde una perspectiva empresarial, contribuyendo a que se hable de sostenibilidad, audiencias y formatos con la misma seriedad que en el fútbol masculino. Juan Mata ha sido otro ejemplo constante de apoyo, participando en campañas, asistiendo a partidos y utilizando sus redes sociales para amplificar la voz del fútbol femenino, siempre desde un tono respetuoso y comprometido.

    A nivel internacional, figuras como Lionel Messi han mostrado en diversas ocasiones su admiración por el crecimiento del fútbol femenino, celebrando éxitos de selecciones y clubes, mientras que jugadores como Marcus Rashford, Antoine Griezmann o Kylian Mbappé han compartido públicamente su respaldo a compañeras de selección y a grandes citas del calendario femenino. Son gestos que, sumados, ayudan a construir una cultura deportiva más inclusiva y justa.

    Pero lo de Raúl García tiene un matiz particular. Porque no es un jugador en activo buscando alinearse con una tendencia dominante. Es un exfutbolista retirado, con su legado ya escrito, con su lugar asegurado en la historia del fútbol español. Su gesto no busca rédito personal. Busca, simplemente, mostrar apoyo. Y en esa sencillez reside su potencia.

    El fútbol femenino español atraviesa un momento de auge evidente. El crecimiento de la Liga F, la consolidación de la Copa de la Reina como un torneo con identidad propia, el impacto internacional de la selección española y la progresiva mejora de las condiciones laborales de las futbolistas dibujan un escenario esperanzador. Sin embargo, ese crecimiento sigue necesitando aliados. Necesita referentes masculinos que, desde el respeto y la normalidad, contribuyan a derribar prejuicios, a ampliar audiencias y a legitimar un espacio que durante décadas fue marginado.

    La imagen de Raúl García viendo un partido femenino en su casa, como cualquier aficionado más, tiene un valor pedagógico enorme. Transmite la idea de que el fútbol femenino no necesita un trato condescendiente, sino atención genuina. Que se puede disfrutar, analizar y vivir con la misma pasión que cualquier otro partido. Que forma parte del mismo relato histórico del deporte.

    Leyenda en Madrid y en Bilbao, Raúl García representa una generación de futbolistas que entendió el sacrificio como una virtud y la colectividad como un principio. Que ahora, ya retirado, siga ejerciendo liderazgo desde gestos cotidianos habla de una comprensión profunda del fútbol como fenómeno cultural y social. Su apoyo al fútbol femenino no es un punto y aparte en su trayectoria, sino una extensión lógica de lo que siempre fue: un profesional íntegro, comprometido con el juego y con las personas que lo hacen posible.

    En un contexto en el que el fútbol femenino todavía lucha por ocupar el espacio que merece en medios, conversaciones y estructuras, cada gesto cuenta. Y cuando ese gesto viene de alguien con la autoridad, el respeto y la trayectoria de Raúl García Escudero, su impacto se multiplica.

    No es exagerado afirmar que estas pequeñas acciones ayudan a construir el futuro del deporte. Un futuro en el que ver un partido de la Copa de la Reina no sea noticia por quién lo ve, sino por lo que ocurre en el campo. Un futuro en el que el apoyo al fútbol femenino sea tan natural que deje de ser noticia.

    Hasta que llegue ese día, conviene detenerse y señalar estos momentos. Porque explican mejor que cualquier discurso que el cambio ya está en marcha. Y porque demuestran que el fútbol, cuando se vive desde la honestidad y el respeto, tiene la capacidad de unir generaciones, géneros y tradiciones bajo una misma pasión. Raúl García, con una simple historia de Instagram, volvió a dejar claro que las leyendas no solo se construyen con goles y títulos, sino también con valores.

    (Fuente: Laliga)
  • La previa | Un Clásico para cambiar la historia: el Real Madrid busca la revancha ante el Barcelona en una noche de Copa totalmente apasionante

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔷 Doce días después de la final de la Supercopa y con el recuerdo aún fresco de una derrota dolorosa, el Real Madrid vuelve a cruzarse con el FC Barcelona en un duelo a vida o muerte. Esta vez no hay red, no hay mañana y no hay margen para el error. El Alfredo Di Stéfano será el escenario de un Clásico de Copa de la Reina que trasciende el pase a semifinales y se adentra en el territorio de la identidad, la ambición y la necesidad de romper un guion que hasta ahora siempre ha favorecido al mismo lado.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El fútbol femenino español vuelve a detenerse ante su rivalidad más simbólica, más mediática y más cargada de significado. Real Madrid y FC Barcelona se enfrentan este jueves a las nueve de la noche en los cuartos de final de la Copa de la Reina 2025-2026, en un partido único que condensa en noventa minutos —o quizá más— buena parte de las tensiones, aspiraciones y realidades de dos proyectos que conviven en la élite con trayectorias muy distintas, pero con un mismo objetivo inmediato: seguir vivos en la competición del KO. El Clásico regresa apenas doce días después de la final de la Supercopa disputada en Castellón, un duelo que terminó con victoria azulgrana por 2-0, aunque durante más de ochenta minutos se sostuvo en una igualdad tensa, contenida, casi frágil, que solo se rompió al final con el tanto definitivo de Alexia Putellas desde el punto de penalti.

    Ese precedente reciente actúa como punto de partida inevitable. No solo por el marcador, sino por las sensaciones que dejó. El Real Madrid compitió, resistió y sostuvo el plan durante gran parte del encuentro, pero volvió a quedarse a medio camino entre la solidez defensiva y la amenaza real en campo contrario. El Barcelona, por su parte, volvió a demostrar que incluso en partidos donde no brilla ni impone su habitual ritmo arrollador, encuentra la manera de ganar. Esa capacidad para sobrevivir a los días menos inspirados es, probablemente, uno de los rasgos que explican por qué el equipo azulgrana sigue siendo el gran referente del fútbol femenino europeo.

    Ahora el contexto es distinto, aunque las protagonistas sean las mismas. La Supercopa permitía margen; la Copa no. Un error, un desajuste, una acción puntual puede definir el futuro inmediato de la temporada. El premio es el pase a semifinales y la posibilidad de acercarse a un título que, para el Real Madrid, sigue siendo una frontera simbólica aún no cruzada. Para el Barcelona, en cambio, la Copa de la Reina forma parte de su paisaje natural, de su obligación histórica, de ese estatus de favorito permanente que acompaña a las plantillas diseñadas para ganar todo.

    El Alfredo Di Stéfano será juez y parte. No es un estadio cualquiera para el equipo blanco. Es el lugar donde el proyecto ha ido construyendo su identidad, donde ha aprendido a competir en Europa, donde ha encontrado refugio cuando el calendario aprieta y donde este curso está firmando números muy sólidos. Doce victorias, un empate ante el Paris FC y una sola derrota —frente al Athletic Club— conforman un balance doméstico que invita al optimismo. Para esta cita, además, el club ha apostado por abrir ambas gradas, buscando la mejor entrada de la temporada y un ambiente que empuje, que apriete y que convierta el estadio en un factor diferencial. No será el Johan Cruyff ni Montjuïc, pero sí un entorno reconocible, propio, en el que el Real Madrid quiere sentirse fuerte.

    El equipo de Pau Quesada llega a este Clásico tras un partido exigente en Liga F frente al Deportivo ABANCA, un encuentro que obligó a las blancas a exprimirse hasta el final. El marcador, resuelto con dos penaltis transformados por Caroline Weir, no refleja del todo la complejidad del duelo. El Deportivo golpeó primero, el Real Madrid reaccionó, volvió a verse alcanzado antes del descanso y tuvo que insistir con paciencia y determinación hasta encontrar el premio desde los once metros. Fue un partido incómodo, de esos que sirven para medir carácter y resistencia mental, dos aspectos que serán imprescindibles ante el Barcelona.

    Porque si algo exige un Clásico es precisión absoluta. El margen de error es mínimo y cada decisión se magnifica. En la final de la Supercopa, el Real Madrid logró sostener al Barça durante muchos minutos gracias a un bloque compacto, una defensa concentrada y la seguridad de Misa Rodríguez bajo palos. Sin embargo, el reto ahora pasa por dar un paso más. No basta con resistir; hay que amenazar. No basta con cerrar espacios; hay que encontrar los momentos para dañar a un rival que, incluso sin algunas de sus piezas clave, dispone de un arsenal ofensivo capaz de decidir un partido en segundos.

    Ahí entra en juego la lectura táctica de Pau Quesada. El técnico blanco ha insistido en la necesidad de rozar la perfección durante los noventa minutos. No se trata solo de un discurso de exigencia, sino de una constatación realista: ante el Barcelona, los partidos se pierden más por detalles que por grandes errores. Una mala salida de balón, una marca perdida en un córner, una transición mal defendida. El Real Madrid deberá afinar cada mecanismo, desde la salida limpia hasta la gestión de las segundas jugadas, pasando por la ocupación de espacios entre líneas y la capacidad para sostener esfuerzos prolongados sin balón.

    La defensa vuelve a ser el punto de apoyo principal. El eje formado por Maëlle Lakrar y Rocío Gálvez se ha consolidado como una de las parejas más fiables del campeonato, combinando contundencia, lectura del juego y jerarquía. Lakrar, precisamente, ha sido una de las voces que ha verbalizado el sentir del vestuario en la previa. “Tenemos que ser el Real Madrid, con mentalidad, e ir a buscar la victoria contra el Barcelona”, señaló la central francesa, apelando a una identidad que va más allá del escudo y que se construye en noches como esta.

    Esa mentalidad es, quizá, el gran desafío del proyecto blanco. Competir no es suficiente; creer es imprescindible.

    El Real Madrid ha demostrado en escenarios como Montjuïc la temporada pasada que puede golpear al Barcelona, que puede incomodarlo y que puede ganarle. Pero convertir esos episodios en una tendencia es el siguiente paso. La Copa de la Reina ofrece una oportunidad única porque elimina la variable del largo plazo. Aquí no importa quién es mejor durante treinta jornadas; importa quién lo es durante una noche.

    El Barcelona llega a Madrid con la etiqueta de favorito, una condición que asume casi por inercia. Los números avalan esa percepción. El equipo de Pere Romeu apenas ha dejado escapar puntos esta temporada, con una sola derrota —ante la Real Sociedad— y un empate europeo frente al Chelsea. Más allá de esos tropiezos puntuales, el conjunto azulgrana ha vuelto a desplegar su versión más reconocible: presión alta, circulación rápida, dominio territorial y una capacidad goleadora que asusta. En Copa, resolvió sin apuros su cruce de octavos ante el Sevilla con un contundente 4-1 en el Johan Cruyff, confirmando que la competición no altera su hoja de ruta.

    Sin embargo, el Barça no llega pleno. A la ya conocida ausencia de Aitana Bonmatí se suma la baja de Mapi León, una pieza capital en la salida de balón y en la organización defensiva. La central arrastra un pinzamiento anterior en el tobillo derecho que la dejó fuera en la última jornada de Liga F y tampoco estará disponible para este Clásico. Es una ausencia sensible, no solo por su calidad individual, sino por su peso jerárquico en partidos de alta tensión. Aun así, la profundidad de plantilla permite a Pere Romeu recomponer el eje sin perder competitividad.

    El Clásico de este jueves será el enfrentamiento número 22 entre ambos conjuntos y el cuarto en la historia de la Copa de la Reina. El precedente más reciente en esta competición remite a las semifinales de la temporada pasada, una eliminatoria a doble partido que cayó con claridad del lado azulgrana. Aquella serie dejó una sensación de distancia todavía evidente entre ambos proyectos, una distancia que el Real Madrid ha ido recortando con el paso del tiempo, aunque aún no haya logrado plasmarlo de manera sostenida en el marcador.

    El formato de partido único altera por completo el marco mental del encuentro. No hay margen para corregir en una vuelta, no hay tiempo para ajustar tras una derrota inicial. Todo se concentra en una noche. Ese carácter definitivo es, a la vez, una amenaza y una oportunidad para el Real Madrid. Amenaza porque cualquier error se paga caro; oportunidad porque reduce el peso de la hegemonía azulgrana y abre la puerta a lo imprevisible.

    En ese terreno de la imprevisibilidad se mueve también el análisis externo. Júlia Cortina, periodista de Gol Play y TEN TV , lo expresaba con claridad al comparar este Clásico con la reciente final de la Supercopa.

    Un partido igualado, sostenido durante muchos minutos en el equilibrio, con un Barcelona que parte como favorito por su regularidad, su capacidad goleadora y la recuperación progresiva de futbolistas clave, pero con un Real Madrid que nunca puede darse por muerto. El recuerdo del Clásico en Montjuïc sigue presente como advertencia: cuando las blancas creen, el guion puede romperse.

    «Te diría que veo un partido bastante similar, el clásico que vamos a vivir mañana entre Real Madrid y FC Barcelona a partir de las 9 de la noche. Bastante similar al partido que vivimos hace apenas unas semanas en esa final de Supercopa femenina, Supercopa de España, donde el Barça finalmente ganó. Partido muy igualado, tan solo un gol a cero hasta el último minuto que marcó Alexia Putellas de penalti.
    Y es por eso que yo creo que partiendo un poquito en ese precedente que vivimos hace apenas unas semanas, yo creo que el partido va a seguir esta línea. Quizá te diría que el Barça parte de favorito, no solo por cómo nos tiene acostumbrados a hacer esta temporada, que es golear, golear y golear. Tan solo ha perdido un partido esta temporada, que fue contra la Real Sociedad, empató también en Champions contra el Chelsea, pero aparte de estos dos partidos, no ha dejado de escapar ningún punto más el equipo de Pere Romeu.
    “Te diría que parte de favorito no solo por la gran cantidad de goles que marca y los pocos que recibe, sino porque también está recuperando a jugadoras muy importantes que a principio de temporada cayeron lesionadas y se formó toda esa plaga de lesiones en el conjunto blaugrana. Aunque es una eliminatoria, es la Copa de la Reina, enfrente van a tener al Real Madrid, que nunca se tiene que dar por muerto. Ya vimos lo que pasó la temporada pasada en ese Clásico en el campo de Montjuic, así que yo creo que va a estar disputado, va a ser competido el partido, pero sí que te diría que el FC Barcelona va a partir de favorito mañana”, confesaba textualmente Cortina

    La Copa de la Reina siempre ha sido un territorio propicio para los relatos fundacionales. Para el Barcelona, es la confirmación constante de su dominio.

    Para el Real Madrid, puede ser el escenario donde empiece a escribirse una historia distinta. No se trata solo de ganar un partido, sino de enviar un mensaje, de demostrar que el proyecto está preparado para competir de tú a tú en las noches que definen títulos.

    Todo confluye en el mismo punto: jueves, cinco de enero, nueve de la noche, Alfredo Di Stéfano. Teledeporte y RTVE Play llevarán el partido a todo el país; TV3 hará lo propio en Cataluña. En el césped, veintidós futbolistas; alrededor, una rivalidad que sigue creciendo en intensidad, en significado y en expectativa.

    El Clásico vuelve a escena, esta vez sin red de seguridad. Y en la Copa, como siempre, solo una seguirá adelante.

    (Fuente: RTVE)

    🔜 NEXT GAME

    🤩 Partidazo 🤩

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola | Temporada 2025-2026

    🙌🏻 Cuartos de final

    🔥 Real Madrid 🆚 Fútbol Club Barcelona 🔥

    📅 Jueves, 5 de febrero de 2026

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    📺 Teledeporte (RTVE)

    🏟️ Estadio Alfredo Di Stéfano, Valdebebas

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | Amaiur impulsa al Atlético de José Herrera a semifinales

    (Fuente: Teledeporte)

    🔷 El Atlético se adueña del duelo rojiblanco y avanza con autoridad en la Copa de la Reina al golear por 4-1 a las leonas.

    Hay partidos que no necesitan presentación porque se explican solos. Partidos que no se anuncian: se presienten. Que no se juegan únicamente en el césped, sino en la memoria, en el peso de los escudos, en la herencia invisible que arrastran quienes saltan al campo sabiendo que noventa minutos pueden reordenar una década de relatos. Atlético de Madrid y Athletic Club vuelven a encontrarse bajo el amparo solemne de la Copa de la Reina, ese torneo que no entiende de inercias ni de jerarquías estables, pero que siempre termina señalando a quienes saben habitar su caos. A las 18:45, cuando el balón empiece a rodar en Alcalá de Henares, no solo comenzará un partido de cuartos de final: se activará una de esas noches que la Copa se reserva para los equipos que han hecho de la historia una responsabilidad.

    El Atlético de Madrid llega a esta cita con la memoria reciente todavía palpitando. Subcampeón vigente del torneo, heredero inmediato de una final que rozó la gloria y que confirmó, una vez más, que el conjunto rojiblanco se ha convertido en uno de los grandes actores estructurales de la Copa de la Reina en la última década.
    No es una presencia circunstancial ni un invitado ocasional: es un club que ha aprendido a convivir con la exigencia de ganar, que ha levantado el trofeo en dos ocasiones históricas y que ha construido una relación íntima con este torneo, entendiendo que la Copa no se conquista desde la superioridad, sino desde la resistencia emocional, la lectura de los momentos y la capacidad de sobrevivir cuando el partido se vuelve incómodo. Cada eliminatoria, para el Atlético, es un recordatorio de su propio ADN competitivo, de esa manera de estar que no distingue entre días grandes y días menores.
    Frente a ellas comparece un Athletic Club que camina por la élite con un peso histórico distinto, pero no menos imponente. Si hay un club que representa la tradición, la fidelidad a una idea y la persistencia en la cima del fútbol femenino español, ese es el conjunto rojiblanco de Bilbao. Cinco veces campeón de Liga, cinco conquistas del campeonato doméstico bajo distintas denominaciones, la última en la temporada 2015-2016, cuando la competición aún se llamaba Liga Iberdrola. Cinco títulos que hablan de hegemonía, de continuidad, de generaciones enteras de futbolistas que sostuvieron el escudo del Athletic como una forma de pertenencia, como una identidad que trasciende resultados y modas. Pero también de una espina clavada que el tiempo no ha conseguido arrancar: la Copa de la Reina sigue resistiéndose a su vitrina.
    Nunca el Athletic ha logrado levantar el trofeo copero. Ha rozado finales, ha protagonizado campañas memorables, ha construido equipos capaces de competir contra cualquiera, pero siempre ha faltado ese último paso, ese partido definitivo que convierta la regularidad en celebración.
    Cada edición renueva esa posibilidad, cada eliminatoria reabre una herida que no cicatriza, y cada cruce de cuartos se vive como una frontera emocional entre la resignación histórica y la redención definitiva. La Copa, tan caprichosa como simbólica, no entiende de merecimientos acumulados, pero sí premia a quienes llegan dispuestos a romper sus propias barreras.
    El contexto no puede ser más cargado. Porque no es la primera vez que Atlético de Madrid y Athletic Club se miran a los ojos en este escenario. La Copa tiene memoria, y esa memoria viaja inevitablemente hasta la temporada 2018-2019, cuando ambos equipos se enfrentaron en estos mismos cuartos de final en San Mamés. Aquella tarde, en La Catedral, el Atlético supo interpretar mejor los ritmos, manejar los silencios del partido y golpear con la frialdad de quien entiende que en Copa no gana quien más propone, sino quien menos se equivoca. El 0-2 final dejó al Athletic otra vez a las puertas de un sueño aplazado y reforzó la sensación de que el Atlético había aprendido a moverse con soltura en este tipo de escenarios.
    Ese precedente no decide nada, pero lo impregna todo. Porque en la Copa no hay revancha automática ni justicia poética garantizada. Hay noventa minutos —noventa minutos que comenzarán a las 18:45— en los que se mezclan historia, estado de forma, gestión emocional y capacidad de resistir cuando el partido se rompe. Y ahí, tanto Atlético como Athletic saben que cada detalle cuenta.
    Los números recientes también dibujan una narrativa clara. Los precedentes históricos favorecen al conjunto dirigido por José Herrera, con seis victorias, dos empates y solo dos derrotas en los últimos once compromisos ante el Athletic Club. Un balance que no sentencia la eliminatoria, pero que marca una tendencia: el Atlético ha sabido encontrar respuestas ante un rival que siempre propone duelos intensos, físicos y emocionales, pero que en demasiadas ocasiones ha chocado con la solidez rojiblanca.
    El Atlético aterriza en esta cita tras un empate que dejó sensaciones encontradas. El 1-1 ante el Granada CF en Alcalá, en el estreno de José Herrera en el banquillo madrileño, fue un partido de transiciones emocionales constantes. A los doce minutos, Amaiur sacudió la madera con un disparo que pudo cambiar el guion, y el rechace cayó a los pies de Synne Jensen, que no perdonó para adelantar a las locales. El Atlético parecía haber encontrado el ritmo, pero antes del descanso, Laura Pérez filtró un balón que Andrea Gómez transformó en el empate superando a Lola Gallardo. En la segunda mitad, Andrea Medina, MVP del encuentro, asumió galones, empujó al equipo hacia adelante y sostuvo el pulso competitivo. El debut de Kathrine Møller Kühl añadió una nueva pieza al engranaje, una centrocampista danesa llamada a ofrecer control y pausa, aunque sin fortuna de cara a portería ante una Laura Sánchez que sostuvo al Granada. Sheila Guijarro también rozó el gol en el tramo final, pero el marcador ya no se movió.
    Ese empate, lejos de debilitar al Atlético, refuerza una idea clave: este equipo sigue en construcción, pero su suelo competitivo es altísimo. Incluso en días de ajustes, incluso en estrenos de banquillo, el Atlético mantiene una identidad reconocible, una forma de competir que no se negocia.
    El Athletic Club, por su parte, llega tras reencontrarse con la victoria en casa en un partido que condensó todas las virtudes y contradicciones del conjunto vasco. La primera ocasión llevó la firma de Daniela Agote, que estrenaba dorsal del primer equipo, un símbolo del relevo constante que define al Athletic. En el minuto 18, un penalti por agarrón de Ainhoa Doménech sobre Naia Landaluze pudo haber cambiado el partido, pero Romane Salvador detuvo el lanzamiento de Nerea Nevado, manteniendo el equilibrio. Tras el descanso, Ane Elexpuru estrelló un disparo en el larguero y Clara Pinedo, tras un pase decisivo de Sara Ortega —MVP del encuentro—, rompió el empate con un disparo de alto nivel técnico.
    El tramo final fue una montaña rusa emocional: penalti cometido por la propia Elexpuru, convertido por Laia Ballesté, y un desenlace cruel para el Espanyol, con un autogol de Anna Torrodà que selló el 2-1 definitivo. Un triunfo que devolvió confianza, pero que también recordó lo frágil que puede ser cualquier ventaja.
    Todo conduce, inevitablemente, a un cruce que huele a Copa en estado puro. A un partido en el que no bastará con tener más talento ni con acumular más posesión. Será una eliminatoria de nervios, de momentos, de errores mínimos y aciertos definitivos. El Atlético sabe lo que es jugar finales, levantar trofeos, convivir con la presión de ser favorito. El Athletic sabe lo que es sostener una tradición centenaria, cargar con la expectativa de una afición que nunca abandona y perseguir un título que se le resiste como un desafío personal.
    Cuando el balón eche a rodar en Alcalá, no habrá pasado ni futuro: solo presente.
    Noventa minutos para decidir si el Atlético sigue escribiendo su relación privilegiada con la Copa o si el Athletic abre, por fin, una puerta que siempre ha encontrado cerrada. Porque la Copa no elige al más fuerte: elige al que sabe escucharla cuando llama. Y esta vez, llama a dos guardianes de la historia.

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    🏆 Copa de la Reina Iberdrola | Temporada 2025-2026

    ✨ Cuartos de final ✨

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Athletic Club 🔥

    📅 Miércoles, 4 de febrero de 2026

    ⏰ 18:45 horario peninsular

    📺 Teledeporte (RTVE )

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    Los onces |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La tarde del miércoles 4 de febrero de 2026 se fue apagando lentamente sobre Madrid mientras el reloj avanzaba hacia las 18:45, esa hora tan copera en la que el fútbol femenino se sacude cualquier etiqueta y se convierte en un escenario de emociones puras, de eliminatorias que no admiten distracciones y de partidos que se recuerdan más por lo que se siente que por lo que se anota en una estadística. En ese contexto, el Atlético de Madrid y el Athletic Club se citaron para un nuevo duelo rojiblanco, uno de esos enfrentamientos que trascienden los colores compartidos y que siempre esconden una batalla de identidad, orgullo y ambición. Teledeporte y RTVE Play llevaron la señal a todo el país, pero lo que se vivió sobre el césped fue mucho más que un simple partido televisado: fue una demostración de autoridad, carácter y ambición del Atlético de Madrid, que selló su clasificación para la siguiente ronda de la Copa de la Reina con un contundente y simbólico 4-1.

    Desde el primer minuto, el Atlético salió al campo con la determinación de quien sabe que la Copa no espera a nadie. El ritmo inicial fue alto, con una presión agresiva, líneas juntas y una circulación rápida que buscaba desgastar al Athletic desde el arranque. El público, consciente de la importancia de la cita, acompañó cada acción con una intensidad creciente, como si supiera que aquella tarde podía convertirse en una de esas noches que se cuentan con orgullo. No tardó en llegar el primer aviso serio, cuando Andrea Medina se elevó con potencia tras un centro lateral y conectó un cabezazo que obligó a la defensa visitante a reaccionar con urgencia.

    El balón no encontró portería, pero dejó claro el mensaje: el Atlético había salido a mandar, a imponer su ley y a no conceder ni un solo metro.
    No fue hasta el minuto 17 cuando el Atlético de Madrid empezó a inquietar a la portería rival, con un córner provocado por Alexia y un remate de Medina tras un rechace que sirvió como primer aviso.

    Qué manera tan espectacular de recuperar el balón en el área rival: las jugadoras rojiblancas demostraron una vez más su coordinación y rapidez al lograr sacar el balón hacia la banda, donde Alexia Fernández, la ex del Granada, se encontraba lista para recibirlo. Con una visión de juego impresionante, Alexia levantó la cabeza y ejecutó un pase preciso, casi quirúrgico, hacia el centro del campo, encontrando a Amaiur en posición perfecta. Amaiur, con una claridad táctica notable, identificó a Jensen, que se desmarcaba por el otro lado con total libertad, completamente sola y sin marcas, y le entregó el balón en el momento exacto. Jensen no desperdició la oportunidad: se plantó frente a Olatz Santa en un mano a mano, y con una definición segura y decidida, logró batir a la portera y abrir el marcador, poniendo el 1-0 en el minuto 34 de juego y desatando la euforia en las rojiblancas que tomaban la iniciativa a diez minutos del entretiempo.

    Los pases en largo mataban a las del Athletic y una vez se descubre su debilidad los goles no paran de caer a tu favor. Desde el propio campo del Atlético de Madrid, Lauren desplazaba un balón hasta a Amaiur de nuevo sola y un mano a mano que ponía el 2-0 y dejaba helado al conjunto de Javi Lerga.

    Las ideas del Atlético eran claras y en el tiempo añadido de la primera mitad ocurrió algo similar, en concreto un derechazo más lejano de Fiamma Benítez y que batió a Santana por encima de su cabeza; aun así, al final no valió porque había habido falta de una colchonera en el origen de la jugada tras la revisión del VAR simplificado (FVS).

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una cómoda ventaja para el tres veces campeón de la Liga F y solo una reacción fulgurante de las vizcaínas le podía poner emoción a la eliminatoria de cuartos de final.

    A Fiamma Benítez que le habían anulado un gol tenía sed de venganza y fue así como un pase de la muerte desde la banda izquierda de Amaiur Sarriegui que llevaba dos asistencias, lo aprovechó sola en el área pequeña para sentenciarlo con un gol de puntera en el minuto 64 de juego amén del 3-0, pero hubo espacio para más.

    Y en el 78′, Amaiur volvió a hacer acto de presencia para firmar un partido espectacular y poner el cuarto tanto rojiblanco en el electrónico, el segundo en su cuenta particular. Dos goles y dos asistencias para ponerle la guinda al partidazo de la delantera de 25 años que se formó en Lezama y tras haber sido una estrella en la Real Sociedad de Fútbol, a la que llegó a capitanear, quiere brillar en la capital española y así puso el 4-0 que parecía decisivo, pero no lo fue.

    A pesar de la desventaja casi imposible de remontar, el Athletic no renunció del todo a su orgullo. Con el reloj ya consumiendo los últimos instantes de juego y el público aguardando el pitido final, las visitantes consiguieron, al menos, anotar el gol del honor.

    Ane Azkona se elevó en el área tras un centro desde la derecha y con un testarazo potente batió a Lola Gallardo para cerrar el marcador definitivo 4‑1 en el luminoso en el minuto 91 de la contienda. El tanto llegó con un hálito de dignidad, un gesto que afirmó la lucha constante de un equipo que, aunque superado, nunca cedió su espíritu competitivo.

    La importancia de esta victoria va más allá del marcador. Representa un impulso, una inyección de moral y confianza para el Atlético de Madrid. La racha de partidos sin victorias había puesto presión sobre el equipo y sobre su cuerpo técnico, pero la respuesta sobre el césped fue contundente y, sobre todo, inspiradora. La clasificación para las semifinales de la Copa de la Reina no solo significa seguir en la competición; es la oportunidad de demostrar que el equipo está en su mejor momento, que la mezcla de talento, experiencia y juventud puede llevarlo a cumplir objetivos ambiciosos y que cada jugadora puede brillar dentro de un colectivo sólido y cohesionado.

    Bajo las luces de Alcalá, con el público celebrando cada instante y las jugadoras abrazándose tras el pitido final, se podía sentir la magnitud de lo que acababa de suceder. No era solo un partido ganado, era la reafirmación de un estilo, la demostración de que la ambición y la preparación siempre encuentran su recompensa. Cada pase, cada gol y cada acción de aquel 4‑1 quedará grabado en la memoria del club, de sus aficionados y de quienes siguen la Copa de la Reina con pasión. La emoción no residía solo en los goles, sino en la manera en que el Atlético supo construirlos, en la elegancia y determinación con que transformó el esfuerzo en resultados, en cómo el equipo convirtió la adversidad previa en una fuerza que los catapultó hacia la siguiente fase.

    El triunfo también es un homenaje al trabajo de José Herrera y de su cuerpo técnico, que han logrado reestructurar al equipo, insuflar confianza y encauzar el talento de cada jugadora. La estrategia no solo se plasmó en el marcador, sino en cada acción, en cada movimiento táctico y en la forma en que el Atlético manejó el tempo del partido. Cada jugadora, desde la portera hasta la delantera, contribuyó a un relato de cohesión y eficacia, donde la suma de esfuerzos individuales se transformó en un triunfo colectivo que sabe a futuro.

    📋 Ficha técnica |

    Atlético de Madrid Femenino:

    Titulares: Lola Gallardo, Silvia Lloris, Lauren, Andrea Medina, Alexia Fernández, Carmen Menayo, Júlia Bartel, Fiamma Benítez, Vilde Bøe Risa, Amaiur Sarriegi, Synne Jensen

    Banquillo: Xénia Pérez, Patricia Larqué, Priscila Chinchilla, Daniela Miñambres, Sheila Guijarro, Kathrine Kühl, Natalia Peñalvo, Rosa Otermín, Lydia Rodríguez.

    Athletic Club:

    Titulares: Olatz Santana, Naia Landaluze, Ane Elexpuru, Eider Arana, Nerea Nevado, Maite Valero, Clara Pinedo, Leire Baños, Sara Ortega, Ane Campos, Maitane Vilariño

    Banquillo: Ane Azkona, Ane Bordagaray, Maddi Torre, Daniela Agote, Ziara Vega, Nerea Benito, Elene Gurtubay, Thais Begoña, Irati Alfaro.

    Goles |

    1-0 Synne Jensen 32’ ⚽️

    2-0 Amaiur Sarriegui 37’ ⚽️

    3-0 Fiamma Benítez 63’ ⚽️

    4-0 Amaiur Sarriegui 77’ ⚽️

    4-1 Ane Azkona 91’ ⚽️

    Árbitra: María Eugenia Gil Soriano

    Amonestaciones: Júlia Bartel (52’, amarilla), Clara Pinedo (88’, amarilla)

    Incidencias: Partido correspondiente a los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola 2025‑2026 entre Atlético de Madrid y Athletic Club, disputado en el Centro Deportivo Alcalá de Henares sobre césped natu

    Vídeo:

  • La previa | Madrid CFF vs Club Deportivo Tenerife

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ La Copa de la Reina no espera a nadie. No concede segundas oportunidades ni entiende de contextos favorables: exige presencia, coraje y una fe inquebrantable durante cada segundo que dura el partido. En el Estadio Fernando Torres, Madrid CFF y Costa Adeje Tenerife Egatesa se citan en una noche que no admite medias tintas, una eliminatoria a partido único donde el reloj pesa, los detalles deciden y el fútbol se convierte en una cuestión de identidad. Noventa minutos —y todo lo que venga después— separan a ambos equipos de unas semifinales que huelen a historia, a ilusión contenida y a Copa en estado puro. Aquí no se juega solo un pase: se pone a prueba la capacidad de resistir cuando el margen desaparece y el sueño exige ser defendido con todo.

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    Llega la fiebre olímpica a RTVE con los Juegos Olímpicos de Invierno 2026

    • Más de 500 horas de emisión: 16 horas diarias en Teledeporte; cuatro señales a elegir en RTVE Play; 40 profesionales volcados en la competición… Son algunas de las cifras de la gran cobertura de RTVE
    • Y cada noche, al terminar la competición, un programa resumen con lo más destacado, curioso y espectacular de la jornada
    • Milán-Cortina acoge la XXV edición de unos juegos en los que España iguala su participación más alta de su historia, con 20 deportistas
    • Del viernes 6 al domingo 22 de febrero, en Teledeporte y RTVE Play
      Cuenta atrás para los Juegos Olímpicos de Invierno 2026. El 6 de febrero se encenderá la llama olímpica en Milán-Cortina d’Ampezzo y en RTVE, que ofrecerá la mejor cobertura de una competición a la que la delegación española llega con la participación más alta de su historia con 20 deportistas, el mismo número que en Sochi 2014. Más de 2.900 atletas de 93 paises compiten en 16 disciplinas olímpicas, donde destaca el debut del skimo, esquí de montaña.
      RTVE afronta la competición con todo preparado: más de 40 profesionales -redactores y técnicos- se volcarán para que los espectadores no se pierdan la participación de los deportistas españoles; las grandes estrellas de los deportes de invierno; y las pruebas más espectaculares.
      500 horas de emisión
      Teledeporte, el canal temático deportivo de la Corporación, y RTVE Play, la plataforma gratuita, serán los principales canales para seguir en directo todo lo que suceda en el norte de Italia con más de 500 horas en directo lineal y digital: hasta 16 horas diarias en Teledeporte, de 08:00 a 23:00 horas; y cuatro señales en RTVE Play, la mejor herramienta para seguir la competición.
      La plataforma de RTVE lanza una portada especial (https://www.rtve.es/play/deportes/juegos-olimpicos-invierno/). Desde cualquier dispositivo (teléfono móvil, tablet, ordenador o televisión conectada) se podrá consultar la agenda con los horarios de todas las competiciones y seguir el deporte que prefieran en cada momento porque RTVE Play ofrecerá hasta cuatro señales simultáneas en directo. Los usuarios, además, recibirán notificaciones con las competiciones más destacadas y en las que participen deportistas españoles.
      Si se lo pierden en directo, tendrán la opción de buscar por su deporte favorito y disfrutar cuando lo prefieran de las competiciones completas y de los resúmenes y momentos más destacados, con especial atención a la participación española. Y si están viendo una competición y no pueden terminarla, podrán retomarla desde donde se quedaron desde cualquier dispositivo.
      Con los mejores profesionales y especialistas
      Cada noche, Teledeporte ofrecerá un programa diario, en torno a las 23:00, presentado por Ernest Riveras desde Sant Cugat, con lo más destacado, las imágenes más curiosas, las pruebas más espectaculares y la colaboración en plató de Paula Fernández Ochoa.
      También los Telediarios recogerán la información más destacada, con foco en los deportistas españoles, a través de las enviadas especiales Lourdes García Campos y Mercedes González.
      Al frente de las retransmisiones, profesionales de RTVE como Javier López, Arseni Pérez, Julia Luna, Ángel Cárceles, Ramón Carreras, Paco Grande, Amat Carceller, Nuria Godoy, Virtudes Fernández, Eva Aguilera, Diego Martínez o Felipe Fernández, junto a especialistas en las diferentes disciplinas olímpicas como Pablo Egea (esquí alpino y saltos), Susana Palés (patinaje artístico), Cristian Mestres (skeleton, luge y bobsleigh), Bosco Hernando y Alfonso Mills (hockey hielo) o Joe Llorente (esquí de fondo).
      Además, en la web de RTVE y RNE
      En el portal RTVE Deportes y en el especial de nuestra web sobre los Juegos se podrá seguir lo más interesante, con noticias minuto a minuto, los vídeos de los mejores momentos y contenidos didácticos para los que se inician en estos deportes de invierno.
      En redes sociales, las cuentas de Teledeporte en TikTok, X , Instagram y Facebook recogerán al detalle lo más destacado de la cobertura en todos los canales de RTVE y Play, más contenidos específicos para RRSS. Los usuarios tendrán la posibilidad de comentar con el hashtag #JJOOInviernoRTVE.
      En RNE, Paco Grande participará en los programas de la emisora con noticias y protagonistas y el corresponsal en Italia, Jordi Barcia, estará en la inauguración y en las pruebas en las que los españoles tengan opciones de medalla. En estos últimos días, antes de la cita, ‘Radiogaceta de los Deportes’ ha entrevistado a olímpicos como Lucas Eguibar, Oriol Cardona o Joaquín Salarich.
      Mayor presencia española desde 2014
      La cita olímpica arrancará este viernes 6 de febrero desde San Siro, eje de la Ceremonia de una Ceremonia de Inauguración que dará protagonismo a todas las sedes olímpicas y que contará con los comentarios de Paco Grande y Amat Carceller; la ceremonia de clausura tendrá lugar en Verona el 22 de febrero y la comentarán Amat Carceller y Ángel Cárceles.
      Entre las posibilidades de medallas españolas Queralt Castellet y Lucas Eguibar en snowboard; y Ana Alonso y Oriol Cardona en esquí de montaña, como las de mayores opciones.
      Joaquín Salarich y Arrieta Rodríguez (Esquí alpino); Bernat Sallet, Jaume Pueyo y Marc Colell (Esquí de fondo); Lucas Eguibar, Álvaro Romero, Queralt Castellet, Nora Cornell (Snowboard); Tomás Guarino, Tim Dieck y Olivia Smart, Asaf Kazimov y Sofia Val (Patinaje Artístico); Nil Llop y Daniel Milagros (Patinaje de velocidad); y Oriol Cardona, Ot Ferrer Martínez, Ana Alonso y María Costa (Esquí de montaña) integran la delegación española en Milán-Cortina.
    (Fuente: Liga F Moeve)

    La Copa de la Reina entra en ese territorio donde ya no hay margen para el cálculo ni para la especulación, donde los discursos se simplifican hasta quedarse en lo esencial y el fútbol se convierte en una cuestión de nervio, de carácter y de memoria. Noventa minutos —y todo lo que pueda venir después— para decidir quién sigue soñando y quién guarda la camiseta con la sensación de haber estado tan cerca. En ese filo se citan Madrid CFF y Costa Adeje Tenerife Egatesa, dos equipos que conocen bien lo que significa competir sin red, dos proyectos que han construido su identidad desde la resistencia, desde la convicción y desde la idea de que el camino también importa. El miércoles 4 de febrero, a las 19:00 hora peninsular, 18:00 en Canarias, el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada será escenario de una eliminatoria a partido único que no entiende de trayectorias pasadas ni de presupuestos, solo de lo que ocurra cuando el balón eche a rodar. TV

    La Copa es el torneo donde el tiempo se comprime, donde cada decisión pesa el doble y cada error deja cicatriz. No hay ida ni vuelta, no hay mañana que permita corregir lo que no se hizo hoy. El factor campo, la gestión emocional, la lectura de los momentos y la capacidad para sostenerse cuando el partido se rompe son elementos que adquieren un valor descomunal. En este contexto, Madrid CFF y Tenerife llegan con argumentos propios, con heridas recientes y con recuerdos que alimentan la confianza. Ambos alcanzaron los cuartos tras octavos exigentes, partidos de esos que no se ganan solo con fútbol, sino con fe. El Madrid CFF superó a la SD Eibar por 3-2 en un duelo abierto, resuelto en los minutos finales, mientras que el conjunto tinerfeño firmó una victoria de carácter en Sevilla, remontando fuera de casa para imponerse por 1-2 y confirmar que este equipo sabe competir cuando el escenario aprieta.

    El Madrid CFF vuelve a encontrarse con la Copa como una oportunidad de reafirmación. Un club que ha hecho de la estabilidad y del crecimiento sostenido su seña de identidad, que ha sabido sobrevivir a temporadas complejas y que entiende la competición del KO como un espacio donde igualar fuerzas y retar jerarquías. Jugar en Fuenlabrada no garantiza nada, pero ofrece un contexto conocido, una referencia emocional, un entorno donde el equipo se siente respaldado y donde sabe que puede imponer ritmo si logra dominar los primeros compases. En una eliminatoria así, empezar fuerte no es solo una consigna táctica: es una declaración de intenciones.

    Enfrente aparece un Costa Adeje Tenerife Egatesa que llega con la mochila cargada de ilusión y con una narrativa muy clara: esta Copa importa. Importa por historia, importa por presente y, sobre todo, importa por futuro. No es una frase hecha cuando se habla del significado de este torneo para el club blanquiazul. Las semifinales alcanzadas en tres ocasiones anteriores forman parte de su ADN competitivo y de su relato como entidad consolidada en la élite. Esta edición, además, tiene un componente emocional añadido difícil de ignorar: la final se disputará en Gran Canaria. Tan cerca geográficamente y tan lejos todavía en el calendario. Un estímulo silencioso, casi peligroso, que el propio vestuario reconoce pero que sabe aparcar para centrarse en lo inmediato. Porque antes de pensar en finales hay que sobrevivir a los cuartos, y hacerlo en un campo donde ya se ha ganado esta temporada, sí, pero donde nada será igual.

    Yerai Martín afronta esta Copa como un territorio nuevo en su recorrido al frente del equipo, y lo hace desde un discurso que combina ambición y realismo. “Ha llegado el momento de la Copa”, afirma el técnico, consciente de que este tipo de eliminatorias no admiten medias tintas. “El equipo está con la confianza necesaria para hacer frente a un gran rival en una eliminatoria igualada, a partido único, donde sabemos de la dificultad que tendrá”. No hay exceso de épica impostada en sus palabras, sino una lectura clara de lo que exige el contexto: competir al máximo nivel, entender los ritmos y aceptar que habrá fases del partido donde tocará sufrir. Yerai también verbaliza lo que muchas piensan pero pocas dicen en voz alta: la final cerca ilusiona. “Sabemos que la final se disputa muy cerca y eso nos hace especial ilusión”. Pero esa ilusión no se construye con promesas, sino con 90 minutos de concentración absoluta.

    El Tenerife llega con una convicción reforzada por los antecedentes recientes. Esta misma temporada, en Liga F Moeve, las blanquiazules ya asaltaron este escenario con un triunfo por 0-2 que dejó huella. No fue un partido anecdótico, sino una demostración de solidez, de orden y de pegada en los momentos clave. Sin embargo, la Copa es otra cosa. Lo saben las jugadoras, lo sabe el cuerpo técnico y lo sabe una capitana como Patri Gavira, que pone palabras a lo que se respira en el vestuario: “En el vestuario ya se respira el ambiente de Copa. Sabemos que es una final donde nos jugamos ese pase a semifinales y vamos a luchar por lograrlo y traernos esa clasificación”. No hay mejor definición para un cruce como este: una final antes de la final.

    Aleksandra, una de las voces del equipo en la previa, profundiza en esa idea desde el plano emocional y táctico. Habla de motivación, de intensidad y de la importancia de los duelos directos, esos pequeños enfrentamientos dentro del partido que muchas veces deciden eliminatorias. “La Copa de la Reina es un torneo diferente, nos jugamos todo a un partido y, para nosotras, el rival es una final”. No es una metáfora: es una declaración de principios. En este tipo de encuentros, los sistemas están aprendidos, los planes trabajados, pero la ejecución depende de la capacidad para sostener la presión y para ganar esos metros invisibles que no aparecen en las estadísticas.

    El Madrid CFF, por su parte, sabe que la Copa puede actuar como un catalizador de sensaciones. El ajustado triunfo ante Eibar en octavos dejó enseñanzas y reforzó la idea de que este equipo tiene recursos para sobrevivir en escenarios abiertos, pero también evidenció la necesidad de gestionar mejor los tramos finales. En una eliminatoria que puede irse a la prórroga o incluso a los penaltis, la gestión del esfuerzo y de las emociones será determinante. Nadie quiere llegar a ese punto, pero todos saben que puede suceder.

    El partido se verá en directo a través de TV Canaria y de la plataforma Canarias Play, con seguimiento en los canales de RTVC y narración radiofónica en Atlántico Radio y La Radio Canaria. Una cobertura que subraya la importancia del evento y que permitirá que la eliminatoria trascienda el césped para convertirse en un acontecimiento compartido. Porque la Copa también se juega en las casas, en las radios encendidas, en las pantallas que acompañan nervios y supersticiones.

    Y cuando el balón empiece a rodar en Fuenlabrada, todo lo demás quedará en suspenso. No importará lo que se dijo en la previa ni lo que se diga después. Importará quién entiende antes el partido, quién se adapta mejor al caos, quién convierte la tensión en energía y quién es capaz de sostener la mirada cuando el margen desaparece. Madrid CFF y Costa Adeje Tenerife Egatesa no juegan solo por un pase a semifinales. Juegan por reafirmar su identidad, por validar un camino y por acercarse a una Copa que no promete nada, pero lo exige todo.

    La Copa no recuerda a quienes dudan. Recuerda a quienes se atreven.

    La memoria reciente juega un papel silencioso pero poderoso. El 0-2 logrado por el Tenerife en este mismo escenario durante la temporada de Liga F Moeve es un recuerdo que alimenta la confianza, pero también una advertencia. Porque repetir una victoria nunca es automático, y porque el Madrid CFF ha tenido tiempo para analizar, corregir y prepararse. La Copa, además, introduce un componente emocional distinto: lo que entonces era una jornada de liga, ahora es una frontera.

    Las voces del vestuario blanquiazul refuerzan esa mezcla de ambición y respeto. Patri Gavira habla de ambiente de Copa, de vestuario enchufado, de la conciencia plena de estar ante una final anticipada. Aleksandra profundiza en las claves del juego, en los duelos directos, en la necesidad de imponer carácter desde el primer contacto. No hay espacio para la especulación cuando el premio es un billete a semifinales.

    Y sobre todo planea una idea que nadie ignora, aunque todas intenten mantenerla en segundo plano: la final se juega en Gran Canaria. Demasiado cerca para no ilusionar, demasiado lejos para permitirse distracciones. Ese estímulo funciona como un motor interno, como un recordatorio de lo que está en juego, pero también como una prueba de madurez. La Copa no se gana pensando en la final, se gana superando cada obstáculo intermedio con la misma intensidad.

    El partido podrá seguirse en directo a través de TV Canaria y Canarias Play, con el acompañamiento radiofónico de Atlántico Radio y La Radio Canaria. Una señal de que este cruce trasciende lo deportivo para convertirse en un acontecimiento compartido, en una noche marcada en rojo para el fútbol femenino. Porque la Copa también se vive desde fuera del estadio, con los nervios a flor de piel y la sensación de que cualquier cosa puede pasar.

    Cuando el balón eche a rodar, todo se reducirá a gestos, decisiones y momentos. A la capacidad de leer cuándo acelerar y cuándo pausar. A la solidez defensiva cuando el partido se ensucie y a la valentía ofensiva cuando aparezca una ventana de oportunidad. A la gestión del cansancio si el duelo se alarga y a la sangre fría si los penaltis asoman en el horizonte.

    La Copa de la Reina no garantiza justicia ni continuidad. Garantiza emoción, incertidumbre y verdad. Y en esa verdad, Madrid CFF y Costa Adeje Tenerife Egatesa se juegan algo más que un resultado: se juegan la posibilidad de seguir escribiendo su historia en el torneo que no perdona, pero que recompensa a quien se atreve a creer hasta el final.

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola | 2025-2026

    🙌🏻 Cuartos de final

    🔥 Madrid CFF 🆚 Costa Adeje Tenerife Egatesa 🔥

    📅 Miércoles , 4 de febrero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 RTVC & Canarias Play

    🏟️ Estadio Fernando Torres, Fuenlabrada

  • La previa | Atlético vs Athletic Club

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔲 Cuando la Copa llama a las guardianas de la historia.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay partidos que no necesitan presentación porque se explican solos. Partidos que no se anuncian: se presienten. Que no se juegan únicamente en el césped, sino en la memoria, en el peso de los escudos, en la herencia invisible que arrastran quienes saltan al campo sabiendo que noventa minutos pueden reordenar una década de relatos. Atlético de Madrid y Athletic Club vuelven a encontrarse bajo el amparo solemne de la Copa de la Reina, ese torneo que no entiende de inercias ni de jerarquías estables, pero que siempre termina señalando a quienes saben habitar su caos. A las 18:45, cuando el balón empiece a rodar en Alcalá de Henares, no solo comenzará un partido de cuartos de final: se activará una de esas noches que la Copa se reserva para los equipos que han hecho de la historia una responsabilidad.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Atlético de Madrid llega a esta cita con la memoria reciente todavía palpitando. Subcampeón vigente del torneo, heredero inmediato de una final que rozó la gloria y que confirmó, una vez más, que el conjunto rojiblanco se ha convertido en uno de los grandes actores estructurales de la Copa de la Reina en la última década.

    No es una presencia circunstancial ni un invitado ocasional: es un club que ha aprendido a convivir con la exigencia de ganar, que ha levantado el trofeo en dos ocasiones históricas y que ha construido una relación íntima con este torneo, entendiendo que la Copa no se conquista desde la superioridad, sino desde la resistencia emocional, la lectura de los momentos y la capacidad de sobrevivir cuando el partido se vuelve incómodo. Cada eliminatoria, para el Atlético, es un recordatorio de su propio ADN competitivo, de esa manera de estar que no distingue entre días grandes y días menores.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Frente a ellas comparece un Athletic Club que camina por la élite con un peso histórico distinto, pero no menos imponente. Si hay un club que representa la tradición, la fidelidad a una idea y la persistencia en la cima del fútbol femenino español, ese es el conjunto rojiblanco de Bilbao. Cinco veces campeón de Liga, cinco conquistas del campeonato doméstico bajo distintas denominaciones, la última en la temporada 2015-2016, cuando la competición aún se llamaba Liga Iberdrola. Cinco títulos que hablan de hegemonía, de continuidad, de generaciones enteras de futbolistas que sostuvieron el escudo del Athletic como una forma de pertenencia, como una identidad que trasciende resultados y modas. Pero también de una espina clavada que el tiempo no ha conseguido arrancar: la Copa de la Reina sigue resistiéndose a su vitrina.

    El Athletic tuvo un comienzo complicado en liga, no ganaron un partido hasta el 8 de noviembre, frente al Eibar por 2-0. Así hasta alzarse hasta la novena plaza. En la Supercopa de España, frente al Barcelona, a pesar de ser eliminadas les plantaron cara. Y en liga su último partido fue contra el Espanyol.

    (Fuente: Turismo Madrid)

    Nunca el Athletic ha logrado levantar el trofeo copero. Ha rozado finales, ha protagonizado campañas memorables, ha construido equipos capaces de competir contra cualquiera, pero siempre ha faltado ese último paso, ese partido definitivo que convierta la regularidad en celebración.

    Cada edición renueva esa posibilidad, cada eliminatoria reabre una herida que no cicatriza, y cada cruce de cuartos se vive como una frontera emocional entre la resignación histórica y la redención definitiva. La Copa, tan caprichosa como simbólica, no entiende de merecimientos acumulados, pero sí premia a quienes llegan dispuestos a romper sus propias barreras.

    El contexto no puede ser más cargado. Porque no es la primera vez que Atlético de Madrid y Athletic Club se miran a los ojos en este escenario. La Copa tiene memoria, y esa memoria viaja inevitablemente hasta la temporada 2018-2019, cuando ambos equipos se enfrentaron en estos mismos cuartos de final en San Mamés. Aquella tarde, en La Catedral, el Atlético supo interpretar mejor los ritmos, manejar los silencios del partido y golpear con la frialdad de quien entiende que en Copa no gana quien más propone, sino quien menos se equivoca. El 0-2 final dejó al Athletic otra vez a las puertas de un sueño aplazado y reforzó la sensación de que el Atlético había aprendido a moverse con soltura en este tipo de escenarios.

    Ese precedente no decide nada, pero lo impregna todo. Porque en la Copa no hay revancha automática ni justicia poética garantizada. Hay noventa minutos —noventa minutos que comenzarán a las 18:45— en los que se mezclan historia, estado de forma, gestión emocional y capacidad de resistir cuando el partido se rompe. Y ahí, tanto Atlético como Athletic saben que cada detalle cuenta.

    Los números recientes también dibujan una narrativa clara. Los precedentes históricos favorecen al conjunto dirigido por José Herrera, con seis victorias, dos empates y solo dos derrotas en los últimos once compromisos ante el Athletic Club. Un balance que no sentencia la eliminatoria, pero que marca una tendencia: el Atlético ha sabido encontrar respuestas ante un rival que siempre propone duelos intensos, físicos y emocionales, pero que en demasiadas ocasiones ha chocado con la solidez rojiblanca.

    El Atlético aterriza en esta cita tras un empate que dejó sensaciones encontradas. El 1-1 ante el Granada CF en Alcalá, en el estreno de José Herrera en el banquillo madrileño, fue un partido de transiciones emocionales constantes. A los doce minutos, Amaiur sacudió la madera con un disparo que pudo cambiar el guion, y el rechace cayó a los pies de Synne Jensen, que no perdonó para adelantar a las locales. El Atlético parecía haber encontrado el ritmo, pero antes del descanso, Laura Pérez filtró un balón que Andrea Gómez transformó en el empate superando a Lola Gallardo. En la segunda mitad, Andrea Medina, MVP del encuentro, asumió galones, empujó al equipo hacia adelante y sostuvo el pulso competitivo. El debut de Kathrine Møller Kühl añadió una nueva pieza al engranaje, una centrocampista danesa llamada a ofrecer control y pausa, aunque sin fortuna de cara a portería ante una Laura Sánchez que sostuvo al Granada. Sheila Guijarro también rozó el gol en el tramo final, pero el marcador ya no se movió.

    Ese empate, lejos de debilitar al Atlético, refuerza una idea clave: este equipo sigue en construcción, pero su suelo competitivo es altísimo. Incluso en días de ajustes, incluso en estrenos de banquillo, el Atlético mantiene una identidad reconocible, una forma de competir que no se negocia.

    El Athletic Club, por su parte, llega tras reencontrarse con la victoria en casa en un partido que condensó todas las virtudes y contradicciones del conjunto vasco. La primera ocasión llevó la firma de Daniela Agote, que estrenaba dorsal del primer equipo, un símbolo del relevo constante que define al Athletic. En el minuto 18, un penalti por agarrón de Ainhoa Doménech sobre Naia Landaluze pudo haber cambiado el partido, pero Romane Salvador detuvo el lanzamiento de Nerea Nevado, manteniendo el equilibrio. Tras el descanso, Ane Elexpuru estrelló un disparo en el larguero y Clara Pinedo, tras un pase decisivo de Sara Ortega —MVP del encuentro—, rompió el empate con un disparo de alto nivel técnico.

    El tramo final fue una montaña rusa emocional: penalti cometido por la propia Elexpuru, convertido por Laia Ballesté, y un desenlace cruel para el Espanyol, con un autogol de Anna Torrodà que selló el 2-1 definitivo. Un triunfo que devolvió confianza, pero que también recordó lo frágil que puede ser cualquier ventaja.

    Todo conduce, inevitablemente, a un cruce que huele a Copa en estado puro. A un partido en el que no bastará con tener más talento ni con acumular más posesión. Será una eliminatoria de nervios, de momentos, de errores mínimos y aciertos definitivos. El Atlético sabe lo que es jugar finales, levantar trofeos, convivir con la presión de ser favorito. El Athletic sabe lo que es sostener una tradición centenaria, cargar con la expectativa de una afición que nunca abandona y perseguir un título que se le resiste como un desafío personal.

    Cuando el balón eche a rodar en Alcalá, no habrá pasado ni futuro: solo presente.

    El equipo bilbaíno derrotó en octavos al C.E. Europa por 0-3. En Liga F viene ocupan el noveno puesto de la tabla clasificatoria, mientras que el Atlético de Madrid, sufrió de lo lindo en el Estadio José Kubala ante el Alhama ElPozo, empató (1-1) con las azulonas y tuvo que recurrir a la tanda de penales, donde emergió la figura de Patri Larqué para meter a las madrileñas en la siguiente fase con un 4-5.

    Además, la marcha en la Liga Profesional de Fútbol Femenino no es la más brillante para las locales que son quintas y tienen los puestos europeos a nueve puntos de distancia.

    En la primera vuelta de este curso ambos equipos empataron (1-1) en Alcalá de Henares con las dianas de Lauren Leal y Jone Amezaga el 4 de octubre de 2025.

    En este medio hemos querido destacar la importancia que puede tener la llegada de José Herrera al banquillo rojiblanco y según la visión de Berto Mata, periodista insular que le conoce bien, el ex del Al-Hilal Saudi Football Club es un gran director técnico que ha ido creciendo desde su etapa como analista en el antiguo Granadilla Tenerife Egatesa es un un gran conocedor del juego y mantiene enchufadas a todas sus jugadoras.

    De hecho, en su opinión, que es una de las más autorizadas, Herrera es capaz de hacer crecer el proyecto, meterse en la Liga de Campeones e incluso porfiar por la segunda plaza liguera ante el Real Madrid, a pesar de la ventaja de puntos que actualmente tienen las de Valdebebas.

    Este choque es clave para el Atlético de Madrid que es uno de los grandes candidatos a alcanzar rondas finales en esta competición, para ello debe domar a las leonas de Javier Lerga.

    Noventa minutos para decidir si el Atlético sigue escribiendo su relación privilegiada con la Copa o si el Athletic abre, por fin, una puerta que siempre ha encontrado cerrada. Porque la Copa no elige al más fuerte: elige al que sabe escucharla cuando llama. Y esta vez, llama a dos guardianes de la historia.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola | Temporada 2025-2026

    ✨ Cuartos de final ✨

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Athletic Club 🔥

    📅 Miércoles, 4 de febrero de 2026

    ⏰ 18:45 horario peninsular

    📺 Teledeporte (RTVE )

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | Athenea conquista el Player of the Month en la Liga F durante el mes de enero

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ La atacante cántabra se adjudica el galardón por primera vez y sucede a la culé Ewa Pajor.

    El lunes, 2 de febrero de 2026, no fue un lunes más en el calendario de la Liga F Moeve. No lo fue porque el anuncio del ‘Player of the Month’ de enero trascendió el mero reconocimiento estadístico para convertirse en una declaración de principios.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Athenea del Castillo, futbolista del Real Madrid CF, extremo por naturaleza y por convicción, fue proclamada jugadora del mes en una competición que ya no premia únicamente el gol, sino la influencia, el impacto competitivo y la capacidad de alterar el curso de los partidos desde la personalidad futbolística.

    El galardón, impulsado por EA SPORTS en su apuesta estratégica por el fútbol femenino, volvió a señalar a la Liga F como campeonato pionero en la integración de estándares globales de reconocimiento individual. Una distinción que, desde su implantación, no ha buscado replicar modelos masculinos, sino reinterpretarlos desde la especificidad del juego femenino, de sus ritmos, de sus contextos y de sus protagonistas. En ese escenario, Athenea del Castillo no aparece como una elección coyuntural, sino como una consecuencia natural de un mes en el que su figura se convirtió en eje, desequilibrio y relato.

    La votación, abierta el miércoles 21 de enero, reunió una nómina que retrata la pluralidad competitiva del campeonato: Paula Fernández, Érika González, Ariadna Mingueza, Sydney Schertenleib, Anna Torrodà, Elba Vergés y la propia Athenea. Siete nombres, siete contextos, siete formas de entender el juego. El desenlace, sin embargo, no dejó espacio a la duda: la atacante cántabra fue la futbolista que mejor sintetizó rendimiento, impacto y continuidad durante enero.

    El premio llega tras un mes de 237 minutos repartidos en tres partidos de Liga F Moeve, con dos goles —ambos frente al Levante UD— y una asistencia ante el Sevilla FC. Cifras que, aisladas, podrían parecer contenidas; cifras que, contextualizadas, explican por qué el fútbol no se mide únicamente en acumulación numérica. Athenea no solo participó en goles: los provocó, los anunció, los aceleró. Su presencia en el campo alteró estructuras defensivas, obligó a repliegues asimétricos y abrió espacios que el Real Madrid supo explotar.

    Pero enero no se cerró únicamente en clave liguera. El gol anotado en las semifinales de la Supercopa de España añadió una capa más al relato: la de la futbolista que aparece cuando el escenario se eleva, cuando el foco se intensifica y cuando la exigencia se multiplica. En ese contexto, Athenea no se esconde ni se diluye. Se afirma.

    A sus 23 años, la futbolista de Solares acumula ya 1.163 minutos en Liga F Moeve esta temporada, con cuatro goles y seis asistencias, liderando ese apartado en su equipo. Es una cifra que habla de regularidad, pero también de rol. Athenea no es una aparición puntual ni un recurso de rotación: es una pieza estructural del proyecto deportivo del Real Madrid CF femenino. Una jugadora que, desde el costado, construye una identidad reconocible.

    El reconocimiento de EA SPORTS no es menor. La mejora de su ítem en el ecosistema digital simboliza algo más profundo: la consolidación de referentes femeninos con peso propio en la cultura global del fútbol. Athenea se suma así a una lista que ya integran Luany, Edna Imade, Claudia Pina y Ewa Pajor, nombres que representan distintas formas de excelencia y que, juntos, componen una cartografía del talento que hoy define a la Liga F Moeve.

    Sin embargo, para comprender la dimensión real de este premio, es necesario retroceder. Mirar hacia atrás. Recordar que Athenea del Castillo no surge de la nada ni es producto exclusivo de un gran escudo. Antes de Chamartín, antes de los focos y de los grandes escenarios, hubo barro, hubo resistencia y hubo aprendizaje en contextos menos visibles. Su paso por el Deportivo Abanca forma parte de esa genealogía silenciosa que sostiene el crecimiento del fútbol femenino español.

    En A Coruña, Athenea no solo compitió: se forjó. Aprendió a recibir con ventaja en equipos que necesitaban correr más que dominar, a encarar cuando el margen de error era mínimo y a asumir responsabilidades ofensivas incluso en escenarios adversos. Ese bagaje no se borra con el salto a la élite; al contrario, se arrastra como una memoria corporal que reaparece en cada conducción larga, en cada cambio de ritmo y en cada decisión tomada bajo presión.

    El ‘Player of the Month’ de enero no premia únicamente lo que Athenea hizo durante cuatro semanas. Premia lo que es capaz de sostener en el tiempo. Premia la coherencia entre pasado y presente. Premia la evolución sin ruptura. En una Liga F Moeve cada vez más competitiva, donde la exigencia física y táctica se eleva jornada tras jornada, la extremo cántabra ha encontrado un lugar desde el que influir sin traicionar su esencia.

    Este reconocimiento también interpela al campeonato. La Liga F Moeve no solo celebra a una jugadora; se celebra a sí misma como espacio de desarrollo, como plataforma de visibilidad y como producto deportivo con narrativa propia. La alianza con EA SPORTS refuerza esa proyección internacional y sitúa a las futbolistas en un ecosistema donde el rendimiento tiene eco más allá del césped.

    Athenea del Castillo, en este contexto, no es únicamente la jugadora del mes de enero. Es un símbolo de continuidad generacional, de profesionalización sostenida y de identidad futbolística reconocible. Su premio no cierra un ciclo: lo abre. Porque enero ha sido solo una estación en un recorrido que aún tiene capítulos por escribir.

    fútbol. Un tramo de la temporada en el que las cifras pueden mentir y los contextos pesan más que los marcadores. El cansancio acumulado, la resaca competitiva de los meses iniciales y la presión por no perder el pulso con la clasificación convierten cada partido en una prueba de madurez colectiva e individual. En ese escenario, Athenea del Castillo no solo sostuvo su rendimiento: lo elevó hasta convertirlo en una herramienta de lectura del juego.

    El Real Madrid CF afrontó el mes con una hoja de ruta clara: mantener la regularidad competitiva y reforzar una identidad ofensiva basada en la amplitud, la velocidad en los costados y la ocupación racional de los espacios intermedios. Athenea fue una de las piezas clave de ese plan. No como recurso puntual, sino como vértice desde el que se activaban automatismos reconocibles.

    Su primer gran impacto del mes llegó frente al Levante UD. No fue un partido sencillo ni cómodo. El conjunto valenciano propuso un bloque medio-bajo, con ayudas constantes sobre banda y una vigilancia permanente sobre las jugadoras exteriores del Real Madrid. En ese contexto, Athenea no buscó el desborde inmediato. Midió. Esperó. Atrajo. Y cuando el espacio apareció, lo atacó con la precisión de quien entiende el tiempo del juego.

    Los dos goles anotados ante el Levante no fueron idénticos, pero sí coherentes con su perfil. Acciones que nacen de su capacidad para interpretar el uno contra uno no como un duelo físico, sino como un ejercicio de lectura corporal. Athenea no necesita una ventaja clara para encarar: le basta una décima de segundo, una leve descoordinación defensiva, un perfil mal orientado. Su arranque corto, casi felino, rompe el equilibrio rival antes de que la ayuda defensiva pueda llegar.

    Ese partido sintetizó una de las grandes virtudes de su mes de enero: la eficiencia emocional. Athenea no se acelera con el balón ni se desconecta sin él. Su participación no se limita a la acción final; se extiende a la fase previa, a la fijación de marca, al arrastre de defensoras que liberan carriles interiores para sus compañeras. Es una futbolista que entiende que influir no siempre implica tocar el balón.

    Días después, frente al Sevilla FC, su impacto adoptó otra forma. Menos visible para el marcador, pero igual de determinante. La asistencia repartida en ese encuentro nace de una conducción larga, de esas que obligan al bloque rival a retroceder en carrera, desordenándose. Athenea arrastra, temporiza y decide. No fuerza la acción individual cuando el contexto pide pausa. Ese gesto, aparentemente simple, revela una evolución futbolística que va más allá del desborde puro.

    Enero también fue un mes de ajustes tácticos. El Real Madrid alternó estructuras, moduló alturas y probó diferentes asociaciones en banda. Athenea se adaptó a cada variante sin perder identidad. En ocasiones, actuó más abierta, pegada a la cal, estirando al máximo el campo. En otras, apareció por dentro, ocupando espacios entre lateral y central, obligando a la defensa rival a elegir entre cerrar o conceder. En esa duda ajena, ella encontró ventaja.

    La Supercopa de España añadió un matiz competitivo distinto. El gol anotado en semifinales no fue solo un tanto más en su cuenta personal. Fue una confirmación. El tipo de acción que define carreras: aparecer en un partido de máxima exigencia y responder con determinación. Athenea atacó el espacio con convicción, sin titubeos, demostrando que su juego no se diluye cuando el contexto se vuelve hostil o el margen de error se reduce.

    Ese enero confirmó algo que ya se intuía: Athenea del Castillo ha aprendido a competir dentro del sistema sin perder su naturaleza. Su fútbol sigue siendo vertical, agresivo y profundo, pero ahora está sostenido por una comprensión más amplia del juego colectivo. No encadena acciones sin sentido ni fuerza situaciones inexistentes. Selecciona. Y esa selección es una de las claves que explican su impacto sostenido.

    Desde el punto de vista defensivo, su aportación también creció durante el mes. No tanto en números, sino en actitud. Athenea entendió cuándo replegar, cuándo cerrar línea de pase y cuándo activar la presión tras pérdida. Su esfuerzo sin balón no responde a una consigna aislada, sino a una lectura global del partido. Sabe cuándo su equipo necesita oxígeno y cuándo necesita intensidad.

    Enero fue, en definitiva, el mes en el que Athenea consolidó un estatus. No el de promesa, ni el de talento intermitente, sino el de futbolista determinante en un equipo que aspira a todo. El ‘Player of the Month’ no premia una racha puntual ni una explosión efímera. Reconoce una secuencia de actuaciones coherentes, influyentes y sostenidas en el tiempo.

    Mientras el calendario avanzaba, Athenea no se convirtió en un foco de ruido. No reclamó protagonismo mediático ni modificó su comportamiento en el campo. Su fútbol habló por ella. Y lo hizo con un lenguaje claro: el de la jugadora que entiende el ritmo de la competición y sabe cuándo acelerar y cuándo sostener.

    En la siguiente entrega, el relato retrocederá para avanzar. Volveremos al origen, al proceso de construcción de Athenea del Castillo como futbolista profesional, con especial atención a su etapa en el Deportivo Abanca, no como anécdota biográfica, sino como cimiento real de su identidad competitiva.

    Para entender por qué enero no fue una anomalía en la carrera de Athenea del Castillo, sino una consecuencia lógica, es imprescindible mirar atrás. No hacia los titulares ni hacia los grandes estadios, sino hacia esos contextos donde el fútbol no concede atajos y cada minuto en el campo se gana con insistencia. La futbolista que hoy sostiene el desequilibrio ofensivo del Real Madrid CF no nació en un ecosistema de comodidad competitiva. Se formó, creció y se endureció en escenarios donde el margen de error era mínimo y la exposición, constante.

    El Deportivo Abanca no fue un simple punto de paso en su trayectoria. Fue una escuela de supervivencia futbolística. En A Coruña, Athenea entendió pronto que el talento, por sí solo, no basta. Que el desborde pierde sentido si no va acompañado de compromiso, y que la velocidad se convierte en un arma inútil si no se sabe cuándo utilizarla. Aquella etapa, muchas veces resumida de forma superficial, fue en realidad el laboratorio donde se construyó su carácter competitivo.

    En el Deportivo Abanca, Athenea no jugaba para destacar: jugaba para sostener. Para dar oxígeno a un equipo que necesitaba transiciones largas, profundidad constante y soluciones individuales cuando el juego colectivo se veía asfixiado. Ese contexto moldeó una futbolista capaz de asumir responsabilidades desde muy joven, acostumbrada a recibir el balón en situaciones de inferioridad numérica y a decidir bajo presión.

    Allí aprendió a correr con sentido. A no gastar una conducción si no generaba ventaja. A proteger el balón con el cuerpo cuando la ayuda tardaba en llegar. A entender que el uno contra uno no es un gesto aislado, sino una secuencia que comienza antes del contacto y termina después de la acción. Esa inteligencia competitiva, adquirida en contextos de exigencia estructural, es la que hoy emerge en escenarios de máxima visibilidad.

    El salto al Real Madrid CF no borró ese aprendizaje. Lo amplificó. Athenea no llegó como una jugadora por pulir, sino como una futbolista con memoria de esfuerzo. Esa memoria se percibe en su forma de atacar los espacios, en su capacidad para repetir esfuerzos de alta intensidad y en su tolerancia al contacto físico. No rehúye el choque ni se esconde tras el talento. Lo integra.

    Con el paso de las temporadas, su juego ha ganado capas. Sigue siendo una extremo de perfil natural, pero ya no responde al estereotipo clásico. Athenea no vive exclusivamente del desborde por fuera. Ha incorporado movimientos interiores, desmarques diagonales y una lectura más fina de las alturas del equipo. Cuando el lateral rival se cierra, ella se abre. Cuando la defensa bascula, ella ataca el intervalo. Cuando el ritmo del partido exige pausa, ella temporiza.

    Esa evolución no es casual. Responde a una futbolista que ha sabido escuchar al juego sin traicionarse. Athenea no ha renunciado a su agresividad ofensiva; la ha ordenado. Ha aprendido que no todas las acciones requieren máxima velocidad, y que el desequilibrio también puede generarse desde la amenaza constante, incluso sin tocar el balón.

    Su relación con el gol también se ha transformado. En sus primeros años, la finalización era una consecuencia ocasional del desborde. Hoy es una intención clara. Sus dos goles ante el Levante UD en enero son ejemplos de una atacante que ataca el área con convicción, que perfila el cuerpo antes del remate y que no necesita varias oportunidades para ser decisiva. Esa eficacia nace de la repetición, del trabajo silencioso y de una comprensión más madura de su rol.

    Pero si hay un rasgo que conecta directamente a la Athenea del Deportivo Abanca con la Athenea del Real Madrid CF es la resiliencia. La capacidad para no desaparecer cuando el partido se complica. Para insistir incluso cuando la defensa rival ajusta, dobla marcas o cambia perfiles. Athenea no interpreta esas situaciones como frenos, sino como desafíos. Y esa mentalidad, forjada lejos del foco, es la que explica su estabilidad emocional en la élite.

    Enero de 2026 no fue, por tanto, una revelación. Fue una confirmación. La confirmación de que el recorrido importa. De que el pasado pesa. De que cada sprint en A Coruña, cada duelo perdido y cada partido sin premio visible construyeron una futbolista preparada para responder cuando el escenario lo exige.

    El ‘Player of the Month’ reconoce ese recorrido implícitamente. Reconoce que detrás de cada premio hay una biografía competitiva. Que detrás de cada mejora de ítem hay horas invisibles. Y que detrás de cada acción decisiva hay una cadena de aprendizajes que no siempre aparecen en las estadísticas.

    En la próxima entrega, el relato se cerrará desde dentro del campo. El scouting de Athenea del Castillo emergerá ya con toda su profundidad, integrado en el discurso, desmenuzando su juego en movimiento, su relación con el espacio, con el tiempo y con el balón, sin compartimentos estancos, como ella misma juega: en continuidad.

    Observar a Athenea del Castillo con detenimiento es entender que su fútbol no responde a una sola imagen congelada, sino a una secuencia continua de decisiones. No es una jugadora que se explique desde el gesto aislado, sino desde la acumulación de acciones que, juntas, generan una sensación constante de amenaza. Su verdadero valor no reside únicamente en lo que hace con el balón, sino en todo lo que provoca antes, durante y después de tocarlo.

    Athenea es, por naturaleza, una futbolista de ritmo alto. Pero no de velocidad caótica. Su sprint no nace del impulso, sino de la lectura. Antes de acelerar, observa. Perfila el cuerpo. Ajusta la distancia con su defensora directa. Esa microgestión del espacio es una de las claves de su desequilibrio. No necesita recibir en ventaja; la construye en el primer paso.

    Cuando recibe abierta, pegada a la banda, su primer control no busca proteger el balón, sino orientar la jugada. Controla hacia delante incluso en espacios reducidos, asumiendo el riesgo como parte de su identidad. Ese gesto obliga a la lateral rival a decidir de inmediato: o encimar o recular. En cualquiera de las dos opciones, Athenea gana información. Si la defensora salta, ella acelera; si duda, ella fija y espera la ayuda interior para atacar el intervalo.

    Su cambio de ritmo es corto, eléctrico, casi violento. No necesita recorrer grandes distancias para romper una defensa. Le basta una zancada más rápida que la anterior. Ese arranque, repetido durante todo el partido, va erosionando psicológicamente a las rivales. Incluso cuando no supera el duelo, deja una huella: obliga a bascular, a cerrar, a estar alerta. El simple hecho de que Athenea esté en el campo condiciona la estructura defensiva contraria.

    Pero su evolución más significativa aparece cuando el balón no le llega en ventaja. En esos contextos, Athenea ya no fuerza el desborde como única salida. Ha aprendido a soltar, a descargar y a reubicarse. Juega paredes cortas, activa a la lateral o a la interior y ataca el espacio libre con una lectura temporal muy afinada. No corre por correr. Corre cuando sabe que el pase puede llegar.

    En el área, su comportamiento ha ganado determinación. Athenea ya no es solo la jugadora que asiste desde línea de fondo. Es la que ataca el segundo palo, la que se cuela entre central y lateral, la que llega desde atrás con el timing justo. Sus goles en enero reflejan esa transformación: finalizaciones limpias, decididas, sin titubeos. No necesita acomodar el balón durante segundos; su gesto es rápido, casi instintivo, fruto de la repetición y la confianza.

    Defensivamente, su aportación es menos vistosa, pero igual de relevante. Athenea entiende la presión no como un sprint aislado, sino como una acción coordinada. Cierra líneas de pase, orienta la salida rival hacia zonas menos peligrosas y activa la presión tras pérdida con agresividad medida. No se desconecta tras un error ni se esconde después de una acción fallida. Su respuesta es inmediata, como si el juego no le permitiera detenerse.

    Físicamente, sostiene un volumen de esfuerzos alto sin perder lucidez. Su resistencia no es solo aeróbica; es mental. Puede repetir desbordes en el minuto 80 con la misma convicción que en el 10. Esa capacidad, construida en años de contextos exigentes, le permite ser una amenaza constante incluso cuando el partido parece agotarse.

    Tácticamente, Athenea ofrece versatilidad sin perder identidad. Puede actuar como extremo puro, como atacante interior o incluso como segunda punta circunstancial cuando el equipo lo requiere. En todas esas posiciones mantiene su esencia: verticalidad, agresividad y lectura del espacio. No necesita reinventarse para adaptarse; adapta su fútbol.

    Enero de 2026 fue un escaparate perfecto para este perfil completo. No porque Athenea hiciera algo radicalmente distinto, sino porque lo hizo todo bien. Porque sus acciones tuvieron sentido dentro del colectivo. Porque su talento individual se puso al servicio del plan de partido. Y porque su impacto fue sostenido, no episódico.

    El scouting de Athenea no se resume en una lista de virtudes. Se explica en la coherencia de su juego. En la conexión entre lo que fue y lo que es. En la naturalidad con la que asume responsabilidades ofensivas sin perder disciplina táctica. En la forma en la que entiende que el desequilibrio no es solo un acto de rebeldía, sino una herramienta estratégica.

    El ‘Player of the Month’ de enero reconoce todo eso sin necesidad de nombrarlo. Reconoce a una futbolista que ya no necesita justificar su presencia en la élite. Que no vive del potencial, sino del rendimiento. Que no depende de un día inspirado, sino de una continuidad construida.

    En la quinta y última entrega, el relato se elevará de nuevo al plano colectivo e institucional. Athenea del Castillo como símbolo, la Liga F Moeve como escenario y EA SPORTS como altavoz global. El cierre de una serie que no busca clausurar un hito, sino dejar constancia de su significado.

    Todo premio tiene una trampa silenciosa: la de parecer un punto final. Un instante de celebración que clausura un recorrido y lo convierte en recuerdo. El ‘Player of the Month’ de enero para Athenea del Castillo, sin embargo, funciona justo en sentido contrario. No cierra una historia. La empuja hacia delante. La proyecta. La inscribe dentro de un proceso mayor que trasciende a la propia futbolista.

    Porque Athenea no es un caso aislado ni una excepción estadística. Es el producto visible de una Liga F Moeve que ha dejado atrás la fase de supervivencia para instalarse en la de construcción consciente. Un campeonato que ya no solo compite, sino que se explica, se narra y se posiciona. El galardón impulsado por EA SPORTS no es un mero reconocimiento individual: es una herramienta de legitimación cultural.

    Que la Liga F fuera elegida como el campeonato femenino pionero en integrar este tipo de premios no es casual. Responde a una estrategia clara: dotar al fútbol femenino de los mismos códigos simbólicos que históricamente han consolidado el relato del fútbol masculino, pero reinterpretados desde su propia identidad. Reconocer a la jugadora del mes es reconocer que el rendimiento femenino merece memoria, archivo y jerarquía.

    En ese contexto, Athenea del Castillo representa algo más que un gran mes competitivo. Representa una generación que ha crecido sin pedir permiso. Futbolistas que no reclaman visibilidad desde el discurso, sino desde el rendimiento. Que no se presentan como promesas eternas, sino como realidades sostenidas. Que entienden el fútbol como una profesión y el alto nivel como un espacio que se habita, no que se visita.

    La lista de ganadoras anteriores —Luany, Edna Imade, Claudia Pina, Ewa Pajor— dibuja un mapa diverso de talento, perfiles y trayectorias. Athenea se suma a ese mapa aportando una narrativa específica: la de la extremo formada en contextos duros, consolidada en la élite y capaz de influir sin perder autenticidad. Su nombre ya no se asocia únicamente al potencial, sino al impacto real.

    El papel de EA SPORTS en este proceso no es menor. La mejora de su ítem, más allá del entorno digital, actúa como un reflejo de algo tangible: el fútbol femenino ya no es solo competición, es también industria cultural. Cada premio, cada actualización, cada narrativa construida amplía el ecosistema y conecta a nuevas generaciones con referentes claros y reconocibles.

    Athenea, en ese espejo, aparece como una figura coherente. No hay disonancia entre lo que representa dentro del campo y lo que proyecta fuera. Su fútbol es directo, honesto, exigente. No se esconde tras el artificio ni necesita exagerar gestos para ser visible. Su influencia nace del juego, no del ruido.

    El ‘Player of the Month’ de enero llega, además, en un momento clave de la temporada. Cuando el desgaste empieza a pesar, cuando la clasificación se aprieta y cuando cada detalle adquiere valor. No es un premio concedido en el inicio ilusionante ni en el final épico, sino en el tramo donde la regularidad se convierte en virtud suprema. Ahí, Athenea sostuvo.

    Y sostuvo porque está preparada para hacerlo. Porque su recorrido la ha entrenado para resistir. Porque su fútbol no depende de contextos ideales. Porque entiende que competir al máximo nivel implica adaptarse sin diluirse. Esa es, quizá, su mayor fortaleza.

    Para la Liga F Moeve, este reconocimiento refuerza una idea fundamental: el campeonato ya produce referentes estables. Jugadoras que pueden ser narradas mes a mes sin recurrir a la excepcionalidad. El fútbol femenino español ya no vive de hitos aislados, sino de una continuidad competitiva que permite construir memoria colectiva.

    Athenea del Castillo no es la jugadora del mes porque enero fuera extraordinario. Lo es porque enero fue coherente con lo que viene siendo. Y esa coherencia es la base sobre la que se construyen las grandes trayectorias.

    El tiempo que empieza ahora no es el del recuerdo, sino el de la confirmación. El de sostener lo alcanzado. El de seguir influyendo. El de convertir cada premio en un punto de apoyo, no en una meta.

    Enero queda atrás. El nombre permanece y el juego, como siempre en Athenea del Castillo, no se detiene.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | La importancia del Playoff para el Atlético de Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📌 El tres veces campeón de la Liga F Moeve se juega más de medio curso en el doble cruce ante el United.

    El calendario marca 2026 y, con él, llega uno de esos momentos que definen no solo una temporada, sino una identidad. Los playoffs de la UEFA Women’s Champions League 2025-2026 asoman en el horizonte como un punto de inflexión para un Atlético de Madrid que vuelve a mirar a Europa sin complejos, con cicatrices aún visibles, pero también con la convicción de quien sabe que el pasado no pesa: empuja.

    Europa siempre ha sido un territorio de emociones extremas para el conjunto rojiblanco. Allí donde se han escrito algunas de sus páginas más gloriosas y también algunas de sus noches más crueles. Allí donde el margen de error se reduce a la mínima expresión y cada detalle adquiere un valor incalculable. Allí donde ahora, una vez más, las de José Herrera se juegan mucho más que una clasificación.

    (Fuente: UEFA)

    El camino hasta este cruce no ha sido sencillo ni indulgente. El Atlético llegaba a Francia sabiendo que visitar al Olympique Lyonnais Féminin —ahora Olympique Lyonnes— siempre supone una prueba de máxima exigencia.

    La derrota por 3-0 fue dura, incontestable en el marcador, y estuvo marcada además por la expulsión de Luany, que vio la tarjeta roja directa tras un gesto antirreglamentario que condicionó el resto del encuentro.

    Aquella noche en suelo galo parecía destinada a ser un punto final. Pero no lo fue.

    Porque Europa también enseña a levantarse, y el Atlético lo hizo desde la clasificación general de la primera fase. Su undécima posición en esa etapa inicial del torneo le garantizó billete para los llamados “octavos de final”, una ronda que ya no admite medias tintas y que coloca frente a frente a proyectos consolidados del continente.

    Hay ciudades que, sin proponérselo, se convierten en símbolos. Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, es desde hace años uno de los refugios emocionales del Atlético de Madrid Femenino. Allí, donde el equipo ha construido algunas de sus noches europeas más memorables, vuelve a citarse la historia.

    (Fuente: UEFA)

    La expectación es máxima. No solo por el rival, no solo por el momento, sino porque el Atlético ha demostrado que sabe competir en Europa cuando el contexto aprieta. Ya lo hizo en la ronda preliminar, cuando eliminó al BK Häcken con una remontada que quedará grabada en la memoria colectiva: 2-1 en el Centro Deportivo de Alcalá de Henares, en una noche de convicción, orgullo y carácter.

    Ese triunfo fue algo más que una clasificación. Fue una declaración de intenciones.

    El destino, caprichoso, ha querido que el Atlético vuelva a medirse a un club británico en una eliminatoria a 120 minutos —o más—, evocando recuerdos que aún resuenan en la memoria rojiblanca.

    El fútbol europeo del Atlético no puede entenderse sin mirar atrás. En octubre de 2021, todavía bajo los efectos de la pandemia, el conjunto madrileño vivió una de sus eliminaciones más dolorosas. Aquella vez, el verdugo fue el Chelsea, que dejó fuera al Atlético por un global de 3-1 en una eliminatoria marcada por la crueldad del destino.

    Tres penaltis fallados, tres oportunidades perdidas y un golpe emocional que marcó un antes y un después.

    Desde aquella eliminación, el club inició una larga travesía en el desierto.

    Durante varias temporadas, el Atlético no logró finalizar entre los tres primeros de la Primera División Femenina, viendo cómo la Champions se escapaba año tras año en beneficio de rivales directos como el Real Madrid, la Real Sociedad o el Levante U.D.

    Europa se convirtió en un recuerdo lejano y en una aspiración aplazada que no llegaba.

    Para encontrar el último gran momento del Atlético en la Liga de Campeones hay que retroceder a la temporada 2019-2020. Entonces contra todo pronóstico, el equipo alcanzó los cuartos de final en la histórica “Final Four” celebrada en San Mamés y Anoeta .

    Antes de llegar a Bilbao, el Atlético protagonizó una de sus eliminatorias más recordadas al dejar fuera al Manchester City.

    Aquella vez brillaron nombres que ya forman parte de la historia rojiblanca: Toni Duggan, hoy retirada, decisiva en ataque, y Ángela Sosa, alma del equipo y hoy líder del Madrid CFF.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Fue una demostración de que el Atlético sabía competir contra la élite inglesa.

    (Fuente: DAZN )

    Y ese recuerdo, que terminó con el Lyon de Lola Gallardo levantando por séptima ocasión el trofeo, vuelve ahora, como un eco que conecta pasado y presente.

    Mucho ha cambiado desde entonces. Nuevas jugadoras, nuevos liderazgos, un proyecto reconstruido con paciencia y ambición. Pero hay algo que permanece intacto: la voluntad de hacer historia.

    El cruce ante el Manchester United representa mucho más que una eliminatoria.

    Es una prueba de madurez, de crecimiento, de regreso al lugar que el Atlético siente que le pertenece por historia y peso del escudo.

    El hecho de colarse entre los ocho mejores de Europa mediante un acceso a los cuartos de final, que además le emparejarían con el Bayern de Múnich, ya con Edna Imade como nueve, le darían la oportunidad de tumbar a un gigante como es el conjunto bávaro.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En Alemania ya conocen a este Atlético de Madrid, pues se cruzaron con él en la fase de liga de la competición y empataron (2-2).

    Además, es importante que el equipo de la Liga F Moeve vaya sumando presencias en las rondas decisivas de la UEFA Women’s Champions League para poder opositar así a una plaza en el gran Mundial de Clubes en categoría femenina que se estrenará en dos años, es decir, (2028).

    Actualmente el Arsenal Football Club Women es el mejor equipo del mundo después de llevarse la primera edición de la FIFA Women’s Champions Cup al doblegar en el Emirates Stadium al S.C. Corinthians por 3-2 en la prórroga.

    Más allá del Atlético de Madrid |

    (Fuente: DAZN)

    Pocas veces un listado numérico, una tabla fría de coeficientes y decimales, encierra una batalla tan profunda, tan simbólica y tan estructural como la que refleja el ranking UEFA de federaciones femeninas en la temporada 2025/2026.

    Lo que a primera vista parece un simple pantallazo de la aplicación oficial de la UEFA es, en realidad, la radiografía más precisa del estado de poder del fútbol femenino europeo, el espejo donde se proyectan años de inversión, decisiones políticas, modelos de liga, culturas competitivas y, sobre todo, una pugna histórica entre dos potencias que hoy están separadas por apenas cuatro décimas: Inglaterra y España. Inglaterra lidera con 70.082 puntos, España la persigue con 69.665.

    No es una distancia simbólica, no es un colchón tranquilizador. Es una grieta mínima que anuncia un posible seísmo competitivo si la temporada actual se inclina hacia el lado español.

    El ranking muestra, además, un contexto revelador: Inglaterra y España son las únicas federaciones que mantienen a sus tres clubes vivos en competición europea en este punto del curso, algo que no es casual ni coyuntural, sino estructural. Francia, tercera con 68.666, ya ha perdido uno de sus representantes. Alemania, cuarta con 58.915, sigue siendo poderosa pero ha dejado atrás su hegemonía histórica. Italia, Portugal, Países Bajos, Noruega, Suecia y Bélgica completan un mapa en el que el eje del fútbol femenino europeo se ha desplazado definitivamente hacia el suroeste del continente.

    La vieja Europa central ya no manda; ahora mandan los campeonatos que han entendido que el fútbol femenino no se sostiene solo con tradición, sino con planificación, profesionalización y visibilidad.

    Inglaterra llega a este liderato desde una lógica reconocible. La Women’s Super League es, desde hace años, la liga con mayor músculo financiero, la que mejor ha integrado a los grandes clubes masculinos en el desarrollo femenino, la que antes profesionalizó estructuras y la que ha logrado atraer talento global de manera sostenida. Chelsea, Arsenal y Manchester United no solo compiten; condicionan.

    (Fuente: WSL)

    Cada punto que suman en Europa es el reflejo de una liga que ha convertido la Champions en un objetivo natural, no en una excepción gloriosa. Inglaterra no improvisa: exporta un modelo.

    España, en cambio, ha llegado aquí desde otro lugar. Su ascenso no ha sido lineal ni cómodo. Ha sido más caótico, más político, más emocional.

    La Liga F Moeve, heredera de una profesionalización tardía pero intensa, ha crecido a contracorriente, superando conflictos institucionales, tensiones laborales, desigualdades presupuestarias y una narrativa constante de cuestionamiento. Y, sin embargo, aquí está: a menos de medio punto del liderazgo continental, con tres clubes aún en pie, con una selección campeona del mundo que ha cambiado para siempre la percepción internacional del fútbol español, y con un ecosistema que empieza a ser leído desde fuera como algo más que una promesa.

    El ranking UEFA no premia la estética ni la narrativa; premia resultados.

    Cada victoria, cada empate, cada clasificación, cada ronda superada suma puntos que se agregan durante varias temporadas. Por eso este segundo puesto de España no es un fogonazo: es la consecuencia directa de los títulos del FC Barcelona, de las semifinales recurrentes, de las buenas actuaciones del Atlético de Madrid en ciclos anteriores, del crecimiento del Real Madrid como proyecto estable, y del hecho de que, por primera vez, la liga española compite en profundidad, no solo desde un club hegemónico.

    La temporada actual es, en este sentido, una oportunidad histórica. Para que España arrebate la primera posición del ranking a Inglaterra no hace falta un milagro, pero sí una conjunción precisa de acontecimientos deportivos. La lógica es clara: España debe sumar más puntos que Inglaterra en el cómputo europeo del curso.

    Eso implica que los clubes españoles avancen más rondas, ganen más partidos y, crucialmente, que los clubes ingleses caigan antes o sumen menos. Cada eliminación inglesa y cada victoria española estrechan o invierten la balanza. Con ambos países manteniendo a sus tres representantes, el margen de maniobra existe y es real.

    Si, por ejemplo, un club español alcanza la final de la Champions y otro se queda en semifinales, mientras que Inglaterra pierde uno de sus equipos en cuartos y otro en semifinales, el diferencial puede volcarse. Los coeficientes no entienden de nombres ni de escudos: solo de resultados acumulados.

    Y aquí España juega con una baza clave: la regularidad reciente del FC Barcelona, que ya no solo gana, sino que arrasa, y que suele garantizar una lluvia constante de puntos. A eso se suma un Atlético de Madrid que ha recuperado competitividad continental y un Real Madrid que, aun en construcción, empieza a sumar experiencia europea de manera sostenida.

    Inglaterra, por su parte, depende de que su tridente mantenga el pulso. Chelsea ha sido históricamente fiable, pero no invencible. Arsenal vive una reconstrucción intermitente.

    El Manchester City alterna picos de excelencia con caídas inesperadas. El margen es estrecho y la presión, creciente. Porque liderar el ranking ya no es un privilegio invisible: ahora es un objetivo explícito, una bandera simbólica de supremacía europea.

    Arrebatarle el primer puesto a Inglaterra supondría, para España, mucho más que un cambio de número en una tabla. A nivel deportivo, consolidaría a la Liga F Moeve como la referencia estructural del fútbol femenino europeo. El ranking UEFA no solo determina prestigio: condiciona plazas europeas, accesos directos a fases avanzadas, cabezas de serie y, en última instancia, la capacidad de planificación de los clubes. Ser primera federación implica mayor estabilidad competitiva y menos dependencia de rondas preliminares traicioneras.

    Pero el impacto va más allá del reglamento. Ser número uno en Europa sería la confirmación estadística de algo que ya se percibe en el juego: que España no solo produce talento, sino que lo sostiene, lo potencia y lo hace competir al máximo nivel. Y aquí entra un elemento clave que mencionas y que no es menor: según un estudio reciente, la Liga F Moeve es considerada la tercera mejor competición femenina regular del mundo. Esa clasificación, que suele situar por delante a la NWSL estadounidense y a la WSL inglesa, no se basa únicamente en títulos, sino en equilibrio competitivo, calidad media de los equipos, desarrollo de jugadoras, impacto internacional y regularidad del espectáculo.

    Si España alcanza el primer puesto del ranking UEFA mientras su liga es ya evaluada como la tercera mejor del mundo, el mensaje es potentísimo: la Liga F no solo es formadora ni solo es exportadora de talento, sino que es competitiva, atractiva y decisiva en Europa. Eso reforzaría su posición en negociaciones de derechos audiovisuales, atraerá patrocinadores internacionales, facilitará la llegada de futbolistas de élite y, sobre todo, consolidará un relato que durante años le fue negado: el de ser una liga central, no periférica.

    Desde un punto de vista histórico, sería también una inversión de jerarquías.

    Durante décadas, España miró a Alemania y Francia como modelos inalcanzables, y a Inglaterra como un experimento avanzado. Hoy es Inglaterra la que mira de reojo a España, consciente de que el fútbol femenino español ha encontrado una identidad propia basada en la técnica, la posesión, la lectura táctica y una cantera que no deja de producir talento diferencial.

    El dominio del FC Barcelona no ha empobrecido el ecosistema; lo ha obligado a crecer.

    Este ranking, además, refleja una tendencia más amplia: la concentración del poder europeo. Las diez primeras federaciones muestran una brecha cada vez mayor con el resto. Pero dentro de esa élite, la pelea ya no es coral: es un duelo. Inglaterra contra España. Modelo anglosajón frente a modelo mediterráneo. Inversión privada masiva frente a integración progresiva en estructuras históricas. Ambas vías son válidas, pero solo una puede liderar.

    La temporada actual, por tanto, no es una más. Es un punto de inflexión potencial.

    Cada partido europeo de un club español ya no es solo suyo: es un acto colectivo que empuja a toda una liga y a toda una federación. Cada gol en Champions tiene ahora un peso simbólico añadido.

    Y eso, para una Liga F Moeve que ha luchado tanto por reconocimiento, es una oportunidad irrepetible.

    Si España logra culminar este asalto al primer puesto, el impacto no será efímero.

    No se tratará de un liderazgo anecdótico, sino de la confirmación de un ciclo.

    Un ciclo en el que el fútbol femenino español ha pasado de ser promesa a ser estándar. En el que ya no se compara, sino que se mide a los demás.

    Y en el que el ranking UEFA deja de ser una aspiración lejana para convertirse en una consecuencia lógica de todo lo que se ha construido.

    Lo que muestra esa imagen, en definitiva, no es solo una clasificación. Es el mapa de un cambio de era. Y España está a un paso, a unos cuantos partidos, a unas cuantas noches europeas bien jugadas, de escribir una de las páginas más decisivas de su historia futbolística.

    (Fuente: X)
  • Oficial | Quince minutos que no cambian la historia… pero la engrandecen

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    🔷 La RFEF retrasa a las 18:45 el Atlético de Madrid–Athletic Club de cuartos de final de la Copa de la Reina, un duelo cargado de memoria, títulos y cuentas pendientes que Teledeporte llevará a toda España.

    Existen decisiones que, sobre el papel, apenas alteran el curso del tiempo. Quince minutos. Un cuarto de hora. Un pequeño ajuste en el reloj de la competición. Pero en el fútbol —y especialmente en la Copa de la Reina— el tiempo no es solo una unidad de medida: es relato, es liturgia, es expectativa compartida. Y por eso la Real Federación Española de Fútbol ha comunicado oficialmente al Atlético de Madrid, al Athletic Club y a RTVE que el encuentro correspondiente a los cuartos de final de la Copa de la Reina, que ambos equipos disputarán el próximo miércoles 4 de febrero de 2026, retrasará su inicio de las 18:30 a las 18:45 horas (horario peninsular), una modificación que no altera la esencia del duelo, pero sí refuerza su solemnidad y su puesta en escena para todo el país a través de Teledeporte.

    Porque este no es un partido cualquiera. No lo es por los escudos que lo protagonizan, no lo es por la ronda que se disputa, no lo es por la historia que se arrastra ni por la que está a punto de escribirse. Atlético de Madrid y Athletic Club vuelven a cruzarse en una eliminatoria de Copa, ese territorio donde el pasado siempre comparece y donde cada minuto —sea a las seis y media o a las siete menos cuarto — pesa como una losa o vuela como una promesa.

    El Atlético de Madrid llega a esta cita con la memoria reciente todavía palpitando. Es el actual subcampeón del torneo, heredero inmediato de una final que rozó la gloria y que confirmó, una vez más, que el conjunto rojiblanco se ha convertido en uno de los grandes actores estructurales de la Copa de la Reina en la última década.

    No es una presencia circunstancial ni un invitado ocasional: es un club que sabe ganar finales y que ha levantado el trofeo en dos ocasiones históricas, ambas grabadas a fuego en su identidad.

    La primera, en 2016, cuando el Atlético de Madrid conquistó la Copa de la Reina frente al todopoderoso FC Barcelona en Las Rozas, en una final que supuso un golpe sobre la mesa del fútbol femenino español y que confirmó que el proyecto rojiblanco había llegado para competir sin complejos contra cualquiera. La segunda, en 2023, ya en el Estadio Municipal de Butarque (Leganés), en una noche de madurez competitiva, oficio y ambición, en la que el Atlético volvió a tocar metal y a inscribir su nombre entre los campeones eternos del torneo.

    Frente a ellas, el Athletic Club comparece con un peso histórico distinto, pero no menos imponente. Porque si hay un club que representa la tradición, la fidelidad a una idea y la persistencia en la élite, ese es el conjunto rojiblanco de Bilbao. Cinco veces campeón de Liga, cinco conquistas del campeonato doméstico bajo distintas denominaciones, la última de ellas en la temporada 2015-2016, cuando la competición aún respondía al nombre de Liga Iberdrola. Cinco títulos que hablan de hegemonía, de continuidad, de generaciones enteras de futbolistas que han sostenido el escudo del Athletic en lo más alto del fútbol femenino español.

    Y, sin embargo, hay una espina que sigue clavada. La Copa de la Reina, ese torneo tan caprichoso como simbólico, se le resiste al Athletic Club.

    Nunca ha logrado alzarse con el trofeo, pese a haber rozado finales, protagonizado grandes campañas y firmado temporadas memorables. Cada edición es una nueva oportunidad para romper esa barrera invisible, para reconciliar la historia liguera con la gloria copera, para convertir la regularidad en celebración.

    No es la primera vez que Atlético de Madrid y Athletic Club se encuentran frente a frente en este escenario. La Copa tiene memoria, y la memoria viaja inevitablemente hasta la temporada 2018-2019, cuando ambos equipos se enfrentaron en esta misma ronda de cuartos de final, en un escenario que impone respeto por sí solo: San Mamés.

    Aquella tarde, en La Catedral, el Atlético de Madrid supo interpretar mejor el contexto, manejar los tempos y golpear cuando era necesario, llevándose la eliminatoria por 0-2 y dejando al Athletic a las puertas de un sueño que, una vez más, quedó aplazado.

    Ese precedente no decide nada, pero lo impregna todo. Porque en Copa no hay revancha automática ni justicia poética garantizada: hay noventa minutos —ahora noventa minutos que comenzarán a las 18:45— en los que se mezclan la historia, el estado de forma, la gestión emocional y la capacidad de resistir cuando el partido se rompe. Y ahí, tanto Atlético como Athletic saben que cada detalle cuenta.

    El ajuste horario comunicado por la RFEF, consensuado con los clubes y con RTVE, refuerza precisamente esa dimensión de gran evento. Quince minutos más tarde, quince minutos más de espera, quince minutos más para que el país se asome a Teledeporte y entienda que lo que está a punto de comenzar no es solo un partido de cuartos de final, sino un cruce de trayectorias, una colisión de relatos, una página más en la historia de la Copa de la Reina.

    Cuando el balón eche a rodar a las 18:45 del miércoles 4 de febrero de 2026, el reloj ya habrá hecho su parte. El resto quedará en manos de dos equipos que no necesitan presentación, de dos camisetas que pesan, de dos aficiones que saben que en la Copa no hay red. Porque a veces, quince minutos no cambian la historia. Pero otras, simplemente la engrandecen.

  • Oficial | De Balón de Oro a icono eterno: Nike lanza la marca personal de Alexia Putellas

    (Fuente: Nike )

    🔷 Hay nombres que ya no pertenecen solo al fútbol, sino a la historia. Alexia Putellas es uno de ellos. Nike ha presentado oficialmente la marca personal de la doble Balón de Oro, un proyecto que trasciende el terreno de juego y consolida su figura como icono global del deporte, la cultura y la inspiración, con una identidad creativa desarrollada por DoubleYou.

    La marca personal y el logo de Alexia Putellas, un lanzamiento que no solo representa un paso más en la carrera de la futbolista española, sino que marca un hito simbólico dentro del ecosistema global del deporte y la cultura contemporánea. Se trata de una iniciativa que consolida a Alexia como algo más que una deportista de élite: la sitúa definitivamente en el territorio de los iconos, aquellas figuras capaces de trascender su disciplina para convertirse en símbolos reconocibles a escala mundial.

    La campaña ha sido desarrollada creativamente por la agencia DoubleYou y producida por Canadá, y se articula en torno a un spot de televisión y una pieza audiovisual concebida para los canales globales de Nike, reforzando así la dimensión internacional del proyecto.

    El lanzamiento de la marca personal de Alexia Putellas no llega de manera casual ni responde únicamente a criterios comerciales. Es el resultado natural de una trayectoria deportiva excepcional, construida a lo largo de más de una década en la élite, y de un impacto cultural que ha acompañado —y en muchos momentos impulsado— la transformación del fútbol femenino en los últimos años. Nike, como marca históricamente asociada a los grandes nombres del deporte mundial, reconoce en Alexia no solo a una campeona, sino a una figura generacional capaz de representar valores universales como el liderazgo, la resiliencia, la excelencia y la autenticidad.

    Ganadora de múltiples títulos nacionales e internacionales, campeona de Europa con su club, campeona del mundo y doble Balón de Oro, Alexia Putellas ha construido una de las trayectorias más sólidas y coherentes del fútbol contemporáneo. Su carrera está marcada por la regularidad en el alto rendimiento, la influencia decisiva en los momentos clave y una capacidad única para liderar dentro y fuera del terreno de juego. A lo largo de los años, su figura ha ido creciendo de forma orgánica, convirtiéndose en referente para nuevas generaciones de futbolistas y en una voz autorizada dentro del debate sobre el presente y el futuro del deporte femenino.

    Ese impacto trasciende ampliamente lo estrictamente deportivo. Alexia Putellas se ha consolidado como un referente cultural, una figura reconocida más allá del fútbol y una de las principales embajadoras de la visibilidad, el crecimiento y la profesionalización del deporte femenino a nivel global. Su imagen está asociada a la lucha por la igualdad, al reconocimiento del talento femenino y a una manera de entender el liderazgo basada en el ejemplo, el trabajo colectivo y la coherencia personal. En ese contexto, la creación de su propia marca dentro del universo Nike supone un paso lógico: es la formalización de una identidad que ya existía en el imaginario colectivo.

    La campaña ideada por DoubleYou propone una aproximación sensorial, simbólica y profundamente conceptual, alejándose deliberadamente de los códigos tradicionales de la publicidad deportiva de Nike. En lugar de recurrir a la épica clásica basada en la velocidad, la potencia o la acumulación de gestos técnicos, la pieza apuesta por un lenguaje más introspectivo, casi ritual, que pone el foco en la construcción de identidad y legado. El spot, dirigido por Julieta Lasarte, se articula alrededor de una acción cargada de significado: la propia Alexia lacra una carta con su propio sello para presentar su nuevo símbolo personal.

    Ese gesto, aparentemente sencillo, funciona como una poderosa metáfora. Lacrar una carta implica autenticidad, propiedad, intención y permanencia. Es un acto que remite a la tradición, al compromiso y a la voluntad de dejar una huella reconocible. Según explica la agencia, la acción simboliza el momento en el que Alexia sella su identidad, reafirma su historia y proyecta su legado hacia el futuro. No se trata solo de un logo o de una firma visual, sino de la cristalización de un recorrido vital y profesional que ha marcado una época.

    El nuevo símbolo personal de Alexia Putellas nace así como una extensión natural de su historia. No pretende imponer una narrativa artificial, sino ordenar y amplificar valores que ya estaban presentes en su trayectoria: la constancia, la inteligencia en el juego, el liderazgo silencioso, la conexión con el equipo y la capacidad de influir en el desarrollo del partido desde múltiples registros. La campaña evita el exceso de palabras y confía en la fuerza de los símbolos, en los silencios y en una puesta en escena cuidada que refuerza la idea de que estamos ante un momento fundacional.

    Con este lanzamiento, Alexia Putellas se incorpora a un grupo extremadamente selecto de futbolistas que cuentan con una marca personal propia dentro del ecosistema Nike, compartiendo espacio con figuras como Kylian Mbappé, Vinícius Júnior o Erling Haaland. No es una comparación menor ni meramente estética: supone el reconocimiento explícito de Alexia como una de las grandes caras globales del fútbol actual, al mismo nivel que algunas de las principales estrellas del fútbol masculino. En términos de posicionamiento, la decisión de Nike envía un mensaje claro sobre la centralidad del fútbol femenino en la estrategia futura de la marca.

    La elección de DoubleYou como agencia creativa tampoco es casual. La relación entre Nike y DoubleYou forma parte de la historia reciente de la publicidad española e internacional. Ambas compañías han colaborado en proyectos que han dejado una huella profunda en la industria, combinando innovación creativa, narrativa emocional y una comprensión profunda del deporte como fenómeno cultural. Uno de los hitos más recordados de esa relación se remonta a 2004, cuando Nike y DoubleYou se alzaron con el Gran Premio en la competición Cyber de Cannes Lions por la emblemática campaña de la San Silvestre Vallecana, un reconocimiento que marcó un antes y un después en la publicidad digital deportiva.

    Ese legado compartido se percibe en la campaña de Alexia Putellas. Hay una voluntad clara de ir más allá del impacto inmediato y de construir una pieza con vocación de permanencia, capaz de dialogar tanto con el presente como con la memoria colectiva. La producción de Canadá refuerza esa ambición, aportando una factura visual sobria, elegante y cargada de matices, en la que cada plano parece diseñado para reforzar el carácter simbólico del relato.

    El lanzamiento de la marca personal de Alexia Putellas se produce, además, en un momento especialmente significativo de su carrera. Tras superar una de las lesiones más graves que puede sufrir una futbolista y regresar a la élite con determinación y liderazgo, Alexia encarna como pocas figuras la idea de resiliencia y reconstrucción. Ese contexto añade una capa adicional de significado al proyecto: la marca no solo celebra lo conseguido, sino que mira hacia adelante, hacia todo lo que aún está por escribir.

    En ese sentido, Nike no presenta simplemente un producto o una identidad visual, sino una declaración de principios. La marca apuesta por una narrativa que reconoce el valor del tiempo, del proceso y del legado, y que sitúa a Alexia Putellas como una figura central en la historia del deporte contemporáneo. La campaña no grita, no impone, no acelera. Observa, simboliza y sella. Como la propia carrera de Alexia.

    La creación de esta marca personal refuerza también la posición de Alexia como referente transversal, capaz de conectar con públicos diversos más allá del fútbol. Su imagen dialoga con la moda, la cultura urbana, el activismo social y el liderazgo femenino, ampliando el alcance del deporte y contribuyendo a redefinir los referentes culturales de una nueva generación. Nike, fiel a su tradición de asociarse con atletas que marcan época, encuentra en Alexia una voz auténtica y coherente para representar ese cruce de caminos entre deporte, identidad y cultura.

    Así, el lanzamiento de la marca personal y el logo de Alexia Putellas no es un punto de llegada, sino un nuevo punto de partida. Un sello que certifica lo ya logrado y, al mismo tiempo, abre la puerta a nuevas narrativas, nuevos proyectos y nuevas formas de influencia. En un fútbol que sigue transformándose, Alexia no solo juega el presente: lo firma, lo lacra y lo deja preparado para el futuro.

    El modelo elegido son las Nike Phantom Luna 2026, unas botas concebidas como una extensión visual y simbólica de la identidad de Alexia Putellas. Presentan una parte delantera del upper en un rosa intenso y brillante que evoluciona progresivamente hacia un tono más claro, cercano al lavanda, a medida que se acerca al talón. Los detalles metalizados en plateado realzan el logotipo de Nike, mientras que la suela incorpora un degradado rosado y plateado que refuerza el carácter premium y distintivo del diseño.

    En la zona del talón aparece el logotipo personal de Alexia, donde la A y el 11 —sus señas de identidad— se entrelazan hasta formar el símbolo de una corona, en alusión directa a su apodo y a su condición de referente absoluto del fútbol mundial. La apuesta de Nike por Alexia es firme y estratégica: más allá del lanzamiento de las botas, la marca pondrá a la venta una colección exclusiva de ropa que llevará su logotipo, ampliando así su universo personal dentro del ecosistema Nike y consolidando su estatus como icono global.

    Aunque las cifras oficiales no se han hecho públicas, se estima que atletas de este nivel pueden generar millones de euros adicionales a su salario y patrocinios habituales a través de estas iniciativas. Las regalías se calculan como un porcentaje de las ventas netas de cada producto, mientras que los bonos por metas alcanzadas y la venta de colecciones exclusivas amplían considerablemente el potencial de ganancias. Por tanto, la apuesta de Nike por Alexia no solo refuerza su imagen, sino que también abre la puerta a un flujo de ingresos sostenible y de largo plazo.

    La relación de Nike con DoubleYou no es casual. Ambas compañías han marcado hitos en la publicidad española e internacional, desde campañas icónicas hasta premios como el Gran Premio Cyber de Cannes Lions de 2004 por la San Silvestre Vallecana. Ese legado creativo se refleja hoy en la campaña de Alexia Putellas, combinando narrativa, diseño y un profundo sentido de identidad que la eleva más allá de un simple producto comercial.

    En definitiva, la presentación de la marca personal y las Nike Phantom Luna 2026 marca un nuevo capítulo en la historia de Alexia Putellas. No es solo una celebración de su carrera, sino la materialización de un legado que ya es global. Con su logotipo, su calzado y su colección de ropa, Alexia no solo firma contratos: sella su historia, proyecta su influencia y confirma su estatus de reina del fútbol mundial.

    La internacional española estrenó sus nuevas botas en la decimoctava jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 en un duelo que el Fútbol Club Barcelona jugó ante el Sevilla en el Estadi Johan Cruyff y que las subcampeonas de la Liga de Campeones Femenina por 4-0 para seguir liderando la competición regular en España

    (Fuente: Nike)
  • La crónica | El Arsenal conquista el mundo en una final eterna y se convierte en el primer campeón de la FIFA Women’s Champions Cup 2026

    (Fuente: FIFA)

    🔷 El Emirates Stadium fue testigo de una noche fundacional para el fútbol femenino: el Arsenal, campeón de Europa, se proclamó campeón del mundo tras derrotar al Corinthians por 3-2 en una prórroga agónica, en una final épica marcada por cinco goles, un penalti en el descuento, un desenlace dramático y una resistencia heroica que inscribe al club londinense en la historia como el primer vencedor de la FIFA Women’s Champions Cup.

    (Fuente: FIFA )

    Dos continentes, dos culturas futbolísticas, dos maneras de entender la excelencia. Londres se convierte en el centro del planeta fútbol para coronar a las primeras reinas intercontinentales de la historia.

    (Fuente: FIFA)

    El fútbol femenino vive este domingo uno de esos momentos que no admiten distracciones, ni medias tintas, ni ausencias justificadas. Un partido que no se juega únicamente sobre el césped, sino también en la memoria colectiva de este deporte que ha aprendido a crecer rompiendo techos de cristal, frontera a frontera, generación a generación. La final inaugural de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ enfrenta a Arsenal Women FC y SC Corinthians, dos colosos de dimensiones distintas pero ambición idéntica, en un duelo que no solo entrega un trofeo: otorga un lugar eterno en la historia.

    (Fuente: DAZN )

    No es una final más. No es un cruce intercontinental anecdótico. Es la primera piedra de una competición llamada a redefinir el mapa global del fútbol femenino, el punto de partida de un relato que dentro de diez, veinte o cincuenta años se citará siempre igual: “Todo empezó aquel domingo en el que Arsenal y Corinthians se miraron a los ojos”. Las europeas llegan con el peso de la tradición continental y la autoridad competitiva que da haber conquistado la Liga de Campeones Femenina de la UEFA. Las brasileñas aterrizan con el espíritu irreductible de Sudamérica, el ADN de la CONMEBOL Copa Libertadores Femenina y la convicción de quien ha aprendido a sobrevivir y ganar en contextos hostiles.

    Es una final que enfrenta estructura y fuego, plan y emoción, orden y intuición, pero, sobre todo, dos formas legítimas de entender la grandeza.

    La Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ no es solo un nuevo título en el calendario. Es una declaración de intenciones. La constatación de que el fútbol femenino ya no necesita comparaciones ni muletas conceptuales para legitimarse: tiene su propio lenguaje, sus propias épicas y, desde ahora, su propia corona intercontinental.

    En esta primera edición, el formato ha querido ser tan simbólico como contundente: las campeonas continentales enfrentándose directamente por el trono global. No hay camino largo, no hay fases de adaptación: aquí se llega por méritos máximos y se compite desde el primer minuto con la presión de saber que no existe precedente, que cada pase, cada gol y cada decisión arbitral quedarán registrados como los primeros de algo mucho más grande.

    Por eso esta final no solo importa a Arsenal y Corinthians. Importa al fútbol femenino entero. A Europa, a Sudamérica, a África, a Norteamérica, a Asia y a Oceanía. Importa a las niñas que hoy juegan sin saber que este partido existe, pero que mañana crecerán sabiendo que hubo un día en el que el mundo decidió mirar de frente al fútbol femenino sin asteriscos.

    El camino del Arsenal Women FC hacia esta final tiene algo de redención histórica y mucho de reafirmación deportiva. Clasificado al torneo en mayo de 2025 tras una victoria monumental ante el FC Barcelona en la final de la Liga de Campeones Femenina de la UEFA, el conjunto londinense no solo recuperó el trono europeo, sino que se reconectó con su identidad más profunda: la de un club construido para marcar época.

    Aquel triunfo frente al Barcelona no fue un accidente. Fue la culminación de un proceso, la madurez de una plantilla diseñada para competir en todos los registros y la confirmación de que Arsenal sigue siendo uno de los grandes arquitectos del fútbol femenino moderno. Ese título continental le otorgó, además, el pase directo a las semifinales de esta Copa de Campeones, un privilegio que asumió con la naturalidad de quien está acostumbrado a convivir con la élite.

    El 28 de enero, en el estadio de Brentford, las Gunners ofrecieron una exhibición de poderío frente al ASFAR marroquí, uno de los equipos más competitivos del continente africano. Fue un partido que quedó prácticamente resuelto en la primera mitad, no solo por el marcador, sino por las sensaciones.

    Los goles de Stina Blackstenius, Frida Maanum, Mariona Caldentey y Olivia Smith dibujaron un primer tiempo demoledor, en el que Arsenal combinó ritmo alto, precisión quirúrgica y una lectura táctica impecable. ASFAR, un equipo acostumbrado a competir con orden y carácter, se vio superado por la profundidad estructural del conjunto inglés.

    Pero si algo dejó claro ese encuentro fue la riqueza del fondo de armario del Arsenal. Lejos de bajar el nivel tras el descanso, el equipo de Renée Slegers lo sostuvo —e incluso lo elevó— con las entradas de Chloe Kelly, Kim Little y Katie McCabe, tres nombres que en cualquier otro equipo serían indiscutibles titulares. La guinda la puso Alessia Russo, otra suplente de lujo, firmando un doblete que redondeó una goleada tan contundente como simbólica: este Arsenal no depende de una sola pieza, sino de un sistema completo.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Con el 2-1, el partido parecía encarrilado, más aún cuando el equipo inglés dispuso de una triple ocasión monumental: Mead remató desde el punto de penalti, Leticia salvó, Foord recogió el rebote y estrelló su disparo en el larguero, y el posterior cabezazo de Russo se marchó por encima, una secuencia que parecía anunciar sentencia pero que terminó convirtiéndose en presagio de drama. Corinthians resistió, se agarró al partido con orgullo y, ya en el tiempo añadido, encontró el camino hacia el empate definitivo del tiempo reglamentario. Tras una falta colgada al área, una sucesión de rechaces y bloqueos heroicos de Wubben-Moy, el balón volvió a caer en zona caliente; en la acción final, Robledo cayó en el área tras un contacto con McCabe, el VAR llamó a la colegiada y, tras la revisión, se señaló penalti. Victoria asumió la responsabilidad en el minuto 94, engañó por completo a Borbe y ejecutó con calma absoluta, enviando el balón raso y centrado mientras la guardameta se vencía a un lado, estableciendo el 2-2 a última hora para forzar la prórroga.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Esta final no enfrenta solo a dos equipos. Enfrenta dos culturas futbolísticas profundamente distintas, cada una con su propia lógica interna y su propio concepto de la excelencia.

    El Arsenal representa la escuela europea: estructura, ocupación racional de espacios, lectura colectiva del juego, automatismos pulidos y una gestión del ritmo que suele inclinar los partidos a su favor. Su fútbol es reconocible, trabajado, coherente de principio a fin.

    Corinthians encarna la esencia sudamericana: intensidad emocional, competitividad feroz, capacidad para improvisar en escenarios caóticos y una relación con el partido que trasciende lo táctico. No es un equipo que se rinda ante el dominio rival; es un equipo que convive con la incomodidad y sabe castigar errores mínimos.

    Cuando estos dos mundos colisionan, el resultado suele ser imprevisible.

    Las protagonistas y los protagonistas lo saben. Lo sienten. Lo verbalizan con una mezcla de respeto y ambición que define a los grandes eventos.

    Steph Catley, defensora del Arsenal, lo expresó con claridad y emoción:

    “Es muy emocionante. Es una gran oportunidad para nosotras como jugadoras, para el club en general, de quedar grabadas en la historia como el primer equipo en ganar este prestigioso trofeo. Obviamente, es la primera vez que los aficionados ven algo así en el fútbol femenino. Por lo tanto, es un paso adelante para todos y esperamos que sea un capítulo increíble”.

    Renée Slegers, directora técnica del Arsenal, añadió una lectura colectiva y de proceso: “En esta competición, frente a los campeones de otros continentes, tuvimos que ganarnos el derecho a llegar a la final. Y creo que el equipo lo hizo de manera brillante. Así que estamos muy emocionadas por la final. La esperamos con ilusión. Es un momento especial para nosotras, para las jugadoras, para el club”.

    Desde el lado brasileño, el respeto no oculta la ambición. Duda Sampaio, mediocampista del Corinthians, fue tan honesta como contundente:

    “Es difícil incluso hablar al respecto porque sabemos lo difícil que será este partido. Será uno de los partidos más complicados de mi carrera. Sabemos lo grande que es el Arsenal en Europa y estamos dando lo mejor para estar listas y dar otro gran partido, como lo hicimos en las semifinales”.

    Y Lucas Piccinato, director técnico del Corinthians, sintetizó el espíritu de su equipo con una declaración que resume años de trabajo:

    “Valoro muchísimo este momento: es la final de una copa de gran prestigio. Lo vivimos con especial ilusión porque sabemos que habrá una gran cantidad de aficionados, pero también creo que nuestros ‘leales’ estarán presentes para apoyarnos. El domingo estaremos listos para dar un gran juego. Creo que el camino recorrido a lo largo de los años nos ha llevado hasta aquí. Ha habido muchos cambios en nuestra plantilla, pero contamos con jugadoras que quieren ganar. En partidos como este, estamos preparadas para llevar a la práctica nuestro plan de juego. Arsenal es uno de los mejores equipos del mundo, pero queremos marcharnos del Reino Unido con el trofeo en las manos y haremos todo lo posible para lograrlo”.

    La dimensión histórica del partido se refleja también en su cobertura internacional. La primera edición del torneo está disponible para los aficionados de todo el mundo mediante una combinación de transmisiones globales en streaming gratuito y broadcasters locales.

    La transmisión gratuita de Corinthians vs. Arsenal estará disponible en FIFA+, con excepciones territoriales concretas: Estados Unidos, Puerto Rico, Samoa Americana, Reino Unido, Irlanda, Jersey, Guernsey, Isla de Man, Marruecos, Brasil, China y Gibraltar. Un despliegue que confirma que este partido no pertenece a un país ni a un continente: pertenece al fútbol femenino global.

    Hay partidos que definen temporadas. Otros definen generaciones. Y algunos, muy pocos, definen eras. Esta final pertenece a esa última categoría. No importa quién levante el trofeo al final del domingo: Arsenal y Corinthians ya han inscrito sus nombres en el prólogo de una historia que seguirá creciendo.

    Porque este partido no es solo fútbol. Es memoria en construcción. Es el testimonio de hasta dónde ha llegado el fútbol femenino y de todo lo que aún está por venir.

    Y en “El Partido de Manu” lo sabemos. Por eso ampliamos equipo, por eso reforzamos mirada, por eso incorporamos nuevas voces capaces de contar el fútbol desde otros lenguajes y otras plataformas. El fichaje de Helena con H, periodista, creadora y una de las voces más influyentes del fútbol femenino en TikTok, no es casualidad: es una apuesta por conectar generaciones, formatos y emociones sin perder rigor ni profundidad.

    (Fuente: FIFA )

    Este domingo, cuando ruede el balón y Arsenal y Corinthians escriban la primera página de esta Copa de Campeones, nos encontrarás ahí, contando cada detalle, cada gesto, cada instante que merezca ser recordado Porque hay finales que se juegan, la mayoría, pero existen algunas, como es el caso, que también se viven.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    ✨ La final ✨

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🔥 Arsenal Women 🆚 S.C. Corinthians 🔥

    🙌 🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿 vs 🇧🇷 🙌

    📅 Domingo, 1 de febrero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 DAZN & FIFA Plus

    🏟️ Emirates Stadium, Londres

    Enlace para ver la final aquí |

    https://www.dazn.com/es-es/home/1imb68dmlc47y1feg22d0b7cxa/97dbp7syj54a30eddddy331wk?share_origin=ios&share_page=fixture_page&event_id=1imb68dmlc47y1feg22d0b7cx

    (Fuente: FIFA)

    Los onces |

    El Arsenal, campeón de Europa, se elevó definitivamente a la categoría de mito fundacional del fútbol femenino al proclamarse primer campeón de la historia de la FIFA Women’s Champions Cup 2026™, tras imponerse por 3-2 al Corinthians en una final colosal disputada en el Emirates Stadium, un partido que se extendió hasta los límites físicos y emocionales del deporte y que quedó marcado por cinco goles descritos con exactitud quirúrgica, giros dramáticos constantes y una prórroga eterna que terminó por consagrar a las londinenses como campeonas del mundo. Desde el primer segundo quedó claro que el Arsenal no estaba dispuesto a especular: sacó de centro, ganó un córner en el primer minuto y empezó a empujar con una presión alta y una circulación agresiva, con Mariona Caldentey apareciendo entre líneas, Kim Little gobernando los tiempos y Alessia Russo moviéndose por detrás de Stina Blackstenius. El primer aviso serio llegó pronto, con una volea de Smith tras saque de esquina y un remate posterior de Mariona, pero el partido empezó a abrirse realmente cuando Corinthians respondió con transiciones rápidas lideradas por Duda Sampaio, avisando de que la campeona sudamericana no iba a limitarse a resistir.

    El 10 llegó en el minuto 15 y fue un gol nacido del error y del instinto: Leticia Teles falló en la salida, Blackstenius quedó mano a mano tras anticiparse, su disparo con la izquierda fue repelido por la propia guardameta, pero el rechace quedó muerto en el área pequeña y Olivia Smith, atacando el segundo balón, golpeó hacia el suelo con violencia, provocando un bote incómodo que superó a las defensoras que intentaban salvar sobre la línea y terminó entrando en la portería, un gol de pura insistencia que hizo estallar al Emirates. Arsenal rozó el segundo de inmediato, pero no cerró el partido y eso permitió a Corinthians crecer, ganar metros y encontrar el empate a balón parado.

    El 11 llegó en el minuto 27 de juego tras un córner lanzado desde la derecha: Zanotti atacó el primer palo y cabeceó con potencia, Borbe reaccionó y llegó a tocar el balón, pero no logró blocarlo ni despejarlo con claridad; el esférico botó sobre la línea y Aquino, llegando desde atrás con determinación, terminó de empujarlo con la rodilla para asegurarse de que cruzara completamente, una acción límite que igualó el marcador y devolvió el partido al punto de máxima tensión. Antes del descanso, el Arsenal acumuló ocasiones claras, incluida una oportunidad clarísima de Blackstenius tras un pase atrás de Little en la que la delantera sueca resbaló en el giro y mandó el balón muy desviado, síntoma de que la noche iba a exigir sufrimiento.

    Antes del descanso, el equipo de Jonas Eidevall acumuló llegadas, combinaciones entre Mead, Russo y Blackstenius, y ocasiones claras como la que la delantera sueca desperdició tras una gran acción de Kim Little, pero el 1-1 se mantuvo al intermedio.

    En la reanudación, con Maanum ya sobre el césped y Russo como referencia ofensiva, el Arsenal volvió a golpear, esta vez tras una jugada interminable a la salida de un córner en la que el balón sobrevivió entre rechaces, centros y segundas jugadas hasta que Wubben-Moy, incorporada al ataque, conectó un cabezazo poderoso al segundo palo para el 21, un gol de pura convicción que ponía de nuevo por delante las británicas en el 59, asomados ya a la hora de final disputada y esta no defraudaba a nadie.

    Los fans británicos ya se veían con el título en las manos, pero el tanto sudamericano nos regaló treinta minutos más de puro fútbol.

    . Con el 2-1, el partido parecía encarrilado, más aún cuando el equipo inglés dispuso de una triple ocasión monumental: Mead remató desde el punto de penalti, Leticia salvó, Foord recogió el rebote y estrelló su disparo en el larguero, y el posterior cabezazo de Russo se marchó por encima, una secuencia que parecía anunciar sentencia pero que terminó convirtiéndose en presagio de drama. Corinthians resistió, se agarró al partido con orgullo y, ya en el tiempo añadido, encontró el camino hacia el empate definitivo del tiempo reglamentario. Tras una falta colgada al área, una sucesión de rechaces y bloqueos heroicos de Wubben-Moy, el balón volvió a caer en zona caliente; en la acción final, Robledo cayó en el área tras un contacto con McCabe, el VAR llamó a la colegiada y, tras la revisión, se señaló penalti. Victoria asumió la responsabilidad en el minuto 94, engañó por completo a Borbe y ejecutó con calma absoluta, enviando el balón raso y centrado mientras la guardameta se vencía a un lado, estableciendo el 22 y forzando una prórroga pasada por agua.

    . En el tiempo extra, el cansancio multiplicó los errores y las emociones, Corinthians incluso rozó el gol con un cabezazo de Victoria que tocó en la yema de los dedos de Borbe y se estrelló en el larguero, pero el Arsenal volvió a levantarse una vez más. 

    El gol decisivo, el 32, llegó en el minuto 104 y fue una obra de oportunismo y precisión: tras una falta a favor de Corinthians, Maanum ganó un balón dividido en el centro del campo ante Duda Sampaio, condujo con espacio y abrió rápidamente a la izquierda para Caitlin Foord, que avanzó unos metros, armó el disparo con la zurda y sorprendió a Leticia con un remate seco y potente al primer palo, colándose el balón entre la guardameta y el poste en una acción que desató el delirio absoluto en el Emirates Stadium de Londres.

    A partir de ahí, el partido se transformó en una batalla de resistencia extrema, con Corinthians colgando balones, Arsenal despejando cada centro como si fuera el último y un final interminable marcado por el choque brutal entre Borbe y Wubben-Moy que obligó a una interrupción de más de ocho minutos y a la entrada de Daphne van Domselaar como sustituta por conmoción.

    En un descuento eterno dentro de la prórroga, con trece minutos añadidos, el Arsenal defendió con el alma, despejó una y otra vez, sobrevivió al último saque de banda y, cuando finalmente sonó el silbato definitivo, el estadio entero entendió que había asistido a algo irrepetible: el Arsenal era campeón del mundo, primer vencedor de la FIFA Women’s Champions Cup, tras una final inmortal definida gol a gol, segundo a segundo, y destinada a permanecer para siempre en la historia del fútbol femenino.

    (Fuente: DAZN)

    📋 Ficha técnica |

    ARSENAL FC Women: Borbe; Emily Fox (Holmberg, 64’), Wubben-Moy, Catley, McCabe; Kim Little (Codina, 93’), Mariona Caldentey (Pelova, 105’), Mead (Kelly, 75’); Olivia Smith (Foord, 64’), Russo, Blackstenius (Maanum, 46’).

    Corinthians: Leticia Teles; Zanotti, Erika (Gi Fernandes, 46’), Tarciane, Yasmin; Duda Sampaio, Victoria, Ivana Fuso; Aquino, Jhonson, Robledo.

    Incidencias: – Partido decidido en la prórroga
    – Penalti señalado tras revisión VAR en el tiempo añadido
    – Sustitución por conmoción: Daphne van Domselaar (Arsenal) entra por Borbe en el tiempo añadido de la prórroga
    – Más de 13 minutos de añadido final por atención médica a la guardameta local.

    Árbitra: Stéphanie Frappart (Francia). Mariona Caldentey (Arsenal) y Gi Fernandes (Corinthians) vieron la tarjeta amarilla.

    Goles:

    1-0 Olivia Smith 15’ ⚽️
    1-1 Gabi Zanotti 27’ ⚽️
    2-1 Lotte Wubben-Moy 59’ ⚽️
    2-2 Victoria Alburquerque (P.) 94’ ⚽️
    3-2 Caitlin Foord 104’ ⚽️

    Vídeo:

    https://youtu.be/Co9QUHbOHUM?si=tjpRRz0Z-QV5yo35

    (Fuente: DAZN )
  • La crónica | El Manchester City arrasa al Chelsea y lanza un mensaje al resto de la BWSL

    (Fuente: WSL )

    🔷 Hay partidos que no solo se ganan, se declaran. El Manchester City firmó en el Etihad Stadium una de esas actuaciones que definen una temporada, desbordando al Chelsea con un inapelable 5–1 que sacudió la Barclays Women’s Super League y confirmó un cambio de jerarquía. El equipo de Andrée Jeglertz fue una máquina perfectamente engrasada de principio a fin, con una Kerolin descomunal como rostro del triunfo, y dejó al descubierto, sin concesiones, todas las grietas de un rival que salió severamente castigado.

    Crónica | Colaboración especial de Manu López, Helena Pérez y Paula Valiente

    Había citas señaladas en rojo en el calendario de la WSL, y esta lo estaba con trazo grueso. El líder recibía al vigente campeón en el Etihad Stadium, con un contexto que elevaba el duelo a categoría de punto de inflexión. El Manchester City llegaba en lo más alto de la tabla, con nueve puntos de margen, mientras que el Chelsea, tercero, aterrizaba en Mánchester consciente de que una derrota podía transformar la lucha por el título en una carrera de fondo, larga y cuesta arriba.

    El escenario estuvo a la altura del momento. El Etihad respondió con gradas llenas y ese ambiente especial que se genera cuando el fútbol femenino ocupa un escaparate mayor. No era un partido más: era una prueba de madurez para el City y un examen de supervivencia para el Chelsea.

    Andrée Jeglertz no dudó y volvió a confiar en el once que le ha dado estabilidad, continuidad y sentido a su temporada. Yamashita bajo palos; Casparij y Greenwood en los laterales; Knaak y Rose en el eje de la zaga; Blindkilde y Hasegawa como corazón del equipo; Kerolin y Hemp abiertas para desequilibrar; Miedema como nexo entre líneas y Khadija Shaw como referencia ofensiva. Un once reconocible, trabajado y con automatismos tan claros como consolidados.

    el segundo saque de esquina consecutivo, la pelota quedó suelta en la frontal y apareció Kerolin, quien conectó una volea potente con la pierna izquierda, tras varios rebotes que desorientaron a la defensa, para abrir el marcador en el minuto 14 y establecer el 1-0. Este gol no solo adelantaba al City, sino que también rompía la estrategia inicial del Chelsea, obligándolas a subir líneas y arriesgar más en la presión, mientras las locales mantenían el control del ritmo y la posesión con paciencia.

    Lejos de hundirse, el Chelsea tuvo un breve intento de reacción. Durante unos 10 minutos, adelantó líneas y empezó a encontrar espacios en la frontal. Kaptein incluso llegó a marcar, tras una acción bien trenzada con Lauren James, pero la colegiada anuló el tanto por fuera de juego.
    Fue un aviso hacia el equipo local, quizá el único real en toda la primera parte. A partir de ahí, pudimos ver el verdadero valor de Ayaka Yamashita. La guardameta del City se mostró segura, firme, decisiva. Keira Walsh probó suerte desde fuera del área con un disparo potente; Yamashita voló para desviarlo. Lauren James lo intentó con un zurdazo ajustado pero, otra vez, Yamashita apareció bien colocada con una parada segura. 
    Cada parada de la guardameta del City era un pequeño golpe anímico para el Chelsea y un refuerzo para el equipo local, que se sentía cómodo defendiendo y letal al contragolpe.
    Pasada la media hora, el Manchester City volvió a tomar el control absoluto. Kerolin tuvo varias ocasiones claras en apenas unos minutos. Primero con un disparo rechazado, luego con otro remate que obligó a Hampton a intervenir. El Chelsea resistía como podía, acumulando cuerpos en el área, pero el partido se jugaba donde quería el City.
    Y cuando parecía que el descanso podía llegar con un 1–0 ajustado, apareció la contundencia. Minuto 36. Una acción aparentemente inofensiva se convierte en un mazazo. El balón llega al área del Chelsea, hay un pequeño desajuste, una duda, un metro concedido que Khadija Shaw detecta al instante. La delantera jamaicana controla dentro del área y, casi sin oposición, arma un remate potente con la izquierda. El disparo sale raso, cruzado, imposible para Hampton para duplicar la renta hasta el 2-0 más allá de la primera media hora de este gran duelo.

    El Chelsea intentó reaccionar de inmediato, pero la presión del City en la salida de balón y su capacidad para jugar por fuera de los centrales imposibilitaba que las visitantes encontraran espacios para generar peligro. Durante los últimos minutos de la primera mitad, el City continuó moviendo el balón con precisión, buscando desbordar por las bandas y jugando al límite de la última línea defensiva, mientras el Chelsea apenas conseguía rematar entre los tres palos.

    Tras el paso por vestuarios, el Chelsea regresó al césped con cambios y con la intención evidente de alterar el guion, pero el Manchester City tardó muy poco en dejar claro que no pensaba conceder ni un centímetro. La sensación era casi física para el combinado de Bompastor: el líder no quería jugar aadministrar la ventaja, iba a ampliarla.
    Desde el saque inicial de la segunda parte, el City volvió a presionar alto, a cerrar líneas de pase y a convertir cada recuperación en una amenaza directa. El Chelsea apenas pudo completar dos posesiones largas consecutivas durante los primeros minutos de la vuelta de vestuarios. 

    La balanza se volcó definitivamente en el minuto 49. Ocurrió la acción que resumía a la perfección la diferencia entre ambos equipos. El Chelsea perdió el balón en zona comprometida y, en cuestión de segundos, Kerolin arrancó en carrera desde campo propio. La brasileña avanzó metros con potencia, con Keira Walsh persiguiéndola en un esfuerzo desesperado. El Etihad se levantó de sus asientos al ver el escenario: Kerolin, el espacio y la portera como último obstáculo. La delantera no se precipitó. Esperó el momento justo, observó la salida de Hampton y, con una definición exquisita en el uno contra uno, elevó el balón por encima de laguardameta cuando esta se vencía al suelo.
    El esférico describió una parábola perfecta antes de caer mansamente en la red. El marcador ya mostraba una clara diferencia amén al 3-0 en el 50.

    El golpe aún no había terminado de asimilarse cuando llegó el siguiente. Apenas cinco minutos después, el Manchester City volvió a encontrar el camino del gol con una jugada de manual. Miedemarecibió en el centro del campo, levantó la cabeza y filtró un pase preciso hacia Lauren Hemp. La inglesa emprendió una de esas cabalgadas que definen su juego: velocidad, determinación y verticalidad. Recorrió todo el costado izquierdo, ganó línea de fondo y, ya dentro del área, puso un centro tenso, medido, al corazón del área pequeña. Allí apareció de nuevo Kerolin. Sin marca, con ventaja y con una gran confianza. La brasileña solo tuvo que ajustar el pie izquierdo para empujar el balón al fondo de la red y festejar el 4-0 en el 54, se estaba saliendo la ex del Madrid CFF.

    El Chelsea logró recortar distancias en el minuto 68 gracias a un derechazo potente de Alisha Thompsondesde la frontal, imposible para Yamashita, estableciendo el 4-1 que le ponía algo de emoción al encuentro a poco más de veinte para alcanzar el noventa, era el 68, quizá demasiado tarde para las visitantes.

    Saque de esquina para el Manchester City. El balón voló al área y Vivianne Miedema, apareciendo desde atrás, se elevó entre defensoras para marcar un cabezazo a bocajarro.
    El remate fue seco, potente. Hampton apenas tuvo tiempo para reaccionar y encajó el definitivo 5–1 cuando el reloj ya marcaba el 72 de un partido único.

    El City firmaba la ‘manita’ y el Etihad celebraba una actuación para el recuerdo.

    Los últimos ritmos del partido fueron un ejercicio de gestión y dominio por parte del City. Hubo tiempo para más llegadas, para disparos lejanos y para que el público disfrutara de una tarde redonda.

    El Chelsea, agotado física y mentalmente, trató de resistir sin encajar más goles.
    El pitido final llegó casi como un alivio para las visitantes y como una confirmación para las locales. 

    El Manchester City no solo había ganado; había mandado un mensaje claro al resto de la liga: van a luchar cómo sea para ser ellas quienes levanten copa de la Barclays Women’s Super League.

    📋 Ficha técnica |


    Manchester City: A. Yamashita, K. Casparij, J. Rose, R. Knaak, (c) A. Greenwood (Leila Ouahabi 100’), L. Blindkilde (Samantha Coffey 64’), Y. Hasegawa, Kerolin(aoba fujino 64’ – Laura Coombs 91’), V. Miedema (Grace Clinton 76’), L. Hemp, K. Shaw (Mary Fowler 76’)
    Chelsea: Hampton, (c) M. Bright, N. Girma, E. Carpenter, S. Baltimore, V. Buurman (S. Kerr 50’), E. Cuthbert (S. Nüsken 50’), W. H. M. Kaptein, K. Walsh (Aggie Beever-Jones 73’), A. Thompson, L. James (Johanna RyttingKaneryd 64’)



    Goles | 
    1-0 Kerolin Nicoli 13’⚽
    2-0 Khadija Shaw 36’⚽
    3-0 Kerolin Nicoli 49’⚽
    4-0 Kerolin Nicoli 54’⚽
    4-1 Alyssa Thompson 68’⚽
    5-1 Vivianne Miedema 72’⚽

    Vídeo |

    https://youtu.be/Z8KVidDzK4M?si=Z1hHA2BQaCHeZVIh

    (Fuente: WSL)
  • La crónica | Reparto de puntos en la lucha por la Champions

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Costa Adeje Tenerife y la Real Sociedad empataron (1-1) en el Heliodoro Rodríguez López. Un duelo en el que adelantaron las locales con un tanto de Iratxe Pérez. A la media hora, Nahia Aparicio puso las tablas en el marcador. Claudia Florentino fue la MVP del partido.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay partidos que no necesitan un contexto artificial para elevarse. No requieren una épica impostada ni una narrativa forzada. Hay encuentros que, por la simple confluencia de trayectorias, ambiciones, estados de forma y escenario, se explican solos. El Costa Adeje Tenerife – Real Sociedad de este domingo pertenece a esa estirpe. A esa rara categoría de duelos que no solo ordenan una clasificación, sino que interpelan directamente al sentido profundo de una temporada.

    Porque lo que ocurre este domingo en el Heliodoro Rodríguez López no es solo un enfrentamiento entre el 4º y el 3º clasificado de la Liga F Moeve. No es únicamente una batalla por tres puntos. Es una declaración de intenciones. Un examen de madurez. Un cruce de caminos entre dos proyectos que ya no se esconden. Que ya no miran de reojo. Que ya no se conforman con competir bien.

    Aquí se juega Europa.
    Aquí se juega la Champions.
    Aquí se juega el derecho a soñar sin complejos.

    Hay estadios que imponen por su tamaño. Otros, por su modernidad. El Heliodoro Rodríguez López impone por algo mucho más difícil de medir: su peso simbólico.

    El fútbol femenino en Tenerife ha encontrado en este recinto un aliado, un refugio, un amplificador emocional. Cuando el Costa Adeje Tenerife pisa este césped, no juega solo. Juega con una isla entera detrás. Con una grada que entiende el proceso, que ha visto crecer al equipo, que ha acompañado cada paso desde la consolidación hasta la ambición declarada.

    Domingo, 13:00h peninsular. Mediodía en Canarias. Luz limpia. Césped perfecto. Un estadio que sabe que no todos los partidos son iguales, y que este no lo es.

    Porque el Heliodoro no acoge un partido más. Acoge una final anticipada por Europa.

    El Costa Adeje Tenerife llega a esta cita como 4º clasificado, con 29 puntos, a ocho de su rival, sí. Pero las cifras, desnudas, no cuentan toda la verdad.

    Porque este equipo, en este 2026, no conoce la derrota.

    Porque este equipo ha aprendido a competir desde la adversidad.
    Porque este equipo ha convertido la regularidad en identidad.
    Porque este equipo ha dejado de ser sorpresa para ser aspirante.

    Yerai Martín lo verbalizó con una frase que resume toda una filosofía:

    “Si queremos estar, el domingo tenemos que ser un equipo muy completo.”

    No hay consigna más clara. No hay mensaje más honesto. No hay trampa. El Costa Adeje no se engaña. Sabe que para mirar de frente a la Real Sociedad necesita perfección competitiva. Necesita atacar bien, defender mejor, sufrir juntos y golpear con convicción.

    Nombres que no son accesorios. Que forman parte del armazón del equipo. Que alteran planes, rotaciones, automatismos.

    Pero hay una noticia que se siente casi como un refuerzo: Fatou Dembele vuelve. Tras cumplir sanción, estará disponible ante las donostiarras. Y su presencia no es menor. Es físico. Es intimidación. Es lectura defensiva. Es liderazgo silencioso.

    Este Costa Adeje no se define por lo que pierde, sino por cómo se adapta. Yerai Martín ha construido un grupo capaz de reconfigurarse sin perder el alma. Capaz de competir con menos recursos pero con más cohesión y eso, en partidos como este, vale oro, seamos sinceros

    Enfrente, una Real Sociedad que llega como 3ª clasificada, con 37 puntos, tras un convincente 3-0 ante el Eibar. Un resultado que no solo suma, sino que refuerza confianza.

    El equipo de Arturo Ruiz ha dejado atrás cualquier atisbo de irregularidad. Ha encontrado estabilidad. Ha consolidado una idea. Ha aprendido a cerrar partidos. A gestionar ventajas. A dominar tiempos.

    La Real Sociedad ya no es promesa. Es realidad, pero tiene bajas claves como las de María Molina y Lezeta.

    Cuando acabe el partido, la clasificación se moverá. Pero más allá de los números, algo habrá cambiado.

    Si gana el Costa Adeje, el mensaje será claro: estamos aquí para quedarnos.
    Si gana la Real, la afirmación será contundente: este proyecto va en serio.
    Si hay empate, la tensión se prolongará… y la Liga F ganará en emoción.

    Pero nadie saldrá indemne, porque estos partidos dejan huella.

    El majestuoso Heliodoro Rodríguez López amaneció con esa luz que solo existe en las islas cuando el fútbol decide convertirse en algo más que un deporte. No era un domingo cualquiera. No lo era por la hora, por el rival ni por la clasificación, sino porque el Costa Adeje Tenerife y la Real Sociedad se habían citado en ese punto exacto de la temporada donde ya no valen los discursos de crecimiento ni las excusas de proceso. Allí, sobre el césped histórico del Heliodoro, se jugaba algo mucho más incómodo y mucho más hermoso: la posibilidad real de mirar a la Champions sin pedir permiso. El empate final, un 1-1 que dejó a ambos invictos en este inicio de 2026, no fue un resultado neutro. Fue un relato lleno de matices, de golpes emocionales, de momentos que pudieron cambiarlo todo y no lo hicieron, y de esa sensación amarga que solo aparece cuando sabes que has tenido una oportunidad histórica entre las manos… y se te ha escurrido entre los dedos.

    Y al final, cuando el balón eche a rodar y el Heliodoro respire fútbol femenino del grande, todo se reducirá a una verdad simple y brutal:

    Aquí no se juega solo un partido.
    Aquí se juega el derecho a mirar a Europa sin bajar la cabeza.
    Aquí se juega la identidad.
    Aquí se juega el futuro inmediato.

    Noventa minutos.
    Once contra once.
    Una isla frente a una ambición histórica.

    Que ruede el balón.
    Que hable el fútbol.
    Que el Heliodoro dicte sentencia.

    Porque hay domingos que no se olvidan y este promete ser uno de ellos.

    futbolista del Costa Adeje Tenerife Egatesa, Yerliane Moreno, continúa dando pasos firmes en su regreso a la dinámica competitiva del equipo. La centrocampista fue titular el pasado fin de semana frente al RCD Espanyol, después de haber sumado minutos previamente en casa ante el Athletic Club, mostrando una evolución positiva y consolidando su presencia en el centro del campo blanquiazul.
    La internacional venezolana afronta este tramo del curso con ilusión y ambición, con el objetivo de recuperar regularidad y asentarse nuevamente como una pieza importante en el esquema del técnico Yerai Martín.
    Los problemas físicos han sido uno de los principales obstáculos en su temporada, un reto tanto a nivel físico como mental, que Moreno está dejando atrás: “Son cosas que las futbolistas pasamos durante nuestra carrera deportiva, me ha tocado pasar a mí y ahora estoy intentando estabilizarme, volver a tener minutos y tener esa regularidad con el equipo que me va a ayudar a estar otra vez en mi máximo nivel”.
    Conocida como “La Pantera” por su garra, intensidad y carácter competitivo, la centrocampista también valoró su importancia dentro de la plantilla y lo que puede aportar al grupo ahora que vuelve a sentirse disponible:“Lo que siempre me ha caracterizado es el trabajo, la lucha, el lograr ganar esas segundas jugadas, esos balones sueltos y aportar mi granito de arena donde se pueda. Estoy a disposición del equipo y del cuerpo técnico para lo que sea necesario”.
    El Costa Adeje Tenerife Egatesa afronta este domingo un nuevo compromiso de máxima exigencia, recibiendo a la Real Sociedad a las 12:00 horas en el Heliodoro Rodríguez López. El conjunto tinerfeño, cuarto clasificado, se mide a un gran rival que actualmente ocupa la tercera posición de la tabla, en un duelo directo en la zona alta con tres puntos importantísimos en juego.
    Sobre este partido y la importancia de jugar en casa, con el apoyo de la afición, Yerliane destacó: “La Real Sociedad es un gran equipo, viene en una buena dinámica y no va a ser nada fácil el partido, pero confío en el equipo, estamos preparando el encuentro esta semana a conciencia y queremos sacar un buen resultado en nuestra casa”.
    Con muchas ganas de sumar minutos en el Heliodoro, la centrocampista blanquiazul reconoce sus ganas por disputar minutos delante de la afición tinerfeña: “Tengo muchas ansias por estar dentro del campo cuando juguemos en casa, siento como la gente me sigue apoyando a pesar de no haber jugado tantos minutos, siempre los escucho desde fuera y para mi eso significa mucha felicidad”
    En cuanto a los objetivos para lo que resta de temporada, Yerliane Moreno se muestra ambiciosa, pero con los pies en el suelo. “Para esta segunda vuelta pido que el equipo siga haciendo las cosas tan bien como hasta ahora, seguir sumando y estar en la parte alta de la clasificación es muy importante, con trabajo y sacando esa garra que nos caracteriza en cada partido. En lo personal, me gustaría conseguir esa estabilidad y conseguir jugar muchos minutos de aquí al final de temporada”.
    La futbolista confía en seguir sumando minutos que le permitan recuperar sensaciones y confianza, pasos clave para volver a ofrecer su mejor versión. Con trabajo, paciencia y la garra que la caracteriza, Yerliane Moreno continúa dando pasos firmes para volver a ser una pieza clave dentro de un Costa Adeje Tenerife Egatesa que quiere hacerse fuerte en casa y seguir creciendo junto a la afición blanquiazul.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El choque con aroma europeo |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🙌🏻 Partidazo

    🏆 Liga F Moeve | 2025-2016

    🔥 Costa Adeje Tenerife Egatesa 🆚 Real Sociedad de Fútbol 🔥

    🗓️ Domingo, 1 de febrero de 2026

    🕢 13:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    📻 Atlántico Radio

    🏟️ Heliodoro Rodríguez López, Santa Cruz de Tenerife

    Los XI |

    El tropiezo del nuevo Atlético de Madrid de José Herrera en Alcalá de Henares (11) ante el Granada C.F. les puso en bandeja a guerreras y donostiarras aprovechar su duelo directo para eliminar, en caso de victoria, a las colchoneras de la pelea por acceder a la Copa de Europa el próximo curso, una situación que no se dio y da una vida extra a las madrileñas.

    Desde el primer instante el partido se presentó con una tensión soterrada, casi contenida, como si ambos equipos fueran conscientes de que un solo error podía tener consecuencias que trascendieran el marcador. La Real Sociedad fue la primera en enseñar los dientes, buscando profundidad y velocidad, obligando a Noelia Ramos a intervenir en la primera llegada visitante, una acción que resolvió con la seguridad de quien entiende perfectamente el contexto del partido, atrapando el balón sin conceder segundas oportunidades ni alimentar fantasmas. Fue una intervención sencilla en lo técnico, pero enorme en lo simbólico, porque sirvió para mandar un mensaje claro: el Heliodoro no iba a ser terreno blando.

    El Costa Adeje respondió pronto, empujado por su gente, por ese murmullo constante de grada que en Tenerife no aprieta con estridencia, pero sí con una fe inquebrantable. Patri Gavira se elevó en el área para cabecear un balón que se marchó fuera, pero que confirmó que las locales no iban a esconderse, que no iban a esperar, que habían salido al campo con la convicción de que este partido no se jugaba para sobrevivir, sino para disputarlo de tú a tú.

    Y entonces, apenas dos minutos después, llegó el momento que encendió el estadio y que durante muchos minutos pareció escribir un destino distinto. Natalia Ramos, con la pausa de quien entiende el fútbol como una conversación y no como un grito, conectó con Iratxe Pérez. La delantera recibió, se giró con inteligencia, leyó el espacio, y desde la frontal del área se sacó un disparo violento, seco, imposible de defender. Un zapatazo que no solo rompió la red, sino que rompió el guion previsto, porque ese gol no fue una casualidad: fue la materialización de una idea, de un equipo que sabe cómo atacar, que sabe cómo atraer, que sabe cómo golpear.

    El Heliodoro explotó. El Costa Adeje se ponía por delante en el duelo directo por la Champions, y durante unos instantes el sueño pareció adquirir una forma tangible al abrir la lata con el 10 en el minuto 17 que dio alas al representativo cámara antes del ecuador de la primera mitad, dejando un baile de la heroína Iratxe que no pasó inadvertido.

    Pero los partidos grandes nunca permiten la complacencia. Y la Real Sociedad, equipo hecho, maduro, competitivo, respondió como responden los conjuntos que están acostumbrados a estos escenarios. No hubo nervios, no hubo prisas. Hubo paciencia.

    Tras un saque de esquina, el balón quedó muerto en una zona peligrosa. Paula Fernández lo leyó antes que nadie, levantó la cabeza y encontró a Nahia Aparicio completamente sola. La central, con sangre fría impropia de quien juega tan cerca de su propia portería, recortó, ajustó el cuerpo y envió el balón al palo largo. Noelia Ramos voló, estiró todo lo que pudo, pero no llegó. El empate subió al marcador como un jarro de agua fría, pero también como una advertencia: la Real Sociedad no iba a conceder nada y el 11 subió al marcador sobre el minuto 29, a poco más de un cuarto de hora para el entretiempo.

    El partido entró entonces en una fase densa, cargada de duelos, de choques, de disputas que no siempre se veían, pero que se sentían. El Costa Adeje, lejos de venirse abajo, interpretó el empate como un estímulo. Antes del descanso apretó, subió líneas, creyó de nuevo. Y volvió a aparecer Iratxe Pérez, incansable, insistente, valiente. Tuvo en sus botas el segundo, pero el balón se perdió por el lateral de la red, como si el fútbol decidiera reservar ese margen de crueldad que distingue a los grandes partidos de los épicos. También Natalia Ramos probó fortuna a balón parado, con un lanzamiento de falta directa que se marchó fuera, recordando que no todas las intenciones se convierten en recompensa.

    El descanso llegó con el 1-1, pero también con la sensación de que el Costa Adeje había hecho méritos suficientes para algo más, mientras la Real Sociedad confirmaba su capacidad para sobrevivir en escenarios hostiles sin perder identidad.

    Tras la reanudación, el conjunto donostiarra intentó dar un paso adelante, consciente de que el empate, aunque no era un mal resultado, tampoco cerraba definitivamente la pelea. Klára Cahynová lo intentó desde lejos, pero su disparo se marchó completamente fuera, en una acción que simbolizó bien la segunda mitad: muchas intenciones, pocas grietas.

    Yerai Martín entendió que el partido pedía algo más y movió el banquillo con valentía. La entrada de Paulina Gramaglia y Sandra Castelló buscaba oxígeno, creatividad, presencia en campo rival.

    El Costa Adeje lo intentó de todas las formas posibles, pero se encontró con una Real Sociedad organizada, solidaria, casi quirúrgica en su manera de defender.

    La zaga donostiarra se mostró inexpugnable, cerrando líneas de pase, achicando espacios, negando cualquier resquicio de esperanza. Y en el centro de todo emergió la figura de Claudia Florentino, imperial, dominante, líder silenciosa, elegida con justicia como MVP del encuentro. Cada cruce, cada anticipación, cada despeje suyo fue un recordatorio de por qué estos partidos se deciden muchas veces lejos de las áreas contrarias.

    El Costa Adeje no dejó de creer. Sakina Ouzraoui lo intentó desde la banda con un envío que buscaba complicar a Alazne Estensoro, pero la guardameta atrapó el balón sin problemas, transmitiendo una serenidad que fue clave para sostener a su equipo en los momentos de mayor empuje local. Yerai Martín agotó sus opciones con la entrada de Violeta Quiles y Koko, quemando las últimas balas con la desesperación legítima de quien sabe que estos partidos no vuelven, que estas oportunidades no se repiten con facilidad.

    La última gran ocasión fue para Fatou Dembele. Un disparo lejano, valiente, cargado de fe, que se marchó por encima del larguero. Fue casi un símbolo. Un intento final que resumió todo el partido del Costa Adeje: coraje, ambición, entrega… y ese pequeño margen que separa la hazaña del empate.

    El pitido final dejó el marcador en tablas y la clasificación prácticamente intacta. La Real Sociedad se mantiene tercera con 38 puntos.

    El Costa Adeje Tenerife sigue cuarto con 30, unidades, es decir, un guarismos por encima del Atlético de Madrid, que acumula ya más de una decena de partidos sin ganar, pero aún está vivo en la lucha europea.

    El empate favoreció un poco más a las de San Sebastián que tiene un colchón de ocho puntos respecto al equipo insular, parecen ser muchos, pero esta superioridad de las Arturo Ruiz no se plasmó en el verde y podrían quedar cortos, se verá.

    Ambos equipos continúan invictos en este inicio de 2026, confirmándose como dos de los conjuntos más en forma de la Liga F Moeve, como proyectos sólidos, fiables, competitivos.

    Pero el fútbol no se mide solo en estadísticas. Se mide en sensaciones. Y para el Costa Adeje, este empate supo a oportunidad perdida. No por demérito, no por falta de ambición, sino porque durante muchos minutos el partido estuvo donde quería, porque el escenario era perfecto, porque el Heliodoro empujó, porque el gol llegó pronto, porque la Champions pareció asomarse por una rendija. Y cuando eso ocurre, cuando el fútbol te deja mirar tan de cerca, el empate duele un poco más.

    No es una derrota. No lo es. Pero tampoco es una victoria. Es ese punto intermedio que obliga a seguir, que exige no soltarse, que recuerda que los grandes sueños no se construyen en un solo día, sino en la suma de muchos domingos como este. El Costa Adeje no perdió. Pero dejó escapar algo intangible: la posibilidad de cambiar el relato de la temporada de un solo golpe.

    El Heliodoro se vació lentamente, con aplausos, con orgullo, con la certeza de que este equipo representa algo más que una posición en la tabla. Pero también con ese silencio final que acompaña siempre a las ocasiones que no vuelven. Porque el fútbol, como la vida, no siempre premia al que más lo desea.

    A veces solo deja constancia de que lo intentó. Y eso, aunque no llena vitrinas, construye identidad y el Costa Adeje Tenerife, pase lo que pase, ya la tiene.

    El Costa Adeje Tenerife Egatesa firmó así un empate intenso ante un rival directo, dejando buenas sensaciones por la actitud, el juego y la competitividad mostrada a lo largo de los 96 minutos de partido. El Heliodoro vibró con cada acción, celebrando el gol de Iratxe y la entrega de las blanquiazules hasta el último instante, próxima estación viajar a Fuenlabrada para jugar los cuartos de final de la Copa de la Reina frente al Madrid CFF y en deje mismo torneo , que es muy bello , la Real Sociedad se medirá al ONA en Zubieta.

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    📋 Ficha técnica |

    Costa Adeje Tenerife Egatesa: Noelia Ramos, Fatou.D, Moreno (Koko Ange 86´), Paola H.D. (S. Castelló 58´), S. Ouzraoui (V. Quiles 80´), Aleksandra, N. Ramos, Clau Blanco; Elba; Iratxe (Gramaglia 58´), Patri Gavira
    Real Sociedad: A. Estenssoro, Florentino, Moraza, Apari, P. Fernández, Mirari, Lucía (N. Eizagirre 80´), Intza (Emma 80´), Lavogez (Andreia 61´), Cahynová, Aira (Cecilia 91´).

    Árbitra: Lorena del Mar Trujillano asistida por Nahia Alonso y Rocío López y como cuarta árbitra Andrea Piñana. Amonestaron a las locales con amarilla; Koko Ange (88´) y visitantes con amarilla: Andreia (70´)
    Incidencias: Decimooctava jornada de Liga F Moeve, disputado en el Heliodoro Rodríguez López ante 1.823 espectadores

    Goles |

    1-0 Iratxe Pérez 17’ ⚽️
    1-1 Nahia Aparicio 28’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | Remontada del ONA para seguir ganando

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Los tantos de Irina Uribe y Cubedo sirvieron para doblegar por 2-1 a las armeras en Cataluña.

    Publicidad de HBO Max

    El proyecto de Media Res es la primera serie del contrato general de dos años de Lindelof con HBO

    HBO ha encargado ocho episodios de THE CHAIN, una nueva miniserie original escrita y producida por el ganador del Emmy® Damon Lindelof, uno de los creadores más influyentes de la televisión contemporánea y responsable de títulos clave como The Leftovers y Watchmen. Lindelof ejercerá además como showrunner, un rol que no asumía desde Watchmen, y el proyecto se enmarca dentro de un contrato general de dos años que el creador ha firmado con HBO y que está vigente desde septiembre de 2025.

    THE CHAIN está basada en la aclamada novela superventas del New York Times del mismo nombre, escrita por Adrian McKinty, y supone el primer proyecto derivado del acuerdo entre HBO y el estudio Media Res, nominado a los premios Emmy®, que participa como coproductor. Aunque por el momento no se han revelado detalles concretos sobre la adaptación, se ha confirmado que Lindelof ampliará la mitología del inquietante thriller original de McKinty, explorando nuevas capas narrativas y psicológicas más allá del material literario.

    En el apartado creativo, la miniserie original de HBO THE CHAIN cuenta con Damon Lindelof como guionista y productor ejecutivo. La historia del episodio piloto ha sido desarrollada por Lindelof junto a Carly Wray y Breannah Gibson, mientras que el guion del primer episodio está firmado por Lindelof y Wray. Por parte de Media Res, Michael Ellenberg y Lindsey Springer figuran como productores ejecutivos, al igual que Shane Salerno. El propio Adrian McKinty, autor de la novela original, participa también como coproductor ejecutivo, reforzando el vínculo creativo con el material de origen.

    Desde HBO, Francesca Orsi, vicepresidenta ejecutiva de programación y directora de series dramáticas y películas del canal, ha destacado la relevancia del proyecto y de su creador:

    «Nos sentimos honrados por nuestra continua colaboración con Damon Lindelof, uno de los creadores más singulares y distintivos de nuestro tiempo. THE CHAIN promete continuar su legado de sumergirnos en las profundidades del cerebro humano y ofrecernos una experiencia no solo emocionalmente atrevida, sino, en última instancia, transformadora».

    Por su parte, Damon Lindelof ha explicado su conexión inmediata con la obra de McKinty y su entusiasmo por el regreso a HBO como showrunner:

    «Desde el momento en que escuché la premisa original y descabellada del libro de Adrian, me quedé impactado, sorprendido y enfadado por no haberlo pensado yo mismo. Siempre he querido adaptar un gran thriller y este tiene todos los toques oscuros, extraños y emocionantes que despiertan mi imaginación. Me siento muy afortunado de volver a trabajar con Francesca, Casey y Michael, quienes me llevaron a HBO hace quince años, y estoy deseando hacer de THE CHAIN un eslabón memorable en su extraordinario legado».

    Damon Lindelof, nacido en Nueva Jersey, es hijo de una maestra y un banquero, y —según él mismo admite— escritor desde su nacimiento, aunque tardó más de 25 años en descubrirlo. En 2004 se asoció con J. J. Abrams para crear Perdidos (Lost), una de las series más influyentes del siglo XXI (y, como él mismo recuerda con ironía, “no, no estaban muertos todo el tiempo”). Tras su paso por la gran pantalla como guionista y productor en títulos como Star Trek, Prometheus, Guerra Mundial Z y Tomorrowland, regresó a la televisión en 2014 como showrunner de The Leftovers, una serie de culto de HBO que defiende afirmando que “no es tan deprimente como dice todo el mundo”. Más recientemente firmó la aclamada miniserie Watchmen, también para HBO, de la que asegura con la misma vehemencia que “no es tan confusa como dice todo el mundo”. Esta biografía, por cierto, también la ha escrito él.

    El proyecto cuenta con el respaldo de Media Res, un estudio de televisión y productora cinematográfica nominada a los premios Emmy®, especializada en el desarrollo, producción y financiación de contenidos de alta calidad para el mercado global. Tras una inversión estratégica de RedBird IMI, Media Res ha reforzado su colaboración con talentos creativos, cadenas y plataformas de primer nivel. Fundada por Michael Ellenberg, su programación actual incluye la cuarta temporada de The Morning Show (Apple TV), ganadora de premios Emmy, SAG y Critics Choice; la segunda temporada de Pachinko, también en Apple TV, reconocida por los premios Peabody, el American Film Institute y los Critics Choice Awards; la próxima comedia de Peacock The Miniature Wife, con Elizabeth Banks y Matthew Macfadyen, y la futura serie dramática de Apple TV The Dealer, protagonizada y producida por Jessica Chastain junto a Adam Driver, ambientada en el exclusivo mundo del mercado del arte de alta gama. Entre sus trabajos anteriores destacan I’m a Virgo (Amazon Prime Video), Extrapolations (Apple TV) y Scenes From A Marriage (HBO).

    Con THE CHAIN, HBO, Damon Lindelof y Media Res unen fuerzas para dar forma a una miniserie de suspense psicológico llamada a convertirse en uno de los proyectos televisivos más ambiciosos y comentados de los próximos años.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    A las 12:00 del domingo 1 de febrero, cuando el invierno todavía aprieta pero el fútbol femenino español empieza a oler a momentos decisivos, el balón rodará en Badalona con una promesa silenciosa: no será un partido más. FC Badalona Women – SD Eibar, en directo por DAZN, es uno de esos encuentros que no necesita cartel de derbi ni urgencias clasificatorias extremas para tener alma, narrativa y peso competitivo. Es, en esencia, uno de esos partidos que se ganan antes de jugarse, se resisten durante 90 minutos y se recuerdan por lo que dicen del carácter de dos equipos hechos a base de convicción.

    La Liga F Moeve entra en febrero con una tabla que empieza a separar realidades, pero también con una zona media que se ha convertido en territorio de nadie… o de todos. En ese paisaje aparece el FC Badalona Women, 8º clasificado con 23 puntos, instalado en una temporada que no grita, pero sostiene. No deslumbra en los resúmenes virales, no vive de goleadas escandalosas, pero ha construido algo mucho más difícil: fiabilidad.

    El dato es demoledor y simbólico a partes iguales: el Badalona no ha perdido ni ha encajado un solo gol en este inicio de 2026. No es casualidad, no es suerte y no es una racha aislada. Es la consecuencia lógica de un equipo que ha entendido que, en una liga cada vez más igualada, defender bien es una forma de atacar al futuro.

    El 0-1 subió al marcador justo antes del descanso, premiando la insistencia del Eibar y castigando la falta de contundencia local en los metros finales. Fue un gol de los que duelen, de los que obligan a recomponerse mentalmente en el vestuario.

    Enfrente estará la SD Eibar, un equipo que ha hecho del equilibrio su bandera y de la constancia su salvavidas. Las armeras llegan con once puntos de colchón sobre el descenso, una distancia que no garantiza tranquilidad, pero sí margen para competir sin la soga al cuello. El tropiezo reciente ante la Real Sociedad (3-0) no ha borrado lo construido durante meses: un equipo incómodo, tácticamente disciplinado y difícil de romper.

    Jugar en Badalona no es sencillo. No por el ruido, no por la presión ambiental, sino por la sensación de control que transmite el equipo local cuando consigue imponer su ritmo. El FC Badalona Women ha entendido algo fundamental en el fútbol moderno: no todos los partidos se ganan con balón, pero muchos se pierden sin orden.

    El equipo catalán ha hecho de la estructura defensiva su punto de partida. Líneas juntas, lectura constante de las segundas jugadas y una obsesión casi quirúrgica por no conceder espacios entre central y lateral. El resultado es un bloque que no regala ventajas, que obliga al rival a repetir esfuerzos y que castiga cualquier error con una precisión casi quirúrgica.

    La llegada en este mercado invernal de Isabelle Hoekstra no responde a una urgencia, sino a una idea. La futbolista se alternará entre el filial y el primer equipo, una decisión que habla tanto de planificación como de visión de futuro. No es un fichaje para romper jerarquías, sino para ensanchar el ecosistema competitivo del club, reforzar entrenamientos y elevar el nivel de exigencia interno.

    Ese tipo de movimientos suelen pasar desapercibidos para el gran público, pero son los que, a medio plazo, marcan la diferencia entre sobrevivir y crecer.

    Si el Badalona representa la calma organizada, la SD Eibar simboliza la resiliencia estructural. El conjunto dirigido por Iñaki Goikoetxea ha construido su temporada desde la pragmática honestidad: saber quién eres, aceptar tus límites y competir cada partido como si fuera una negociación permanente con el marcador.

    El colchón de once puntos sobre el descenso no ha llegado por casualidad. Ha llegado porque el Eibar maximiza sus goles, minimiza errores y entiende cuándo un empate es oro y cuándo una derrota puede ser asumible si no te descompone el proyecto.

    Eso sí, la derrota ante la Real Sociedad fue un golpe de realidad. No tanto por el resultado, sino por la forma. Un 3-0 que evidenció las dificultades del equipo cuando se ve obligado a llevar la iniciativa o cuando el rival acelera el partido más allá de lo previsto.

    En el mercado invernal, el Eibar ha optado por la continuidad. Ninguna incorporación, ninguna revolución. Solo una salida: Alena Pěčková, que se ha desvinculado del club. Una decisión que refuerza la idea de que el cuerpo técnico confía en el grupo actual para cumplir el objetivo principal: permanecer.

    Este Badalona – Eibar no se decidirá por acumulación de ocasiones. Se decidirá por detalles microscópicos: una mala orientación corporal, un despeje mal perfilado, una falta lateral mal defendida. Son dos equipos que conceden poco y que necesitan poco para hacer daño.

    El Badalona buscará imponer su guion habitual: ritmo controlado, paciencia, circulación segura y esperar el error del rival. El Eibar, en cambio, se sentirá cómodo en un escenario de partido largo, donde el reloj juegue a su favor y la ansiedad empiece a filtrarse en la grada.

    Será un duelo de tempos, de lecturas tácticas, de entrenadores moviendo piezas sin hacer ruido. Un partido donde el primer gol, si llega, puede cambiarlo todo… o no cambiar nada.

    Que este partido se emita por DAZN no es un detalle menor. Es la confirmación de que la Liga F también se explica desde estos encuentros, desde estas narrativas que no siempre ocupan titulares, pero que sostienen la competición semana a semana.

    Porque el fútbol femenino no solo crece con finales y clásicos. Crece con partidos como este, donde la identidad pesa más que el nombre, donde el trabajo invisible se convierte en protagonista y donde cada punto cuenta una historia distinta.

    El domingo, a las 12:00, alguien sumará tres puntos. Puede que nadie marque hasta el minuto 80. Puede que un error lo cambie todo. Puede que el empate sea justo y lógico. Pero pase lo que pase, este Badalona – Eibar dirá mucho más de lo que refleje el marcador.

    Dirá en qué punto está un Badalona que quiere consolidarse como algo más que una revelación silenciosa. Dirá si el Eibar sabe levantarse sin perder su esencia. Y dirá, sobre todo, que la Liga F Moeve sigue construyéndose desde partidos como este: duros, honestos, tácticos y profundamente humanos.

    Porque hay encuentros que no necesitan épica artificial.
    Y este, precisamente, la trae de serie

    El choque bajo la lupa |

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    ✨ 18ª jornada ✨

    🔥 ONA 🆚 Sociedad Deportiva Eibar 🔥

    📅 Domingo, 1 de febrero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio Municipal de Palamós, Costa Brava

    Los onces |

    El fútbol, cuando se juega sin red, cuando se vive con la urgencia del presente y la memoria del pasado reciente, cuando cada duelo es una afirmación de identidad, adquiere una dimensión que va mucho más allá del marcador. En la mañana en la que el FC Badalona Women y la SD Eibar se citaron en territorio catalán, el balón no solo ponía tres puntos en juego: ponía a prueba una racha, un proyecto y una manera de entender el crecimiento competitivo en la élite. Y lo que terminó sucediendo, ese 2-1 que mantuvo invicto al conjunto badalonés en 2026, fue una de esas historias que se escriben con pulso firme, sufrimiento, resistencia, carácter colectivo y la aparición decisiva de nombres propios destinados a marcar época.

    Desde el primer pitido, el encuentro se presentó como un choque frontal entre dos equipos con ambiciones distintas pero con una convicción común: no especular. El FC Badalona Women, asentado ya en la categoría y en pleno proceso de maduración como bloque competitivo, saltó al césped con la determinación de quien sabe que las rachas se alimentan desde la iniciativa. La SD Eibar, por su parte, compareció con el poso de un equipo acostumbrado a competir cada balón como si fuera el último, con una estructura reconocible, con automatismos claros y con una idea muy definida: hacer del orden y la agresividad bien entendida su mejor arma para golpear.

    El arranque fue un intercambio de intenciones. No de golpes, pero sí de avisos. El Badalona quiso desde el inicio asumir la posesión, mover el balón con criterio desde atrás y buscar superioridades por los costados, especialmente a través de la movilidad de sus interiores y la profundidad de sus laterales. El Eibar, bien plantado, optó por un bloque medio, sin replegar en exceso, preparado para saltar a la presión en cuanto detectara una conducción larga o un pase horizontal mal perfilado.

    En ese contexto, la primera en intentar romper el guion fue Sara Martín, que actuó como referencia ofensiva adelantada del conjunto local. Su velocidad fue un recurso constante para estirar a la defensa armera, obligando a las centrales visitantes a vivir en alerta permanente. Cada desmarque suyo, cada carrera al espacio, servía para ganar metros y oxígeno, aunque no siempre encontraba el último pase necesario para convertir la amenaza en ocasión clara.

    Al otro lado, el Eibar comenzó a encontrar situaciones interesantes gracias a la capacidad de sus jugadoras de banda para cargar el área. Cristina Cubedo, que partía desde una posición más retrasada pero con libertad para incorporarse, protagonizó una de las primeras llegadas de peligro con un testarazo que obligó a la defensa local a emplearse a fondo. No fue un remate limpio, pero sí una advertencia de lo que estaba por venir: Cubedo no solo estaba para defender, estaba para liderar.

    El partido entró entonces en una fase de tensión creciente. Ninguno de los dos equipos quería conceder metros innecesarios, y cada duelo individual se vivía con intensidad máxima. Las disputas en el centro del campo eran constantes, con segundas jugadas muy peleadas y con una sensación de que el primer gol, cuando llegara, iba a tener un peso emocional enorme.

    La ocasión más clara del primer tiempo llegó superados los veinte minutos, y fue un auténtico ejercicio de supervivencia defensiva para el Badalona. Un centro preciso desde la banda izquierda de Garazi encontró la cabeza de Carmen Álvarez, que se elevó con potencia para peinar el balón y dirigirlo hacia portería. Todo parecía destinado al gol, pero María Valenzuela emergió como una figura decisiva. La guardameta granadina, con reflejos felinos y una lectura perfecta de la trayectoria, sacó una mano salvadora para desviar el esférico a saque de esquina. No fue una parada más: fue una intervención que sostuvo al equipo, que evitó el golpe psicológico y que reforzó la confianza de las suyas.

    Lejos de conformarse, Carmen Álvarez volvió a encontrar espacio minutos después. Esta vez, completamente sola, encaró un nuevo remate que parecía imparable. De nuevo, Valenzuela apareció con una intervención formidable, enviando el balón a córner y confirmando que el Badalona tenía en su portería un seguro de vida. Cada parada era celebrada como un gol por la grada, consciente de que ese tipo de acciones cambian partidos.

    Mientras tanto, el Badalona intentaba crecer con balón, pero le costaba encontrar continuidad en campo rival. El Eibar cerraba bien los espacios interiores y obligaba a las locales a buscar soluciones desde fuera, donde los centros no siempre encontraban rematadora. Aun así, el partido se mantenía abierto, vibrante, con una sensación de igualdad real pese a las ocasiones visitantes.

    Cuando el descanso parecía acercarse con el empate sin goles, llegó el golpe. Un envío desde el pico del área, medido con precisión quirúrgica, encontró a Laura Camino atacando el primer palo. La delantera armera se anticipó a su marca y conectó un remate de cabeza impecable, seco, imposible para Valenzuela y abrió la lata en el minuto 46 del alargue.

    El paso por vestuarios marcó un punto de inflexión. El Badalona regresó al césped con otra energía, con una marcha más, con la convicción de que el partido no estaba perdido. Marc Ballester ajustó líneas, pidió más agresividad tras pérdida y una circulación más rápida para desorganizar el bloque visitante. El mensaje fue claro: había que empatar pronto para no dejar que el Eibar se sintiera cómodo defendiendo la ventaja.

    Y el equipo respondió. Apenas nueve minutos después de la reanudación, llegó la jugada que cambió el signo del encuentro. Cristina Cubedo, adelantando líneas con una personalidad impropia de una central convencional, avanzó con la pelota controlada hasta campo rival. Atrajo rivales, leyó el desmarque y filtró un pase perfecto para Irina Uribe. La delantera, con sangre fría, no dudó. Armó un disparo potente, cruzado, que superó a Eunate Astralaga y se coló en la portería visitante para poner el empate en el minuto 54 de juego .

    El 11 estalló en el estadio como una liberación colectiva. Era el premio al paso adelante, a la fe y a la valentía.

    El gol reforzó al Badalona, que pasó a dominar el partido con mayor claridad. El balón era suyo, el ritmo también. El Eibar intentó reaccionar, buscando de nuevo a Carmen Álvarez, pero la delantera no terminaba de encontrar el acierto que había tenido en la primera mitad.

    Las locales, por su parte, crecían con cada acción, con cada duelo ganado, con cada transición bien defendida. Pasada la hora de juego, el partido vivió uno de sus momentos más tensos.

    Tras la revisión en el Football Video Support, la colegiada decidió mostrar la segunda tarjeta amarilla a María Llompart por un codazo sobre Arena Altonaga en una acción de control. La expulsión dejó al Badalona con una jugadora menos y obligó a reajustar de nuevo el plan. El encuentro entraba en un terreno imprevisible.

    Con las fuerzas igualadas en número tras la posterior expulsión de Carla Andrés por doble amarilla, el choque se convirtió en una batalla de nervios, de detalles, de resistencia física y mental. El Eibar introdujo a Emma Moreno para ganar presencia arriba, buscando un último empujón ofensivo. Cada balón parado se vivía con tensión máxima.

    Y cuando el empate parecía asentarse, cuando el reparto de puntos comenzaba a asumir forma definitiva, llegó la jugada que decidió todo. Minuto 85. Saque de esquina botado por Sonia Majarín, tenso, al corazón del área. Allí apareció Cristina Cubedo. La central, ex del Costa Adeje Tenerife y el Villarreal, se elevó con potencia, con determinación, con la autoridad de quien sabe que ese es su momento. El cabezazo fue impecable, directo al fondo de la red, inapelable para Astralaga. El 21 desató la locura. Cubedo, MVP indiscutible, culminaba una actuación total: liderazgo, visión, gol decisivo.ñ

    El Eibar lo intentó en los minutos finales, empujó con lo que tenía, pero el Badalona supo resistir. Defendió con orden, con sacrificio, con esa madurez que define a los equipos que crecen. El pitido final certificó una victoria de enorme valor: tres puntos, una remontada, una nueva demostración de carácter y la confirmación de que el Badalona Women es un equipo difícil de doblegar, aunque tomes ventaja y este resultado fue una muestra de ello.

    Con este triunfo, las locales escalan hasta la séptima posición con 26 puntos y mantienen su condición de invictas en 2026, algo que les permite superar al Madrid CFF de Sánchez Vera.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Eibar, por su parte, se queda con 17 puntos en la tabla clasificatoria y es decimotercero en la élite tras un partido en el que compitió de tú a tú, pero en el que acabó cediendo ante la épica local, próxima estación, recibir al Granada en Guipúzcoa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    FC Badalona Women: María; Itzi Pinillos, Cubedo, Sonia Majarín, Barclais; Llompart, Ana González (Jankovska, min. 69) , Lorena Navarro; Julve (Sofie Junge, min. 88), Irina Uribe (Lice Chamorro, min. 77), Banini (Kullashi, min. 77)

    Entrenador: Marc Ballester

    D Eibar: Astralaga; Laura Camino, Carla Andrés, Masegur, Belem, Garazi; Adela Rico, Altonaga, Iribarren (Emma Moreno, min. 77); Sara Martín (Iara Lacosta, min. 83), Carmen Álvarez (Opah Clement, min. 83).

    Entrenador: Iñaki Goikoetxea

    Tarjetas amarillas: Llompart (min. 28 y 65), Cubedo (min. 42), Adela Rico (min. 61), Ana González (min. 62), Carla Andrés ( min. 83 y 90+6)
    Lugar: Estadio Nou Municipal del Palamós
    Árbitra: Raquel Suárez

    Goles |

    0-1 Laura Camino 45’ ⚽️
    1-1 Irina Uribe 54’ ⚽️
    2-1 Cristina Cubedo 85’ ⚽️

    Vídeo |

  • La previa | Arsenal vs Corinthians

    (Fuente: FIFA)

    🔷 Arsenal y Corinthians, cuando el mundo se detiene: la final que inaugura una era en el fútbol femenino.

    Dos continentes, dos culturas futbolísticas, dos maneras de entender la excelencia. Londres se convierte en el centro del planeta fútbol para coronar a las primeras reinas intercontinentales de la historia.

    (Fuente: FIFA)

    El fútbol femenino vive este domingo uno de esos momentos que no admiten distracciones, ni medias tintas, ni ausencias justificadas. Un partido que no se juega únicamente sobre el césped, sino también en la memoria colectiva de este deporte que ha aprendido a crecer rompiendo techos de cristal, frontera a frontera, generación a generación. La final inaugural de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ enfrenta a Arsenal Women FC y SC Corinthians, dos colosos de dimensiones distintas pero ambición idéntica, en un duelo que no solo entrega un trofeo: otorga un lugar eterno en la historia.

    (Fuente: DAZN )

    No es una final más. No es un cruce intercontinental anecdótico. Es la primera piedra de una competición llamada a redefinir el mapa global del fútbol femenino, el punto de partida de un relato que dentro de diez, veinte o cincuenta años se citará siempre igual: “Todo empezó aquel domingo en el que Arsenal y Corinthians se miraron a los ojos”. Las europeas llegan con el peso de la tradición continental y la autoridad competitiva que da haber conquistado la Liga de Campeones Femenina de la UEFA. Las brasileñas aterrizan con el espíritu irreductible de Sudamérica, el ADN de la CONMEBOL Copa Libertadores Femenina y la convicción de quien ha aprendido a sobrevivir y ganar en contextos hostiles.

    Es una final que enfrenta estructura y fuego, plan y emoción, orden y intuición, pero, sobre todo, dos formas legítimas de entender la grandeza.

    La Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ no es solo un nuevo título en el calendario. Es una declaración de intenciones. La constatación de que el fútbol femenino ya no necesita comparaciones ni muletas conceptuales para legitimarse: tiene su propio lenguaje, sus propias épicas y, desde ahora, su propia corona intercontinental.

    En esta primera edición, el formato ha querido ser tan simbólico como contundente: las campeonas continentales enfrentándose directamente por el trono global. No hay camino largo, no hay fases de adaptación: aquí se llega por méritos máximos y se compite desde el primer minuto con la presión de saber que no existe precedente, que cada pase, cada gol y cada decisión arbitral quedarán registrados como los primeros de algo mucho más grande.

    Por eso esta final no solo importa a Arsenal y Corinthians. Importa al fútbol femenino entero. A Europa, a Sudamérica, a África, a Norteamérica, a Asia y a Oceanía. Importa a las niñas que hoy juegan sin saber que este partido existe, pero que mañana crecerán sabiendo que hubo un día en el que el mundo decidió mirar de frente al fútbol femenino sin asteriscos.

    El camino del Arsenal Women FC hacia esta final tiene algo de redención histórica y mucho de reafirmación deportiva. Clasificado al torneo en mayo de 2025 tras una victoria monumental ante el FC Barcelona en la final de la Liga de Campeones Femenina de la UEFA, el conjunto londinense no solo recuperó el trono europeo, sino que se reconectó con su identidad más profunda: la de un club construido para marcar época.

    Aquel triunfo frente al Barcelona no fue un accidente. Fue la culminación de un proceso, la madurez de una plantilla diseñada para competir en todos los registros y la confirmación de que Arsenal sigue siendo uno de los grandes arquitectos del fútbol femenino moderno. Ese título continental le otorgó, además, el pase directo a las semifinales de esta Copa de Campeones, un privilegio que asumió con la naturalidad de quien está acostumbrado a convivir con la élite.

    El 28 de enero, en el estadio de Brentford, las Gunners ofrecieron una exhibición de poderío frente al ASFAR marroquí, uno de los equipos más competitivos del continente africano. Fue un partido que quedó prácticamente resuelto en la primera mitad, no solo por el marcador, sino por las sensaciones.

    Los goles de Stina Blackstenius, Frida Maanum, Mariona Caldentey y Olivia Smith dibujaron un primer tiempo demoledor, en el que Arsenal combinó ritmo alto, precisión quirúrgica y una lectura táctica impecable. ASFAR, un equipo acostumbrado a competir con orden y carácter, se vio superado por la profundidad estructural del conjunto inglés.

    Pero si algo dejó claro ese encuentro fue la riqueza del fondo de armario del Arsenal. Lejos de bajar el nivel tras el descanso, el equipo de Renée Slegers lo sostuvo —e incluso lo elevó— con las entradas de Chloe Kelly, Kim Little y Katie McCabe, tres nombres que en cualquier otro equipo serían indiscutibles titulares. La guinda la puso Alessia Russo, otra suplente de lujo, firmando un doblete que redondeó una goleada tan contundente como simbólica: este Arsenal no depende de una sola pieza, sino de un sistema completo.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Esta final no enfrenta solo a dos equipos. Enfrenta dos culturas futbolísticas profundamente distintas, cada una con su propia lógica interna y su propio concepto de la excelencia.

    El Arsenal representa la escuela europea: estructura, ocupación racional de espacios, lectura colectiva del juego, automatismos pulidos y una gestión del ritmo que suele inclinar los partidos a su favor. Su fútbol es reconocible, trabajado, coherente de principio a fin.

    Corinthians encarna la esencia sudamericana: intensidad emocional, competitividad feroz, capacidad para improvisar en escenarios caóticos y una relación con el partido que trasciende lo táctico. No es un equipo que se rinda ante el dominio rival; es un equipo que convive con la incomodidad y sabe castigar errores mínimos.

    Cuando estos dos mundos colisionan, el resultado suele ser imprevisible.

    Las protagonistas y los protagonistas lo saben. Lo sienten. Lo verbalizan con una mezcla de respeto y ambición que define a los grandes eventos.

    Steph Catley, defensora del Arsenal, lo expresó con claridad y emoción:

    “Es muy emocionante. Es una gran oportunidad para nosotras como jugadoras, para el club en general, de quedar grabadas en la historia como el primer equipo en ganar este prestigioso trofeo. Obviamente, es la primera vez que los aficionados ven algo así en el fútbol femenino. Por lo tanto, es un paso adelante para todos y esperamos que sea un capítulo increíble”.

    Renée Slegers, directora técnica del Arsenal, añadió una lectura colectiva y de proceso: “En esta competición, frente a los campeones de otros continentes, tuvimos que ganarnos el derecho a llegar a la final. Y creo que el equipo lo hizo de manera brillante. Así que estamos muy emocionadas por la final. La esperamos con ilusión. Es un momento especial para nosotras, para las jugadoras, para el club”.

    Desde el lado brasileño, el respeto no oculta la ambición. Duda Sampaio, mediocampista del Corinthians, fue tan honesta como contundente:

    “Es difícil incluso hablar al respecto porque sabemos lo difícil que será este partido. Será uno de los partidos más complicados de mi carrera. Sabemos lo grande que es el Arsenal en Europa y estamos dando lo mejor para estar listas y dar otro gran partido, como lo hicimos en las semifinales”.

    Y Lucas Piccinato, director técnico del Corinthians, sintetizó el espíritu de su equipo con una declaración que resume años de trabajo:

    “Valoro muchísimo este momento: es la final de una copa de gran prestigio. Lo vivimos con especial ilusión porque sabemos que habrá una gran cantidad de aficionados, pero también creo que nuestros ‘leales’ estarán presentes para apoyarnos. El domingo estaremos listos para dar un gran juego. Creo que el camino recorrido a lo largo de los años nos ha llevado hasta aquí. Ha habido muchos cambios en nuestra plantilla, pero contamos con jugadoras que quieren ganar. En partidos como este, estamos preparadas para llevar a la práctica nuestro plan de juego. Arsenal es uno de los mejores equipos del mundo, pero queremos marcharnos del Reino Unido con el trofeo en las manos y haremos todo lo posible para lograrlo”.

    La dimensión histórica del partido se refleja también en su cobertura internacional. La primera edición del torneo está disponible para los aficionados de todo el mundo mediante una combinación de transmisiones globales en streaming gratuito y broadcasters locales.

    La transmisión gratuita de Corinthians vs. Arsenal estará disponible en FIFA+, con excepciones territoriales concretas: Estados Unidos, Puerto Rico, Samoa Americana, Reino Unido, Irlanda, Jersey, Guernsey, Isla de Man, Marruecos, Brasil, China y Gibraltar. Un despliegue que confirma que este partido no pertenece a un país ni a un continente: pertenece al fútbol femenino global.

    Hay partidos que definen temporadas. Otros definen generaciones. Y algunos, muy pocos, definen eras. Esta final pertenece a esa última categoría. No importa quién levante el trofeo al final del domingo: Arsenal y Corinthians ya han inscrito sus nombres en el prólogo de una historia que seguirá creciendo.

    Porque este partido no es solo fútbol. Es memoria en construcción. Es el testimonio de hasta dónde ha llegado el fútbol femenino y de todo lo que aún está por venir.

    Y en “El Partido de Manu” lo sabemos. Por eso ampliamos equipo, por eso reforzamos mirada, por eso incorporamos nuevas voces capaces de contar el fútbol desde otros lenguajes y otras plataformas. El fichaje de Helena con H, periodista, creadora y una de las voces más influyentes del fútbol femenino en TikTok, no es casualidad: es una apuesta por conectar generaciones, formatos y emociones sin perder rigor ni profundidad.

    (Fuente: FIFA )

    Este domingo, cuando ruede el balón y Arsenal y Corinthians escriban la primera página de esta Copa de Campeones, nos encontrarás ahí, contando cada detalle, cada gesto, cada instante que merezca ser recordado Porque hay finales que se juegan, la mayoría, pero existen algunas, como es el caso, que también se viven.

    ✨ La final ✨

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🔥 Arsenal Women 🆚 S.C. Corinthians 🔥

    🙌 🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿 vs 🇧🇷 🙌

    📅 Domingo, 1 de febrero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 DAZN & FIFA Plus

    🏟️ Emirates Stadium, Londres

    Enlace para ver la final aquí |

    https://www.dazn.com/es-es/home/1imb68dmlc47y1feg22d0b7cxa/97dbp7syj54a30eddddy331wk?share_origin=ios&share_page=fixture_page&event_id=1imb68dmlc47y1feg22d0b7cxa

  • La crónica | El DUX ya sonríe en Liga F

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ El DUX Logroño vence en casa del Alhama ElPozo (0-4) y sale del descenso.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Lo que se juega este sábado 31 de enero a las 17:00 horas en el Estadio Francisco Artés Carrasco de Lorca de Murcia trasciende cualquier etiqueta convencional de “partido de Liga”. No es una jornada más, no es un simple cruce entre dos equipos de la zona baja, no es una tarde cualquiera de fútbol femenino. Es un punto de inflexión, una frontera emocional, deportiva y casi existencial para dos proyectos que llevan meses caminando sobre el alambre, con el vértigo constante del descenso marcando cada paso, cada decisión y cada balón dividido. Alhama CF ElPozo y DUX Logroño se citan en un duelo directo por la permanencia que condensa en noventa minutos el peso de una temporada entera, la angustia acumulada de semanas sin ganar, la esperanza renovada —o agotada— de mercados invernales, cambios de banquillo, reconstrucciones forzadas y una Liga F Moeve que no concede tregua ni margen de error a quienes se quedan atrás.

    El contexto es demoledor. El Alhama CF ElPozo llega a esta cita marcando la frontera de la salvación con 9 puntos, tres por encima de su rival, pero con una dinámica que invita más a la preocupación que al alivio. Las murcianas no ganan en Liga desde el 5 de octubre, una eternidad en términos futbolísticos, un periodo que ha ido erosionando la confianza del vestuario, la paciencia de la grada y la tranquilidad del entorno. Desde aquel triunfo, cada jornada ha sido una mezcla de resistencia, frustración y oportunidades que se escapaban por detalles mínimos o por errores castigados con una crudeza implacable. Ni siquiera la llegada de Randri García al banquillo ha logrado revertir la inercia negativa. El cambio de entrenador trajo ajustes, nuevas ideas y un discurso renovado, pero no el elemento más ansiado: la victoria. Y en la Liga F, cuando los resultados no acompañan, el tiempo se convierte en un enemigo silencioso que va estrechando el margen hasta asfixiar cualquier proyecto.

    Frente a ellas aparece un DUX Logroño herido, necesitado, casi desesperado, pero también cargado de una sensación extraña, mezcla de urgencia y oportunidad. Las riojanas ocupan la 15ª posición con 6 puntos y son, a estas alturas del campeonato, el único equipo que todavía no ha conseguido ganar un partido. Esa estadística, demoledora por sí sola, pesa como una losa cada fin de semana. Cada empate sabe a poco, cada derrota se vive como un paso más hacia el abismo, pero al mismo tiempo, cada jornada sin victoria alimenta la idea de que el primer triunfo tiene que llegar en algún momento, y cuando lo haga, puede cambiarlo todo. El DUX ha vivido una auténtica revolución en este mercado invernal, con seis incorporaciones que han alterado por completo la fisonomía del equipo, el once tipo, las jerarquías internas y, sobre todo, la narrativa de un proyecto que se negaba a resignarse a un destino escrito demasiado pronto.

    Este partido, además, no se entiende sin mirar atrás. El choque de la primera vuelta terminó con un 2-4 favorable al Alhama CF ElPozo en Las Gaunas, un resultado que entonces parecía confirmar que las murcianas estaban un escalón por encima en este particular pulso por la permanencia. Aquel día, el Alhama mostró una eficacia ofensiva que hoy parece lejana, mientras que el DUX evidenció fragilidades defensivas que han perseguido al equipo durante buena parte de la temporada. Sin embargo, el fútbol rara vez respeta los precedentes cuando el contexto cambia de forma tan radical como lo ha hecho desde entonces. Hoy ambos equipos llegan con plantillas distintas, estados anímicos distintos y una presión acumulada que multiplica el valor de cada acción.

    Para el Alhama CF ElPozo, ganar este partido significaría algo más que tres puntos. Sería romper una racha psicológicamente devastadora, reafirmar el trabajo del nuevo cuerpo técnico y, sobre todo, abrir una brecha de seis puntos con un rival directo que podría resultar definitiva en la lucha por evitar el descenso. Sería, en palabras simples, un paso de gigante hacia la permanencia. Pero perder —o incluso empatar— reabriría todas las heridas, devolvería la ansiedad al primer plano y permitiría al DUX Logroño aferrarse a la idea de que la salvación sigue siendo posible. El margen es tan estrecho que no hay espacio para la especulación.

    El Alhama llega a este duelo con la carga de saber que juega en casa, ante su gente, en un escenario que debería ser refugio y fortaleza, pero que en los últimos meses se ha convertido también en un espejo incómodo donde se reflejan las dudas. El José Kubala ha visto pasar partidos en los que el equipo compitió, se adelantó incluso en el marcador, pero terminó cediendo por errores puntuales o por la incapacidad de cerrar los encuentros. La sensación de fragilidad en los minutos finales ha sido uno de los grandes lastres del equipo, una asignatura pendiente que Randri García ha intentado corregir con ajustes tácticos, mayor solidez defensiva y un enfoque más pragmático en determinados tramos de los partidos. Sin embargo, la frontera entre el pragmatismo y el miedo es fina, y en un partido como este, cualquier exceso de cautela puede convertirse en un arma de doble filo.

    En el plano futbolístico, el Alhama sabe que necesita recuperar su versión más competitiva, aquella que le permitió sumar puntos en el arranque del campeonato y mirar la tabla con cierta tranquilidad. Necesita volver a ser un equipo incómodo, intenso, capaz de morder arriba cuando el rival duda y de protegerse con orden cuando toca sufrir. La falta de victorias no ha borrado por completo la identidad del equipo, pero sí la ha erosionado. Y este partido exige, más que nunca, claridad de ideas y convicción en el plan.

    El DUX Logroño, por su parte, llega a Alhama con la sensación de estar ante una de esas oportunidades que no se repiten. Ganar significaría igualar a su rival en la clasificación, romper el maleficio de la primera victoria y dar sentido inmediato a la profunda remodelación invernal. Perder, en cambio, podría ser un golpe casi definitivo, no solo por la distancia en puntos, sino por el impacto emocional de seguir sin conocer el triunfo a estas alturas del curso. El equipo riojano ha cambiado caras, ha cambiado dinámicas y ha cambiado incluso el relato interno. Las seis incorporaciones han elevado el nivel competitivo de la plantilla, han generado competencia interna y han permitido al cuerpo técnico disponer de más variantes tácticas. La única que todavía no ha debutado es Welma Fon, cuya llegada ha despertado expectación y curiosidad, y cuya posible participación añade un elemento extra de incertidumbre al partido.

    La revolución del DUX no ha sido solo cuantitativa, sino también cualitativa. Se ha buscado experiencia, físico, capacidad para competir en contextos de máxima presión. Se ha buscado, en definitiva, dotar al equipo de herramientas para sobrevivir en una Liga F que castiga duramente cualquier debilidad estructural. Y aunque los resultados todavía no han llegado, en las últimas jornadas se han percibido brotes verdes, señales de un equipo más sólido, más ordenado, menos vulnerable a los golpes anímicos que antes lo descomponían. Falta, eso sí, el paso definitivo: ganar.

    Este partido, retransmitido en directo por DAZN, se convierte también en un escaparate de la crudeza y la belleza del fútbol de supervivencia. No habrá florituras innecesarias ni especulación estética. Habrá duelos, segundas jugadas, balones largos cuando haga falta, faltas tácticas, miradas al banquillo y al reloj, y una tensión que se podrá cortar con un cuchillo desde el primer minuto. Cada saque de banda, cada córner, cada balón dividido en el centro del campo tendrá un peso específico mayor que en cualquier otro contexto. Porque aquí, cada detalle cuenta.

    El recuerdo del 2-4 de la primera vuelta planea sobre el partido como una referencia incómoda para el DUX y un estímulo para el Alhama. Las murcianas saben que ya fueron capaces de hacerle daño a este rival, de encontrar espacios, de castigar sus errores. Las riojanas, en cambio, saben que no pueden permitirse repetir los mismos fallos, que aquel partido debe servir como lección y no como condena. La memoria futbolística es selectiva, pero en encuentros de esta naturaleza, los precedentes se convierten en gasolina emocional.

    Desde el punto de vista emocional, el choque es casi un examen de carácter. ¿Quién soportará mejor la presión? ¿Quién sabrá gestionar los momentos de adversidad? ¿Quién tendrá la sangre fría para aprovechar el error ajeno cuando aparezca? Porque aparecerá. En partidos así, los errores son inevitables. La diferencia entre sobrevivir o hundirse está en la capacidad para minimizar los propios y maximizar los del rival.

    El Alhama CF ElPozo juega con la ventaja —y la carga— de saber que una victoria puede cambiar radicalmente su horizonte inmediato. Pasar de 9 a 12 puntos, abrir hueco, respirar. Pero esa misma conciencia puede generar un exceso de responsabilidad, una rigidez que paralice en lugar de liberar. El DUX Logroño, por contra, juega con la urgencia del que no tiene nada que perder, del que necesita arriesgar porque el empate ya no basta. Esa mentalidad puede ser peligrosa para el rival si se canaliza bien, pero también puede convertirse en precipitación si no se gestiona con cabeza.

    En este escenario, los primeros minutos serán clave. El equipo que logre imponer su ritmo, ganar los primeros duelos y enviar el mensaje de que está preparado para la batalla, tomará una ventaja psicológica importante. Un gol tempranero podría desatar un terremoto emocional difícil de controlar para el equipo que lo encaje. Y un partido que llegue igualado al tramo final puede convertirse en una auténtica prueba de nervios, donde el miedo a perder pese más que el deseo de ganar.

    No es exagerado decir que este partido puede marcar un antes y un después en la temporada de ambos equipos. Para el Alhama, es la oportunidad de confirmar que, pese a la mala racha, sigue teniendo margen y recursos para mantenerse en la élite. Para el DUX Logroño, es la posibilidad de reescribir una temporada que hasta ahora ha sido una sucesión de golpes y frustraciones. En ambos casos, el resultado tendrá consecuencias que irán mucho más allá de la clasificación inmediata.

    La Liga F Moeve, en su exigencia constante, no espera a nadie. Cada jornada es una prueba, pero algunas, como esta, son juicios finales anticipados. El sábado en Alhama no habrá red de seguridad. Noventa minutos, un balón, dos equipos y una permanencia en juego. El fútbol, en su versión más cruda y más pura. Y cuando el árbitro señale el final, nada será igual para quien gane… ni para quien pierda.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El choque por la permanencia al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve

    LigaFMoeve | #AlhamaDUXLogroño

    🤩 Temporada 2025-2026

    🔥 Alhama ElPozo 🆚 DUX Logroño 🔥

    ✨ 18º partido ✨

    🗓️ Sábado, 31 de enero de 2025

    🕢 17:00 horario peninsular

    📺 APP de DAZN

    🏟️ Estadio Francisco Artés Carrasco, Lorca

    Los onces |

    (Fuente: DUX Logroño)

    Lo que ocurrió en la tarde del sábado en el Estadio Francisco Artés Carrasco de Lorca no fue simplemente una victoria visitante ni un resultado abultado en un duelo directo por la permanencia. Fue una ruptura. Una fractura emocional y deportiva que partió en dos la temporada del Alhama CF ElPozo y del DUX Logroño, y que dejó una imagen imborrable en la memoria reciente de la Liga F Moeve 2025-2026. Un equipo que llegaba hundido, último, sin victorias, sin red, fue capaz de firmar el partido más completo, más cruel y más determinante de todo su curso para salir del descenso y cambiar de golpe su narrativa.

    El otro, que jugaba en casa y se sabía ante una oportunidad histórica de dar un paso casi definitivo hacia la salvación, se desmoronó sin encontrar respuesta, ni refugio, ni un solo argumento al que agarrarse cuando el partido empezó a escaparle de las manos.

    El 0-4 final no fue un accidente ni un castigo excesivo dictado por el azar. Fue la consecuencia lógica de un encuentro que el DUX Logroño entendió desde el primer minuto como una final absoluta, y que el Alhama CF ElPozo nunca consiguió leer ni emocional ni futbolísticamente. Porque cuando un partido se decide en la cabeza antes que en las piernas, el marcador suele reflejarlo con una contundencia que no admite matices ni discusión.

    El ambiente previo ya era denso, casi irrespirable. El Artés Carrasco, consciente de lo que había en juego, empujó desde el calentamiento a un Alhama que llevaba meses sin ganar y que necesitaba el triunfo como quien necesita aire para seguir avanzando. Pero ese mismo clima, lejos de liberar, atenazó. Cada pase horizontal era recibido con un murmullo inquieto, cada balón largo sin destinataria generaba impaciencia, cada pérdida alimentaba la sensación de que el tiempo corría más rápido de lo habitual. En frente, el DUX Logroño saltó al césped con una serenidad impropia de un equipo que hasta ese momento no había ganado ningún partido en toda la temporada. Serenidad, sí, pero no pasividad: había tensión competitiva, concentración máxima y una idea clara, trabajada, sobre cómo hacer daño.

    Desde el inicio quedó claro que las riojanas habían viajado a Lorca para algo más que sobrevivir. El bloque estaba junto, las líneas bien compactas, las vigilancias constantes y, sobre todo, había una agresividad positiva en cada duelo que descolocó a las murcianas. El Alhama quería llevar el peso del partido, pero lo hacía sin profundidad, con posesiones largas y estériles que chocaban una y otra vez contra un DUX sólido, paciente, esperando su momento sin ansiedad.

    Ese momento llegó pronto. Demasiado pronto para un Alhama que todavía no había conseguido asentarse en el encuentro. Apenas corría el minuto 6, cuando los nervios aún no se habían transformado en urgencia, cuando una acción dentro del área terminó con penalti señalado por la colegiada tras una falta sobre Laura Martínez. Isina tomó la responsabilidad sin dudarlo. Colocó el balón con calma, respiró hondo y ejecutó con precisión máxima. El disparo, potente y ajustado, superó a la guardameta y abrió el marcador con el 01 que cayó como un mazazo sobre el equipo local.

    Lejos de conformarse, Isina buscó inmediatamente el doblete con un gran disparo desde la frontal que obligó a la portera a sacar una mano extraordinaria a media altura. El DUX había olido sangre. El Alhama, herido, trató de reaccionar y gastó incluso un turno de FVS para reclamar un posible penalti de Milagros Martín sobre Yiyi. La revisión no prosperó. La colegiada desestimó la acción y el cero a uno se mantuvo en el electrónico en un primer tiempo intenso, físico, más emocional que estético, donde ninguno quiso regalar un centímetro.

    Las veintidós protagonistas se marcharon al túnel de vestuarios con una mínima ventaja visitante que parecía corta, peligrosamente corta, para lo que quedaba por delante. Todo podía dinamitarse en cualquier acción del segundo acto, y esa sensación de partido abierto mantenía al espectador atrapado, en tensión constante, esperando el siguiente golpe.

    Tras el descanso, el Alhama movió ficha. Adelantó líneas, subió el ritmo y estuvo cerca del empate con acercamientos constantes, incluso con un cabezazo que se estrelló en el poste y heló la sangre de las riojanas. Pero cuando mejor parecía estar el conjunto murciano, cuando el partido parecía inclinarse por inercia hacia el área visitante, fue el DUX quien volvió a golpear con una contundencia devastadora.

    Corría el minuto 61 cuando Flavine protagonizó una acción monumental desde su propio campo, sorteando a dos rivales con potencia y criterio antes de asistir en carrera a una recién ingresada Salomé Prat. La francesa, uno de los refuerzos invernales, se perfiló con clase y desde la frontal sacó un derechazo cruzado, precioso, imposible para Elena de Toro.

    El 0-2 fue una transición perfecta, un golpe quirúrgico que dejó helada a la afición local y que cambió por completo la temperatura emocional del partido.

    Con el 02, el Alhama siguió intentándolo, más por orgullo que por claridad. Y ahí emergió la figura de María Miralles, soberbia bajo palos, sosteniendo al DUX con intervenciones decisivas que terminaron de apagar cualquier intento serio de reacción local. El partido empezaba a inclinarse definitivamente.

    Y aún quedaba la sentencia. A falta de poco más de un cuarto de hora, Isina volvió a aparecer, esta vez como asistente, colgando una falta desde la derecha con precisión milimétrica. Iria Castro atacó el espacio con fe y contundencia para batir a Sol Belotto y celebrar el 03 en el minuto 75. Un gol que convirtió lo difícil en imposible para el Alhama y que confirmó que la tarde era completamente riojana.

    El encuentro ya estaba decidido, pero el DUX no quiso bajar el pie. En el minuto 89, Ximena Velazco revulsiva y eléctrica, firmó el 04 definitivo con un remate algo acrobático que cerró una obra coral, seria, madura, histórica para el conjunto logroñés.

    Ese último gol fue la firma final. El recordatorio definitivo de que el DUX Logroño no había venido solo a ganar, sino a mandar un mensaje rotundo a toda la zona baja de la tabla: este equipo está vivo. Muy vivo.

    Cuando el árbitro señaló el final, las consecuencias eran evidentes. El DUX Logroño salía del descenso, dejaba atrás meses de angustia y superaba a un rival directo, alterando de golpe el tablero de la lucha por la permanencia.

    Por primera vez en la temporada, la clasificación dejaba de ser una condena silenciosa para convertirse en un estímulo real.

    El Alhama CF ElPozo, en cambio, quedaba atrapado en una espiral peligrosa. La derrota no solo suponía perder tres puntos, sino también una ventaja psicológica clave. Sin Copa de la Reina Iberdrola, sin partidos que sirvan de refugio emocional, la Liga se convierte ahora en una sucesión de finales anticipadas.

    Porque hay partidos que no solo deciden una jornada.
    Hay partidos que redefinen una temporada entera.

    Y el 0-4 de Lorca fue exactamente eso: el día en que el DUX Logroño dejó de ser una promesa desesperada y pasó a ser un competidor real por la permanencia.
    El día en que el fútbol volvió a demostrar, una vez más, que nunca escribe el final antes de tiempo.

    Las riojanas se llevan los puntos que estaban en liza y experimentan la dulce sensación del triunfo por primera vez en la élite como DUX Logroño, la última vez que estuvieron en la Primera División Femenina todavía competían con EDF Logroño y acumulan ya 9 unidades que le colocan decimocuarto en la clasificación liguera.

    Por su parte, un Alhama ElPozo que debe renacer tras la llegada de una estrella española como María José Pérez, ya pone su atención en el siguiente capítulo que le medirá precisamente en el Heliodoro Rodríguez López al Costa Adeje Tenerife Egatesa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Alhama: Sol Belotto, Aitana, Nuria, Judith (Carla, 70′), Yiyi, R. Pinel (Patri, 67′), Ana Velázquez (Estefa, 67′), Nini (Astrid Álvarez, 46′), M. Gestera (Mari Jose, 46′), Encarni y Belén.

    DUX DUX Logroño: Miralles, Laura M., Asenjo (Salomé, 50′), Marta, Isina Corte, Annelie (Iria Castro, 62′), Martín, Falfán (Cata, 50′), Mawete (Velazco, 82′), Sandra (Giménez, 62′) y Rebeca.

    Goles |

    0-1 Isina (P.) 6’ ⚽️

    0-2 Salomé Prat 61’ ⚽️

    0-3 Iria Castro 75’ ⚽️

    0-4 Ximena Velazco 89’ ⚽️

    Árbitra: Beatriz Cuesta, que amonestó a Mawete (min 27); Ana (min 54); Cata (min 63); Encarni (min 88) con tarjeta amarilla.

    Vídeo |

  • La crónica | El Atlético toca madera en la visita del Granada

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ El Atlético de Madrid firmó un empate (1-1) ante el Granada en un encuentro intenso y muy disputado, en el que hizo méritos suficientes para llevarse los tres puntos. El conjunto rojiblanco dominó amplias fases del duelo y rozó la victoria en varias ocasiones, pero la falta de acierto y la madera —hasta en tres remates— se aliaron con la mala fortuna para negarle un triunfo que pareció al alcance de la mano.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El fútbol, cuando se detiene a escucharse a sí mismo, sabe que hay partidos que no se juegan solo con once futbolistas, un árbitro y un balón. Hay mañanas en las que el césped se convierte en un espejo de lo que fue, de lo que se perdió y de lo que todavía puede ser.

    El sábado, 31 de enero de 2026, a las 12:00 del mediodía, en Alcalá de Henares, el Atlético de Madrid y el Granada CF se citan en uno de esos encuentros que no se explican solo con la clasificación, ni con la racha, ni siquiera con el estreno de un nuevo entrenador. Se citan en un partido que arranca con un brazalete verde en el brazo y una palabra que atraviesa todo: esperanza.

    Porque la Jornada 18 de la Liga F Moeve no es una jornada cualquiera. Es una jornada teñida de verde, un color que no pertenece a ningún escudo pero que representa a todas. Las futbolistas, los cuerpos técnicos y las árbitras portarán los Brazaletes de Esperanza bajo el lema “El símbolo que nos une”, un gesto que trasciende lo deportivo y convierte cada carrera, cada duelo y cada celebración en un acto de visibilidad, de acompañamiento, de conciencia colectiva. En un deporte que ha aprendido a ser altavoz, la Liga F vuelve a recordarse —y recordarnos— que el fútbol también puede abrazar.

    Y en ese contexto, con ese marco emocional que envuelve el fin de semana, aparece un duelo rojiblanco que parece escrito para el relato largo. Atlético de Madrid contra Granada C.F.

    Dos equipos que visten de rojo y blanco, dos caminos que se cruzaron la temporada pasada en la lucha por la Champions, dos estados de ánimo opuestos y, sin embargo, complementarios. Uno, buscando reencontrarse consigo mismo. El otro, cabalgando un inicio de año que ha borrado los fantasmas del otoño.

    El Atlético de Madrid llega a la cita en la quinta posición de la Liga F Moeve con 27 puntos, a diez de la zona Champions, una distancia que no es solo numérica, sino también simbólica. Diez puntos son diez latidos de diferencia entre el recuerdo de lo que este equipo fue y la incógnita de lo que puede volver a ser.

    La derrota en la semifinal de la Supercopa de España ante el Real Madrid (3-1) dejó cicatriz. El inesperado tropiezo en casa frente al Espanyol (0-1) profundizó la herida. Y, como consecuencia, el club decidió mover el timón con la salida de Víctor Martín Alba, ex del Madrid CFF.
    José Herrera se estrena en el banquillo colchonero. Lo hace sin red, sin tiempo y sin margen para el ensayo. Lo hace sabiendo que cada decisión será observada con lupa, que cada cambio será leído como un manifiesto y que cada victoria —o cada tropiezo— será interpretado como una pista del futuro. Herrera, ex preparador del Costa Adeje Tenerife Egatesa, aterriza en uno de los banquillos con más peso simbólico del fútbol femenino español, el del campeón de la Supercopa de España 2021, un club que no concibe la irrelevancia y que convive mal con la espera.

    No podrá contar con Gio Queiroz, baja sensible en el frente ofensivo, pero sí podría empezar a escribir la historia de Kathrine Møller Kühl, la centrocampista danesa que asoma como una de esas futbolistas llamadas a ordenar el caos, a poner pausa donde hubo prisa y a darle sentido a la posesión.
    Sus primeros minutos con la camiseta rojiblanca podrían llegar en un partido que exige cabeza fría y piernas calientes.
    Enfrente, el Granada es el equipo que ha hecho del cambio de año una declaración de intenciones. El equipo que se marchó al parón navideño herido, eliminado de la Copa de la Reina por la mínima ante el FC Badalona Women y con una sola victoria en sus últimos diez partidos ligueros. El equipo que necesitaba resetear y lo hizo. Año nuevo, vida nueva. No como lema vacío, sino como convicción.
    Las de Irene Ferreras han arrancado 2026 como un tiro. Tres partidos, tres victorias, cero goles encajados. Espanyol (0-2), DUX Logroño (1-0), Alhama CF ElPozo (2-0). Nombres distintos, contextos distintos, mismo resultado.

    El Granada es, junto al Fútbol Club Barcelona , el único equipo que ha ganado todos sus partidos de Liga F Moeve en este nuevo año. Pero, a diferencia del gigante azulgrana, las nazaríes lo han hecho desde la contención, desde el orden, desde una solidez que no siempre se refleja en titulares ruidosos, pero que construye equipos duraderos.
    Chika Hirao y Laura Sánchez han levantado un muro invisible en la portería. Dos guardametas, dos estilos, una misma consecuencia: el cerrojo echado. Cinco paradas en dos partidos para Laura. Seguridad quirúrgica para Chika. El Granada no solo gana, sino que convence desde atrás hacia delante. Y eso, en una liga cada vez más exigente, es una señal inequívoca de crecimiento.
    Con esos nueve puntos, el conjunto nazarí ha escalado hasta la décima posición con 22 puntos, dieciséis por encima del descenso. Una tranquilidad que permite mirar al futuro con ambición y al presente con descaro. Porque lo que busca el Granada en Alcalá de Henares no es sobrevivir.
    Es hacer historia. Una cuarta victoria consecutiva en Primera División sería un récord para el club. Un golpe sobre la mesa. Una confirmación de que lo de enero no es casualidad, sino causalidad.
    “Tenemos la ilusión de tener un partido muy bonito y exigente por delante”, afirmó Irene Ferreras en la previa. La frase, medida y serena, esconde la determinación de quien sabe que su equipo llega en el mejor momento emocional de la temporada. Todas las jugadoras estarán disponibles. No hay excusas. No hay parches. Hay once futbolistas dispuestas a competir de tú a tú contra un gigante herido.
    Los precedentes, sin embargo, sonríen al Atlético. Ocho victorias, un empate y una sola derrota en los diez enfrentamientos de élite entre ambos conjuntos.
    A comienzos de curso, las colchoneras se impusieron con contundencia en la primera vuelta (0-4), con doblete de Fiamma Benítez y goles de Vilde Bøe Risa y Synne Jensen.
    También se cruzaron el año pasado en las semifinales de la Copa de la Reina, donde el Atlético se llevó el pase con un global de 5-2 tras ganar 0-2 y 3-2. Y en aquella Liga F Moeve, ambos equipos caminaron juntos durante meses en la pelea por la tercera plaza que daba acceso a la Champions, una batalla que finalmente cayó del lado madrileño, dejando al Granada quinto, solo por detrás del Athletic Club.

    Pero el fútbol vive poco del ayer y mucho del ahora. Y el ahora dice que el Atlético necesita ganar. Necesita volver a reconocerse. Necesita dejar atrás una racha que le ha hecho olvidar la sensación de victoria, una sensación que no experimenta en partido oficial desde el 20 de noviembre de 2025, cuando asaltó Enschede para vencer al Twente en la Liga de Campeones. Desde entonces, el tiempo se ha vuelto espeso en Alcalá.
    Por eso, este partido es más que tres puntos. Es el inicio de una narrativa. Es la primera página del libro de José Herrera.
    Es el momento de abrir el sobre, como en esos cromos de la Liga F Moeve 2025-2026 que ahora están de moda, y descubrir si dentro hay una victoria, una señal, una promesa.
    El CTA de la RFEF ha designado a la colegiada catalana Ylenia Sánchez Miguel para impartir justicia. Una árbitra que tendrá que gestionar no solo un partido intenso, sino un duelo cargado de emociones, con dos equipos que saben competir y que no regalan ni un centímetro.

    Mientras tanto, en la clasificación, el Atlético es cuarto —o quinto, dependiendo del arrastre de la jornada— con 27 puntos y mira de reojo a la Real Sociedad, tercera, y al Costa Adeje Tenerife, cuarto, sabiendo que el margen es mínimo y el error

    El Granada, décimo, juega con la libertad de quien ya ha hecho los deberes, pero no se conforma con el aprobado.
    Y así, con el verde de la esperanza en el brazo, con el rojo y blanco en el pecho y con enero pidiendo relatos nuevos, Atlético de Madrid y Granada CF se preparan para un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí verdad. Un partido que no se grita antes de jugarse, pero que se recuerda si se gana. Un partido que empieza a las 12:00 horario peninsular, pero que puede marcar todo un año.
    Porque hay mañanas en las que el fútbol no se juega para ganar. Se juega para volver a creer.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los onces |

    🔜 NEXT GAME

    LigaFMoeve | #AtletiGranada


    🏆 Liga F Moeve


    😍 Temporada 2025-2026


    🤝 Decimoctava jornada


    🔥 Club Atlético de Madrid 🆚 Granada Club de Fútbol 🔥


    🗓️ Sábado, 31 de enero de 2026


    ⏰ 12:00 horario peninsular


    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)


    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares Madrid

    El Atlético de Madrid saltó al césped frente al Granada con el primer once diseñado por José Herrera desde su llegada al banquillo rojiblanco, una alineación que ya dejó entrever sus primeras intenciones: Gallardo, capitana y guardiana de la portería; Medina, Lauren Leal, Menayo y S. Lloris en la línea defensiva; Bøe Risa, J. Bartel y Fiamma como eje del centro del campo; y Jensen, Amaiaur y Luany formando el tridente ofensivo.

    El Granada, por su parte, respondió en Alcalá de Henares con un once reconocible y jerárquico, liderado por Laura S. bajo palos; Blanca, Jujuba, Alba P. y Clara en la línea defensiva; A. Mingueza, Leles y L. Pérez en la sala de máquinas; y Lauri, capitana y referencia creativa, acompañada en ataque por A. Gómez y Sonya Keeffe

    El debut de José Herrera, ex del Club Deportivo Tenerife en el banquillo del Atlético de Madrid siembra esperanza en las filas del bicampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, pues al ex preparador del representativo canario solo le faltó una pequeña dosis de fortuna, Amaiur Sarriegui en un par de ocasiones y la debutante Møller Kühl, se toparon con el poste y no pudieron darle la victoria a las madrileñas frente a un buen Granada Club de Fútbol.

    El encuentro se encendió desde el pitido inicial. El conjunto rojiblanco avisó en repetidas ocasiones hasta que encontró recompensa: tras un disparo al travesaño que agitó el ambiente, Synne Jensen firmó el 10 en el minuto 11 para abrir la lata antes del primer cuarto de hora.

    Con justicia el tres veces campeón de la Liga F Moeve se ponía en ventaja ante un Granada que está atravesando un buen momento de forma y a pesar de vestir de gris, su segunda equipación, no quería que la mañana acabase con esa tonalidad en su desplazamiento a la capital española.

    Lejos de acusar el golpe, el Granada respondió con carácter. Elevó su intensidad en los duelos, buscó el peligro a balón parado y llevó el choque a un terreno más trabado, con faltas reiteradas y tarjetas que evidenciaban la tensión sobre el césped.

    Mientras tanto, el Atleti insistía por fuera, cargando el área con centros laterales y segundas jugadas, aunque se encontró con una zaga cada vez más sólida.

    La resistencia de las andaluzas terminó transformándose en premio en el minuto 32, cuando Andrea Gómez apareció con olfato en zona de remate para equilibrar el marcador por culpa de una gran asistencia de Laura Pérez y con el 11 en electrónico tocaba empezar desde cero.

    Estaba claro que las que buscaban el segundo gol era el Atlético de Madrid, sin suerte, pero con iniciativa y otra cara respecto a los últimos encuentros de la era Viti, ya sabemos que un vestuario el cambio de técnico, por mucho que el ex del Madrid CFF no fuese culpable de todos los males, suele activar a una plantilla.

    El tiempo transcurrió muy rápido en un duelo electrizante casi por definición y las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con las tablas en el electrónico que lo dejaba todo pendiente de resolución en Alcalá de Henares.

    El Atlético volvió a encontrar la conexión Jensen-Amaiur en el arranque del segundo acto, pero la excelsa asistencia de la finlandesa en forma de vaselina que terminó con un disparo de la dorsal número veinte volviendo a ser expulsado de manera violenta por la cruceta para desesperación del respetable que se congregó en masa en las gradas, fueron Milicento ochenta y seis los espectadores que vibraron con el choque.

    El Granada, que buscaba hacer bueno el empate. Poco a poco, las colchoneras fueron acelerando y acercándose al tanto, que, por el momento, se les resistía. Buen comienzo de segunda mitad, pero las de Herrera necesitaban más para marcar.

    El paso hacia delante del Atlético quedó patente, por lo que, a tenor de lo que se estaba viendo, el segundo gol no iba a tardar en llegar. La insistencia de las colchoneras era más que evidente, para alegría de su afición, que esperaba que las suyas pudieran mejorar. El choque, con el paso de los minutos, se convirtió en un auténtico asedio por parte del conjunto de la capital, que estaba mereciéndose volver a ponerse por delante de manera palpable.

    Avanzaban los minutos y el Atlético se mostraba muy superior al Granada, que era consciente de que iba a sufrir sobremanera. Kühl, el nuevo fichaje, debutó a lo grande, estrellando el balón en el palo, rozando el dos a uno que hubiera sido más que merecido, pero la fortuna no estuvo del lado del segundo fichaje invernal del Atlético de Madrid, era inaudito debió pensar Herrera desde el banquillo, mientras Irene Ferreras esbozó una mueca de alivio.

    El conjunto rojiblanco, consciente de que el empate no satisfacía sus aspiraciones ni su ambición competitiva, asumió el riesgo inherente a quien se sabe obligado a ir un paso más allá.

    No había margen para la especulación ni espacio para la duda. Las futbolistas de José Herrera, firmes en la idea transmitida desde el banquillo y convencidas del camino elegido, se volcaron definitivamente sobre el campo contrario, instalando su campamento base en las inmediaciones del área del Granada y convirtiendo cada posesión en un nuevo intento de asalto. El balón circulaba con insistencia, de un costado al otro, buscando grietas, esperando ese desajuste mínimo que permitiera transformar la presión en ventaja real.

    Sin embargo, el fútbol rara vez concede soluciones sencillas cuando el reloj aprieta. El Granada, fiel a su plan y plenamente consciente de lo que estaba en juego, se replegaba con orden, disciplina y una concentración casi quirúrgica. Cada línea se movía en bloque, cada basculación estaba medida, cada despeje era celebrado como un pequeño triunfo dentro de una batalla mayor. Las visitantes habían encontrado en la resistencia su principal arma y estaban dispuestas a exprimirla hasta el último segundo. No se trataba únicamente de defender un resultado, sino de sostener una idea, de resistir emocionalmente ante el empuje de un rival que no dejaba de insistir.

    El Atlético empujaba, sí, pero lo hacía sin perder de vista su propio equilibrio. En ese tramo del encuentro, donde el corazón pide atacar con todo y la cabeza exige no cometer errores irreparables, las rojiblancas se movían sobre una fina línea que separa la valentía de la imprudencia. Las centrales mantenían una vigilancia constante sobre cualquier intento de transición, el centro del campo ajustaba posiciones para evitar pérdidas peligrosas y la portería propia permanecía como una referencia silenciosa, recordatorio permanente de que un descuido podía echar por tierra todo el esfuerzo acumulado.

    A medida que los minutos se consumían, el ambiente se cargaba de una tensión casi palpable. Cada balón colgado al área levantaba a la grada, cada disparo bloqueado provocaba un murmullo colectivo, cada decisión arbitral era examinada con lupa desde las tribunas. El público, consciente de estar asistiendo a un desenlace abierto, acompañaba a su equipo con una mezcla de aliento y nerviosismo, empujando desde fuera en busca de ese empujón final que decantara la balanza.

    El estadio se convertía así en un actor más del partido, amplificando sensaciones y multiplicando emociones.

    Las colchoneras no dejaban de intentarlo. Una y otra vez, con insistencia casi obsesiva, volvían a cargar el área rival, probando desde la frontal, buscando centros laterales, intentando combinaciones rápidas en espacios cada vez más reducidos. Había momentos en los que el juego se volvía espeso, trabado, producto de la acumulación de piernas y de la fatiga propia de un esfuerzo sostenido. Pero incluso en esos instantes, el Atlético encontraba la manera de volver a levantarse, de sacudirse la frustración y de reanudar el asedio con renovada determinación.

    El Granada, por su parte, empezaba a sentir el desgaste físico y mental que conlleva defender durante tantos minutos consecutivos. Cada despeje iba un poco más corto, cada salida con balón requería un esfuerzo adicional, cada pausa era aprovechada para ganar segundos preciosos. La portera se tomaba su tiempo, las faltas se sacaban con parsimonia y cualquier interrupción era recibida como una oportunidad para respirar. No era una cuestión de falta de ambición, sino de supervivencia competitiva, de entender el contexto y actuar en consecuencia.

    En el banquillo rojiblanco, José Herrera observaba la escena con atención milimétrica. Era su primer once desde su llegada al club, su primera gran prueba en un contexto real de exigencia, y cada decisión adquiría una relevancia especial. Desde la banda, no dejaba de dar indicaciones, de ajustar movimientos, de animar a las suyas a mantener la fe incluso cuando el cansancio comenzaba a hacer mella. Sabía que, en partidos como este, el desenlace no siempre responde a la lógica del dominio, sino a la capacidad de insistir sin perder la claridad.

    El tiempo seguía su curso implacable. El tramo final ya no era una amenaza futura, sino una realidad presente. Los últimos quince minutos se vivían con la intensidad de una prórroga anticipada, donde cada acción podía ser la última oportunidad. El Atlético, empujado por la necesidad, elevaba aún más su línea de presión, recuperaba balones en campo rival y encerraba al Granada en su propio tercio. Las visitantes resistían como podían, aferradas a un orden defensivo que se tensaba al límite, conscientes de que cualquier fallo podía resultar definitivo.

    En ese contexto, el coraje se convirtió en el principal motor de las rojiblancas. Más allá de esquemas, ajustes tácticos o nombres propios, el equipo apelaba a una energía colectiva que trascendía lo puramente futbolístico. Era una cuestión de orgullo, de identidad, de no resignarse ante la posibilidad de dejar escapar dos puntos en casa. Cada carrera al espacio, cada choque ganado, cada balón dividido disputado con determinación alimentaba la sensación de que el gol podía llegar en cualquier momento.

    Pero el fútbol, caprichoso y cruel en ocasiones, se resistía a ofrecer esa recompensa inmediata. El Granada seguía cumpliendo su objetivo, frustrando una y otra vez los intentos locales, despejando balones imposibles y encontrando en la solidaridad defensiva su mejor aliada. Las colchoneras, lejos de bajar los brazos, redoblaban esfuerzos, conscientes de que la perseverancia es, muchas veces, la antesala del éxito.

    Los minutos finales se convirtieron en una sucesión de ataques rojiblancos y defensas granadinistas, en un pulso constante entre el deseo de ganar y la voluntad de resistir. El balón parecía no querer entrar, los rebotes caían siempre del lado menos favorable y la sensación de que el tiempo se escurría entre los dedos se hacía cada vez más intensa. Aun así, el Atlético seguía creyendo, seguía empujando, seguía intentándolo con una mezcla de fe y determinación que definía su espíritu competitivo.

    En esa desesperación contenida, en ese intento constante por cambiar el signo del partido, las rojiblancas encontraron una forma de reafirmarse a sí mismas. Incluso si el marcador no terminaba reflejando su dominio, el mensaje era claro: este equipo no se rinde, no negocia el esfuerzo y no acepta el empate como un destino inevitable sin antes haberlo dado todo. El coraje y el corazón, tantas veces invocados en el lenguaje futbolístico, se materializaban sobre el césped en forma de carreras finales, de presiones asfixiantes y de una fe inquebrantable hasta el último segundo.

    Así, el partido se fue apagando lentamente, no por falta de intensidad, sino por la tiranía del reloj.

    El Atlético había empujado hasta el límite de sus fuerzas, el Granada había resistido con todo lo que tenía, y el desenlace quedaba marcado por ese equilibrio tenso que define a los encuentros cerrados. Más allá del resultado, el tramo final dejó una imagen clara: la de unas colchoneras que, incluso cuando el tiempo parecía agotarse, siguieron creyendo, insistiendo y luchando, fieles a una identidad construida a base de carácter y entrega.

    La segunda mitad cambió todo, las rojiblancas bajaron una marcha, no sabían como hacer daño y el Granada, a lo suyo, perdiendo tiempo, sin ocasiones y encerradas atrás, pero las andaluzas supieron resistir con un ápice de heroicidad que evitó que las de José Herrera pudieran ajusticiar a la guardameta visitante antes del pitido final en el minuto noventa y cinco.

    El Atlético de Madrid ha experimentado una mejora evidente tras el desembarco de José Herrera en el banquillo y no se llevaron el triunfo casi por accidente.

    Este reparto de puntos, que deja a las locales con mal sabor de boca antes de medirse entre semana al Athletic Club en los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola y se mantiene quinto en la tabla clasificatoria amén de sus 28 unidades, habiendo sacado rédito de la victoria del Levante Unión Deportiva en Orriols ante el Madrid CFF de Sánchez Vera (2-1) y está a nueve guarismos de alcanzar a la Real Sociedad de Fútbol que visita al Tenerife en el Heliodoro.

    Este trabajado que sirve a las granadinas para seguir invictas en este año 2026 y sumar su cuarto partido consecutivo sin perder para ubicarse en la décima plaza antes de visitar a la Sociedad Deportiva Eibar en Ipurúa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Atlético de Madrid: Lola; Lloris, Lauren, Menayo (Pérez, 82’), Andrea; Bartel (Khöller, 58’); Boe Risa (Natalia, 82’), Fiamma; Luany, Sarriegi (Sheila, 74’) y Jensen (Chinchilla, 82’).

    Granada Club de Fútbol: Laura Sánchez; Clara, Alba Pérez, Jujuba, Blanca, Laura Pérez; Ari Mingueza (Miku, 87′), Lauri, Leles; Andrea Gómez (Success, 83′) y Sonya Keefe.

    Árbitra: Amonestó a Lauri, Jujuba, Sonya Keefe y Success con tarjeta amarilla.

    Incidencias: Partido correspondiente a la decimoctava jornada de la Liga F, disputado en la Ciudad Deportiva Cívitas Alcalá de Henares sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    1-0 Synne Jensen 12’ ⚽️

    1-1 Andrea Gómez 33’ ⚽️

    Vídeo:

  • La crónica | El Levante U.D. hunde al Madrid CFF en busca de la permanencia

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ El cuadro granota completa la remontada gracias a un golazo de Érika González para doblegar por 2-1 a las de Fuenlabrada.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El sábado 31 de enero, a las doce del mediodía, cuando el invierno todavía aprieta y la Liga F Moeve entra en ese punto de la temporada donde ya no existen partidos neutros ni jornadas de transición, el fútbol femenino español se detendrá en Valencia para mirar de frente a un duelo cargado de urgencias, matices y significados. En el Ciutat de València, bajo la retransmisión de DAZN, Levante UD y Madrid CFF se enfrentarán en un partido que va mucho más allá de los tres puntos, un encuentro donde cada acción tendrá peso clasificatorio, emocional y narrativo. No es un partido cualquiera: es uno de esos choques que definen estados de ánimo, que marcan trayectorias y que, con el paso de las semanas, acaban siendo recordados como momentos de inflexión.

    Porque hay partidos que se juegan desde el balón y otros que se juegan desde el contexto. Y este pertenece claramente a la segunda categoría.

    El Levante UD llega a la cita desde la zona más incómoda de la tabla, desde ese lugar donde el calendario ya no es un aliado y donde cada jornada se convierte en una cuenta atrás. Colista de la Liga F Moeve con cinco puntos, el conjunto granota se encuentra a cuatro de la salvación, una distancia que todavía es remontable, pero que empieza a exigir respuestas inmediatas. No hay margen para seguir aplazando la reacción. No hay espacio para discursos de largo plazo cuando el presente aprieta con tanta fuerza. El Levante juega en casa, sí, pero juega sobre todo contra el tiempo, contra la clasificación y contra la sensación de que cada partido que se escapa pesa el doble.

    El último precedente no ayuda a aliviar esa carga. La derrota ante el Sevilla FC por 4-2 dejó al descubierto muchas de las heridas que arrastra el equipo valenciano esta temporada: fragilidad defensiva en momentos clave, dificultades para sostener el esfuerzo durante los noventa minutos y una sensación persistente de que, incluso cuando compite, siempre acaba pagando demasiado caro cada error. No fue un partido sin respuesta ni sin intención, pero volvió a confirmar que al Levante le está costando transformar el esfuerzo en puntos, y eso, en una liga tan exigente como la actual, es una condena silenciosa.

    Sin embargo, este Levante no es un equipo resignado. Ni mucho menos. El mercado de fichajes de invierno ha sido una declaración de intenciones en sí misma, una manera de decir que el club no acepta el destino como algo inevitable. La llegada de Ariana Arias refuerza esa idea de reacción, de intentar encontrar soluciones nuevas a problemas persistentes. No es solo un refuerzo deportivo; es un mensaje al vestuario, a la afición y a la competición: el Levante quiere pelear, quiere creer, quiere mantenerse con vida.

    Al mismo tiempo, las salidas de Pierina Núñez y Sintia Cabezas reflejan la crudeza del momento. En situaciones límite, los proyectos se ajustan, los planes se redefinen y las plantillas se transforman en busca de un equilibrio que permita sobrevivir. El Levante está en ese punto exacto de la temporada donde cada decisión pesa, donde cada movimiento se analiza no por lo que representa a largo plazo, sino por lo que puede aportar de inmediato. El sábado no se juega solo un partido: se pone a prueba la validez de ese reajuste, la capacidad del equipo para convertir los cambios en una respuesta competitiva real.

    Frente a ese escenario de urgencia aparece el Madrid CFF, un equipo que vive una realidad muy distinta, pero no exenta de tensión. Séptimo clasificado con 26 puntos, el conjunto madrileño se mueve en esa tierra intermedia de la tabla donde el peligro no es la caída, sino la desconexión. A once puntos de los puestos de Champions, el Madrid CFF sabe que el margen para soñar con cotas mayores es reducido, pero también es consciente de que la temporada no puede permitirse una deriva irregular. Cada partido es una oportunidad para reafirmarse, para sostener una identidad competitiva y para evitar que la zona cómoda se convierta en una trampa de conformismo.

    La derrota ante el FC Badalona Women por 0-1 en la última jornada fue un golpe inesperado. No tanto por el resultado en sí, sino por la sensación de freno que dejó. El Madrid CFF venía construyendo una dinámica sólida, apoyada en la regularidad y en un modelo reconocible, y ese tropiezo obligó a revisar certezas. En un campeonato tan apretado, perder implica algo más que ceder puntos: supone abrir interrogantes, reactivar dudas y enfrentarse a la necesidad de responder de inmediato.

    Además, aquel partido estuvo condicionado por una ausencia importante: Bárbara López no pudo estar disponible, y su baja se dejó sentir. No solo por lo que aporta en términos futbolísticos, sino por el peso que tiene dentro del equipo. A eso se sumó la ausencia de Sandra Villafañe, sancionada por acumulación de tarjetas amarillas. Dos nombres propios que alteraron el equilibrio habitual del once y que contextualizan, al menos en parte, el resultado final.

    Pero el fútbol siempre concede segundas oportunidades, y el duelo ante el Levante se presenta como una de ellas. Sandra Villafañe volverá a estar disponible tras cumplir sanción, un regreso que refuerza al equipo tanto en lo deportivo como en lo emocional. En partidos de este tipo, donde el rival se juega la vida y el entorno aprieta, la experiencia y la capacidad para manejar los tiempos se convierten en activos fundamentales.

    El choque, por tanto, se dibuja como un enfrentamiento de necesidades distintas pero igualmente intensas. El Levante necesita puntos para sobrevivir. El Madrid CFF necesita ganar para reafirmarse. Uno pelea contra el descenso; el otro, contra la irregularidad y el riesgo de estancamiento. Ambos llegan heridos por la última jornada. Ambos saben que perder sería algo más que una derrota.

    Y todo ello se producirá a las doce del mediodía, en ese horario tan característico de la Liga F Moeve, donde el fútbol se mezcla con la luz fría del invierno y donde los partidos adquieren un tono casi crudo, sin artificios. No habrá excusas, no habrá margen para esconderse. Solo noventa minutos para exponer argumentos, carácter y ambición.

    Este Levante–Madrid CFF no es un duelo de extremos, pero sí es un partido de alta carga emocional. Un encuentro donde cada balón dividido tendrá un significado distinto según el color de la camiseta. Donde cada ocasión fallada pesará como una losa. Donde cada gesto, cada mirada al banquillo, cada aplauso desde la grada contará una historia paralela.

    Porque cuando enero avanza y la temporada entra en su fase decisiva, el fútbol deja de ser solo un juego. Se convierte en un espejo de las urgencias, de las aspiraciones y de la capacidad de resistir. Y el sábado, en Valencia, Levante UD y Madrid CFF se mirarán de frente sabiendo que, pase lo que pase, nada será exactamente igual después.

    la primera capa de este Levante UD–Madrid CFF se explica desde la urgencia y el contexto clasificatorio, la segunda se despliega sobre un terreno menos evidente, pero igual de decisivo: el tablero táctico y emocional sobre el que se jugará el partido. Porque no todos los equipos compiten igual cuando están contra las cuerdas, ni todos saben gestionar de la misma manera la obligación de ganar. Y en este duelo concreto, esa diferencia puede marcar el rumbo de los noventa minutos.

    El Levante UD llega a este encuentro con la necesidad de alterar el guion habitual. No puede permitirse un partido plano, ni una gestión conservadora del resultado. Cinco puntos en el casillero y la condición de colista no admiten medias tintas: el equipo granota necesita sumar, pero sobre todo necesita sentirse competitivo, reconocerse a sí mismo como un bloque capaz de sostener el esfuerzo durante todo el encuentro. Esa es, quizás, la gran asignatura pendiente de la temporada.

    En los partidos anteriores, el Levante ha mostrado fases de buen fútbol, momentos donde ha sido capaz de discutirle el balón a rivales de entidad y de generar peligro real en campo contrario. El problema ha llegado casi siempre después, cuando el partido se alarga, cuando el rival ajusta y cuando el margen de error se reduce a la mínima expresión. Ahí, en ese territorio intermedio entre la intención y la eficacia, es donde el Levante ha perdido demasiados puntos.

    Ante el Madrid CFF, el plan no puede limitarse a resistir ni a esperar acontecimientos. Jugar en casa obliga, aunque el contexto apriete, a asumir cierta iniciativa. La incorporación de Ariana Arias abre una vía nueva en ese sentido: más presencia, más alternativas, más capacidad para sostener ataques largos y no depender exclusivamente de acciones aisladas. No se trata solo de lo que pueda aportar en términos técnicos, sino de cómo su presencia puede modificar el comportamiento colectivo del equipo, ofreciendo una referencia distinta y obligando al rival a reajustar su planteamiento.

    Defensivamente, el Levante sabe que no puede conceder espacios con facilidad. El Madrid CFF es un equipo cómodo cuando encuentra ritmo, cuando puede alternar posesiones largas con transiciones rápidas y cuando detecta debilidades estructurales en el rival. Por eso, el equilibrio será clave. Replegar demasiado pronto puede significar renunciar al partido; adelantar líneas sin respaldo puede ser una invitación al castigo. El término medio, ese equilibrio tan difícil de encontrar en situaciones límite, será uno de los grandes desafíos para el conjunto granota.

    Enfrente, el Madrid CFF llega con una identidad más asentada, pero también con la obligación de demostrar madurez competitiva. Séptimo en la tabla, lejos tanto del descenso como de los puestos de Champions, el equipo madrileño se mueve en un escenario donde la tentación de la comodidad siempre acecha. Y sin embargo, partidos como este exigen exactamente lo contrario: concentración máxima, lectura del contexto y capacidad para golpear en los momentos adecuados.

    La derrota ante el FC Badalona Women dejó una enseñanza clara: ningún partido está ganado de antemano, y cualquier desconexión se paga. En aquel encuentro, el Madrid CFF tuvo fases de control, pero le faltó contundencia, precisión en los últimos metros y, sobre todo, una respuesta emocional cuando el marcador se puso cuesta arriba. Esa experiencia reciente actúa ahora como advertencia. El equipo sabe que el Levante, pese a su posición en la tabla, no es un rival al que se pueda subestimar.

    El regreso de Sandra Villafañe añade un matiz importante. No solo por su aportación futbolística, sino por lo que representa en términos de orden y jerarquía. En un partido que puede volverse incómodo, trabado, incluso áspero por momentos, disponer de jugadoras capaces de leer el ritmo del encuentro y de enfriar o acelerar según convenga es un valor diferencial. El Madrid CFF necesitará esa pausa, esa capacidad para no dejarse arrastrar por la ansiedad local ni por la urgencia del rival.

    Desde el punto de vista táctico, el partido apunta a un duelo de ritmos. El Levante intentará imprimir intensidad, aprovechar el factor campo y convertir cada acción en una pequeña batalla. El Madrid CFF, por su parte, buscará gestionar, hacer daño cuando tenga espacio y obligar a las locales a tomar decisiones incómodas. Si el marcador se mantiene igualado durante muchos minutos, la presión psicológica puede empezar a jugar un papel determinante, especialmente para un Levante que sabe que el empate puede no ser suficiente.

    Y ahí entra en juego otro elemento clave: el estado emocional de los equipos. El Levante juega con la carga de saberse en una situación límite, pero también con la energía que generan este tipo de partidos, donde todo está en juego y donde una victoria puede cambiarlo todo. El Madrid CFF juega con menos presión clasificatoria, pero con la exigencia interna de no fallar, de no dejar escapar puntos ante un rival directo por la zona media-baja.

    Cada falta, cada saque de esquina, cada decisión arbitral puede amplificar esas emociones. El Ciutat de València, consciente de la importancia del momento, empujará a las suyas, reclamará, presionará. El Madrid CFF deberá convivir con ese ambiente, abstraerse y convertirlo, si es posible, en un factor neutro. No todos los equipos saben hacerlo. No todos los partidos lo permiten.

    A medida que avance el encuentro, el desarrollo estará inevitablemente condicionado por el marcador. Si el Levante se adelanta, el partido puede convertirse en una prueba de resistencia, en un ejercicio de defensa del resultado y de gestión del miedo a perder lo ganado. Si es el Madrid CFF quien golpea primero, el escenario cambiará por completo: las locales se verán obligadas a asumir riesgos mayores, a abrirse, a exponerse, y ahí el partido puede romperse en cualquiera de los dos sentidos.

    En ese posible desorden final, la claridad mental será tan importante como las piernas. La Liga F Moeve se ha caracterizado esta temporada por su competitividad y por la cantidad de partidos que se deciden en detalles mínimos. Este apunta a ser uno de ellos. No habrá grandes diferencias en cuanto a talento individual sobre el césped; lo que marcará la diferencia será la capacidad de cada equipo para interpretar el momento exacto del partido y actuar en consecuencia.

    Porque, al final, este Levante–Madrid CFF no se resolverá solo por quién tenga más posesión o más ocasiones, sino por quién sepa leer mejor el miedo, la urgencia y la esperanza que flotarán en el ambiente. El Levante juega por sobrevivir. El Madrid CFF, por reafirmarse. Y cuando esas dos fuerzas chocan, el resultado nunca es previsible.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve

    🔷 Temporada 2025–2026

    ✨ 18ª jornada ✨

    🔥 Levante U.D. 🆚 Madrid CFF 🔥

    📅 Sábado 31 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Ciudad Deportiva de Buñol, Orriols

    Los onces |

    La jornada decimoctava de la Liga F Moeve quedó grabada como una de esas fechas que trascienden el resultado y el marcador, una de esas jornadas en las que el fútbol se convierte en altavoz y conciencia colectiva antes incluso de que el balón empiece a rodar. Porque antes de cualquier presión alta, de cualquier centro lateral o de cualquier remate al área, el césped fue escenario de un gesto que unió a toda la competición en un mismo latido. Jugadoras, cuerpos técnicos y árbitras, sin distinción de colores ni escudos, portaron los Brazaletes de la Esperanza, una iniciativa impulsada por la Asociación Española Contra el Cáncer junto a la organización de la Liga F para conmemorar el Día Mundial contra el Cáncer. Un símbolo discreto pero poderoso, una declaración silenciosa que recordó que hay batallas que se libran lejos de los focos, que hay millones de personas que conviven cada día con la enfermedad y que el fútbol, cuando quiere, puede ser mucho más que un juego.

    Con ese telón de fondo, cargado de emoción y significado, el balón echó a rodar en Orriols y el partido comenzó a escribir su propia historia. El Madrid CFF no tardó en mostrar sus intenciones. Desde el primer minuto, el conjunto visitante apostó por un planteamiento valiente, directo, sin complejos.

    Presión adelantada, líneas juntas y una idea clara: incomodar al Levante desde el inicio, obligarlo a jugar lejos de la portería rival y marcar el ritmo del encuentro. Las de Sánchez Vera salieron decididas a golpear primero, conscientes de que un arranque fuerte podía condicionar el desarrollo del duelo.

    Las primeras llegadas llevaron sello madrileño. Disparos lejanos, centros laterales y acciones rápidas por banda obligaron a la defensa granota a trabajar con intensidad desde muy temprano. El Levante, empujado por su gente y por la necesidad clasificatoria, trataba de asentarse a través de posesiones más largas, buscando que el balón pasara por el centro del campo antes de lanzarse al ataque. Sin embargo, durante muchos minutos, fueron las jugadoras del Madrid CFF las que parecieron sentirse más cómodas en ese intercambio de golpes, manejando mejor los tiempos y encontrando espacios con mayor facilidad.

    El premio a esa insistencia no tardó en llegar. Corría el minuto 21 cuando una jugada bien construida por el costado derecho terminó rompiendo el equilibrio. Alba Ruiz filtró un balón preciso al área y Anita Marcos, atacando el espacio con determinación, resolvió la acción con un remate eficaz que batió a la guardameta local y puso el 0-1 en el marcador.

    Un gol que adelantaba al conjunto madrileño y que parecía confirmar el buen arranque visitante. La celebración tuvo un significado especial: la canterana del Atlético de Madrid festejó el tanto poniéndose unas gafas imaginarias, el gesto con el que suele dedicar sus goles a sus padres, una imagen cargada de simbolismo en una jornada tan marcada por lo emocional.

    Lejos de descomponerse, el Levante reaccionó. Poco a poco, el equipo local comenzó a ganar presencia en campo contrario, a creérselo, a empujar con mayor continuidad. Las combinaciones por banda y los centros al área empezaron a generar peligro, especialmente gracias a la movilidad de sus delanteras y a la llegada de las segundas líneas. Ana Franco y Alharilla Casado dispusieron de oportunidades claras para igualar el marcador, pero el acierto no acompañó. El Levante crecía en posesión y en sensaciones, mientras el Madrid CFF se replegaba con orden, dispuesto a resistir y a buscar salidas rápidas al contragolpe.

    La primera mitad avanzó con ese pulso constante entre la iniciativa local y la solidez visitante. Antes del descanso, el partido se estabilizó. El Levante empujaba, el Madrid defendía con disciplina y cerraba bien los espacios interiores. El marcador no se movió y las madrileñas se marcharon a vestuarios con una ventaja mínima que reflejaba un primer acto equilibrado, intenso y cargado de matices.

    Las veintidós protagonistas enfilaron el túnel de vestuarios sabiendo que lo exiguo del resultado dotaba de una emoción especial al segundo y definitivo acto. En ese momento, además, el contexto clasificatorio añadía un matiz más al encuentro: el empate provisional que el Atlético de Madrid estaba cosechando en Alcalá de Henares ante el Granada estaba otorgando, de manera momentánea, la quinta plaza al Madrid CFF. Un escenario favorable que, sin embargo, estaba lejos de ser definitivo. El fútbol aún tenía preparado un giro de guion.

    Tras el paso por vestuarios, el Levante dio un paso al frente. El equipo salió con una actitud más agresiva, decidido a imponer ritmo y a instalarse definitivamente en campo rival. Los ajustes realizados reforzaron el centro del campo y aportaron mayor profundidad por las bandas, lo que se tradujo en más llegadas al área y en una presión constante sobre la salida de balón del Madrid CFF. El mensaje era claro: había que ir a por el partido.

    El empate no tardó en llegar y lo hizo en una acción que simbolizó esa determinación local. Un saque de esquina bien ejecutado encontró a Eva Alonso, que ganó la posición y cabeceó a la red desde corta distancia, enviando el esférico lejos del alcance de Paola Ulloa.

    El 11, en el minuto 66, devolvía la igualdad al marcador y encendía a la grada. Todo empezaba de nuevo en Orriols.

    Con el empate, el encuentro entró en una fase abierta, vibrante, de ida y vuelta.

    El Levante buscaba elaborar más sus ataques, combinando por dentro y por fuera, mientras el Madrid CFF trataba de aprovechar cualquier pérdida para lanzar a sus jugadoras más rápidas. El ritmo se elevó, las ocasiones se repartieron y la emoción se apoderó del partido. Cada acción parecía definitiva, cada balón dividido se jugaba como si fuera el último.

    Y entonces llegó el momento que terminó de decantar la balanza. En una transición rápida, Érika González recogió el balón lejos del área, avanzó sin oposición y se animó a probar suerte desde larga distancia. Su golpeo, raso y ajustado, sorprendió a la guardameta visitante y se coló junto al palo izquierdo. Un gol de enorme calidad, un auténtico golazo que desató la euforia en el banquillo local y puso al Levante por delante por primera vez en el partido. Corría el minuto 86 y el duelo entraba ya en su tramo decisivo con el 21 en el marcador.

    A partir de ahí, el partido se transformó en una batalla por la supervivencia. El Madrid CFF volcó todos sus esfuerzos en busca del empate, acumulando jugadoras en campo contrario y probando con centros y disparos lejanos. El Levante, consciente de la importancia del resultado, optó por proteger su ventaja con orden defensivo y salidas rápidas para consumir tiempo y alejar el peligro. Cada despeje era celebrado como un gol, cada segundo ganado se convertía en oro.

    Los últimos minutos estuvieron marcados por la tensión, por las interrupciones y por la sensación de que cualquier detalle podía cambiarlo todo. Las visitantes dispusieron de alguna ocasión para igualar, pero la defensa granota se mostró firme, solidaria, y supo despejar cada amenaza. El pitido final confirmó la remontada del Levante Femenino, una victoria construida desde la paciencia, la reacción y la eficacia en los momentos clave.

    El resultado tiene un impacto directo en la clasificación de la Liga F Moeve. El Levante suma tres puntos vitales que le permiten abandonar momentáneamente la sensación de desahucio deportivo, recortando distancias con la zona de salvación y reforzándose, sobre todo, en lo anímico.

    El Madrid CFF, por su parte, se mantiene en la zona media de la tabla, alrededor de la séptima posición, con la sensación de haber competido de tú a tú pero de haberse quedado sin premio en un partido que tuvo controlado durante muchos minutos.

    Ambos equipos, ya sin tiempo para lamentos ni celebraciones prolongadas, miran ahora a sus próximos compromisos ligueros. El Levante afrontará su siguiente encuentro con la moral reforzada y la convicción de que la salvación es posible si mantiene esta línea competitiva.

    El Madrid CFF, en cambio, buscará reencontrarse con la victoria y recuperar sensaciones, consciente de que la temporada exige regularidad y respuestas inmediatas.

    Más allá del marcador, este Levante–Madrid CFF quedará enmarcado como uno de esos partidos que explican lo que es la Liga F Moeve: competitividad, emoción, giros inesperados y, también, compromiso social.

    Una jornada en la que el fútbol volvió a demostrar que puede ser un espacio para competir y emocionar, pero también para recordar que hay causas que importan y que merecen ser visibilizadas.

    Un partido que, como diría Manu, se juega con los pies, con la cabeza y, sobre todo, con el corazón.

    El Levante Unión Deportiva suma tres nuevos guarismos que le sitúan decimosexto, es decir, colista con 8 unidades, a tan solo nueve de la zona de salvación que actualmente marca la Sociedad Deportiva Eibar con 17.

    Por su parte, un Madrid CFF que aún no ha terminado de adaptarse al estilo de juego propuesto por Sánchez Vera y aglutina ya quince días sin ganar, venía de caer por 0-1 ante el Badalona Women en el Fernando Torres y buscará el quite del perdón en la eliminatoria de cuartos de final de la Copa del la Reina Iberdrola que le medirá en la capital española con las guerreras del Costa Adeje Tenerife Egatesa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Levante Unión Deportiva: Laura Coronado; Eden Le Guilly (Maria Gabaldón, min. 72), Eva Alonso, Teresa Mérida, Alharilla; Raiderlin Carrasco, Érika González (Zipporah Agama, min. 91) Gema Soliveres (Carol Martín, min. 59 ), Bascu (Dolores Silva, min. 58); Ariana Arias, Ana Franco.

    Madrid CFF: Paola Ulloa; Mónica, Núria Mendoza, Sandra Villafañe; Allegra Poljak (Nerea Sánchez, min. 82), Ángela Sosa (Freja Olofsson, min. 88), Hildur Antonsdóttir, Alba Ruiz (Natasa Andonova, min. 53); Malou Marcetto, Kamila Melgård; Anita Marcos (Emilia Nautness, min. 52).

    Lugar: Ciudad Deportiva de Buñol – Campo 1
    Árbitra: Ainara Andrea Acevedo Dudley
    Tarjetas Amarillas: Raiderlin Carrasco (min. 14) por parte del Levante.

    Rojas: No hubo

    Goles:

    0-1 Anita Marcos 21’ ⚽️

    1-1 Eva Alonso 66’ ⚽️

    2-1 Érika González 86’ ⚽️

    Vídeo |

  • La previa | El Atlético de Madrid estrena era ante un Granada indomable en el partido donde enero quiere parecerse a una promesa

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    🟠 Cuando el verde se vuelve esperanza y el balón pesa en la historia reciente.

    (Fuente: RFEF)

    El fútbol, cuando se detiene a escucharse a sí mismo, sabe que hay partidos que no se juegan solo con once futbolistas, un árbitro y un balón. Hay mañanas en las que el césped se convierte en un espejo de lo que fue, de lo que se perdió y de lo que todavía puede ser.

    El sábado, 31 de enero de 2026, a las 12:00 del mediodía, en Alcalá de Henares, el Atlético de Madrid y el Granada CF se citan en uno de esos encuentros que no se explican solo con la clasificación, ni con la racha, ni siquiera con el estreno de un nuevo entrenador. Se citan en un partido que arranca con un brazalete verde en el brazo y una palabra que atraviesa todo: esperanza.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Porque la Jornada 18 de la Liga F Moeve no es una jornada cualquiera. Es una jornada teñida de verde, un color que no pertenece a ningún escudo pero que representa a todas. Las futbolistas, los cuerpos técnicos y las árbitras portarán los Brazaletes de Esperanza bajo el lema “El símbolo que nos une”, un gesto que trasciende lo deportivo y convierte cada carrera, cada duelo y cada celebración en un acto de visibilidad, de acompañamiento, de conciencia colectiva. En un deporte que ha aprendido a ser altavoz, la Liga F vuelve a recordarse —y recordarnos— que el fútbol también puede abrazar.

    Y en ese contexto, con ese marco emocional que envuelve el fin de semana, aparece un duelo rojiblanco que parece escrito para el relato largo. Atlético de Madrid contra Granada C.F.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Dos equipos que visten de rojo y blanco, dos caminos que se cruzaron la temporada pasada en la lucha por la Champions, dos estados de ánimo opuestos y, sin embargo, complementarios. Uno, buscando reencontrarse consigo mismo. El otro, cabalgando un inicio de año que ha borrado los fantasmas del otoño.

    El Atlético de Madrid llega a la cita en la quinta posición de la Liga F Moeve con 27 puntos, a diez de la zona Champions, una distancia que no es solo numérica, sino también simbólica. Diez puntos son diez latidos de diferencia entre el recuerdo de lo que este equipo fue y la incógnita de lo que puede volver a ser.

    La derrota en la semifinal de la Supercopa de España ante el Real Madrid (3-1) dejó cicatriz. El inesperado tropiezo en casa frente al Espanyol (0-1) profundizó la herida. Y, como consecuencia, el club decidió mover el timón con la salida de Víctor Martín Alba, ex del Madrid CFF.

    José Herrera se estrena en el banquillo colchonero. Lo hace sin red, sin tiempo y sin margen para el ensayo. Lo hace sabiendo que cada decisión será observada con lupa, que cada cambio será leído como un manifiesto y que cada victoria —o cada tropiezo— será interpretado como una pista del futuro. Herrera, ex preparador del Costa Adeje Tenerife Egatesa, aterriza en uno de los banquillos con más peso simbólico del fútbol femenino español, el del campeón de la Supercopa de España 2021, un club que no concibe la irrelevancia y que convive mal con la espera.

    No podrá contar con Gio Queiroz, baja sensible en el frente ofensivo, pero sí podría empezar a escribir la historia de Kathrine Møller Kühl, la centrocampista danesa que asoma como una de esas futbolistas llamadas a ordenar el caos, a poner pausa donde hubo prisa y a darle sentido a la posesión.

    Sus primeros minutos con la camiseta rojiblanca podrían llegar en un partido que exige cabeza fría y piernas calientes.

    Enfrente, el Granada es el equipo que ha hecho del cambio de año una declaración de intenciones. El equipo que se marchó al parón navideño herido, eliminado de la Copa de la Reina por la mínima ante el FC Badalona Women y con una sola victoria en sus últimos diez partidos ligueros. El equipo que necesitaba resetear y lo hizo. Año nuevo, vida nueva. No como lema vacío, sino como convicción.

    Las de Irene Ferreras han arrancado 2026 como un tiro. Tres partidos, tres victorias, cero goles encajados. Espanyol (0-2), DUX Logroño (1-0), Alhama CF ElPozo (2-0). Nombres distintos, contextos distintos, mismo resultado.

    El Granada es, junto al Fútbol Club Barcelona , el único equipo que ha ganado todos sus partidos de Liga F Moeve en este nuevo año. Pero, a diferencia del gigante azulgrana, las nazaríes lo han hecho desde la contención, desde el orden, desde una solidez que no siempre se refleja en titulares ruidosos, pero que construye equipos duraderos.

    Chika Hirao y Laura Sánchez han levantado un muro invisible en la portería. Dos guardametas, dos estilos, una misma consecuencia: el cerrojo echado. Cinco paradas en dos partidos para Laura. Seguridad quirúrgica para Chika. El Granada no solo gana, sino que convence desde atrás hacia delante. Y eso, en una liga cada vez más exigente, es una señal inequívoca de crecimiento.

    Con esos nueve puntos, el conjunto nazarí ha escalado hasta la décima posición con 22 puntos, dieciséis por encima del descenso. Una tranquilidad que permite mirar al futuro con ambición y al presente con descaro. Porque lo que busca el Granada en Alcalá de Henares no es sobrevivir.

    Es hacer historia. Una cuarta victoria consecutiva en Primera División sería un récord para el club. Un golpe sobre la mesa. Una confirmación de que lo de enero no es casualidad, sino causalidad.

    “Tenemos la ilusión de tener un partido muy bonito y exigente por delante”, afirmó Irene Ferreras en la previa. La frase, medida y serena, esconde la determinación de quien sabe que su equipo llega en el mejor momento emocional de la temporada. Todas las jugadoras estarán disponibles. No hay excusas. No hay parches. Hay once futbolistas dispuestas a competir de tú a tú contra un gigante herido.

    Los precedentes, sin embargo, sonríen al Atlético. Ocho victorias, un empate y una sola derrota en los diez enfrentamientos de élite entre ambos conjuntos.

    A comienzos de curso, las colchoneras se impusieron con contundencia en la primera vuelta (0-4), con doblete de Fiamma Benítez y goles de Vilde Bøe Risa y Synne Jensen.

    También se cruzaron el año pasado en las semifinales de la Copa de la Reina, donde el Atlético se llevó el pase con un global de 5-2 tras ganar 0-2 y 3-2. Y en aquella Liga F Moeve, ambos equipos caminaron juntos durante meses en la pelea por la tercera plaza que daba acceso a la Champions, una batalla que finalmente cayó del lado madrileño, dejando al Granada quinto, solo por detrás del Athletic Club.

    Pero el fútbol vive poco del ayer y mucho del ahora. Y el ahora dice que el Atlético necesita ganar. Necesita volver a reconocerse. Necesita dejar atrás una racha que le ha hecho olvidar la sensación de victoria, una sensación que no experimenta en partido oficial desde el 20 de noviembre de 2025, cuando asaltó Enschede para vencer al Twente en la Liga de Campeones. Desde entonces, el tiempo se ha vuelto espeso en Alcalá.

    Por eso, este partido es más que tres puntos. Es el inicio de una narrativa. Es la primera página del libro de José Herrera.

    Es el momento de abrir el sobre, como en esos cromos de la Liga F Moeve 2025-2026 que ahora están de moda, y descubrir si dentro hay una victoria, una señal, una promesa.

    El CTA de la RFEF ha designado a la colegiada catalana Ylenia Sánchez Miguel para impartir justicia. Una árbitra que tendrá que gestionar no solo un partido intenso, sino un duelo cargado de emociones, con dos equipos que saben competir y que no regalan ni un centímetro.

    Mientras tanto, en la clasificación, el Atlético es cuarto —o quinto, dependiendo del arrastre de la jornada— con 27 puntos y mira de reojo a la Real Sociedad, tercera, y al Costa Adeje Tenerife, cuarto, sabiendo que el margen es mínimo y el error, fatal.

    El Granada, décimo, juega con la libertad de quien ya ha hecho los deberes, pero no se conforma con el aprobado.

    Y así, con el verde de la esperanza en el brazo, con el rojo y blanco en el pecho y con enero pidiendo relatos nuevos, Atlético de Madrid y Granada CF se preparan para un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí verdad. Un partido que no se grita antes de jugarse, pero que se recuerda si se gana. Un partido que empieza a las 12:00 horario peninsular, pero que puede marcar todo un año.

    Porque hay mañanas en las que el fútbol no se juega para ganar. Se juega para volver a creer.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve

    😍 Temporada 2025-2026

    🤝 Decimoctava jornada

    🔥 Club Atlético de Madrid 🆚 Granada Club de Fútbol 🔥

    🗓️ Sábado, 31 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | RTVE y el fútbol femenino: un regreso con memoria, presente y responsabilidad de servicio público

    (Fuente: RTVE)

    🔵 Teledeporte vuelve a ser escaparate de la élite femenina en un momento clave para la consolidación de la Liga F Moeve.

    La llegada de la Liga F Moeve a Teledeporte y RTVE Play a partir de la Jornada diecinueve no es solo una noticia de programación.

    Es un gesto cargado de significado. Porque hablar de RTVE y del fútbol femenino es hablar de memoria, de compromiso y de una función de servicio público que ha sido clave en la historia reciente de la competición.

    RTVE podrá emitir hasta cuatro partidos por jornada en emisiones lineales y digitales hasta el final de la temporada, acercando la Primera División Femenina a millones de hogares de manera gratuita.

    En una liga compuesta por 16 equipos de nueve comunidades autónomas, con presencia en ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, Granada, San Sebastián o A Coruña, la televisión pública vuelve a ejercer su papel vertebrador y territorial.

    Por Teledeporte pasarán algunas de las grandes figuras del fútbol femenino actual: Alexia Putellas, Aitana Bonmatí y Claudia Pina; Alba Redondo, Misa Rodríguez o Athenea del Castillo; Nerea Eizaguirre, Fiamma Benítez o Adriana Nanclares. Nombres que ya forman parte del imaginario colectivo del deporte español y que ahora regresan con regularidad a una señal en abierto.

    Este regreso conecta directamente con una etapa muy significativa: la temporada 2019-2020, cuando la entonces Liga Iberdrola aún no era profesional y Teledeporte fue uno de sus principales aliados mediáticos. Hoy, con una liga profesional desde 2022 —la única categoría femenina con este estatus junto a las grandes competiciones masculinas—, el contexto es radicalmente distinto, pero el compromiso vuelve a ser el mismo.

    RTVE no solo emite partidos. Construye relato. Legitima el producto. Amplifica su impacto a través de informativos, programas deportivos y plataformas digitales. Cada retransmisión en abierto convierte un partido en un acontecimiento compartido y refuerza la normalización del fútbol femenino como parte esencial del deporte nacional.

    En un ecosistema audiovisual cada vez más fragmentado, la televisión pública sigue teniendo la capacidad de generar experiencias colectivas y de atraer nuevos públicos. Por eso este movimiento no es una mirada al pasado, sino una inversión de futuro.

    La Liga F necesitaba visibilidad. RTVE entiende su responsabilidad. Y el fútbol femenino vuelve a ocupar un espacio que nunca debió perder: el centro de la conversación deportiva.

  • Oficial | Habrá cuatro partidos de la Liga F Moeve en abierto por la TDT

    (Fuente: Liga F Moeve )

    ⬛️ La Liga F refuerza su apuesta por la televisión en abierto y ofrecerá sus partidos en RTVE y 3CAT/TV3.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La Liga F Moeve vuelve a escribir una página trascendental en la historia del fútbol femenino español. No se trata de un simple ajuste en el mapa de retransmisiones, ni de una decisión coyuntural ligada a una jornada concreta del calendario. Es, en realidad, un nuevo paso estratégico de enorme calado, una declaración de intenciones que conecta directamente con la esencia misma del crecimiento del deporte femenino: la visibilidad, el acceso universal, la construcción de audiencias, la creación de referentes y la consolidación de un producto que ya no mira al futuro con timidez, sino con ambición, convicción y vocación de permanencia en el centro del ecosistema deportivo nacional.

    La apuesta de la Liga F por reforzar la emisión en abierto con cuatro partidos por jornada hasta el tramo final de la temporada supone un punto de inflexión. Un gesto que trasciende lo audiovisual y se adentra en el terreno de lo cultural, lo social y lo simbólico.

    Porque el fútbol femenino, para crecer de verdad, necesita ser visto. Necesita estar en los hogares, en las sobremesas, en las conversaciones cotidianas, en los bares, en los salones, en los televisores encendidos de quienes quizá nunca antes se habían detenido a mirar un partido de la Primera División femenina. Y ahí, la televisión en abierto sigue siendo insustituible.

    La jornada 19, programada para los días 7 y 8 de febrero de 2026, marca el inicio de esta nueva etapa con dos encuentros de alto impacto deportivo y narrativo: el Levante UD – Atlético de Madrid y el Real Madrid – RCD Espanyol.

    Dos partidos que condensan la diversidad, la competitividad y la riqueza de la Liga F. Dos duelos que hablan de historia, de presente y de aspiraciones, y que servirán como carta de presentación de una estrategia más amplia, sostenida y decidida por acercar la competición a un público aún mayor.

    RTVE y TV3, junto a la plataforma digital 3CAT, asumen un papel protagonista en este relanzamiento del fútbol femenino en abierto. No es una presencia testimonial ni residual. Es una apuesta clara por la continuidad, por la regularidad y por la centralidad del producto. Teledeporte vuelve a convertirse en una ventana estable para la élite del fútbol femenino, recuperando una tradición que conecta directamente con una etapa muy significativa de la historia reciente del campeonato.

    Porque hablar de RTVE y del fútbol femenino es hablar de memoria. Es recordar la temporada 2019-2020, cuando la competición aún se denominaba Liga Iberdrola y no tenía el estatus de liga profesional. Aquella etapa, marcada por enormes desafíos estructurales y por un contexto mediático mucho más limitado, tuvo en Teledeporte uno de sus grandes aliados. En un momento en el que la profesionalización todavía era una aspiración y no una realidad, la televisión pública fue refugio, altavoz y escaparate. Fue el lugar donde muchas futbolistas se vieron por primera vez compitiendo con regularidad en una señal nacional, donde muchos aficionados descubrieron equipos, nombres y relatos que hoy forman parte del imaginario colectivo del fútbol femenino español.

    Que RTVE vuelva a tener encuentros de la Primera División femenina en su parrilla no es un simple regreso. Es una reconciliación con una historia compartida. Es el reencuentro entre una competición que ha crecido, que se ha profesionalizado, que ha ganado peso institucional y deportivo, y un medio público que entiende su función social, su responsabilidad con el deporte femenino y su capacidad para generar impacto más allá de los datos de audiencia.

    La estrategia de Liga F es clara y coherente: todos los partidos seguirán pudiendo verse íntegramente en DAZN, que mantiene su papel como plataforma de referencia y cobertura total del campeonato, garantizando profundidad, análisis, continuidad y especialización. Pero, al mismo tiempo, cuatro encuentros por jornada se emitirán en abierto a través de RTVE y 3CAT/TV3, y otro partido contará con difusión en GOL Play, TEN y diferentes cadenas autonómicas. Un modelo híbrido, plural y complementario que maximiza el alcance sin renunciar a la calidad ni a la estabilidad del producto.

    Este planteamiento responde a una visión a medio y largo plazo. Liga F no concibe la televisión en abierto como una concesión, sino como una herramienta estratégica. Como una palanca fundamental para ampliar la base social del campeonato, para generar nuevos públicos, para atraer a espectadores jóvenes, familiares y generalistas, y para consolidar el fútbol femenino como un contenido habitual en la agenda deportiva del país.

    La presencia en RTVE y en TV3 no solo multiplica el alcance potencial de los partidos; también refuerza la legitimidad de la competición. La sitúa en un espacio de centralidad mediática que históricamente ha estado reservado a los grandes eventos deportivos. La televisión pública, por su naturaleza y por su capilaridad territorial, tiene la capacidad de transformar un partido en un acontecimiento compartido, en un punto de encuentro intergeneracional, en una experiencia colectiva que va mucho más allá del marcador.

    En este contexto, las palabras de la presidenta de Liga F, Beatriz Álvarez, adquieren una dimensión especialmente significativa. Cuando afirma que “la televisión en abierto es fundamental para seguir derribando barreras y acercar el fútbol femenino a más hogares”, no está apelando a un concepto abstracto, sino a una realidad tangible. Cada partido emitido en abierto es una barrera menos. Es un niño o una niña que descubre a una futbolista y la convierte en referente. Es una familia que se sienta frente al televisor sin necesidad de suscripciones ni intermediarios. Es un paso más hacia la normalización plena del fútbol femenino como parte inseparable del paisaje deportivo español.

    El acuerdo refuerza, además, la voluntad de la competición de ser accesible, de generar interés sostenido, de construir reconocimiento para las futbolistas y los clubes, y de consolidar una narrativa propia que no dependa únicamente de grandes eventos internacionales o de momentos puntuales de éxito. La Liga F quiere ser vista cada fin de semana. Quiere formar parte de la rutina deportiva del aficionado. Quiere que sus partidos, sus historias y sus protagonistas tengan continuidad, contexto y profundidad.

    La proyección que aporta RTVE y 3CAT/TV3 es clave en este sentido. No solo por la emisión en directo, sino por todo el ecosistema que rodea a la retransmisión: los espacios informativos, los resúmenes, los programas deportivos, la presencia en plataformas digitales, la conversación en redes sociales, la legitimación editorial. Cada partido emitido en abierto amplifica su impacto social y mediático, y contribuye a fortalecer la imagen de la competición como un producto sólido, atractivo y relevante.

    Este nuevo hito se inscribe en una hoja de ruta clara. Liga F avanza con determinación hacia un modelo sostenible, equilibrado y ambicioso. Un modelo que entiende que el crecimiento económico y el crecimiento social deben ir de la mano. Que la profesionalización no puede desligarse del acceso. Que el éxito a largo plazo pasa por construir audiencias amplias, fieles y diversas.

    La televisión en abierto no es una mirada al pasado, sino una inversión en el futuro. En un momento en el que el consumo audiovisual se fragmenta y se diversifica, la capacidad de llegar a millones de personas de manera simultánea sigue siendo un valor incalculable. Y el fútbol femenino, que durante años luchó por tener un espacio propio, encuentra ahora en esta estrategia una oportunidad histórica para consolidar todo lo avanzado y proyectarse aún más lejos.

    Para RTVE, este regreso también tiene un significado profundo. Supone retomar un compromiso que forma parte de su ADN como servicio público. Supone volver a ser escaparate de la máxima categoría del fútbol femenino nacional, ahora en un contexto radicalmente distinto, con una liga profesional, con estructuras más sólidas, con futbolistas reconocidas internacionalmente y con un interés social en constante crecimiento. Teledeporte vuelve a ser escenario de grandes partidos, de relatos deportivos que importan, de historias que merecen ser contadas.

    La Liga F, RTVE, TV3, las plataformas digitales, los clubes y las futbolistas convergen en un mismo objetivo: que el fútbol femenino ocupe, de una vez por todas, el lugar que le corresponde. No como excepción, no como contenido alternativo, sino como parte esencial del deporte español. Este refuerzo de la emisión en abierto no es el final del camino, pero sí una señal inequívoca de que la dirección es la correcta.

    Porque cada partido emitido, cada jornada accesible, cada nueva audiencia conquistada, es una victoria colectiva. Una victoria de las futbolistas que durante años lucharon en silencio. De los clubes que apostaron cuando el retorno parecía incierto. De los aficionados que nunca dejaron de creer. Y de una competición que entiende que crecer no es solo ganar, sino compartir.

    La Liga F da un nuevo paso. Y no es uno cualquiera. Es un paso firme, estratégico y cargado de simbolismo.

    Un paso que mira al futuro sin olvidar el camino recorrido. Un paso que devuelve al fútbol femenino a la televisión pública, al centro de la conversación, al lugar donde siempre debió estar.

    Vídeo |

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | María José Pérez ya es azulona

    (Fuente: Alhama ElPozo)

    ◼️ La experimentada ariete canaria deja el Club Deportivo Argual, con el que no ha llegado a debutar, para reforzar a las murcianas.

    El Alhama Club de Fútbol ElPozo, semifinalista de la Copa de la Reina en 2023, ha protagonizado el bombazo del mercado de invierno en la Liga Profesional de Fútbol Femenino.

    La operación se ha rubricado de manera fulgurante e inesperada, dado que la exjugadora del Levante Unión Deportiva se había comprometido con el Club Deportivo Argual de Segunda RFEF hace escasos días y ahora rompe su unión con la escuadra de La Palma.

    El CD Argual ha emitido este viernes 30 un comunicado oficial mostrando su decepción con las apenas 24 horas que María José Pérez estuvo ligada a la entidad palmera: «El CD Argual informa que, apenas 24 horas después de su presentación oficial como nueva jugadora del club, María José Pérez comunicó al club y al cuerpo técnico su decisión de aceptar una oferta de otro equipo de la Liga F, poniendo fin de manera unilateral a su vinculación con nuestra entidad. Desde el CD Argual queremos dejar constancia de que, en el momento de su presentación pública, la jugadora había manifestado su compromiso con el proyecto deportivo del club, motivo por el cual se procedió a realizar el acto oficial ante medios de comunicación e instituciones. La entidad considera que esta situación no se ajusta a los valores de respeto, compromiso y responsabilidad que defiende el CD Argual, especialmente hacia las personas que conforman el club, la afición y las jugadoras y cuerpo técnico, que trabajan con honestidad y esfuerzo por el crecimiento del fútbol femenino en La Palma. El CD Argual lamenta profundamente lo ocurrido y el perjuicio causado a la imagen del club, así como a las personas e instituciones que respaldan este proyecto, y desea dejar claro que continuará trabajando con firmeza y seriedad, apostando únicamente por futbolistas plenamente comprometidas con nuestra filosofía y nuestros objetivos. El club no realizará más valoraciones públicas sobre este asunto y centra desde este momento todos sus esfuerzos en apoyar al equipo en la segunda vuelta y en la planificación deportiva de la siguiente temporada», explicaron.

    (Fuente: Club Deportivo Argual)

    La “17” es una leyenda del Costa Adeje Tenerife Egatesa, actual cuarto clasificado en la Primera División Femenina, del que salió el pasado 27 de enero de 2026, a pesar de tener contrato hasta final de la campaña.

    “María José es un símbolo del club; siempre hemos dicho que continuaría hasta que ella quisiera. Estamos encantados. Se lo ha ganado en el campo con su rendimiento, nadie le ha regalado nada y está siendo un gran ejemplo para muchas otras futbolistas jóvenes”, señaló Sergio Baptista, presidente de la entidad, con motivo de la última renovación de la jugadora a finales del pasado curso.

    María José es, junto a las hermanas Noelia y Natalia Ramos, una de las grandes supervivientes de la plantilla que inició la andadura del entonces Granadilla Tenerife McDonald’s en la temporada 2013/2014. La ariete fue una de las grandes heroínas del ascenso a la máxima categoría en junio de 2015, al firmar tres goles en dos partidos frente al Real Betis, y se consolidó desde entonces como un referente del equipo tanto dentro como fuera del terreno de juego.

    “Ha demostrado en todo momento su máximo respeto y amor por esta profesión, convirtiéndose en una futbolista legendaria”, destaca el comunicado emitido por el club. “Ha escrito para la eternidad su nombre en la historia del fútbol femenino de la isla y del archipiélago”, concluyó la entidad que preside Sergio Batista.

    La exjugadora del C.E. Sabadell (2002-2005) puede presumir de ser la más veterana de toda la Liga F Moeve, según datos de nuestro compañero de Marca, David Menayo con 41 años y 314 días, casi nada.

    La estrella fue internacional con la Selección Española de Fútbol be categoría sub-19 y ahora se suma al proyecto azulón para intentar conquistar la permanencia.

    María José es una delantera de área clásica, con un instinto goleador muy desarrollado y una lectura del juego que le permite anticiparse constantemente a las defensoras. Destaca por su capacidad para atacar el primer palo, su buen timing en el remate y una notable eficacia dentro del área, especialmente con pocos toques. No es una futbolista de grandes alardes técnicos ni de desborde continuo, pero compensa esa carencia con inteligencia táctica, trabajo sin balón y sentido colectivo, ofreciendo apoyos constantes y facilitando la llegada de segundas líneas. Su experiencia le ha permitido evolucionar hacia un perfil más asociativo y de liderazgo, aportando calma, orden y ejemplo competitivo, incluso en contextos de menor protagonismo en minutos.

    (Fuente: Alhama ElPozo)

    La exjugadora del Tacuense es campeona de la Copa de la Reina en la temporada 2002-2003 cuando vestía la elástica del Levante Unión Deportiva en la por entonces llamada Superliga Femenina y se ha unido con la entidad que preside Antonio García-Águila hasta el próximo 30 de junio de 2026, como minino.

    (Fuente: Alhama ElPozo)

    El debut de la leyenda de las guerreras con las murcianas podría llegar en la jornada dieciocho de la Liga F Moeve en un duelo directo por la salvación entre el Alhama ElPozo y el DUX Logroño que se celebrará el próximo sábado, 31 de enero de 2026, a las 17:00 horario peninsular, en el Francisco Artés Carrasco de Lorca y que emitirá DAZN.

    (Fuente: Alhama ElPozo)
  • Oficial | Once años creyendo, siete temporadas contando la historia que nadie contaba: “El Partido de Manu”, el pulso constante del fútbol femenino

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League)

    🟠 Hay proyectos que nacen de una idea. Otros nacen de una necesidad. “El Partido de Manu” nació de ambas cosas y, con el paso de los años, se ha convertido en algo más grande: en un lugar de encuentro, en una voz persistente, en una trinchera de pasión y rigor desde la que el fútbol femenino ha sido contado cuando aún no estaba de moda hacerlo. En el fin de semana del 31 de enero y 1 de febrero de 2026, con la Jornada 18 de la Liga F Moeve como eje central y un despliegue internacional sin precedentes, el medio afronta uno de los momentos más ambiciosos de su historia reciente, reflejo de un crecimiento sostenido que se apoya en la fidelidad de sus lectoras y lectores y en una convicción que nunca ha cambiado: este fútbol merece ser contado con la misma épica, respeto y profundidad que cualquier otro.

    Publicidad de Netflix

    Comienza el rodaje de una nueva serie de Marta del Castillo en Netflix

    Netflix ha anunciado este lunes que próximamente arrancará en Sevilla el rodaje de una miniserie de ficción inspirada en el caso de Marta del Castillo, uno de los sucesos que más profundamente conmocionaron a la sociedad española en 2009.

    La producción, que aún no tiene título definitivo, está desarrollada por Bambú Producciones, en colaboración con La Claqueta PC, y cuenta con el apoyo de la familia de Marta del Castillo. La miniserie abordará el caso desde una adaptación de ficción, con el objetivo de reconstruir los hechos y el impacto social y judicial que tuvo el crimen, manteniendo un enfoque respetuoso con las víctimas.

    Bambú Producciones, liderada por el guionista y productor Ramón Campos, es una de las productoras españolas con mayor proyección internacional. Fundada en 2008, se ha consolidado como una referencia europea gracias a éxitos televisivos como Gran Hotel, Velvet, Fariña, Las chicas del cable o El caso Asunta.

    Además de su amplia trayectoria en ficción seriada, Bambú ha desarrollado una línea sólida de documentales de true crime, con títulos como El caso Alcàsser, El caso Asunta y Cómo cazar a un monstruo, así como diversas producciones cinematográficas, entre las que destacan Malasaña 32, La viuda negra y Rondallas.

    Con este nuevo proyecto, Netflix vuelve a apostar por el true crime español desde una perspectiva de ficción, apoyándose en una productora con amplia experiencia en la recreación de historias reales y en un caso que marcó un antes y un después en la crónica social del país

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League)

    “El Partido de Manu” no nació ayer. Su origen se remonta al 3 de abril de 2014, cuando hablar de fútbol femenino era todavía un acto casi militante, una apuesta personal más que una estrategia de crecimiento. Aquel día comenzó un camino que, con el paso del tiempo, se transformaría en una web especializada que desde la temporada 2018-2019 se vuelca cada fin de semana en la cobertura del balompié practicado por mujeres, con un objetivo claro y constante: ayudarlo a crecer, acompañarlo en su desarrollo y darle el espacio narrativo que durante décadas le fue negado.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Once años después de aquel primer paso y siete temporadas de especialización plena, el proyecto llega a la Jornada 18 de la Liga F Moeve 2025-2026 en un momento de madurez editorial y expansión de audiencia. Los datos no son solo cifras: son la traducción numérica de una comunidad que se ha ido construyendo con paciencia. Más de 1.870 visitas en los últimos noventa días confirman una actividad constante y un interés sostenido, mientras que el acumulado de 43.034 visitas en los años 2024 y 2025 —20,5 mil en un curso y 24,2 mil en el siguiente— refleja un crecimiento exponencial que no responde a modas puntuales, sino a una línea de trabajo coherente y reconocible.

    Ese crecimiento no es casual. Es el resultado de una manera de entender la información deportiva desde la cercanía, el contexto y la emoción, sin renunciar al rigor. “El Partido de Manu” no se limita a contar resultados; construye relatos, acompaña procesos, explica por qué cada partido importa y qué hay detrás de cada equipo, de cada jugadora y de cada jornada.

    Esa filosofía alcanza uno de sus puntos culminantes en el fin de semana del 31 de enero y 1 de febrero de 2026, cuando la web ofrecerá una cobertura integral de la Jornada 18 de la Primera División Femenina, una de las fechas más significativas del calendario.

    La Liga F Moeve entra en esa jornada con la clasificación apretada, con proyectos que se juegan su estabilidad, con otros que miran hacia Europa y con gigantes obligados a sostener su hegemonía. “El Partido de Manu” estará ahí, partido a partido, historia a historia, contextualizando cada duelo, poniendo el foco donde a menudo no llega la mirada generalista y explicando por qué esta jornada no es una más. No como un simple listado de encuentros, sino como un mosaico de tensiones, ilusiones y urgencias que definen el momento actual del fútbol femenino español.

    Pero el compromiso del medio no se detiene en el ámbito nacional. Este mismo fin de semana, la mirada se amplía hacia el escenario internacional con la cobertura de la gran final de la Copa de Campeones de la FIFA entre el Arsenal Women y el Corinthians, que se disputará en Londres.

    Un duelo que simboliza el alcance global del fútbol femenino y que enfrenta a dos culturas futbolísticas distintas, dos maneras de entender el juego y dos aficiones que representan la expansión real de este deporte más allá de fronteras y continentes. “El Partido de Manu” abordará esta final no como un evento aislado, sino como parte de un ecosistema en crecimiento, conectando lo que ocurre en Inglaterra con lo que se vive cada fin de semana en España.

    A ese despliegue se suma, además, una cobertura especial del gran duelo de la Barclays Women’s Super League, una competición que se ha convertido en referencia internacional y que marca tendencias tanto deportivas como estructurales. Analizar lo que sucede en la liga inglesa es también una forma de aprender, de comparar modelos y de enriquecer el debate sobre hacia dónde debe caminar el fútbol femenino en otros contextos, incluido el español.

    En este esfuerzo internacional resulta clave el respaldo de la enviada especial Paula Valiente, del medio de comunicación “Las Futbolistas”, cuya presencia aporta una mirada complementaria, cercana al terreno de juego y profundamente conectada con la realidad de las protagonistas. Esta colaboración refuerza una de las señas de identidad de “El Partido de Manu”: la construcción de redes, la suma de voces y la convicción de que el crecimiento del fútbol femenino se logra mejor desde la cooperación que desde la competencia.

    Todo este despliegue tiene un objetivo claro: ofrecer una experiencia única y apasionada al lector durante un fin de semana que se presenta intenso, cargado de fútbol y de historias que merecen ser contadas con tiempo y profundidad. No se trata solo de informar, sino de recompensar la fidelidad de quienes han acompañado al medio durante años, de quienes vuelven cada jornada porque saben que encontrarán algo más que un marcador final.

    Esa fidelidad es el verdadero motor del proyecto. Cada visita, cada lectura, cada regreso a la web refuerza la idea de que “El Partido de Manu” se ha convertido en un lugar de referencia en España para quienes quieren entender y sentir el fútbol femenino. Un espacio que no ha crecido a golpe de titulares fáciles, sino a través de una narrativa constante, comprometida y honesta, que ha sabido evolucionar sin perder su esencia.

    El fin de semana del 31 de enero y 1 de febrero de 2026 es, en ese sentido, una fotografía perfecta de lo que representa hoy el medio: cobertura nacional exhaustiva, mirada internacional, colaboración entre proyectos afines y una comunidad que responde. Todo ello sostenido por una labor diaria muchas veces silenciosa, hecha de horas de análisis, de seguimiento continuo y de una pasión que no se apaga cuando termina el partido.

    Porque si algo define a “El Partido de Manu” es esa persistencia. Estar cuando no había focos. Contar cuando no había cámaras. Creer cuando aún no era rentable hacerlo. Y seguir aquí ahora, cuando el fútbol femenino crece, se profesionaliza y reclama espacios que durante años le fueron negados, con la misma convicción que el primer día y con la experiencia que solo da el tiempo.

    Este fin de semana no es un punto final ni un acto aislado. Es una estación más en un camino largo, construido con paciencia, con coherencia y con una idea muy clara: el fútbol femenino importa, merece ser contado y necesita medios que lo acompañen con respeto, ambición y alma. Y en ese camino, “El Partido de Manu” sigue jugando su partido, jornada a jornada, historia a historia, con la certeza de que aún queda mucho por vivir y por narrar.

    (Fuente: FIFA )
  • Oficial | Sofia Jakobsson ya es del Toluca después de marcharse de la Barclays Women’s Super League

    (Fuente: Toluca)

    ⬛️ La exjugadora del San Diego Wave y el Real Madrid deja el London City para desembarcar en la Liga MX Femenil.

    El London City Lionesses, recién ascendido a la WSL, ha anunciado oficialmente que alcanzó un acuerdo mutuo con Sofia Jakobsson para dar por finalizada su estancia en Hayes Leane.

    La mítica estrella de Örnsköldsvik (Suecia), 23 de abril de 1990, fue clave en el ascenso de la entidad que preside Michele Kang el pasado curso.

    La futbolista que se formó en la canterana del Östers IF (2006) es medallista olímpica con la nación nórdica en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, donde conquistó el bronce, ha disputado 23 encuentros con la escuadra que dirige Eder Maestre.

    Muy querida en la Primera División Femenina por su trayectoria en el Club Deportivo Tacón y el Real Madrid Club de Fútbol entre 2019 y 2021 llegó a Inglaterra procedente del San Diego Wave estadounidense.

    La que fuese ariete del Bayern de Múnich ha decidido poner rumbo a la adinerada Liga MX Femenil azteca para unirse en este mercado invernal a las filas del Toluca de cara al Clausura 2026.

    El club anunció la incorporación de la exjugadora del Chelsea y el Montpellier en un movimiento de impacto internacional.

    El mensaje de bienvenida fue directo a la afición: “Hola Diablos, soy Sofia. Estoy muy feliz de estar aquí. Nos vemos pronto”.

    La internacional sueca en categoría absoluta, alcanzó las semifinales en el Mundial de Australia y Nueva Zelanda 2023, se integra a las Diablas Rojas como una jugadora capaz de desempeñarse como delantera, extremo o mediocampista por izquierda, destacando por su velocidad, capacidad de desborde y buen toque de balón. Su llegada aporta soluciones ofensivas y recorrido internacional a un plantel que aspira a competir por el título en la segunda mitad del curso.

    Su incorporación al Deportivo Toluca se da bajo la dirección técnica de Patrice Lair, con quien coincidió previamente en el fútbol francés, dentro de un proyecto que tiene como objetivo pelear por su primer campeonato doméstico.

    En la recta final de la temporada, el London City Lionesses, en el que brilla la central italiana Elena Linari, dispondrá en la parcela ofensiva de figuras como Kosovare Asllani, referencia en el centro del ataque; Nikita Parris, goleadora habitual con amplia experiencia en la WSL; Sanni Franssi, atacante finlandesa recién incorporada; Isobel Goodwin y Lotta Lindström, jugadoras capaces de desbordar y generar oportunidades; y Freya Godfrey y Lucía Corrales, que combinan velocidad y creatividad para abrir espacios y asistir a sus compañeras.

    Este colectivo ofensivo aporta profundidad, movilidad y recursos tácticos que permiten al equipo mantener un juego dinámico y fructífero de cara a puerta.

    El primer encuentro del octavo clasificado de la liga inglesa sin su dorsal once será a domicilio ante el Brighton & Hove Albion el próximo domingo, 1 de febrero de 2026, a partir de las 12:55 horario peninsular.

  • Oficial | La jornada que puede romper la Liga F: vértigo, urgencias y fútbol en abierto para cambiarlo todo

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ La Liga F Moeve entra en uno de esos fines de semana que no hacen ruido por un solo partido, sino por la suma de todos. La jornada 18 se despliega como un mapa de tensiones cruzadas: aspirantes a Europa que no pueden fallar, equipos que miran al descenso con el pulso acelerado y gigantes obligados a sostener la excelencia. Todo, además, con una exposición clave: cinco partidos en abierto que convierten esta fecha en un escaparate decisivo para el presente y el futuro del fútbol femenino español.

    Hay jornadas que se juegan. Y hay jornadas que se sienten. La 18 pertenece claramente a la segunda categoría. Lo marca la clasificación, lo refuerza el contexto y lo confirma la programación televisiva, con DAZN como eje central y con TEN TV y la señal en abierto de DAZN amplificando partidos estratégicos. Según el pulso competitivo que refleja el torneo y la fotografía real de la tabla, este fin de semana no admite distracciones: cada punto pesa, cada error se magnifica y cada victoria tiene eco más allá de los noventa minutos.

    El sábado al mediodía abre el telón un duelo que explica bien la zona noble de la Liga F Moeve. Atlético de Madrid y Granada se miden a las 12:00 en un partido emitido por DAZN, con dos proyectos que llegan desde lugares distintos, pero con ambiciones que se cruzan. El Atlético sabe que, si quiere seguir instalado en la pelea europea, no puede permitirse tropiezos ante rivales valientes. El Granada, en cambio, juega con la inercia del crecimiento: equipo incómodo, competitivo, sin complejos y con la sensación de que puntuar en campos grandes no es una excepción, sino un objetivo realista. Es un choque de control contra atrevimiento, de jerarquía frente a hambre.

    A la misma hora, el Levante UD recibe al Madrid CFF, también en DAZN, en uno de esos partidos que sostienen el esqueleto de la liga. No hay focos excesivos, pero sí una enorme carga de necesidad. El Levante quiere alejar fantasmas y recuperar la solidez como local; el Madrid CFF busca continuidad, reafirmarse como equipo fiable y no quedar atrapado en la tierra de nadie. Son partidos donde no se regala nada, donde el error pesa más que el brillo, y donde sumar es, muchas veces, ganar.

    La tarde del sábado eleva el nivel emocional y mediático con uno de los encuentros clave del fin de semana: Athletic Club vs Espanyol, a las 16:15, en Lezama, con emisión en DAZN, TEN TV, GOL y 3Cat, uno de los grandes partidos en abierto de la jornada. El escenario no es un detalle menor. Lezama representa identidad, continuidad y una manera de entender el fútbol que conecta con la grada incluso en los días más grises. El Athletic llega con la obligación de hacerse fuerte en casa para no perder el tren alto de la clasificación. El Espanyol, en cambio, viaja con urgencias reales, sabiendo que cada punto puede marcar la diferencia en su lucha por la permanencia. Es un duelo de ritmos y emociones: la estructura sólida de las rojiblancas frente a la tensión competitiva de un Espanyol que no puede especular. Que se vea en abierto no es casual: es un partido que explica la Liga F tal y como es hoy.

    El sábado se completa a las 17:00 con otro encuentro emitido en DAZN, donde dos equipos miran la clasificación con atención quirúrgica. Son partidos que no suelen abrir informativos, pero que deciden temporadas. Aquí no hay margen para el despiste: el fútbol se juega con la cabeza, con el cuerpo y con la calculadora.

    El domingo abre con uno de los grandes escaparates de la jornada y de la temporada: Deportivo de La Coruña vs Real Madrid, a las 12:00, en DAZN en abierto. Riazor vuelve a ser un símbolo. Para el Deportivo, este partido es mucho más que tres puntos: es una oportunidad de reivindicación, de medir su crecimiento y de conectar con una afición que entiende la épica. Para el Real Madrid, el contexto es radicalmente distinto, pero igual de exigente. No puede fallar si quiere mantenerse firme en la pelea alta. Es un choque de estados de ánimo: la ilusión y la intensidad local frente al control, la calidad y la presión constante del equipo blanco. En abierto, con todo lo que eso implica.

    A la misma hora, otro partido completa el domingo matinal en DAZN, con equipos que viven cada jornada como una final anticipada. Aquí los entrenadores ajustan hasta el último detalle y las jugadoras saben que un error puede tener consecuencias que duren semanas.

    El siguiente capítulo llega a las 13:00 con Costa Adeje Tenerife vs Real Sociedad, también en DAZN en abierto. Es uno de esos partidos que, sin grandes titulares previos, suele dejar huella. El Costa Adeje es un equipo que sabe competir, que se hace fuerte en casa y que convierte cada partido en una batalla táctica. La Real Sociedad llega con la ambición de consolidarse, de mirar hacia arriba con menos miedo y más convicción. Es un choque de estilos, de paciencia contra verticalidad, y un partido que puede definir dinámicas futuras. La emisión en abierto vuelve a subrayar la importancia de este tipo de encuentros en la narrativa global de la liga.

    Y el cierre no podía ser más contundente. El domingo a las 16:30, FC Barcelona vs Sevilla FC, en DAZN en abierto, pone el broche a la jornada. Es el partido que mide al líder con el listón de la excelencia. El Barça juega contra sí mismo, contra su nivel, contra la obligación de ganar siempre y hacerlo bien. El Sevilla, mientras tanto, afronta el reto desde la ambición del aspirante, sabiendo que competir, resistir y castigar cualquier error ya es una forma de crecimiento. Este partido resume la Liga F en su máxima expresión: talento, exigencia, ritmo y una audiencia amplia observando cada detalle.

    La jornada 18 no es una más. Es una de esas fechas que, cuando termine, dejará la sensación de que algo se ha movido. En la clasificación, en las dinámicas y en el relato colectivo de la Liga F Moeve. Con cinco partidos en abierto, con estadios que empujan y con equipos que no pueden esconderse, el fin de semana se convierte en un punto de inflexión. Porque aquí, cada jornada cuenta. Pero algunas, como esta, pesan un poco más.

    Guía televisiva |

    • Atlético de Madrid vs Granada 📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)
    • Levante Unión Deportiva vs Madrid CFF 📺 APP de DAZN y DAZN 2 (Dial 71 de Movistar Plus)
    • Athletic Club vs Espanyol 📺 TEN TV
    • Alhama vs DUX Logroño 📺 APP de DAZN
    • Deportivo vs Real Madrid 📺 DAZN 2 (Dial 71 de Movistar Plus)
    • ONA vs Sociedad Deportiva Eibar 📺 DAZN 3 (Dial 196 de Movistar Plus)
    • Costa Adeje Tenerife Egatesa vs Real Sociedad 📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)
    • Barcelona vs Sevilla Fútbol Club 📺 DAZN 2 (Dial 71 de Movistar Plus)
  • Noticia | Virginia Torrecilla, la voz que resistió a todo: una conversación con Josep Pedrerol que explica el fútbol femenino, la vida y la dignidad

    (Fuente: Chiringuito Inside)

    ⬛️ Hay entrevistas que no se conceden para promocionar nada, que no responden a una estrategia de imagen ni a un calendario deportivo, y que no buscan el titular fácil. Hay entrevistas que suceden porque el tiempo ha pasado, porque el dolor ha sedimentado y porque la persona que se sienta frente a la cámara ya no necesita protegerse. La conversación entre Virginia Torrecilla y Josep Pedrerol en El Cafelito pertenece a esa categoría infrecuente: la de los testimonios que no se interpretan, se escuchan. Durante algo más de una hora de charla serena, sin prisas ni artificios, Torrecilla reconstruyó su vida desde el origen, desde la infancia, desde los silencios incómodos, desde la enfermedad y desde el fútbol entendido no como espectáculo, sino como espacio de resistencia. Lo hizo con una naturalidad que desarma y con una honestidad que obliga a detenerse.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Virginia Torrecilla Reyes (Cala Millor, Mallorca; 4 de septiembre de 1994) es una futbolista española que se ha convertido en unaa referente después de superar un tumor cerebral cuando militaba en el Atlético de Madrid.

    Hay entrevistas que no se conceden para promocionar nada, que no responden a una estrategia de imagen ni a un calendario deportivo, y que no buscan el titular fácil. Hay entrevistas que suceden porque el tiempo ha pasado, porque el dolor ha sedimentado y porque la persona que se sienta frente a la cámara ya no necesita protegerse. La conversación entre Virginia Torrecilla y Josep Pedrerol en El Cafelito pertenece a esa categoría infrecuente: la de los testimonios que no se interpretan, se escuchan. Durante algo más de una hora de charla serena, sin prisas ni artificios, Torrecilla reconstruyó su vida desde el origen, desde la infancia, desde los silencios incómodos, desde la enfermedad y desde el fútbol entendido no como espectáculo, sino como espacio de resistencia. Lo hizo con una naturalidad que desarma y con una honestidad que obliga a detenerse.

    Virginia Torrecilla no es solo una exfutbolista internacional, ni una campeona, ni un nombre propio del crecimiento del fútbol femenino español. Es, sobre todo, una mujer que ha atravesado prácticamente todos los límites que este deporte —y esta sociedad— le han impuesto a las mujeres que se atreven a ocupar un espacio que no estaba pensado para ellas. Su relato en El Cafelito no es lineal ni complaciente. No construye un cuento de hadas ni una épica artificial. Es la suma de escenas reales, a veces incómodas, a veces durísimas, que explican por qué su figura se ha convertido en un referente que va mucho más allá del césped.

    Desde los primeros minutos de la entrevista, Torrecilla sitúa el foco en la infancia, en ese territorio donde se forman las vocaciones y también las heridas. Cuenta cómo empezó a jugar al fútbol siendo una niña en Mallorca, en equipos de chicos, cuando todavía no existían estructuras estables para el fútbol femenino y cuando el simple hecho de querer jugar ya suponía un desafío social. Relata con crudeza situaciones que hoy resultarían inaceptables pero que entonces eran cotidianas: vestuarios improvisados, miradas invasivas, burlas, interrupciones deliberadas de su intimidad mientras se cambiaba o se duchaba. No lo hace desde el rencor, sino desde la constatación de una realidad que durante años fue normalizada. Aquellas experiencias no aparecen como anécdotas aisladas, sino como el contexto permanente en el que muchas niñas crecieron jugando al fútbol en España.

    Uno de los momentos más reveladores del relato llega cuando explica el papel de su familia. Su madre, cómplice silenciosa, fue quien la apuntó a fútbol incluso cuando no estaba bien visto; su padre, inicialmente reticente, terminó convirtiéndose en su principal escudo, llegando a plantarse literalmente en la puerta del vestuario para evitar que nadie entrara. Ese gesto, aparentemente simple, adquiere en su narración un valor simbólico enorme: el de la protección que muchas veces el propio sistema no ofrecía. Torrecilla no idealiza a su entorno, pero reconoce que sin ese apoyo habría sido imposible sostener la vocación.

    La entrevista avanza y el relato se vuelve más áspero cuando recuerda episodios vividos ya en la adolescencia, entrenando y compitiendo en contextos donde la desigualdad no era solo estructural, sino también cultural. Habla de situaciones de falta de respeto normalizadas, de comentarios, de gestos que hoy se identificarían claramente como conductas inapropiadas y que entonces quedaban diluidas en el silencio colectivo.

    En uno de los pasajes más impactantes, recuerda cómo una acción inapropiada de un compañero fue recibida con risas, incluso por parte del entrenador, dejando claro hasta qué punto ciertas conductas estaban integradas en el paisaje cotidiano del fútbol base. No hay dramatización en su tono, pero sí una firme voluntad de dejar constancia.

    Josep Pedrerol, lejos del personaje televisivo al que muchos asocian su figura, adopta aquí un rol contenido, casi invisible. Pregunta lo justo, acompaña el relato y permite que los silencios respiren. El Cafelito se confirma así como un formato pensado para escuchar, no para confrontar. La entrevista no busca el conflicto, sino la comprensión. Y eso permite que Torrecilla avance hacia otros capítulos de su vida sin necesidad de subrayados.

    El fútbol profesional aparece entonces como una mezcla de sueño cumplido y realidad precaria. Torrecilla recuerda etapas en las que, pese a competir al máximo nivel, tuvo que trabajar fuera del fútbol para poder sostenerse económicamente. Habla sin victimismo de los momentos en los que llegó a cansarse, a pensar en dejarlo, a sentir que el esfuerzo no tenía correspondencia. En uno de los pasajes más luminosos del relato, recuerda cómo, mientras trabajaba como camarera, recibió una llamada que reactivó su carrera y su ilusión. Ese momento, contado sin épica impostada, funciona como metáfora de toda una generación de futbolistas que vivieron en la frontera entre la vocación y la supervivencia.

    La selección española, los grandes clubes, los títulos y los estadios aparecen en la conversación, pero nunca ocupan el centro. Torrecilla no construye su identidad desde el palmarés, sino desde el proceso. Cuando habla del Atlético de Madrid, lo hace desde el agradecimiento humano, especialmente en relación con el momento más decisivo de su vida: la enfermedad. El diagnóstico de un tumor cerebral en 2020 marcó un antes y un después no solo en su carrera, sino en su forma de entenderlo todo. En El Cafelito, Torrecilla recuerda ese periodo con una serenidad que solo llega después de haber atravesado el miedo. Habla del desconocimiento inicial, del impacto de la palabra “quimioterapia”, del deterioro físico, de la pérdida de peso, del hospital como espacio compartido con otras personas cuyas historias no siempre tuvieron un final feliz.

    Cuando afirma que el Atlético “le salvó la vida”, no lo hace como una consigna emocional, sino como una constatación de un acompañamiento médico y humano que fue determinante. En ese punto, la entrevista alcanza una densidad que trasciende el deporte. Torrecilla no habla solo de fútbol, habla de cuidados, de estructuras, de lo que significa no estar sola cuando el cuerpo falla. La conversación se vuelve entonces universal, reconocible para cualquiera que haya atravesado una enfermedad grave.

    A lo largo de toda la entrevista hay una idea que se repite sin necesidad de ser formulada explícitamente: la de la dignidad. Dignidad para jugar cuando no había medios. Dignidad para resistir cuando no había respeto. Dignidad para volver cuando el cuerpo parecía decir basta. Torrecilla no se presenta como una heroína, pero su relato construye una épica real, hecha de pequeñas decisiones sostenidas en el tiempo.

    El cierre de la conversación no busca conclusiones grandilocuentes. No hay moraleja explícita ni discurso final. Hay, simplemente, la sensación de haber asistido a un testimonio necesario. En un contexto mediático donde el fútbol femenino todavía lucha por espacios de visibilidad que no estén condicionados por la comparación constante, entrevistas como esta funcionan como documentos de época. Explican de dónde se viene y, por contraste, permiten entender mejor hacia dónde se va.

    La charla entre Virginia Torrecilla y Josep Pedrerol en El Cafelito no es importante solo por quien la protagoniza, sino por lo que representa. Es la voz de una generación que jugó cuando no tocaba, que resistió cuando no era rentable y que ahora, por fin, puede contar su historia sin pedir permiso. No es una entrevista para el consumo rápido ni para el titular viral.

    Es un relato largo, incómodo por momentos, profundamente humano, que deja una certeza difícil de discutir: el fútbol femenino en España no se entiende sin mujeres como Virginia Torrecilla, y la historia de Virginia Torrecilla no se entiende sin haber atravesado todo lo que contó, sin filtros, frente a una cámara y un café.

    Hay algo especialmente significativo en la forma en que Virginia Torrecilla habla del tiempo. No lo divide en etapas estancas ni en hitos cerrados, sino que lo entiende como una línea continua en la que todo se conecta. En la entrevista con Josep Pedrerol no hay saltos bruscos ni cambios de registro impostados: la niña que se cambiaba sola en un vestuario improvisado es la misma mujer que hoy habla con serenidad sobre la enfermedad, la precariedad, la fama relativa y el lugar que ocupa en la historia del fútbol femenino español. Esa coherencia vital es, quizá, uno de los elementos que más fuerza le da a su testimonio.

    Cuando Torrecilla recuerda su paso por clubes históricos como el FC Barcelona o el Atlético de Madrid, lo hace desde una perspectiva que huye del triunfalismo. No hay en su discurso una idealización del alto nivel, sino una descripción honesta de lo que significaba formar parte de estructuras que todavía estaban en construcción. Habla del orgullo de vestir determinadas camisetas, pero también de las carencias, de los viajes, de las condiciones de entrenamiento, de la distancia abismal que separaba el fútbol femenino del masculino incluso dentro de las mismas entidades. Lo cuenta sin acritud, como quien asume que su generación fue, en muchos sentidos, una generación de transición.

    Esa idea aparece de forma recurrente a lo largo de la conversación: la conciencia de haber llegado “antes de tiempo”. Antes de los grandes contratos, antes de la profesionalización real, antes de la visibilidad sostenida. Torrecilla no se coloca en el centro del relato como víctima, pero tampoco se diluye en un discurso complaciente. Reconoce que muchas de las cosas que hoy se celebran —estadios llenos, retransmisiones regulares, atención mediática— no habrían sido posibles sin años de insistencia silenciosa, sin jugadoras que aceptaron condiciones muy lejos de la élite mientras sostenían el nivel competitivo con una exigencia máxima.

    En ese punto, la entrevista adquiere un valor casi documental. No se trata solo de la historia de una futbolista concreta, sino del relato coral de una época. Torrecilla pone palabras a lo que durante años fue invisible: la necesidad de trabajar fuera del fútbol, la falta de estabilidad, la incertidumbre permanente. Cuando recuerda que hubo momentos en los que estuvo a punto de dejarlo, no lo hace como confesión dramática, sino como algo lógico, casi inevitable. El desgaste no era solo físico, era emocional y mental. Y aun así, siguió.

    La enfermedad aparece en la conversación no como un punto final, sino como un giro radical. El diagnóstico del tumor cerebral en 2020 irrumpe en su vida cuando todavía estaba compitiendo al máximo nivel. Torrecilla describe ese momento sin recrearse en el impacto inicial, pero dejando claro que nada vuelve a ser igual a partir de ahí. El cuerpo, que hasta entonces había sido herramienta de trabajo, pasa a convertirse en un territorio incierto. La jugadora habla del miedo, de la confusión, de la dureza de los tratamientos, de la quimioterapia y la radioterapia, de la pérdida de peso, de la fragilidad. Y lo hace con una claridad que no busca conmover, sino explicar.

    En ese tramo de la entrevista, Pedrerol apenas interrumpe. Deja que el relato fluya, consciente de que lo que se está diciendo trasciende cualquier formato televisivo. Torrecilla menciona a las personas que se cruzó en los hospitales, algunas de las cuales no sobrevivieron. No hay grandes discursos, solo una constatación serena de la injusticia y del azar. Ese contraste entre la vida de élite y la vulnerabilidad absoluta es uno de los ejes más poderosos de la conversación.

    Cuando habla del Atlético de Madrid como un sostén vital, no lo hace desde la retórica institucional. Habla de médicos, de acompañamiento, de sentirse cuidada en un momento en el que todo podía derrumbarse. En ese sentido, su frase más citada —“el Atlético me salvó la vida”— adquiere un significado literal, no metafórico. No se refiere a una oportunidad deportiva, sino a un entorno que respondió cuando más lo necesitaba.

    La recuperación no se presenta como un camino recto ni como un relato de superación edulcorado. Torrecilla explica que hubo días malos, retrocesos, cansancio extremo, dudas. La vuelta al fútbol, más que un objetivo, fue una consecuencia de ir recuperando la confianza en su propio cuerpo. En El Cafelito no hay promesas de final feliz ni mensajes motivacionales prefabricados. Hay, simplemente, una mujer contando cómo aprendió a vivir de otra manera.

    A lo largo de la entrevista se percibe claramente que Torrecilla ya no habla desde la urgencia de demostrar nada. No necesita reivindicar su carrera ni justificar decisiones. Su tono es el de alguien que ha hecho las paces con su historia. Cuando menciona su retirada, lo hace sin dramatismo. El fútbol fue su vida durante muchos años, pero no es lo único que la define. Esa idea, que podría parecer simple, adquiere un peso enorme viniendo de alguien que lo dio todo por jugar.

    El valor simbólico de esta entrevista reside también en el momento en el que se produce. El fútbol femenino español vive una etapa de visibilidad sin precedentes, pero también de tensiones, debates y ajustes estructurales. Escuchar a una figura como Virginia Torrecilla hablar desde la experiencia larga, desde el pasado reciente que no conviene olvidar, funciona como un ejercicio de memoria colectiva. Su relato no compite con el presente; lo explica.

    No hay en sus palabras reproches directos ni cuentas pendientes. Hay, eso sí, una invitación implícita a no perder de vista de dónde se viene. A entender que los avances no son espontáneos ni garantizados. A reconocer que muchas de las mejoras actuales se sostienen sobre historias como la suya, construidas en silencio y con una resiliencia que pocas veces fue reconocida en su momento.

    La conversación con Josep Pedrerol se cierra sin grandes fuegos artificiales. No hay frase final diseñada para viralizarse. Hay una sensación de calma, de verdad dicha sin urgencia. Y eso, en el ecosistema mediático actual, es casi revolucionario. El Cafelito se confirma así como un espacio donde el deporte puede ser contado de otra manera, y Virginia Torrecilla deja una huella que va más allá de cualquier estadística.

    Cuando termina la entrevista, queda la impresión de haber asistido a algo más que una charla televisiva. Es el testimonio de una mujer que jugó cuando no había foco, que enfermó cuando estaba en la cima, que volvió cuando nadie lo esperaba y que ahora habla sin necesidad de subrayarse. Su historia no necesita adornos porque ya es, en sí misma, profundamente épica. No por los títulos ganados, sino por todo lo que tuvo que atravesar para poder contarlo.

    Hay una dimensión de la entrevista que se impone con el paso de los minutos y que no necesita ser explicitada: la de la responsabilidad involuntaria de quien se convierte en referente. Virginia Torrecilla nunca afirma que quiera ser ejemplo de nada, pero su forma de contar su historia termina ocupando ese lugar. No por voluntad discursiva, sino por acumulación de vivencias. En El Cafelito, su relato funciona como un espejo en el que se reflejan muchas trayectorias del fútbol femenino español, especialmente las de aquellas jugadoras que crecieron cuando todavía no existía un camino marcado.

    Cuando habla de las generaciones más jóvenes, no lo hace desde la nostalgia ni desde el reproche. No hay en sus palabras una comparación directa ni una reivindicación explícita del “nosotras lo pasamos peor”. Lo que aparece es algo más sutil: la conciencia de que el presente es distinto porque el pasado fue difícil. Torrecilla no reclama reconocimiento retroactivo; simplemente deja constancia de una realidad que durante años fue ignorada. Su testimonio adquiere así un valor pedagógico sin proponérselo.

    La entrevista también deja entrever una reflexión profunda sobre la identidad. Durante muchos años, Virginia Torrecilla fue, ante todo, futbolista. Su vida giraba en torno al entrenamiento, la competición, el vestuario, el calendario. La enfermedad rompió esa estructura de golpe. En la conversación con Pedrerol se percibe cómo ese quiebre obligó a reconstruirse desde otro lugar. Habla de aprender a parar, de aceptar la vulnerabilidad, de entender que el valor personal no depende del rendimiento. Son ideas que no se desarrollan como discurso teórico, sino que emergen de la experiencia vivida.

    Hay momentos en los que el silencio pesa tanto como las palabras. Cuando Torrecilla recuerda a personas que conoció durante el tratamiento y que no sobrevivieron, la entrevista se detiene en una pausa que no necesita explicación. Es uno de esos instantes en los que el espectador entiende que el deporte, incluso en su versión más épica, queda en segundo plano frente a la fragilidad humana. Esa honestidad, sin sentimentalismo, es una de las claves que convierten la entrevista en algo excepcional.

    En paralelo, la figura de Josep Pedrerol adquiere un matiz distinto al habitual. Lejos del ritmo frenético y la confrontación que caracterizan otros formatos, aquí actúa como facilitador del relato. No busca titulares, no interrumpe con opiniones, no compite por el protagonismo. Esa elección editorial no es menor. Permite que la historia se despliegue con naturalidad y que el foco permanezca siempre en quien tiene algo que contar. En un ecosistema mediático dominado por la urgencia y el ruido, esa contención resulta casi anacrónica, y precisamente por eso tan efectiva.

    A medida que la entrevista avanza, se hace evidente que Torrecilla no habla desde la herida abierta, sino desde la cicatriz. No hay resentimiento, pero tampoco olvido. La serenidad con la que expone situaciones duras no implica que hayan dejado de doler, sino que han sido integradas. Esa diferencia es fundamental para entender el tono de toda la conversación. No es una catarsis, es una narración consciente.

    Cuando se refiere a su libro y a la decisión de contar su historia por escrito, se intuye el mismo impulso: ordenar la experiencia, darle sentido, compartirla sin convertirla en espectáculo. Torrecilla no se presenta como una superviviente excepcional, sino como alguien que tuvo miedo, que sufrió y que contó con apoyos determinantes. Esa normalización del proceso, lejos de restarle fuerza, lo hace más cercano y más real.

    El fútbol vuelve a aparecer hacia el final de la entrevista como lo que siempre fue para ella: un lugar de pertenencia. No idealizado, no perfecto, pero profundamente significativo. Habla de lo que le dio y de lo que le quitó, sin establecer una balanza definitiva. El deporte no es el villano ni el salvador absoluto de su historia; es el escenario en el que se desarrolló. Esa mirada madura, sin extremos, contrasta con muchos relatos habituales en torno a las carreras deportivas.

    En ese sentido, la conversación funciona también como un cierre simbólico. No un punto final, sino una especie de síntesis vital. Torrecilla no necesita anunciar nuevos proyectos ni marcar un siguiente objetivo. Su presencia en El Cafelito no responde a una campaña ni a un retorno. Es, simplemente, el momento en el que decide contar lo vivido con la distancia suficiente para que las palabras no quemen.

    La recepción mediática de la entrevista confirma su impacto. Fragmentos de sus declaraciones se replican en distintos medios, especialmente aquellos relacionados con su infancia, la discriminación y la enfermedad. Pero reducir la conversación a titulares aislados sería injusto. La fuerza del encuentro reside precisamente en su continuidad, en cómo cada parte del relato se apoya en la anterior y construye una imagen completa, compleja, humana.

    Lo que queda después de escucharla no es una sensación de tristeza, sino de respeto. Respeto por una trayectoria que no fue lineal, por una carrera que se sostuvo contra muchas inercias y por una persona que eligió hablar cuando ya no tenía nada que demostrar. En ese gesto hay una generosidad poco habitual: la de compartir la experiencia no para obtener algo a cambio, sino para que otros entiendan.

    La entrevista entre Virginia Torrecilla y Josep Pedrerol se inscribe así en una tradición muy concreta del periodismo deportivo: la de las conversaciones que sobreviven al contexto inmediato. No depende de un resultado, de una polémica ni de una actualidad concreta. Puede leerse, verse o escucharse dentro de años y seguirá teniendo sentido, porque habla de cuestiones que no caducan: el derecho a ocupar espacios, la dignidad frente a la adversidad, la construcción de la identidad y la necesidad de ser escuchada.

    Torrecilla no levanta la voz, no reclama, no acusa. Simplemente cuenta. Y en ese acto, aparentemente sencillo, hay una potencia enorme. Porque contar la verdad, cuando se ha vivido tanto, es ya una forma de valentía. Y porque su historia, sin adornos ni exageraciones, explica mejor que muchos discursos por qué el fútbol femenino es hoy lo que es, y por qué no se puede entender su presente sin mirar de frente a su pasado.

    Hay algo que se revela con especial claridad conforme el relato de Virginia Torrecilla avanza y se expande: su historia no necesita ser dramatizada porque ya contiene, en sí misma, todos los elementos de una tragedia clásica y de una épica moderna. Vocación temprana, oposición social, perseverancia, caída abrupta, reconstrucción y una forma de regreso que no pasa necesariamente por el lugar del que se partió. En El Cafelito, Torrecilla no se coloca nunca en el centro del escenario como heroína, pero su forma de narrarse termina ocupando ese espacio inevitablemente.

    Cuando habla del fútbol femenino actual, lo hace desde una posición que no es ni de distancia ni de pertenencia absoluta. Ya no es jugadora en activo, pero tampoco se ha desvinculado emocionalmente del todo. Observa el presente con una mezcla de orgullo y cautela. Orgullo por lo conseguido, por los avances evidentes, por la normalización progresiva de algo que durante décadas fue excepcional. Cautela porque sabe, por experiencia propia, que los procesos no son irreversibles y que las conquistas necesitan ser protegidas.

    Esa mirada larga es una de las aportaciones más valiosas de la entrevista. Torrecilla no analiza el fútbol femenino desde la teoría ni desde el debate político, sino desde la vivencia acumulada. Cuando recuerda cómo era competir sin focos, sin cámaras, sin contratos profesionales, no lo hace para reclamar un reconocimiento tardío, sino para contextualizar. Su relato funciona como una advertencia tranquila: nada de lo que hoy se disfruta fue gratuito.

    Hay un momento especialmente revelador cuando deja entrever que durante años interiorizó muchas situaciones como normales. No porque lo fueran, sino porque no existían herramientas para nombrarlas. Ese reconocimiento, formulado sin dramatismo, es clave para entender toda una época. La entrevista no convierte a Torrecilla en portavoz oficial de nada, pero sí la sitúa como testigo cualificado de un sistema que durante demasiado tiempo funcionó sin cuestionarse a sí mismo.

    La conversación también aborda, de manera indirecta, la relación entre el cuerpo y el rendimiento. En el deporte de alto nivel, el cuerpo suele ser tratado como instrumento, como recurso que se exprime hasta el límite. La enfermedad obligó a Torrecilla a mirar su propio cuerpo desde otro lugar, a escucharlo, a aceptar su fragilidad. Esa transformación aparece en la entrevista como uno de los aprendizajes más profundos. Ya no se trata de cuánto puede rendir, sino de cómo habitarlo sin violencia.

    En ese sentido, su testimonio dialoga con una conversación más amplia que atraviesa el deporte contemporáneo: la del cuidado, la salud mental, el equilibrio. Torrecilla no utiliza esos términos como consignas, pero los encarna. Habla de parar, de aceptar límites, de redefinir prioridades. Lo hace desde la experiencia, no desde el discurso aprendido.

    El tono de la entrevista nunca cae en la autocompasión. Incluso cuando aborda los momentos más duros, hay una sobriedad que resulta casi pedagógica. No hay lágrimas forzadas ni silencios teatrales. Hay una voz firme que sabe lo que ha vivido y que no necesita adornarlo. Esa contención emocional es, paradójicamente, lo que hace que el relato impacte con más fuerza.

    A lo largo de la conversación, Torrecilla demuestra una capacidad poco común para mirar atrás sin quedarse atrapada en el pasado. No reniega de lo vivido, pero tampoco se define exclusivamente por ello. Su identidad se construye desde la integración de todas esas experiencias, no desde su superación simbólica. No hay un “antes y después” tajante, sino una continuidad transformada.

    El espectador que se acerca a El Cafelito esperando una entrevista deportiva convencional se encuentra con algo distinto.

    No hay análisis tácticos ni debates sobre resultados. Hay una reflexión profunda sobre lo que significa dedicarse a un deporte que durante años no devolvía lo que exigía. Y hay, sobre todo, una reivindicación implícita del derecho a contar la propia historia con los propios tiempos.

    En el tramo final de la charla, Torrecilla no proyecta grandes discursos hacia el futuro. No anuncia cruzadas ni se coloca como referente militante. Su posición es más sutil y, por eso mismo, más poderosa. Habla desde la coherencia personal, desde la tranquilidad de haber hecho lo que podía con las herramientas que tenía en cada momento. Esa honestidad, tan poco frecuente en los relatos públicos, es uno de los grandes logros de la entrevista.

    Cuando termina la conversación, no queda la sensación de haber asistido a una despedida, sino a una especie de asentamiento. Como si Torrecilla hubiera encontrado el lugar desde el que mirar todo lo vivido sin que le pese. Ese equilibrio no se alcanza sin atravesar muchas capas de dolor, y eso se percibe en cada una de sus palabras.

    La entrevista con Josep Pedrerol no intenta cerrar nada de forma definitiva. No clausura una carrera ni inaugura otra. Simplemente fija un punto en el tiempo desde el que se puede comprender mejor una trayectoria y, por extensión, una parte fundamental de la historia reciente del fútbol femenino español. Su valor reside precisamente en esa condición de documento vivo.

    Virginia Torrecilla no habla para convencer, ni para denunciar, ni para emocionar deliberadamente. Habla porque puede hacerlo, porque ha llegado a un lugar desde el que las palabras no son urgentes ni defensivas. Y en ese gesto hay una fuerza que trasciende cualquier formato televisivo.

    Conforme el relato se prolonga y se asienta, resulta inevitable entender la entrevista como algo más que un testimonio individual. La conversación va dibujando, sin proponérselo explícitamente, un mapa emocional de una época concreta del deporte español. No porque Torrecilla hable en nombre de todas, sino porque su experiencia coincide en demasiados puntos con la de muchas otras futbolistas que crecieron y compitieron cuando el fútbol femenino era todavía un territorio sin normas claras, sin protección institucional y sin una narrativa pública que lo legitimara.

    En El Cafelito, Torrecilla no teoriza sobre desigualdad ni articula discursos políticos, pero su relato expone con precisión quirúrgica las consecuencias de esa desigualdad. Las situaciones que describe —la soledad en los vestuarios, la normalización del irrespeto, la necesidad de trabajar fuera del fútbol, la fragilidad contractual— aparecen como hechos asumidos, no como excepciones. Y es precisamente esa naturalidad la que les da gravedad. Porque lo que se cuenta no es una anomalía, sino una estructura.

    A lo largo de la entrevista se percibe que Torrecilla ha hecho un ejercicio profundo de comprensión de su propia historia. No hay contradicciones forzadas ni revisiones oportunistas. Lo que dice hoy encaja con lo que ha dicho en otros momentos, pero con una diferencia clave: ahora habla sin prisa. Esa falta de urgencia le permite detenerse en matices que antes quizá no eran visibles, incluso para ella misma. Hay una madurez narrativa que solo llega cuando el tiempo ha hecho su trabajo.

    El fútbol, en su relato, aparece muchas veces como refugio y otras tantas como espacio de tensión. Fue el lugar donde se sintió libre y también donde tuvo que soportar situaciones que hoy serían inaceptables. Esa ambivalencia no se resuelve; se acepta. Torrecilla no necesita reconciliarse con una versión ideal del deporte. Asume su complejidad, sus luces y sus sombras, y desde ahí construye una relación más sana con lo que fue su vida durante tantos años.

    Uno de los aspectos más poderosos de la entrevista es la manera en que Torrecilla habla del miedo. No solo del miedo a la enfermedad, sino del miedo anterior: el miedo a no encajar, a no ser aceptada, a no tener futuro. Es un miedo silencioso, persistente, que acompañó su carrera mucho antes del diagnóstico médico. Al ponerlo en palabras, sin dramatismo, lo convierte en una experiencia compartible, reconocible para muchas personas que han tenido que abrirse camino en entornos que no estaban pensados para ellas.

    La enfermedad, paradójicamente, aparece como el punto que detiene esa huida constante hacia adelante. El cuerpo dice basta y obliga a mirar de frente lo esencial.

    Torrecilla habla de ese momento como un corte radical, pero no como una ruptura con su identidad. El fútbol no desaparece, pero deja de ocupar todo el espacio. En El Cafelito, esa transformación se percibe como uno de los aprendizajes más profundos de su vida, incluso más que cualquier logro deportivo.

    Hay una honestidad notable cuando reconoce que no siempre fue fuerte, que hubo miedo, cansancio, fragilidad. En un mundo deportivo que glorifica la resistencia sin fisuras, escuchar a alguien hablar así tiene un valor especial. No hay épica del sufrimiento, sino reconocimiento de la vulnerabilidad como parte inevitable de la experiencia humana. Esa perspectiva no resta grandeza a su historia; la amplía.

    La entrevista también deja claro que Torrecilla no busca controlar cómo será recordada. No insiste en fijar un legado ni en definir su lugar en la historia. Esa renuncia a la autopromoción es, en sí misma, una forma de coherencia. Su historia queda ahí, disponible, sin instrucciones de uso. Cada cual puede leerla desde su propia experiencia.

    El papel de Pedrerol, en este punto, vuelve a ser relevante por lo que no hace. No intenta conducir el relato hacia una conclusión cerrada, no resume, no interpreta por ella. Permite que la conversación se apague de forma natural, como se apagan las charlas importantes: sin una frase final perfecta, pero con la sensación de que algo ha quedado claro.

    Y lo que queda claro, cuando la entrevista termina, es que Virginia Torrecilla representa una forma de entender el deporte que no siempre tiene espacio en los focos. Una forma basada en la perseverancia silenciosa, en la dignidad cotidiana, en la capacidad de resistir sin convertirse en estatua. Su historia no necesita ser mitificada porque ya es significativa tal y como es.

    La conversación en El Cafelito no pretende cambiar nada de forma inmediata, pero deja una huella profunda. Funciona como un recordatorio de que el deporte no se construye solo con victorias, sino con trayectorias. Que detrás de cada avance hay historias largas, complejas, a menudo incómodas. Y que escucharlas es una forma de justicia.

    Virginia Torrecilla no se despide del fútbol en esta entrevista, pero tampoco se aferra a él. Habla desde un lugar de equilibrio poco común, desde una serenidad conquistada. Esa posición le permite mirar atrás sin nostalgia tóxica y mirar adelante sin ansiedad. Es, quizás, el mayor triunfo de su recorrido.

    La épica de esta entrevista no está en el tono ni en la puesta en escena. Está en la acumulación de verdad. En la coherencia entre lo vivido y lo contado. En la valentía tranquila de quien decide hablar cuando ya no necesita demostrar nada.

    Y por eso esta conversación permanece. Porque no grita, no exagera, no dramatiza. Simplemente existe. Y en esa existencia, tan humana y tan real, explica mejor que muchos discursos qué ha sido, qué es y qué puede llegar a ser el fútbol femenino contado desde dentro.

    Cuando la cámara se apaga y el café se enfría, lo que permanece no es una frase brillante ni un titular diseñado para circular rápido, sino la sensación de haber escuchado algo que necesitaba tiempo para ser dicho. La entrevista entre Virginia Torrecilla y Josep Pedrerol no deja una consigna ni una conclusión cerrada; deja un poso. El de una vida atravesada por el fútbol, por la desigualdad, por la enfermedad y por una reconstrucción que no busca aplauso. Torrecilla no se erige en símbolo por voluntad propia, pero termina siéndolo porque su historia condensa muchas otras que durante años no tuvieron voz ni espacio.

    Su relato no reclama compasión ni reconocimiento tardío. Reclama memoria. Memoria de cómo se jugaba cuando no había focos, de cómo se resistía cuando no había estructura, de cómo se seguía adelante cuando el cuerpo y el entorno decían basta. En ese ejercicio de memoria hay una forma de justicia silenciosa, una reparación que no pasa por el homenaje ni por la épica impostada, sino por la escucha atenta.

    La conversación en El Cafelito no busca cerrar una etapa ni abrir otra. Se sitúa en un punto de equilibrio poco habitual, desde el que se puede mirar el pasado sin idealizarlo y el presente sin darlo por garantizado. Torrecilla habla desde la serenidad de quien ha atravesado lo peor y ha aprendido a vivir sin urgencias, sin la necesidad constante de demostrar. Y esa serenidad, conquistada a fuerza de golpes, es quizá su mayor legado.

    Cuando todo termina, queda una certeza difícil de ignorar: el fútbol femenino no se explica solo con resultados, audiencias o contratos. Se explica con historias como esta, largas, complejas, a veces incómodas, profundamente humanas.

    Escucharlas no es un gesto de nostalgia, sino una obligación con el presente y una responsabilidad con el futuro.

    Virginia Torrecilla es, por encima de cualquier etiqueta deportiva, un ejemplo de superación tras reponerse de un tumor cerebral que alteró por completo su vida y su carrera. No lo es por haber regresado a competir ni por la dimensión pública de su historia, sino por la manera en que afrontó la enfermedad, aceptó la fragilidad y reconstruyó su identidad sin renunciar a lo que fue. Su testimonio no glorifica el sufrimiento ni lo convierte en espectáculo; lo humaniza.

    Y en ese gesto, sereno y honesto, reside la verdadera fuerza de su historia.

    Virginia Torrecilla no levanta la voz ni pide permiso. Cuenta. Y al hacerlo, deja constancia de algo esencial: que la dignidad también juega partidos largos, que hay victorias que no aparecen en los marcadores y que algunas entrevistas, como algunas vidas, no necesitan más ruido para quedarse.

    En uno de los momentos más distendidos de la conversación, Josep Pedrerol le preguntó directamente si era del Barcelona, una cuestión casi inevitable por su pasado como jugadora azulgrana. Virginia Torrecilla respondió con naturalidad y sin titubeos que no, que su sentimiento deportivo está ligado al Atlético de Madrid. La respuesta, sencilla y sin necesidad de matices, cerró la entrevista con una nota de identidad clara y honesta, coherente con todo su relato: el de una futbolista que ha pasado por grandes clubes, pero que habla siempre desde la verdad de su recorrido personal y emocional.

    Queda claro así que la internacional absoluta por España jamás olvidará lo que la entidad que preside Lola Romero hizo por ella durante su enfermedad.

    Ver la entrevista aquí |

    https://youtu.be/3QZo0ilU2KA?si=beuYpP4m7VJ_h0Ez

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | El Arsenal desata la tormenta perfecta y convierte la semifinal en manifiesto

    (Fuente: FIFA)

    ◼️ No fue un partido. Fue una declaración. Una exhibición de jerarquía, ritmo y fútbol total que convirtió la segunda semifinal de la Copa de Campeones Femenina en un relato de una sola dirección. El Arsenal Women, implacable desde el primer minuto, desbordó por completo al ASFAR Rabat Women con un 6-0 rotundo, una goleada que habla tanto de la ambición londinense como del punto exacto en el que el fútbol no admite concesiones. Gol a gol, presión a presión, las ‘Gunners’ firmaron una noche que las impulsa directamente a la gran final ante Corinthians, con la sensación de haber llegado a Londres para mandar.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: FIFA)

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🔥 Arsenal Women 🆚 ASFAR 🔥

    🤝 Segunda semifinal

    📅 Miércoles, 28 de enero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 APP de DAZN

    🏟️Brentford Community Stadium, Londres

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Los primeros compases no dejaron goles, pero sí mensajes. El Arsenal movía el balón con paciencia, sin ansiedad, como quien sabe que el tiempo juega a su favor. ASFAR, ordenado, intentaba resistir, consciente de que cada minuto sin encajar reforzaba su confianza.

    Pero había algo en el lenguaje corporal de las londinenses que anticipaba lo inevitable. No había prisas, pero sí determinación. No había nervios, pero sí hambre.

    El Arsenal estaba midiendo. Y cuando un equipo de este calibre mide, es porque ya ha decidido dónde va a golpear.

    El primer gol llegó como llegan los goles de los equipos grandes: sin estridencias, casi sin aviso. Una posesión larga, horizontal, diseñada no para avanzar metros sino para desordenar estructuras. El ASFAR basculaba, cerraba, se ayudaba. Pero cada desplazamiento lateral era una pequeña concesión.

    El balón viajó de un lado a otro hasta que apareció el espacio. No fue un fallo evidente. Fue una microrrotura, una desconexión mínima entre central y lateral, suficiente para que el Arsenal encontrara profundidad. El centro fue preciso, tenso, al corazón del área. Y allí, el remate. Limpio. Inapelable.

    El 1-0 no fue un golpe devastador, pero sí fue el primer aviso serio. La semifinal ya tenía dueño territorial en el minuto 8 de juego, el duelo no era tan equilibrado como el que midió al mediodía al Gotham con el Corinthians (0-1).

    Cuatro minutos más tarde, la ventaja se duplicó cuando Maanum se giró y disparó a bocajarro. Caldentey marcó el tercero poco después, transformando con sangre fría un penalti tras una mano de Zineb Redouani dentro del área para poner el 2-0 en el 12, poco antes del primer cuarto de hora.

    En ese momento, la semifinal empezó a deslizarse peligrosamente hacia un escenario que ASFAR quería evitar a toda costa: el partido largo, el desgaste, la sensación de estar siempre persiguiendo sombras.

    Con dos goles de ventaja, el Arsenal no bajó el ritmo. Tampoco lo desató sin sentido. Hizo lo que hacen los equipos que saben competir: administrar la superioridad sin renunciar a la identidad.

    La circulación fue aún más fluida. Las líneas, más cortas. El ASFAR, por momentos, ya no defendía para robar, sino para limitar daños. Cada llegada inglesa era una amenaza latente.

    La semifinal, poco a poco, empezaba a parecerse a un monólogo para el actual campeón de la Liga de Campeones Femenina.

    El tercer gol llegó justo cuando ASFAR empezaba a pensar en el descanso como refugio. Y llegó de la manera más dolorosa: con fútbol asociativo, con precisión quirúrgica, con la sensación de que el Arsenal estaba jugando en otra dimensión.

    La jugada fue una coreografía perfecta. Pase interior, apoyo, devolución, desmarque.
    El ASFAR quedó partido por la mitad durante un segundo. Fue suficiente. La llegada desde segunda línea culminó la acción con autoridad para poner el 3-0 en el 41 que mataba el encuentro de algún modo.

    pitido que señalaba el final de la primera parte sonó casi como un alivio para ASFAR Rabat. El marcador era duro, pero el castigo podía haber sido mayor. Para el Arsenal, en cambio, el descanso fue una pausa incómoda, una interrupción de un flujo que dominaba por completo.

    Las londinenses se marcharon al vestuario sin euforia. Con la seriedad de quien sabe que el trabajo no está terminado.

    Y lo que vendría después confirmaría que el Arsenal no entiende de medias tintas.

    La imagen de las londinenses al volver al césped fue reveladora. No hubo repliegue conservador ni gesto alguno que indicara administración del resultado. Las líneas siguieron altas, el bloque compacto, la presión activa. El mensaje era claro: no se trata de ganar, sino de cómo se gana.

    En ese punto del partido, el Arsenal ya no competía contra el ASFAR Rabat, sino contra una idea más abstracta: la de no traicionarse a sí mismo. Los equipos grandes no entienden las semifinales como trámites ni las goleadas como excusas para bajar el ritmo. Las entienden como escenarios donde se construye reputación.

    El ASFAR Rabat, consciente de la situación, intentó introducir matices. Adelantó tímidamente su bloque, buscó posesiones más largas, trató de respirar con el balón. Pero cada intento encontraba un obstáculo inmediato. El Arsenal no solo recuperaba rápido: recuperaba bien. Siempre con una jugadora perfilada para el siguiente pase, siempre con una línea de progresión clara.

    A esas alturas, el mayor desafío para el ASFAR no era táctico ni físico, sino psicológico. Defender durante largos tramos, correr detrás del balón, encajar goles sin margen de respuesta va erosionando convicciones. El fútbol de élite no perdona las dudas, y el Arsenal se alimenta de ellas.

    Cada control marroquí era observado. Cada pase lateral, presionado. Cada despeje, devuelto de inmediato. El partido se jugaba casi exclusivamente en campo del ASFAR, que ya no encontraba salida ni refugio.

    El cuarto gol no tuvo la belleza estructural del tercero ni la contundencia psicológica del segundo. Tuvo algo diferente, quizá más revelador: la lógica aplastante del dominio.

    Llegó tras una secuencia prolongada de ataques. Centro lateral rechazado, balón suelto, segunda jugada mal defendida. El Arsenal, atento, atacó el espacio con determinación. El disparo fue potente, directo, sin necesidad de florituras.

    Ese gol fue el que terminó de transformar la semifinal en un ejercicio de control absoluto. No quedaba espacio para el milagro ni para la épica desde el lado marroquí. Solo para la resistencia y el aprendizaje en el minuto 61 de juego.

    Con el 4-0 en el marcador, el Arsenal mostró quizá su rasgo más definitorio: la ausencia total de complacencia. No hubo gestos de exceso ni celebraciones desmedidas. Hubo concentración, orden y continuidad .

    El equipo se movía como una unidad orgánica. Las distancias entre líneas eran mínimas. Las coberturas, automáticas. La ocupación del área rival, constante pero racional. No atacaban todas al mismo tiempo; atacaban las necesarias.

    El ASFAR Rabat seguía intentando competir. Cada duelo ganado era celebrado como una pequeña victoria. Cada posesión larga, una forma de reafirmarse. Pero el Arsenal siempre volvía a tomar el control, como una marea que retrocede solo para volver con más fuerza.

    El quinto tanto llegó cuando el partido ya estaba completamente decantado, pero no por ello perdió significado.

    Al contrario. Fue el gol que convirtió la semifinal en un festival futbolístico sin crueldad.

    La jugada nació desde atrás, con calma, con una circulación que parecía casi didáctica. El ASFAR trató de cerrar espacios, pero el Arsenal encontraba siempre una línea más. El pase final dejó a la atacante en una posición franca. La definición fue precisa, casi serena.

    El 5-0 en el no provocó abatimiento en las marroquíes, sino una resignación digna. Sabían que el rival era superior y lo aceptaron sin renunciar a su identidad en el minuto 66 de la semifinal.

    Llegados a este punto, el ASFAR Rabat ya jugaba otro partido. Uno invisible para el marcador, pero fundamental para su historia. El de mantener la dignidad, el de seguir compitiendo pese a la evidencia.

    El equipo marroquí no se descompuso. No perdió el orden. No recurrió a la dureza. Entendió que aquella noche no era para ganar, sino para aprender. Y esa lectura, en contextos así, también es una victoria silenciosa.

    El sexto gol fue la consecuencia natural de todo lo anterior. No un castigo añadido, sino el cierre lógico de una noche sin concesiones. El Arsenal encontró espacio una vez más, combinó con paciencia y atacó el área con determinación. El remate final puso el broche definitivo cuando el luminoso andaba ya por el minuto 75, a un cuarto de hora para el noventa .

    El marcador ya no importaba. Importaba la sensación. Y la sensación era inequívoca: el Arsenal había convertido la semifinal en un manifiesto futbolístico.

    Cuando la árbitra señaló el final del partido, no hubo saltos ni gestos desmedidos. El Arsenal celebró con sobriedad. Porque los equipos grandes no celebran semifinales; celebran finales.

    Las jugadoras del ASFAR Rabat se saludaron entre sí y con sus rivales. Habían sido superadas, sí, pero también habían formado parte de un escenario que impulsa el crecimiento del fútbol femenino global.

    Y ahora, el último capítulo. En la final aguarda el Corinthians, coloso brasileño, campeón sudamericano, símbolo de otra escuela, de otra cultura futbolística. Europa contra Brasil. Método contra talento. Precisión contra improvisación.

    El Arsenal llega lanzado, con una goleada que no solo lo impulsa, sino que lo define. Ha dicho quién es y cómo quiere competir. Ahora le queda demostrarlo en el escenario definitivo.

    La Copa de Campeones Femenina ya tiene final.
    Y el mundo del fútbol femenino, un nuevo pulso que observar.

    Goles |

    1-0 Blacktenius 8’ ⚽️
    2-0 Frida Maanun 12’ ⚽️
    3-0 Mariona Caldentey (P.) 22’ ⚽️
    4-0 Olivia Smith 41’ ⚽️
    5-0 Alessia Russo 66’ ⚽️
    6-0 Alessia Russo 76’ ⚽️

    📋 Ficha técnica |

    Borbe; Holmberg, Laia Codina, Wubben-Moy, Hinds; Pelova, Caldentey, Maanum, Smith; Mead, Blackstenius 

    Suplentes usadas:
    Caitlin Foord (45′), Kim Little (45′), Katie McCabe (61′), Alessia Russo (60′), Cloe Kelly (77’).

    ASFAR Rabat WomenTitulares:
    Errmichi; Boukhami, Aït El Haj, Rabbah (c), Redouani; Sanaa, Saïd, Erroudany, Benzina; Lahmari, Tagnaout.

    Cambios:El Madani (75′), Gnammi (70′), entre otras sustituciones del banquillo. 

    (Fuente: DAZN)

  • La previa | Arsenal vs ASFAR Rabat Women

    (Fuente: FIFA)

    ◼️ El grito del fútbol femenino: Arsenal Women y ASFAR se batirán el cobre para estar una final en la que ya espera Corinthians.

    Este miércoles, 28 de enero de 2026, a las 19:00 horario peninsular el Brentford Stadium será testigo de un enfrentamiento histórico: Arsenal Women, campeonas de Europa, contra ASFAR, las dominadoras africanas, en la segunda semifinal de la FIFA Women’s Champions Cup. Más que un partido, es un choque de culturas, estilos y ambiciones que promete escribir un nuevo capítulo en la historia del fútbol femenino global.

    La FIFA Women’s Champions Cup 2026 es más que un torneo; es un nuevo paradigma del fútbol femenino de clubes, una competición que une campeonas de todas las confederaciones en una lucha directa por la supremacía mundial. Con seis equipos invitados, representando a UEFA, CAF, CONCACAF, CONMEBOL, AFC y OFC, la cita se concibe como un preludio del futuro Mundial de Clubes Femenino, con premio récord en la historia del fútbol femenino y cobertura global sin precedentes.

    Este torneo simboliza un paso decisivo en la globalización del deporte, donde ya no basta con dominar una liga local o continental; la auténtica hegemonía se mide en enfrentamientos directos entre continentes. En este contexto, la semifinal entre Arsenal y ASFAR representa la verdadera prueba de fuego para ambas escuadras: una batalla donde historia, tradición, audacia y estrategia se entrelazan.

    El Arsenal Women a esta semifinal con la fuerza de su historia: múltiples títulos de liga inglesa, copas nacionales y, especialmente, la UEFA Women’s Champions League 2025, lograda tras derrotar al FC Barcelona por 1–0 en una final que combinó disciplina defensiva y explosión ofensiva.

    Este triunfo europeo marcó el regreso del Arsenal al trono continental 18 años después de su primer título, consolidando a las Gunners como una potencia no solo local, sino global.

    Su última temporada europea mostró la capacidad de manejar partidos de alta tensión: desde goleadas contra Lyon y Real Madrid hasta victorias ajustadas ante rivales de primer nivel. La profundidad de plantilla y la inteligencia táctica son evidentes en cada línea: defensas seguras, mediocampo creativo y delanteras con instinto goleador.

    El estilo del Arsenal basa en posesión, ritmo controlado y transiciones rápidas. Su estructura permite alternar entre presión alta y ataques verticales con extremos veloces. La experiencia continental les otorga capacidad para adaptarse a contextos de alta presión, manejar la ansiedad del partido y neutralizar ataques rivales sin perder agresividad ofensiva.

    Jugadoras clave aportan técnica, visión y liderazgo, equilibrando juventud con veteranía. La cohesión y disciplina táctica son el sello que ha permitido a Arsenal superar obstáculos y mantener un rendimiento sobresaliente en los momentos decisivos de la Champions League.
    ASFAR Women, desde Marruecos, representa el ascenso del fútbol africano femenino. Campeonas nacionales repetidas veces y vencedoras de la CAF Women’s Champions League 2025, ASFAR ha demostrado consistencia y capacidad para enfrentar rivales de alto nivel. Su victoria frente al campeón asiático —Wuhan Chegu Jiangda WFC— en cuartos de final consolidó su posición como contendientes globales.

    La semifinal ante Arsenal no es solo una oportunidad deportiva, sino un momento histórico: por primera vez, un club africano tiene la posibilidad real de disputar una final mundial contra la élite europea, demostrando que el fútbol africano femenino ha alcanzado madurez competitiva y táctica.

    El ASFAR combina intensidad física, disciplina defensiva y velocidad en las transiciones ofensivas. Sus jugadoras clave poseen experiencia internacional, desde mundiales sub‑20 hasta torneos africanos, aportando madurez y calma en momentos de presión.

    Su juego se caracteriza por ataques rápidos, presión alta en zonas estratégicas y robustez en defensa, buscando aprovechar cada desajuste del rival. La capacidad de adaptarse a distintas situaciones de partido y su mentalidad audaz hacen de ASFAR un rival impredecible y peligroso, incluso para equipos consolidados como el Arsenal.

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🔥 Arsenal Women 🆚 ASFAR 🔥

    🤝 Segunda semifinal

    📅 Miércoles, 28 de enero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 APP de DAZN

    🏟️Brentford Community Stadium, Londres

    (Fuente: FIFA)
  • Oficial | Dónde ver el Atlético de Madrid vs Madrid CFF

    Oficial | Dónde ver el Atlético de Madrid vs Madrid CFF

    (Fuente: Movistar Plus)

    ◼️ El derbi madrileño regresa con aroma a batalla estratégica y cuentas pendientes. El Atlético de Madrid Femenino recibe al Madrid CFF en un choque que trasciende la tabla: orgullo capitalino, estilos antagónicos y tres puntos que pueden alterar la inercia competitiva. Intensidad sin concesiones, duelos individuales de alto voltaje y un pulso táctico donde cada transición y cada balón parado pueden inclinar la balanza. Madrid se parte en dos durante 90 minutos.


    La vigésima jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino, cuarta fecha de la segunda vuelta en esta apasionante Primera División Femenina 2025-2026, se presenta como uno de esos puntos de inflexión capaces de redefinir aspiraciones, consolidar proyectos y, sobre todo, volver a demostrar por qué la Liga F Moeve se ha consolidado como la tercera competición doméstica más relevante del planeta en el fútbol femenino, únicamente por detrás de la liga estadounidense y la inglesa. El calendario ha querido que este tramo decisivo del campeonato llegue envuelto en un mensaje institucional de enorme calado social bajo el lema “pasión por los colores”, una campaña impulsada por la patronal que preside Beatriz Álvarez Mesa con el propósito de visibilizar el Día Internacional contra la LGTBIfobia en el deporte, reforzando así el compromiso estructural de la competición con la diversidad, la inclusión y el respeto como pilares irrenunciables de la identidad de la Liga F. Pero más allá del contexto simbólico y del posicionamiento institucional, la jornada adquiere un magnetismo competitivo indiscutible con la disputa de un derbi madroño de alta tensión en la zona noble de la tabla clasificatoria entre el Atlético de Madrid Femenino y el Madrid CFF, un enfrentamiento que combina tradición reciente, rivalidad creciente, estilos antagónicos y una trascendencia clasificatoria que lo convierte en una cita ineludible incluso para el espectador neutral.

    El choque tendrá lugar este domingo 15 de febrero de 2026 a partir de las 18:30 en horario peninsular español y se disputará en el Centro Deportivo Alcalá de Henares, en Madrid, convertido ya en fortín rojiblanco y escenario habitual de los partidos como local del Atlético. La producción televisiva correrá a cargo de la OTT británica DAZN, que lo ofrecerá a través de DAZN 1 —dial 70 de Movistar Plus+— y además, en un movimiento estratégico que subraya la vocación expansiva del torneo, el encuentro podrá verse en abierto para todos aquellos aficionados que dispongan de una cuenta gratuita en la plataforma tras registrarse con su correo electrónico, una decisión que busca maximizar la audiencia potencial y convertir este derbi en escaparate del crecimiento cualitativo y cuantitativo de la Liga F Moeve.

    La combinación de reivindicación social, atractivo competitivo y accesibilidad audiovisual configura así un producto integral que trasciende el mero partido de fútbol para transformarse en un acontecimiento deportivo y cultural de primer orden.

    Desde el punto de vista estrictamente futbolístico, el precedente inmediato añade un matiz de equilibrio y cuentas pendientes. En la primera vuelta, disputada en el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada, el marcador reflejó un empate 1-1 en un duelo de alta intensidad emocional. Aquel día fue Allegra Poljak quien adelantó al conjunto independiente en el minuto 54, aprovechando un desajuste defensivo para golpear primero y trasladar la presión a las rojiblancas, que reaccionaron con determinación hasta que Fiamma Benítez, en el minuto 82, logró rescatar un punto para el Atlético culminando una fase de acoso final que evidenció la resiliencia competitiva del bloque colchonero. Ese empate no solo dejó la sensación de igualdad, sino que abrió una narrativa de rivalidad que ahora encuentra su segundo capítulo con mucho más en juego, porque la clasificación empieza a estrechar márgenes y cada detalle adquiere peso estructural en la lucha por Europa y por consolidar posiciones en el top ten.

    Sin embargo, si ampliamos el foco a la tendencia histórica reciente en el campeonato de la regularidad, el dominio rojiblanco ha sido notorio: los últimos cinco enfrentamientos ligueros entre ambos han caído del lado del Atlético, incluido un contundente 0-3 en Fuenlabrada donde la dupla ofensiva conformada por Gio Garbellini y Luany desarticuló al entramado defensivo del Madrid CFF con una exhibición de verticalidad, movilidad entre líneas y eficacia en el último tercio. Ese patrón estadístico aporta un componente psicológico que no puede obviarse, porque en los derbis los antecedentes pesan tanto como la pizarra y el estado de forma. En el cómputo global, desde que el Madrid CFF alcanzara la élite en 2010, se han registrado 17 enfrentamientos oficiales en Primera División con un balance de diez victorias para el Atlético, seis empates y tan solo un triunfo para el conjunto ahora dirigido por José Luis Sánchez Vera, cifras que subrayan la dificultad histórica del cuadro independiente para imponerse a su vecino, pero que al mismo tiempo alimentan el deseo de romper la inercia y reescribir la narrativa competitiva.

    El contexto clasificatorio añade una capa adicional de dramatismo. El Atlético de Madrid ocupa actualmente la quinta posición con 31 puntos, situado a tan solo dos unidades del Costa Adeje Tenerife Egatesa, sorprendente cuarto clasificado que se ha erigido como revelación parcial del curso, y a diez puntos de la Real Sociedad, que cierra los puestos europeos y representa el gran objetivo estratégico del conjunto rojiblanco de aquí a final de temporada.

    La distancia no es insalvable, pero exige regularidad, contundencia y, sobre todo, convertir el Centro Deportivo Alcalá de Henares en un bastión inexpugnable. Por su parte, el Madrid CFF transita por una dinámica más irregular que lo ha llevado a la décima plaza con 26 puntos, a seis del Atlético y todavía lejos del rendimiento que exhibió entre 2022 y 2025, etapa en la que fue capaz incluso de derrotar al Barcelona por 2-1 en Fuenlabrada y de mantenerse hasta las últimas jornadas en la pugna por el podio liguero, quedándose a las puertas de disputar la fase previa de la UEFA Women’s Champions League. Aquella versión ambiciosa y competitiva es la referencia que el club desea recuperar, y este derbi se presenta como una de sus últimas oportunidades para reengancharse a la pelea por posiciones europeas antes de que la brecha se ensanche de forma definitiva.

    En el plano táctico, el enfrentamiento adquiere tintes de duelo de estilos entre José Herrera y Sánchez Vera, dos técnicos con concepciones diferenciadas del juego. El Atlético ha construido su identidad reciente sobre una estructura sólida en bloque medio, transiciones verticales y una explotación intensiva de la velocidad en banda, mientras que el Madrid CFF ha alternado fases de presión alta con momentos de repliegue organizado buscando salir con criterio desde atrás. La gestión de los espacios intermedios, la capacidad para neutralizar la primera línea de pase rival y la eficacia en balón parado pueden convertirse en variables decisivas en un choque que, por su naturaleza de derbi, suele desbordar los guiones preestablecidos y premiar al equipo que mejor administre las emociones.

    Además, el partido estará inevitablemente marcado por los reencuentros. En el Madrid CFF militan actualmente figuras con pasado rojiblanco como Ángela Sosa Martín, leyenda del Metropolitano y ex del Levante, cuya experiencia y liderazgo en la medular aportan pausa y lectura táctica, y Mónica Hickmann, que defendió la camiseta del Atlético en 2017. En el bando colchonero también existen vínculos cruzados: Luany y Gio, protagonistas del citado 0-3, conocen bien la estructura del club independiente, y junto a ellas han adquirido peso específico fichajes como Silvia Lloris, Synne Jensen y Sheila Guijarro, piezas que han elevado el techo competitivo del equipo y que ahora asumen la responsabilidad de sostener la candidatura europea. Estos cruces biográficos añaden una dimensión emocional que intensifica la narrativa del derbi y refuerza el atractivo para el espectador.

    Todo ello sucede en un marco donde la Liga F Moeve continúa consolidando su posicionamiento internacional, impulsada por acuerdos audiovisuales estratégicos y por una progresiva profesionalización de estructuras.

    La apuesta de DAZN por emitir el encuentro en abierto no es un gesto aislado, sino parte de una estrategia orientada a ampliar la base de seguidores y a captar al público neutral que busca fútbol de alto nivel, ritmo competitivo y contextos emocionales potentes. Y pocos escenarios cumplen mejor esos requisitos que un derbi capitalino con aspiraciones europeas en juego, precedentes encendidos y un mensaje institucional que conecta deporte y valores.

    Para el espectador que aún duda, la ecuación es clara: rivalidad histórica, urgencia clasificatoria, talento individual contrastado, un marco reivindicativo que trasciende el césped y la posibilidad de acceder gratuitamente a la retransmisión. La combinación convierte este Atlético de Madrid contra Madrid CFF en mucho más que noventa minutos; es un capítulo clave en la narrativa de la temporada 2025-2026, un termómetro real de ambiciones y un escaparate del momento que atraviesa el fútbol femenino español. En un campeonato donde cada jornada redefine jerarquías y donde la lucha por Europa se ha comprimido hasta límites inesperados, perderse este derbi sería renunciar a presenciar uno de los pulsos más significativos del curso.

    El domingo, Madrid volverá a dividirse en dos colores, y la Liga F Moeve ofrecerá al mundo una nueva demostración de su crecimiento competitivo y social.

    🏆 Liga F Moeve

    ✨ Temporada 2025-2026 ✨

    🙌🏻 Matchday 20 | Día de partido

    🤩 Derbi madrileño

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Madrid CFF 🔥

    📅 Domingo, 15 de febrero de 2026

    ⏰ 18:30 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: DAZN)
  • La previa | El Atlético quiere soñar en Alcalá de Henares ante el United en el primer episodio de la batalla

    La previa | El Atlético quiere soñar en Alcalá de Henares ante el United en el primer episodio de la batalla

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Ambos equipos se ven las caras por segunda ocasión este curso y buscan una histórica plaza en los cuartos de final de la Liga de Campeones Femenina.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El fútbol europeo no siempre concede segundas oportunidades, pero cuando lo hace suele exigir algo más que talento: exige memoria, carácter y la capacidad de sostener una idea cuando el partido empuja en contra. El Atlético de Madrid vuelve a citarse con la Women’s Champions League en uno de esos encuentros que no se juegan solo con los pies, sino con el peso de lo que fue, de lo que se desea volver a ser y de lo que todavía está por conquistar. Enfrente, un Manchester United que ha aprendido a competir desde la solidez, desde el control de los silencios del partido, desde una madurez defensiva que lo ha llevado, por primera vez en su historia, a mirar de frente una fase eliminatoria continental con autoridad y sin complejos.

    El precedente inmediato aún arde. El United se impuso por la mínima en la jornada 2 gracias a una volea de Fridolina Rolfö en la primera parte, un gesto técnico seco, definitivo, que bastó para decidir un encuentro cerrado, de detalles microscópicos, donde cada duelo fue una frontera y cada balón dividido una pequeña final. Aquel 0-1 no solo otorgó tres puntos: instaló una narrativa. El Atlético salió herido pero no roto, consciente de que había competido de tú a tú ante uno de los bloques más fiables del torneo, y el United confirmó que su crecimiento europeo no es una promesa, sino una realidad tangible, avalada por números y sensaciones.

    (Fuente: X)

    Porque los datos, cuando se sostienen en el tiempo, también cuentan historias. El Manchester United llega a Alcalá de Henares como líder de la clasificación, con cuatro victorias en la fase liga y tres partidos consecutivos sin encajar un solo gol. Territorio desconocido, sí, porque jamás había alcanzado esta instancia, pero territorio conquistado con una convicción impropia de un debutante. Un equipo que ha entendido que en Europa no basta con atacar bien: hay que defender el área, gestionar ventajas cortas, resistir cuando el contexto aprieta. Y en eso, el United ha sido impecable.

    El Atlético, mientras tanto, camina con una mezcla de ambición y memoria. Sabe lo que es alcanzar los cuartos de final de la Women’s Champions League, lo hizo en la temporada 2019/2020, la única vez que logró atravesar esta frontera. Aquella campaña permanece como un faro, como un recordatorio de que el club rojiblanco puede instalarse entre la élite si sostiene su identidad competitiva durante noventa minutos —y más allá—. El equipo español ha firmado una fase liga notable en términos ofensivos, con 13 goles en seis partidos, confirmándose como uno de los ataques más productivos del torneo, una máquina capaz de generar ocasiones desde múltiples alturas y registros.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Y ahí reside una de las grandes tensiones de esta eliminatoria: la colisión entre una de las defensas más fiables del campeonato y uno de los ataques más incisivos. El Manchester United protege su área como un santuario; el Atlético la asedia como quien sabe que el gol no es un accidente, sino una consecuencia de insistir, de cargar el área, de ganar segundas jugadas, de creer hasta el último rechace. El fútbol europeo, en noches así, suele premiar a quien mejor interpreta esos márgenes invisibles.

    Sin embargo, este Atlético llega con una ausencia que altera no solo la pizarra, sino el alma del equipo. Luany no estará. La delantera rojiblanca cumple sanción tras ser expulsada ante el Lyon en Francia, una baja de enorme peso simbólico y táctico. Luany no es solo desborde y verticalidad; es amenaza constante, es la futbolista que estira al rival, que obliga a la defensa contraria a retroceder cinco metros, que convierte cada balón largo en una opción real de ventaja. Su expulsión en territorio francés dejó una herida que todavía supura, y su ausencia obliga al Atlético a reinventar su forma de atacar, a buscar soluciones colectivas donde antes había desequilibrio individual.

    Sin Luany, el Atlético pierde profundidad pura, pero puede ganar matices. La responsabilidad ofensiva se redistribuye, las llegadas desde segunda línea cobran aún más valor, el primer y segundo balón se convierten en un campo de batalla imprescindible. Ganar altura con y sin pelota será una prioridad absoluta, porque solo desde ahí el equipo podrá activar a sus atacantes y sostener ataques largos que incomoden a un United cómodo defendiendo bajo. Cada saque lateral, cada balón dividido, cada rechace en la frontal puede ser el inicio de la jugada que cambie la eliminatoria.

    El escenario también importa. El Centro Deportivo de Alcalá de Henares no es solo una sede: es un refugio competitivo. Allí, el Atlético ha construido muchas de sus noches europeas más sólidas, alimentándose de la cercanía, del ritmo, de la sensación de que cada metro del campo se defiende como propio. Convertir el impulso de casa en continuidad competitiva será una de las claves emocionales del encuentro. No basta con empezar fuerte; hay que sostener la intensidad cuando el partido entra en zonas grises, cuando el reloj avanza y el marcador no se mueve.

    El Manchester United, por su parte, llegará con un plan claro: enfriar el partido cuando sea necesario, proteger los costados, cerrar líneas interiores y castigar cualquier desajuste en transición. Su juego por fuera es una de sus grandes armas. Los extremos empujan, fijan, obligan a los laterales rivales a decidir entre saltar o proteger la espalda. Defender centros laterales será una prueba constante para el Atlético, que deberá ajustar basculaciones y temporizar ayudas para evitar que el área se convierta en un territorio de acumulación peligrosa.

    Hay, además, una dimensión psicológica imposible de ignorar. El gol inicial puede definir el relato del partido. Si marca primero el Atlético, el encuentro se abrirá, la grada empujará y el United se verá obligado a asumir riesgos que no forman parte de su zona de confort. Si golpea antes el conjunto inglés, el partido entrará en un terreno de control, de pausas, de transiciones medidas, donde cada error rojiblanco puede ser definitivo. Gestionar esa presión será tan importante como cualquier ajuste táctico.

    Los antecedentes también juegan su papel. El Atlético ha ganado cuatro de sus últimas cinco eliminatorias a doble partido en competiciones UEFA, una estadística que habla de competitividad, de saber manejar los tiempos largos de una eliminatoria, de entender que no todo se decide en un solo gesto. El Manchester United, en cambio, ha vivido dos precedentes: una victoria y una derrota. Suficiente experiencia para no ser ingenuo, pero todavía en proceso de aprendizaje en este tipo de escenarios.

    Y sobre todo, está el contexto mayor. Con el Bayern München esperando al ganador, la eliminatoria adquiere un valor añadido. No es solo avanzar: es proyectarse. Es saber que cada esfuerzo, cada duelo ganado, cada balón bloqueado puede acercar a una cita con uno de los gigantes del continente. Europa no regala nada, pero respeta a quien compite sin concesiones.

    El Atlético de Madrid sabe que esta noche no podrá apoyarse en Luany, sancionada tras aquella expulsión ante el Lyon que todavía duele. Sabe que tendrá que multiplicarse, que deberá atacar mejor y defender aún más concentrado. Pero también sabe que estas son las noches que definen un proyecto, las que separan a los equipos correctos de los equipos memorables. El Manchester United, firme, sólido, sin complejos, llega dispuesto a confirmar que su irrupción europea no es circunstancial.

    Cuando el balón eche a rodar el jueves 16 de octubre a las 18:45 horas, con Disney Plus como ventana al mundo, ya no importarán los precedentes, ni las estadísticas, ni siquiera las etiquetas. Importará quién se atreve a imponer su ritmo, quién resiste mejor la presión y quién entiende que la Champions no se juega: se sobrevive. Y solo después, se gana.

    Y en esa supervivencia, casi siempre silenciosa, se esconden los matices que separan a los equipos que simplemente participan de los que dejan huella. Porque la Women’s Champions League no perdona distracciones ni permite jugar a medio gas, y el Atlético de Madrid lo sabe mejor que nadie. Cada una de sus comparecencias europeas ha sido un ejercicio de resistencia emocional, de adaptación constante, de entender que el margen de error se reduce hasta convertirse en una línea invisible. Frente al Manchester United, ese margen será aún más estrecho, porque el rival no concede espacios gratuitos ni se desordena por impulsos.

    El United ha construido su identidad continental desde la disciplina. No es un equipo exuberante en posesión, ni necesita monopolizar el balón para sentirse cómodo. Su fortaleza reside en la lectura colectiva de los momentos del partido, en la sincronía de su bloque defensivo, en la capacidad para cerrar pasillos interiores y obligar al rival a jugar donde menos daño hace. Tres partidos sin encajar gol en la fase liga no son una casualidad, sino la consecuencia de un plan bien ejecutado, de una estructura que protege el área y reduce el número de ocasiones claras concedidas. Cada centro lateral es defendido como si fuera el último, cada duelo aéreo se pelea con una convicción casi obsesiva.

    Para el Atlético, romper ese muro exigirá algo más que insistencia. Exigirá precisión, paciencia y una lectura muy fina de los tiempos del partido. Sin Luany —ausente por sanción tras su expulsión ante el Lyon en Francia, una acción que todavía pesa en la memoria colectiva del equipo—, el ataque rojiblanco pierde una referencia vertical clara, una amenaza permanente al espacio que obligaba a las defensas rivales a retroceder y estirarse. Esa ausencia modifica la geometría ofensiva del Atlético y obliga a encontrar soluciones distintas: más circulación por dentro, mayor protagonismo de las llegadas desde segunda línea, una ocupación del área más coral y, sobre todo, una gestión impecable del primer y segundo balón.

    Porque ahí puede estar una de las claves invisibles del duelo. Ganar la segunda jugada es ganar territorio, es instalarse en campo rival, es someter al adversario a una defensa prolongada que erosiona la concentración. El Atlético deberá ser agresivo en esas disputas, elevar la altura de su presión tras pérdida y evitar que el United pueda salir limpio en transición. Cada balón dividido será una declaración de intenciones, cada duelo ganado una pequeña victoria emocional que alimente la fe colectiva.

    El United, consciente de esa amenaza, tratará de evitar que el partido se juegue en ese terreno caótico que tanto favorece al Atlético. Buscará pausas, enfriar el ritmo cuando sea necesario, dormir el encuentro durante tramos para desesperar al rival y castigar cualquier desajuste con transiciones rápidas. Su juego exterior, con extremos incisivos y laterales que acompañan, será un arma constante. Defender la espalda del lateral, temporizar ayudas y evitar centros cómodos será un trabajo innegociable para la zaga rojiblanca, que no puede permitirse pérdidas de concentración en el área.

    La gestión emocional volverá a ser determinante. El Atlético necesita canalizar la energía de jugar en casa sin precipitarse, sin convertir la urgencia en ansiedad. Transformar el empuje inicial en continuidad competitiva, sostener la intensidad cuando el partido se espese, cuando el marcador no se mueva y el reloj empiece a pesar. En esas fases, la ausencia de Luany puede sentirse con mayor crudeza, porque es precisamente en los momentos de bloqueo cuando las individualidades suelen desbloquear partidos. Sin ella, el Atlético deberá confiar aún más en su estructura, en la convicción colectiva de que el gol llegará si el plan se ejecuta con fidelidad.

    El recuerdo de la temporada 2019/2020 planea como un eco constante. Aquella campaña, el Atlético alcanzó los cuartos de final por única vez en su historia, demostrando que podía competir de tú a tú con la élite europea. No fue un camino sencillo, pero sí uno construido desde la identidad, desde la fe en una idea clara de juego y desde la capacidad de sufrir sin perder el orden. Repetir aquella hazaña no es solo un objetivo deportivo; es una reafirmación del proyecto, una manera de decir que aquel logro no fue una excepción, sino un punto de partida.

    Para el Manchester United, en cambio, esta eliminatoria representa la oportunidad de consolidar su crecimiento continental. Clasificado por primera vez para esta fase, el conjunto inglés sabe que cada paso que dé será histórico. No carga con el peso de las comparaciones ni con la obligación de repetir gestas pasadas, pero sí con la ambición de demostrar que su presencia en la élite no es circunstancial. Llegar a Alcalá de Henares como líder, con una defensa casi impenetrable y una confianza construida partido a partido, le permite afrontar el choque sin complejos, con la serenidad de quien sabe exactamente a qué quiere jugar.

    El contexto añade una capa más de intensidad. Con el Bayern München esperando al ganador, el premio es tan grande como el riesgo. Avanzar significa entrar en una dimensión superior de la competición, medirse a uno de los gigantes del continente, asumir que cada partido será una prueba máxima. Pero para llegar ahí hay que sobrevivir primero a este cruce, a esta noche que promete ser larga, densa, cargada de detalles.

    El fútbol europeo suele decidirse en gestos mínimos. Un despeje mal orientado, una falta lateral defendida con un segundo de retraso, una transición mal temporizada. El Atlético deberá minimizar esos errores, consciente de que el United castiga con eficacia quirúrgica cualquier concesión. La disciplina táctica será tan importante como la valentía ofensiva, y el equilibrio entre ambas determinará el signo del partido.

    Y, sin embargo, más allá de los esquemas y las estadísticas, hay algo profundamente humano en noches como esta. Está la sensación de que cada jugadora representa algo más que su rol individual, de que cada carrera, cada entrada, cada celebración conecta con una historia mayor. El Atlético juega también por reivindicar su lugar en Europa, por demostrar que sigue siendo un competidor incómodo, capaz de desafiar a cualquiera. El United juega por consolidar su irrupción, por escribir su propia narrativa continental.

    Europa siempre ha sido un territorio de emociones extremas para el conjunto rojiblanco. Allí donde se han escrito algunas de sus páginas más gloriosas y también algunas de sus noches más crueles. Allí donde el margen de error se reduce a la mínima expresión y cada detalle adquiere un valor incalculable. Allí donde ahora, una vez más, las de José Herrera se juegan mucho más que una clasificación.

    El camino hasta este cruce no ha sido sencillo ni indulgente. El Atlético llegaba a Francia sabiendo que visitar al Olympique Lyonnais Féminin —ahora Olympique Lyonnes— siempre supone una prueba de máxima exigencia. 

    La derrota por 3-0 fue dura, incontestable en el marcador, y estuvo marcada además por la expulsión de Luany, que vio la tarjeta roja directa tras un gesto antirreglamentario que condicionó el resto del encuentro.

    Aquella noche en suelo galo parecía destinada a ser un punto final. Pero no lo fue.

    Hay ciudades que, sin proponérselo, se convierten en símbolos. Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, es desde hace años uno de los refugios emocionales del Atlético de Madrid Femenino. Allí, donde el equipo ha construido algunas de sus noches europeas más memorables, vuelve a citarse la historia.

    La expectación es máxima. No solo por el rival, no solo por el momento, sino porque el Atlético ha demostrado que sabe competir en Europa cuando el contexto aprieta. Ya lo hizo en la ronda preliminar, cuando eliminó al BK Häckencon una remontada que quedará grabada en la memoria colectiva: 2-1 en el Centro Deportivo de Alcalá de Henares, en una noche de convicción, orgullo y carácter.

    Ese triunfo fue algo más que una clasificación. Fue una declaración de intenciones.

    El destino, caprichoso, ha querido que el Atlético vuelva a medirse a un club británico en una eliminatoria a 120 minutos —o más—, evocando recuerdos que aún resuenan en la memoria rojiblanca.

    El fútbol europeo del Atlético no puede entenderse sin mirar atrás. En octubre de 2021, todavía bajo los efectos de la pandemia, el conjunto madrileño vivió una de sus eliminaciones más dolorosas. Aquella vez, el verdugo fue el Chelsea, que dejó fuera al Atlético por un global de 3-1 en una eliminatoria marcada por la crueldad del destino.

    Tres penaltis fallados, tres oportunidades perdidas y un golpe emocional que marcó un antes y un después.

    Desde aquella eliminación, el club inició una larga travesía en el desierto.

    Durante varias temporadas, el Atlético no logró finalizar entre los tres primeros de la Primera División Femenina, viendo cómo la Champions se escapaba año tras año en beneficio de rivales directos como el Real Madrid, la Real Sociedad o el Levante U.D.

    Europa se convirtió en un recuerdo lejano y en una aspiración aplazada que no llegaba.

    Para encontrar el último gran momento del Atlético en la Liga de Campeones hay que retroceder a la temporada 2019-2020. Entonces contra todo pronóstico, el equipo alcanzó los cuartos de final en la histórica “Final Four” celebrada en San Mamés y Anoeta .

    Antes de llegar a Bilbao, el Atlético protagonizó una de sus eliminatorias más recordadas al dejar fuera al Manchester City.

    Aquella vez brillaron nombres que ya forman parte de la historia rojiblanca:Toni Duggan, hoy retirada, decisiva en ataque, y Ángela Sosa, alma del equipo y hoy líder del Madrid CFF.

    Y ese recuerdo, que terminó con el Lyon de Lola Gallardo levantando por séptima ocasión el trofeo, vuelve ahora, como un eco que conecta pasado y presente.

    Mucho ha cambiado desde entonces. Nuevas jugadoras, nuevos liderazgos, un proyecto reconstruido con paciencia y ambición. Pero hay algo que permanece intacto: la voluntad de hacer historia.

    El cruce ante el Manchester United representa mucho más que una eliminatoria.

    En Alemania ya conocen a este Atlético de Madrid, pues se cruzaron con él en la fase de liga de la competición y empataron (2-2).

    Además, es importante que el equipo de laLiga F Moeve vaya sumando presencias en las rondas decisivas de la UEFA Women’s Champions League para poder opositar así a una plaza en el gran Mundial de Clubes en categoría femenina que se estrenará en dos años, es decir, (2028).

    Actualmente el Arsenal Football Club Women es el mejor equipo del mundo después de llevarse la primera edición de la FIFA Women’s Champions Cup al doblegar en el Emirates Stadium al S.C. Corinthians por 3-2 en la prórroga.

    Pocas veces un listado numérico, una tabla fría de coeficientes y decimales, encierra una batalla tan profunda, tan simbólica y tan estructural como la que refleja el ranking UEFA de federaciones femeninas en la temporada 2025/2026. 

    Lo que a primera vista parece un simple pantallazo de la aplicación oficial de la UEFA es, en realidad, la radiografía más precisa del estado de poder del fútbol femenino europeo, el espejo donde se proyectan años de inversión, decisiones políticas, modelos de liga, culturas competitivas y, sobre todo, una pugna histórica entre dos potencias que hoy están separadas por apenas cuatro décimas: Inglaterra y España. Inglaterra lidera con 70.082 puntos, España la persigue con 69.665. 

    No es una distancia simbólica, no es un colchón tranquilizador. Es una grieta mínima que anuncia un posible seísmo competitivo si la temporada actual se inclina hacia el lado español.

    El ranking muestra, además, un contexto revelador: Inglaterra y España son las únicas federaciones que mantienen a sus tres clubes vivos en competición europea en este punto del curso, algo que no es casual ni coyuntural, sino estructural. Francia, tercera con 68.666, ya ha perdido uno de sus representantes. Alemania, cuarta con 58.915, sigue siendo poderosa pero ha dejado atrás su hegemonía histórica. Italia, Portugal, Países Bajos, Noruega, Suecia y Bélgica completan un mapa en el que el eje del fútbol femenino europeo se ha desplazado definitivamente hacia el suroeste del continente. 

    La vieja Europa central ya no manda; ahora mandan los campeonatos que han entendido que el fútbol femenino no se sostiene solo con tradición, sino con planificación, profesionalización y visibilidad.

    Inglaterra llega a este liderato desde una lógica reconocible. La Women’s Super League es, desde hace años, la liga con mayor músculo financiero, la que mejor ha integrado a los grandes clubes masculinos en el desarrollo femenino, la que antes profesionalizó estructuras y la que ha logrado atraer talento global de manera sostenida. Chelsea, Arsenal y Manchester United no solo compiten; condicionan.

    reflejo de una liga que ha convertido la Champions en un objetivo natural, no en una excepción gloriosa. Inglaterra no improvisa: exporta un modelo.

    España, en cambio, ha llegado aquí desde otro lugar. Su ascenso no ha sido lineal ni cómodo. Ha sido más caótico, más político, más emocional.

    La Liga F Moeve, heredera de una profesionalización tardía pero intensa, ha crecido a contracorriente, superando conflictos institucionales, tensiones laborales, desigualdades presupuestarias y una narrativa constante de cuestionamiento. Y, sin embargo, aquí está: a menos de medio punto del liderazgo continental, con tres clubes aún en pie, con una selección campeona del mundo que ha cambiado para siempre la percepción internacional del fútbol español, y con un ecosistema que empieza a ser leído desde fuera como algo más que una promesa.

    El ranking UEFA no premia la estética ni la narrativa; premia resultados.

    Cada victoria, cada empate, cada clasificación, cada ronda superada suma puntos que se agregan durante varias temporadas. Por eso este segundo puesto de España no es un fogonazo: es la consecuencia directa de los títulos del FC Barcelona, de las semifinales recurrentes, de las buenas actuaciones del Atlético de Madrid en ciclos anteriores, del crecimiento del Real Madrid como proyecto estable, y del hecho de que, por primera vez, la liga española compite en profundidad, no solo desde un club hegemónico.

    La temporada actual es, en este sentido, una oportunidad histórica. Para que España arrebate la primera posición del ranking a Inglaterra no hace falta un milagro, pero sí una conjunción precisa de acontecimientos deportivos. La lógica es clara: España debe sumar más puntos que Inglaterra en el cómputo europeo del curso.

    Eso implica que los clubes españoles avancen más rondas, ganen más partidos y, crucialmente, que los clubes ingleses caigan antes o sumen menos. Cada eliminación inglesa y cada victoria española estrechan o invierten la balanza. Con ambos países manteniendo a sus tres representantes, el margen de maniobra existe y es real.

    Si, por ejemplo, un club español alcanza la final de la Champions y otro se queda en semifinales, mientras que Inglaterra pierde uno de sus equipos en cuartos y otro en semifinales, el diferencial puede volcarse. Los coeficientes no entienden de nombres ni de escudos: solo de resultados acumulados.

    Y aquí España juega con una baza clave: la regularidad reciente del FC Barcelona, que ya no solo gana, sino que arrasa, y que suele garantizar una lluvia constante de puntos. A eso se suma un Atlético de Madrid que ha recuperado competitividad continental y un Real Madrid que, aun en construcción, empieza a sumar experiencia europea de manera sostenida.

    Inglaterra, por su parte, depende de que su tridente mantenga el pulso. Chelsea ha sido históricamente fiable, pero no invencible. Arsenal vive una reconstrucción intermitente.

    El Manchester City alterna picos de excelencia con caídas inesperadas. El margen es estrecho y la presión, creciente. Porque liderar el ranking ya no es un privilegio invisible: ahora es un objetivo explícito, una bandera simbólica de supremacía europea.

    Arrebatarle el primer puesto a Inglaterra supondría, para España, mucho más que un cambio de número en una tabla. A nivel deportivo, consolidaría a la Liga F Moeve como la referencia estructural del fútbol femenino europeo. El ranking UEFA no solo determina prestigio: condiciona plazas europeas, accesos directos a fases avanzadas, cabezas de serie y, en última instancia, la capacidad de planificación de los clubes. Ser primera federación implica mayor estabilidad competitiva y menos dependencia de rondas preliminares traicioneras.

    Pero el impacto va más allá del reglamento. Ser número uno en Europa sería la confirmación estadística de algo que ya se percibe en el juego: que España no solo produce talento, sino que lo sostiene, lo potencia y lo hace competir al máximo nivel. Y aquí entra un elemento clave que mencionas y que no es menor: según un estudio reciente, la Liga F Moeve es considerada la tercera mejor competición femenina regular del mundo. Esa clasificación, que suele situar por delante a la NWSL estadounidense y a la WSL inglesa, no se basa únicamente en títulos, sino en equilibrio competitivo, calidad media de los equipos, desarrollo de jugadoras, impacto internacional y regularidad del espectáculo.

    Si España alcanza el primer puesto del ranking UEFA mientras su liga es ya evaluada como la tercera mejor del mundo, el mensaje es potentísimo: la Liga F no solo es formadora ni solo es exportadora de talento, sino que es competitiva, atractiva y decisiva en Europa. Eso reforzaría su posición en negociaciones de derechos audiovisuales, atraerá patrocinadores internacionales, facilitará la llegada de futbolistas de élite y, sobre todo, consolidará un relato que durante años le fue negado: el de ser una liga central, no periférica.

    Desde un punto de vista histórico, sería también una inversión de jerarquías.

    Durante décadas, España miró a Alemania y Francia como modelos inalcanzables, y a Inglaterra como un experimento avanzado. Hoy es Inglaterra la que mira de reojo a España, consciente de que el fútbol femenino español ha encontrado una identidad propia basada en la técnica, la posesión, la lectura táctica y una cantera que no deja de producir talento diferencial. 

    El dominio del FC Barcelona no ha empobrecido el ecosistema; lo ha obligado a crecer.

    Este ranking, además, refleja una tendencia más amplia: la concentración del poder europeo. Las diez primeras federaciones muestran una brecha cada vez mayor con el resto. Pero dentro de esa élite, la pelea ya no es coral: es un duelo. Inglaterra contra España. Modelo anglosajón frente a modelo mediterráneo. Inversión privada masiva frente a integración progresiva en estructuras históricas. Ambas vías son válidas, pero solo una puede liderar.

    La temporada actual, por tanto, no es una más. Es un punto de inflexión potencial. 

    Cada partido europeo de un club español ya no es solo suyo: es un acto colectivo que empuja a toda una liga y a toda una federación. Cada gol en Champions tiene ahora un peso simbólico añadido. 

    Y eso, para una Liga F Moeve que ha luchado tanto por reconocimiento, es una oportunidad irrepetible.

    Si España logra culminar este asalto al primer puesto, el impacto no será efímero.

    No se tratará de un liderazgo anecdótico, sino de la confirmación de un ciclo. 

    Un ciclo en el que el fútbol femenino español ha pasado de ser promesa a ser estándar. En el que ya no se compara, sino que se mide a los demás.

    Y en el que el ranking UEFA deja de ser una aspiración lejana para convertirse en una consecuencia lógica de todo lo que se ha construido.

    Lo que muestra esa imagen, en definitiva, no es solo una clasificación. Es el mapa de un cambio de era. Y España está a un paso, a unos cuantos partidos, a unas cuantas noches europeas bien jugadas, de escribir una de las páginas más decisivas de su historia futbolística.

    Cuando el balón comience a rodar a las 18:45 horas del jueves 16 de octubre, con la señal de Disney Plus llevando la imagen al resto del continente, todo se reducirá a noventa minutos —o más— de tensión pura. El Atlético, sin Luany, deberá reinventarse sin traicionarse. El Manchester United, sólido y paciente, intentará imponer su lógica fría. Y en ese choque de estilos, de historias y de ambiciones, la Women’s Champions League volverá a recordar por qué este torneo no entiende de favoritismos, solo de supervivientes.

    🔜 NEXT GAME

    🏆 UEFA Women’s Champions League

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Manchester United Women 🔥

    🇪🇸 vs 🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿

    🙌🏻 Playoffs | Partido de ida

    😍 Temporada 2025-2026😍

    🤩 Matchday | Día de partido

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    📅 Jueves, 12 de febrero de 2026

    📺 Disney Plus

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: Disney Plus)
  • Oficial | Los equipos de arriba no fallan tras la decimonovena jornada

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ El FC Barcelona venció por 0-3 al DUX Logroño ante los 4.454 espectadores que acudieron al estadio de Las Gaunas. Por su parte, el Atlético de Madrid ganó por 0-1 al Levante UD, mientras que, el Alhama CF ElPozo también cayó por 0-1 ante el Costa Adeje Tenerife en el Heliodoro, al que fueron 2.334 fans.

    La decimonovena jornada de la Liga F Moeve se desplegó como un fin de semana de contrastes, confirmaciones y relatos cargados de contexto competitivo y emocional, en el que varios equipos reforzaron dinámicas ya consolidadas, otros encontraron alivio en forma de resultados y algunos vivieron golpes duros que marcarán su hoja de ruta inmediata. Fue una jornada con un único partido en sábado y un domingo de actividad ininterrumpida, con múltiples encuentros en simultáneo, amplia cobertura televisiva en abierto y de pago, y con DAZN como plataforma común para seguir íntegramente todos los choques, consolidando una vez más su papel central en la difusión del campeonato.

    Todo comenzó el sábado 7 de febrero al mediodía en Ipurua, donde el Granada CF confirmó que su 2026 está siendo, hasta el momento, intachable. El conjunto dirigido por Irene Ferreras se impuso por 0-2 a la SD Eibar en un encuentro que tuvo un punto de inflexión claro en los errores y la eficacia. El partido arrancó con alternancia de intentos, siendo Patri Ojeda la primera en probar fortuna con un disparo lejano que se marchó por encima del larguero. Laura Pérez, muy activa durante todo el choque, también buscó portería en campo rival, aunque sin éxito inicial. El duelo parecía encaminado a un descanso sin goles hasta que, en el minuto 38, un error en la salida de balón de Eunate Astralaga fue castigado con dureza: Laura Pérez leyó la jugada, se anticipó y abrió el marcador, premiando la presión alta del cuadro andaluz. Apenas seis minutos después, el Granada volvió a golpear. En una transición perfectamente ejecutada, Laura Pérez filtró un pase medido para Sonya Keefe, que definió con contundencia para doblar la ventaja y encarrilar el partido. La delantera fue determinante y acabó siendo reconocida como la MVP del encuentro. Tras el descanso, la SD Eibar intentó reaccionar con la entrada de Carmen Álvarez, buscando mayor profundidad y ritmo ofensivo. Chika Hirao sostuvo al Granada con solvencia, atrapando un disparo peligroso de la delantera, y Mireia Masegur todavía tuvo una opción de cabeza que terminó de diluir las esperanzas locales. El pitido final confirmó no solo la victoria, sino la sensación de solidez de un Granada que sigue creciendo y manteniéndose invicto en este inicio de año.

    El domingo 8 de febrero concentró el grueso de la jornada y lo hizo desde primera hora, con tres partidos a las 12:00h que ofrecieron narrativas muy distintas. En Tenerife, el Costa Adeje recibió al Alhama CF ElPozo en un encuentro marcado por el equilibrio, los detalles y la inspiración a balón parado. Antes incluso de que rodara el balón, el Heliodoro Rodríguez López vivió un momento emotivo con el homenaje a Mari Jose, que regresaba a la que fue su casa. Sobre el césped, el conjunto tinerfeño mostró personalidad desde el inicio. Paola Hernández dejó una acción de gran calidad técnica con una ruleta que terminó en un potente golpeo de Iratxe Pérez, mientras que Fatou Dembele también amenazó por arriba. La ocasión más clara de la primera mitad fue para Sakina Ouzraoui, pero Yannel Correa apareció de forma providencial para evitar el tanto. Cuando el partido parecía destinado a marcharse igualado al descanso, Natalia Ramos se inventó un lanzamiento de falta en el minuto 38 que, con una trayectoria envenenada, sorprendió a Sol Belotto y acabó en el fondo de la red. Ese gol no solo decidió el encuentro, sino que confirmó a Natalia Ramos como la jugadora más determinante del choque, reconocimiento que se vio reforzado en la segunda mitad, cuando el Alhama se quedó con una menos tras la expulsión por doble amarilla de Encarni Jiménez. Con superioridad numérica, el Costa Adeje buscó ampliar la ventaja, y la propia Natalia Ramos rozó el doblete con dos disparos de mucho nivel, uno repelido por la defensa y otro que se estrelló en la madera. El 1-0 final mantuvo al conjunto tinerfeño invicto en 2026 y consolidó su fortaleza como local.

    A la misma hora, en la ciudad deportiva sevillista, el Sevilla FC protagonizó uno de los resultados más contundentes de la jornada con un 4-0 ante el Athletic Club, en un partido que además pudo verse en RTVE Play, ampliando su alcance. El conjunto de David Losada fue superior desde los primeros compases. Raquel Morcillo avisó en los instantes iniciales y, a los diez minutos, un penalti señalado por un agarrón de Maite Valero sobre Eva Llamas permitió a Lucía Moral ‘WIFI’ inaugurar el marcador desde los once metros. El Athletic intentó reaccionar, pero se encontró con un Sevilla intenso y vertical. Antes del descanso, Fatou Kanteh superó a Adriana Nanclares, que regresaba tras lesión, para ampliar la renta. Tras el paso por vestuarios, Javi Lerga movió el banquillo con la entrada de Nerea Nevado y Maite Zubieta, pero la dinámica no cambió. A los nueve minutos de la segunda mitad, Lucía Moral volvió a aparecer con un disparo lejano, un auténtico zapatazo desde más allá del pico del área que supuso su doblete y la confirmación de su papel protagonista, siendo nombrada MVP del encuentro. El marcador lo cerró Raquel Morcillo tras aprovechar un gran centro lateral de Fatou Kanteh, redondeando un recital colectivo del Sevilla FC.

    También a las 12:00h, el Atlético de Madrid visitó al Levante UD en un partido cargado de simbolismo y tensión competitiva. Las jugadoras del conjunto local saltaron al césped con camisetas de apoyo a Érika González, lesionada de gravedad, en un gesto que marcó el tono emocional del encuentro. El Atlético, necesitado de reencontrarse con la victoria, golpeó pronto. En el minuto 7, un saque de esquina fue rematado por Synne Jensen, cuyo disparo tocó en la espalda de Silvia Lloris y descolocó a Laura Coronado, estableciendo el 0-1. El Levante intentó responder con un cabezazo de Eva Alonso que se marchó fuera y con un disparo lejano de Bascu bien atrapado por Lola Gallardo. En la segunda mitad, el conjunto granota apretó con decisión. Carol Marín tuvo el empate con un disparo desde dentro del área que obligó a la guardameta sevillana a realizar una parada de enorme mérito. Zipporah Agama cazó el rechace sin fortuna, y posteriormente Lola Gallardo volvió a aparecer, con ayuda del palo, para frustrar un intento de Alma Velasco. El empuje local se mantuvo hasta el final, pero el Atlético resistió y se llevó tres puntos de enorme valor, con Synne Jensen reconocida como la MVP del encuentro.

    La franja de las 14:00h dejó uno de los resultados más impactantes del fin de semana. En el Fernando Torres, el Deportivo Abanca arrolló al Madrid CFF con un contundente 1-6 que reflejó la pegada y la eficacia del conjunto gallego. El inicio tuvo alternativas, con un gol anulado a Allegra Poljak por fuera de juego y un disparo al palo de Emilie Nautnes. Sin embargo, en el minuto 14, una pena máxima señalada por una falta de Mônica Hickmann sobre Esperanza Pizarro permitió a la delantera uruguaya adelantar al Deportivo desde los once metros. El Madrid CFF intentó rehacerse y encontró el empate gracias a Emilie Nautnes, que aprovechó un pase de Melgard. La igualdad duró poco, ya que antes del descanso Merle Barth recogió un rechace de Paola Ulloa para volver a adelantar a las visitantes. La segunda mitad fue un monólogo blanquiazul. Raquel García amplió la ventaja nada más reanudarse el juego, y poco después llegó uno de los momentos destacados del partido con el golazo de Vera Martínez, que se erigió como la MVP del encuentro. Paula Gutiérrez firmó el quinto y Paula Monteagudo cerró la goleada con un remate al segundo palo, completando una actuación demoledora del Deportivo Abanca.

    A las 16:00h, dos encuentros se disputaron en paralelo. En Zubieta, la Real Sociedad se impuso por 2-0 al FC Badalona Women en un duelo con aroma de revancha tras la reciente eliminación copera. El conjunto txuri-urdin salió con un brazalete negro en memoria de la abuela de Lucía Rodríguez, añadiendo un componente emocional al encuentro. A los quince minutos, un centro de Intza fue rematado por Claire Lavogez; María Valenzuela logró despejar el primer intento, pero el rechace volvió a caer en los pies de la francesa, que abrió el marcador. El Badalona intentó reaccionar con un disparo de Irina Uribe sin premio. Tras el descanso, la entrada de Lice Chamorro dio mayor profundidad a las locales. Aiara Agirrezabala rozó el gol tras un envío al área, y el conjunto catalán tuvo una ocasión clara con un disparo de Loreta Kullashi que Claudia Florentino sacó de manera providencial. Finalmente, Nerea Eizagirre culminó una gran jugada individual para cerrar el partido, en un encuentro en el que Aiara Agirrezabala fue reconocida como la MVP.

    De manera simultánea, en el Alfredo Di Stéfano, el Real Madrid CF venció por 3-0 al RCD Espanyol en un partido que también se ofreció en abierto a través de múltiples canales. Antes del inicio, Athenea del Castillo recibió el trofeo y el ítem que la acreditaban como Player of the Month de enero en la Liga F Moeve. El duelo arrancó con una ocasión para Pau Comendador, bien resuelta por la guardameta visitante, pero pronto el Real Madrid impuso su ritmo. A los seis minutos, Athenea filtró un pase preciso para Signe Bruun, que definió con potencia para abrir el marcador. La propia Athenea volvió a ser protagonista poco después, aprovechando un rechace para ampliar la ventaja y confirmarse como la jugadora más influyente del encuentro, siendo designada MVP. En la segunda mitad, el Espanyol llegó a marcar por medio de Browne, pero el tanto fue anulado por falta. A la hora de juego, un centro de Eva Navarro fue peinado por Signe Bruun y, desde el segundo palo, Sara Holmgaard empujó el balón a la red para sentenciar definitivamente el choque.

    La jornada se cerró a las 18:00h en Las Gaunas, donde el FC Barcelona se impuso por 0-3 al DUX Logroño ante 4.454 espectadores. El partido estuvo cargado de simbolismo para el conjunto blaugrana. Ona Batlle alcanzó los 100 partidos como culé, y el equipo salió con camisetas de apoyo tanto a Marta Torrejón, por el fallecimiento de su padre, como a Laia Aleixandri, lesionada del cruzado. El DUX Logroño resistió con orden durante la primera mitad, pese a que Salma Paralluelo tuvo una ocasión clara que se estrelló en la madera. Sin embargo, nada más comenzar la segunda parte, Caroline Graham Hansen, MVP del encuentro, filtró un pase al segundo palo que Carla Julià solo tuvo que empujar para abrir el marcador. Kika Nazareth amplió la ventaja poco después y Vicky López fue la encargada de firmar el tercer tanto. El encuentro también dejó los primeros minutos de Welma Fon con el DUX Logroño y el debut de María Llorella con el primer equipo del FC Barcelona.

    De todo este amplio fin de semana competitivo emergió el once ideal de la jornada según SofaScore, un once que refleja tanto el peso de las grandes actuaciones individuales como la diversidad de equipos protagonistas. Bajo palos destacó de manera sobresaliente Romane Salvador, del RCD Espanyol, con una valoración de 9.6 que la convirtió en la portera más determinante del fin de semana. La línea defensiva estuvo compuesta por Silvia Lloris, del Atlético de Madrid, Lucía Rodríguez, de la Real Sociedad, y Claudia de Medina Rodríguez, del Costa Adeje Tenerife, todas ellas con actuaciones sólidas y decisivas. En el centro del campo brillaron Sara Holmgaard, del Real Madrid, Vicky López, del FC Barcelona, Natalia Ramos Álvarez, del Costa Adeje Tenerife, y Laura Pérez, del Granada CF, esta última clave en la victoria en Ipurua. El frente de ataque lo formaron Lucía Moral, del Sevilla FC, Signe Bruun, del Real Madrid, y Athenea del Castillo, también del conjunto blanco, cerrando un once ideal que sintetiza el rendimiento más alto de la decimonovena jornada de la Liga F Moeve y que sirve como reflejo fiel de un fin de semana intenso, diverso y cargado de historias que siguen dando forma al campeonato.